Proyecto Faq Sí fue un golpe de Estado: seis recomendaciones culturales para los revisionistas de la Guerra Civil

jueves, 22 de julio de 2021

Sí fue un golpe de Estado: seis recomendaciones culturales para los revisionistas de la Guerra Civil

  • Un exministro de UCD asegura que "un golpe de Estado no es lo que ocurrió en 1936", pero la historia lleva décadas hablando. Esto es lo que dice
  • Las investigaciones de Preston, Moradiellos, Viñas o Espinosa analizan la conspiración contra la República y las consecuencias de la represión franquista
  • Sí fue un golpe de Estado: seis recomendaciones culturales para los revisionistas de la Guerra Civil / Clara Morales :

    Juan Diego Botto como Federico García Lorca en 'Una noche sin luna'.marcosGpunto (Teatro Español)

    “La Guerra Civil es el fracaso de todos los españoles. Y si hay un responsable de la Guerra Civil directamente es el Gobierno de la República. Y un golpe de Estado no es lo que ocurrió en 1936. Lo siento por lo que opinen otros muchos historiadores, porque no quiero debatir sobre esa cuestión”. Son las declaraciones de Ignacio Camuñas, exministro de UCD y uno de los fundadores de Vox, en un acto el pasado lunes de la Fundación Concordia y Libertad, asociada al PP, en el que también participaba Pablo Casado. El líder conservador no contestó en ningún momento a Camuñas, ni durante su intervención ni al final de la misma, y se limitó a sonreír.

    Los historiadores, como Ángel Viñas o Julián Casanova, sí le han contestado. Ya lo habían hecho antes, en realidad, con una genealogía de estudios que se esfuerzan por señalar, desde hace 40 años, que la Guerra Civil no fue ni una reacción legítima a la locura republicana, como hizo creer el franquismo, ni una contienda fratricida en la que sería absurdo buscar víctimas y verdugos, como sostiene el revisionismo más reciente. La Guerra Civil, insiste con un consenso indiscutible la historiografía, fue consecuencia de un golpe de Estado fallido, en marcha al menos desde 1932, que buscaba acabar con el sistema democrático republicano. Aquí seis obras, de cine a teatro, para lectores confundidos y revisionistas envalentonados.

    Historia mínima de la Guerra Civil española (2016), de Enrique Moradiellos

    Menos de 300 páginas, con un tono divulgativo y pedagógico, para contar desde el proyecto político de la Segunda República hasta las consecuencias históricas de la contienda. Es una de las razones de peso por las que Enrique Moradiellos recibió en 2017 el Premio Nacional de Historia por su Historia mínima de la Guerra Civil española, parte de la colección de la editorial Turner y el Colegio de México. Otro de los motivos sería el rigor de la obra, que no compromete pese a su brevedad un trabajo que el autor había desarrollado ya a lo largo de más de una decena de títulos.

    Para quien vaya buscando una posible parcialidad: Moradiellos en ningún momento niega el inestable panorama político previo a julio de 1936 ni, por ejemplo, la violencia cometida por los republicanos en algunos puntos de la retaguardia. Pero tampoco niega lo que para la historiografía es evidente desde hace décadas: “Efectivamente, reactivando la veterana tradición del militarismo pretoriano, desde principios de marzo de 1936 fue extendiéndose en el seno del ejército, entre el generalato y la oficialidad conservadora, una amplia conspiración. Tenía como finalidad preparar un golpe militar para acabar con el gobierno y atajar lo que percibían como un peligroso deslizamiento hacia la revolución social y la desintegración nacional”. Entre sus impulsores, el general Sanjurjo, “jefe supremo reconocido”, el general Mola, “director 'técnico' de la conjura”, y otros generales monárquicos, republicanos conservadores y “simpatizantes de la CEDA progresivamente radicalizados”. En este último grupo estaría Francisco Franco.

    Un libro para observar a vista de pájaro la Guerra Civil y hacerse con una idea general, pero no falta de sustancia, de la contienda y de su contexto histórico.

    Una noche sin luna (2020), de Juan Diego Botto

    La ficción trabaja con mecanismos poderosos que la no ficción nunca podrá permitirse. En Una noche sin luna, obra de teatro escrita e interpretada por Juan Diego Botto y dirigida por Sergio Peris-Mencheta, Federico García Lorca se pone de nuevo en pie para explicar, con sus propias palabras, las decisiones vitales que le llevaron a ser señalado, odiado y finalmente asesinado por el bando golpista. Para escribir el texto, Botto se basó en las conferencias, artículos y entrevistas del poeta, a menudo muy explícitos sobre su ideología y mucho más radicales de lo que sugiere la efigie que se le ha creado en el imaginario colectivo. “Tengo la sensación de que muchas veces hay un proceso de lavado, de filtrado, para conseguir hacer de Lorca una figura folclórica, casi superflua, que conecta con lo arquetípico de la cultura pero sin llegar a grandes profundidades”, decía a este periódico el autor y actor.

