
Jaume Claret
Rafael Sánchez Mazas motiva una extensa e interesante biografía de Maximiliano Fuentes Codera
El mejor camuflaje comienza con las palabras. Así, mientras los regímenes dictatoriales alemán e italiano se caracterizaban inicialmente en referencia a su máximo dirigente (hitlerismo, mussolinismo), poco a poco se impuso el más genérico nazismo y fascismo. En cambio, en España sucedió a la inversa y la figura del general Francisco Franco acabó tapándolo todo, incluidas –y de forma oportuna– las connivencias de algunos, las evoluciones de bastantes y la contemporización de muchos. Esta sobredimensión del Caudillo también ha tenido consecuencias historiográficas porque muchas figuras primordiales del franquismo no cuentan con buenas biografías o, peor aún, han estado a tiempo de maquillar la trayectoria.
Rafael Sánchez Mazas (Madrid, 1894-1966) es precisamente uno de esos nombres huérfanos de una reevaluación de acuerdo con su importancia durante los años fundacionales del falangismo y el largo período nacionalcatólico. Ésta ha sido precisamente la voluntad del profesor de la UdG Maximiliano Fuentes Codera (Buenos Aires, 1976). Para ello, el historiador argentino afincado en Girona ha sacado provecho de su profundo conocimiento del mundo intelectual del momento –empezando por la figura referencial deEugenio de Oros—, en el acceso a la documentación inédita familiar ya una excusa retórica bien encontrada: los tres nacimientos de Sánchez Mazas. Porque el ensayista madrileño de raíces bilbaínas volvió a nacer en 1939, cuando escapó del intento de fusilamiento republicano en el santuario de Santa María del Collell, y en el 2001 cuando protagonizó el exitoso Soldados de Salamina de Javier Cercas.
Ahora bien, la gran dificultad está en capturar a un personaje esquivo y omnipresente, víctima y beneficiario de una serie de giros del destino y, sobre todo, oculto tras sucesivas máscaras. "Fue, como casi todo el mundo, una mezcla de cosas contradictorias —leemos—: algo ambicioso y algo diletante, algo escritor compulsivo y algo perezoso, algo alejado del poder y algo insertado plenamente en el mismo poder".
La insólita supervivencia de Sánchez Mazas
Precisamente, esta ambivalencia la ha hecho material propicio de estereotipos interesados posteriores. Es el caso de Andrés Trapiello, que busca rescatar su valor literario como fundamento de una supuesta disidencia, aislado respecto del compromiso político; capas superfluas a un Sánchez Mazas que, como muestra Fuentes Codera, fue sobre todo profundamente útil –y cómplice– como número 2 de José Antonio Primo de Rivera primero, articulando la retórica falangista y el vínculo con el catolicismo conservador, y del propio Franco, después, en una nueva muestra de cómo el dictador manipula poder.
En el fondo, la defensa de la violencia de Sánchez Mazas fue más teórica que práctica y la adopción del fascismo más formal que real, útil para camuflar un pensamiento conservador y católico, tanto anticomunista como antidemocrático y sobre todo antiseparatista. Lo que le convirtió en alguien importante fue la Guerra Civil y su insólita supervivencia. La primera transformó la hasta entonces residual Falange en el partido hegemónicamente único; la segunda lo convirtió en el elemento esencial en todas las salsas de un Nuevo Régimen con escaso grosor intelectual. Es en este análisis —junto con la vindicación de las mujeres de su vida: la estricta madre viuda, Rosario Mazas, y la joven mujer italiana, Liliana Ferlosio— donde encontramos las principales aportaciones y las mejores páginas, desmontando el autorretrato interesado que le situaba como verso libre en el franquismo y buscaba la sombra cerca.
Fuente → es.ara.cat
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