El largo viaje de Felisa Millán, una republicana desterrada a València por un crimen que no cometió
El largo viaje de Felisa Millán, una republicana desterrada a València por un crimen que no cometió / Claudio Moreno

María Jesús acaba de dar con los restos de su bisabuela Felisa, una extremeña vejada y represaliada por el franquismo que fue enviada a València, donde falleció en 1946. 80 años después recibirá su primera visita 

Felisa Millán Gato nació en Reina (Badajoz) y falleció en el Hospital General de València. Su periplo fue un calvario. En 1936 entraron las tropas nacionales en el pueblo sevillano donde se había mudado y semanas más tarde la metieron presa por un crimen que no había cometido. Desde entonces sobrevivió siete años a las torturas y vejaciones del régimen franquista. «Fue una superviviente», dice su bisnieta tras reconstruir la historia para localizar sus restos. El 10 de agosto dio con ellos.
 
La historia

Felisa y su marido Florencio nacieron a finales del siglo XIX en la localidad pacense de Reina, se casaron en 1911, tuvieron tres hijos y migraron con toda la familia a Guadalcanal, donde concibieron cinco vástagos más. Ambos trabajaban en el campo. Eran humildes y republicanos. Ella además profesaba la fe cristiana. Jamás se significó por la causa política, pero compartió la desgracia de su hermana.

Rosalía paseaba con su ganado en Guadalcanal cuando vio cómo se escondían combatientes del bando nacional. Detrás llegaron los republicanos y les dijo «por ahí se os han escapado». No dijo más; siguió a la faena. Los fugados sobrevivieron y tres semanas más tarde intentaron cobrarse la factura cuando las tropas de Franco tomaron el poder. Fueron a por Rosalía, pero no la encontraron, así que siguieron preguntando por «las Gatas» -así se las conocía- y dieron con Felisa. 

Además, semanas antes había tenido lugar una «huelga de criadas» convocada por la CNT en la que Felisa no había participado, pero que el franquismo utilizó para castigar a todas las mujeres desafectas al régimen. La extremeña fue rapada y paseada por las calles de Guadalcanal en presencia de sus seres queridos, a quienes obligaron a mirar. La familia llevó la deshonra como una herida abierta. Felisa fue procesada por rebelión militar y condenada a perpetuidad por la causa de su hermana y la protesta de las mujeres. Primero ingresó en la prisión provisional de Sevilla, de ahí pasó a Granada, después la trasladaron a la cárcel vasca de Saturrarán, más tarde entró en Can Sales (Mallorca) y terminó regresando a la prisión levantada en la bahía de Ondárroa. De esta se decía que la gestionaban monjas de hábito blanco pero corazón negro: las celdas de castigo dejaban penetrar el agua y la marea alta llegaba a la cintura de las reclusas. 

La represaliada extremeña demostró buen comportamiento en sus siete años de encierro y encadenó varias reducciones de pena hasta la definitiva libertad condicional vigilada. El 17 de diciembre de 1943 la enviaron a un refugio en València con castigo de destierro, de modo que no pudo volver a Guadalcanal con sus hijos. Mandó llamar a la más pequeña, Carmen, y dos guardias la acompañaron hasta la capital del Turia para que se reencontrara con su desvalida madre. 

Felisa vivió sus últimos días sumida en la pobreza. De la cárcel salió ciega, enferma y con la sospecha de que Florencio Ambrosio ya había fallecido. En esa etapa de libertad su hija pequeña fue dada en adopción a una familia turolense -afín al régimen- para que asumiera la función de sirvienta por un módico precio. Carmen murió hace dos meses y en todos estos años de trauma casi no habló de su madre, pero gracias a su relato fragmentario los nietos pudieron unir las piezas hasta llegar a Felisa. 

La búsqueda

María Jesús Romero ha estado 25 años buscando a su bisabuela. Primero desenredó el árbol genealógico de Felisa y Florencio Ambrosio. Cuando estalló la guerra los ocho hijos del matrimonio fueron trasladados a zonas protegidas de Teruel, Barcelona o Francia y solo algunos volvieron después a Guadalcanal. De esas ramas salieron otras y de ellas brotaron hojas: son María Jesús y el resto de familiares, que se han conocido en el camino de la memoria. 

Despejada la línea sucesoria, María Jesús acudió a la bibliografía de Guadalcanal. La guerra civil en este pueblo de la Sierra Norte sevillana fue extremadamente sanguinaria y varios historiadores locales homenajearon a las víctimas con el volumen ‘Sin piedad. La represión franquista en Guadalcanal, 1936-1951’. El libro revelaba información de Rosalía, cuya historia se entrelaza con la de Felisa. 

Cementerio General de València

Cementerio General de València / EP

En un paso posterior, María Jesús descubrió -gracias a la base de datos todoslosnombres.org- que su bisabuela nació en Reina y no Guadalcanal, lo cual le sirvió para encontrar las partidas de bautismo de sus antepasados en el archivo diocesano de Badajoz. Felisa nació el 26 de enero de 1892 y dejó rastro hasta su muerte. A Florencio Ambrosio se lo tragó la tierra. 

La investigación siguió avanzando. La web combatientes.es la condujo al archivo militar de Guadalajara, donde se almacena un expediente de Felisa con su peregrinaje por las cuatro prisiones y la reducción de su pena de 30 años a 20 años más un día. Como la última cárcel fue Saturrarán, María Jesús recurrió al archivo histórico de Gipuzkoa. Bingo. En un expediente más completo constaba la firma de la libertad vigilada y el destino de destierro hasta su muerte en 1946.  

Finalmente, el dato de dónde descansan los restos de la represaliada lo averiguó gracias al grupo de Facebook ‘Buscando Desaparecidos de la Guerra Civil Española’, el servicio de Memoria Democrática de la Diputación de València y la búsqueda diligente de una trabajadora del cementerio general de València, que logró ubicar la sección de Felisa. 

La visita

«No hay palabras para expresar lo que puede sentir cualquier persona que lleva tantísimos años intentando localizar a un familiar», explica María Jesús. «La pena es que ningún hijo ha podido saber dónde descansan los restos de su madre. Pero al menos ya puedo contar a todos sus descendientes las perrerías que sufrió la bisabuela Felisa. Encontrar sus restos era una cuestión de justicia y un mensaje de esperanza para quien busca a los suyos: no desistáis». 

Ella seguirá buscando a su bisabuelo y planea viajar de Sevilla a València para encontrarse con su bisabuela y darle el descanso que no tuvo en vida. Felisa recibirá su primera visita en los últimos 80 años.  


Fuente → levante-emv.com

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