Cultura. "Los barrancos del silencio": los horrores de la dictadura franquista en Canarias

Cultura. "Los barrancos del silencio": los horrores de la dictadura franquista en Canarias / María Torrellas

Foto: Francisco González Tejera y Nines Maestro

En la fiesta del PCE en Madrid se presentó el libro: «Los barrancos del silencio» del escritor canario Francisco González Tejera, con Nines Maestro y Ana D’atri, de la editorial El Mono Libre.

La presentación del libro “Los barrancos del silencio” comenzó con una dedicatoria a los cinco últimos fusilados del Franquismo cuyo aniversario fue este sábado 27 de septiembre. José Humberto Baena, José Luis Sanchez, Ramón García Sanz del FRAP. Juan Paredes Manot y Ángel Otaegui de ETA. Un minuto de silencio y aplausos llenaron de emoción esta cercanía a hechos tan dolorosos.

Pako relató cómo «Canarias fue invadida hace 600 años por tropas de mercenarios al servicio de los Reyes Católicos, produciéndose un genocidio indígena y prohibición de los rasgos esenciales de su cultura.
Con el paso de los años convirtieron el Archipiélago en un espacio para la esclavitud y la explotación de la clase trabajadora, con millones de canarios que tuvieron que emigrar a Cuba y Venezuela huyendo del hambre, la miseria y los abusos de poder de una oligarquía criminal».

La sima por donde tiraban a las y los luchadores

Continuó contando que «En los años 30 del siglo XV se desarrolló un movimiento obrero muy fuerte desde la Federación Obrera que logró importantes avances sociales que fueron truncados tras el golpe de estado fascista de 1936 con más de 3.000 luchadores sociales torturadoxs, asesinadxs y desaparecidxs».

Foto del padre Diego González García y su madre Lolita Tejera González

«En mi familia hubieron dos crímenes de Estado»_continuó Pako_»Mi tío el bebé Braulio González García al que un falangista le destrozó la cabeza en un registro el 24 de diciembre del 36, el fusilamiento de mi abuelo paterno Francisco González Santana y el encarcelamiento de mi abuelo Juan Tejera Pérez condenado a cadena perpetua conmutada por doce años de prisión. También en mi familia sobre todo las mujeres sufrieron estigmatización, persecución y abusos sexuales por parte de los nazis isleños.

Esta situación familiar me condujo por justicia histórica a desarrollar una investigación durante los últimos treinta años con entrevistas a cientos de personas que sufrieron el horror del fascismo.

Foto de Juan García “El Corredera”, pereseguido durante años por comunista convertido en leyenda

De todos estos testimonios surgieron sus seis publicaciones: Tormenta en la memoria (2015), Semilla de memoria (2017) y El viento más rebelde (2019), que conforman la trilogía Crónica del genocidio fascista en las Islas Canarias. Posteriormente se publican Fragmentos de rebelión (2021), Señales del alba (2022) y este último Los barrancos del silencio (2025).

Foto de José Santana Florido “Pollo Florido”, a la derecha, que se arrojó a la Sima Jinámar abrazado a un falangista, antes que lo tiraran a él. A la izquierda un compañero del Club de Lucha Adargoma en 1934.

Los relatos son novelados en cinco de las obras y una son extractos de los testimonios.

Pako denuncia el ocultamiento premeditado de esta brutal matanza por parte del Estado español y el silencio posterior de los gobiernos sucesivos canarios que cuentan solamente la historia oficial, que dio el triunfo a los fascistas, contando una realidad que no permite el esclarecimiento de toda esta verdad en los centros educativos, institutos, universidades, libros o documentales…


Los lugares de exterminio que se relatan en el libro de manera muy descriptiva tienen la ubicación exacta:

Campos de concentración, Comisarías de Falange, Gabinete Literario, Colegio de Los Jesuitas, Colegio La Salle, Sima Jinámar, Marfea, fosas comunes como las del cementerio de Vegueta en Las Palmas…

En este libro se pueden encontrar testimonios directos de familiares y personas que sobrevivieron y fueron represaliadas.

Para Pako una Ley de Memoria Democrática sin derogación de la Ley de Amnistía tras el fraude de la Transición no sirve para nada.

«El Estado tiene la obligación moral y política de exhumar los cientos de miles de restos en toda España y no permitir que las familias vayamos mendigando subvenciones que se dilatan y alargan en el tiempo de forma intencionada para los últimos familiares muramos sin que se haga justicia».

En 2016 entregaron a la justicia argentina 1.600 nombres de vecinos de Canarias asesinados por el franquismo ante la llamada Querella argentina.

Acompañó a Pako Nines Maestro, médica e integrante  de la Coordinación de Núcleos Comunistas

Esta fue su intervención:

La Memoria, esencia del hilo rojo de la historia
Nines Maestro
 
La memoria nos conforma como seres humanos. Es la herramienta fundamental de la identidad. Somos porque sabemos de donde venimos. Nos formamos en el molde de generaciones anteriores para romperlo – en una estricta lucha de contrarios – y reconstruir con sus pedazos nuestro propio camino.

La destrucción de la Memoria de quienes nos han precedido en la lucha, mediante el silencio impuesto por el terror, la anestesia mortal de las drogas – como en la “movida de los 80”- o  la construcción de un relato basado en la falsificación histórica, es el arma fundamental de nuestro enemigo de clase en la lucha ideológica.

Antonio Machado lo expresaba así:

Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,

la malherida España, de Carnaval vestida

nos la pusieron, pobre, escuálida y beoda,

para que no acertara la mano con la herida.

El libro de Francisco González Tejera, “Barrancos de silencio”, arranca el olvido de las tinieblas poniendo nombres y biografías a las vidas de los miles de canarios y canarias asesinados por los fascistas. Asesinatos planificados y dirigidos por la patronal con la complicidad directa de la iglesia católica. El relato recrea, a partir de testimonios de los familiares, esos crímenes que son semejantes a los perpetrados por el fascismo, pueblo a pueblo, en todo el territorio del Estado español; y lo hace, asumiendo con valor poco común – aún hoy en 2025 – la tarea de poner nombres y apellidos, también a los asesinos y a sus secuaces.

Evidenciando el inequívoco sello de clase de la masacre, destaca que la inmensa mayoría de los arrojados vivos al mar o a las simas volcánicas, de las violadas hasta la extenuación o de los colgados de los ojos con ganchos de carnicero, eran militantes de la Federación Obrera. Este sindicato reunía a trabajadores y trabajadoras de diversas ideologías y militancias bajo el sello de la unidad de clase para arrancar a los empresarios, españoles o ingleses, mejores condiciones de vida en la recogida del plátano, en la construcción, etc.

En todo el Estado se ejecutó a cerca de 200.000 personas después de la guerra, pueblo a pueblo, la mayor parte de las cuales aún yacen en fosas comunes, en las cunetas o junto a las tapias de los cementerios. Otras muchas cayeron luchando contra el mismo fascismo en las filas del Ejército Rojo, en las filas de la Resistencia en Europa que contribuyeron decisivamente a construir o en los campos de concentración nazis.

Cuando hoy comprobamos las dimensiones del desastre operado en la conciencia de clase del pueblo trabajador inevitablemente hay que referirse a la traición a la Memoria de  quienes lucharon contra el fascismo y fueron asesinados, operada durante la Transición. Fue una traición también a las generaciones posteriores, a quienes se les amputó no sólo la vida de los mejores y hombres y mujeres de sus familias, sino también el derecho a saber y a construir su propia identidad de seres conscientes y responsables.

Esa gigantesca operación de ocultación de la Memoria y de falsificación histórica se llevó a cabo sobre una clase trabajadora quesupo organizarse y levantarse sobre el terrorismo de Estado más brutal. La reconstrucción del movimiento obrero durante la dictadura mostró que el asesinato de cientos de miles no había matado en el pueblo trabajador la conciencia de clase, es decir, el sentimiento profundo de la continuidad histórica de la tarea emancipatoria de la clase obrera, truncada con la derrota.

La Memoria de ellos y ellas – la mejor generación que ha producido la historia de estas tierras malheridas – germinando en otros trabajadores y trabajadoras, muchos de los cuales no habían vivido esos tiempos terribles, iba reconstruyendo el hilo rojo de la historia.

Si la dictadura asesinó los cuerpos, la Transición debía matar su alma.

Esa operación de amputación y anomia ideológica se llevó a cabo y se sigue realizando mediante la colaboración necesaria de traidores, salidos precisamente de las mismas filas  políticas y sindicales en las que militaban quienes dieron su vida por los mismos ideales representados el siglas ahora vaciadas de contenido y ultrajadas.

La nueva juventud debía haber sido capaz, sobre la huella de sus predecesores, de entender lo que John Berger llama “la unidad esencial de todo el sufrimiento humano evitable” y que es el primer paso para la acción política. Esa unidad que incluye a las dictaduras latinoamericanas, al lebensarum nazi en la URSS, al fascismo español, portugués, griego, etc, o en la actualidad al sionismo, al neonazismo ucraniano o al que apunta cada vez más con más fuerza en la Unión Europea. 

En la actualidad, la tarea de las organizaciones políticas revolucionarias es transmitir a las nuevas generaciones que la columna vertebral, la mano criminal que dirige golpes de estado, invade países, perpetra genocidios como el palestino, o la que mete en la cárcel a las 6 de la Suiza, a los trabajadores del metal de Cádiz o a Pablo Hasel, es la misma mano del capital imperialista, laque arma y dirige al fascismo – con la bendición de la iglesia – cuando la lucha de clases arrecia.

Hoy caminamos hacía tiempos de ferocidad semejantes. El pueblo palestino es una buena muestra de la magnitud del crimen que son capaces de llevar a cabo y, sobre todo, de la voluntad de resistencia. Para reanudar el hilo rojo y llevar a cabo nuestra misión, necesitamos nutrirnos, tanto del conocimiento de la destrucción de la esencia humana que lleva el capitalismo impreso en su código genético, como de la fuerza y el valor que derrocharon quienes hicieron lo que debían para intentar destruirlo. Ahora, los términos de la ecuación son los mismos: socialismo o barbarie.