    Frente a esa imagen desvaída y neutralizada, Una noche sin luna recuerda a un Lorca que “siempre tuvo una vinculación con los más frágiles” y que pagó con la vida su explícito compromiso político. Y, acorde con el espíritu lorquiano, la obra no se conforma con mirar al pasado, sino que arrastra hasta la escena de 2021 aquella España en la que fue asesinado. No hay tanta diferencia, dicen los creadores, entre aquella y esta; los enemigos de la libertad que asesinaron al poeta homosexual y de izquierdas, nos dicen, siguen usando la misma lógica. Después de su éxito en el Teatro Español de Madrid, la obra seguirá girando en la temporada 2021-2022.

    Una pieza teatral para recordar que tras el debate histórico y tras el revisionismo del golpe hay al menos 130.000 víctimas mortales, con sus al menos 130.000 vidas interrumpidas. Y para señalar que todavía existen hoy quienes defienden el uso de la violencia contra sus enemigos políticos.


    Franco. Caudillo de España (1993, edición actualizada en 2015), de Paul Preston, y La otra cara del caudillo (2015), de Ángel Viñas

    Su nombre estaba en las cartas aterrorizadas que recorrían la península y en las bocas de sus amigos —a gritos— y enemigos —en susurros—. España era un país en torno a Francisco Franco, que rebautizó con su efigie la palabra “caudillo”. Y en torno a su figura se construyeron laboriosamente una serie de mitos que ha costado décadas derribar. Es lo que hicieron los historiadores Paul Preston —una de las figuras centrales del hispanismo internacional que estudió libremente la Guerra Civil cuando aquí era imposible hacerlo— y Ángel Viñas en dos títulos clave. De un lado, Franco. Caudillo de España, que el británico publicó en 1993 y lanzó de nuevo en 2015 en una edición actualizada. En la que ha sido considerada como la biografía más completa del dictador, Preston señalaba, entre otros rasgos del militar, su mediocridad solo igualada por su ambición y su habilidad para manejar a su entorno, su concepción del Estado como un ente a su servicio, su obsesión sanguinaria con la fabulación judeomasónica o su desprecio de las masas obreras y campesinas, a quienes trató siempre como niños caprichosos necesitados de un padre estricto.

    El propio Preston ha reconocido la aportación de Ángel Viñas a esta línea de investigación en La otra cara del caudillo, publicado en 2015: en el volumen, el historiador toma punto por punto las relamaciones revisionistas que tratan de hacer de Franco poco más que un militar estratega capaz de transformar económicamente el país. La estructura elegida por Viñas, que va desmontando uno a uno los “mitos” revisionistas, parece especialmente adecuada para estos tiempos de contorsión histórica.

    Dos volúmenes para analizar la figura de Francisco Franco dejando atrás de una vez la propaganda de la dictadura y plantando cara intelectualmente a quienes todavía hoy se empeñan en ensalzar su imagen.

    Morir en Madrid (1963), de Frédéric Rossif

    Morir en Madrid, documental del francés Frédéric Rossif estrenado en 1963, da una idea de las dificultades que han tenido documentalistas e historiadores para conocer y dar a conocer la verdad histórica tras décadas de propaganda. Decidido a divulgar la historia del golpe de Estado de 1936 y de la represión franquista iniciada entonces y todavía en marcha. Rossif lleva su investigación a su país natal, a Alemania, a Estados Unidos, a la Unión Soviética... pero le queda España, sometida aún a una estricta censura. Para poder rodar en el país y acceder a sus archivos audiosivuales, teje una trama junto a la productora Nicole Stéphane: comunicarán al Gobierno franquista que quieren realizar una película para dar a conocer España como una sociedad abierta que ha dejado atrás el pasado, una especie de postal cinematográfica de un país que comenzaba a abrirse al turismo. Después de numerosas gestiones con el Ministerio de Información, Rossif y su equipo se hacen con la suya y cruzan la frontera para rodar La España eterna, el falso título que les serviría de coartada.

    Cuando la dictadura se da cuenta de su error, ya es tarde, y solo puede presionar al Gobierno francés para que impida el estreno de la cinta, cosa que no logra. El documental genera un gran revuelo internacional, es nominado al Oscar y deja por los suelos la imagen de modernidad cuidadosamente orquestada por el régimen. Lo que sí podía hacer el franquismo era impulsar la producción de otras películas que le llevaran la contraria a Rossif y enfangaran su discurso: Morir en España, de Mariano Ozores, se estrenó en 1965, y ¿Por qué morir en Madrid?, de Eduardo Manzanos, se estrena en 1966. Ambas son respuestas oficialistas de exaltación de la dictadura y de crítica a la República y a la izquierda internacional que la cuestionaba.

    Un documental para dar los primeros pasos en la historia de la contienda, pero también para entender el funcionamiento de la propaganda franquista.

    La columna de la muerte (2003), de Francisco Espinosa

    Las cifras de la represión franquista durante la Guerra Civil, de tan repetidas, pueden sonar vacías. Pero el historiador Francisco Espinosa es uno de los que han contribuido a hacerlas corpóreas. En La columna de la muerte, uno de sus trabajos sobre la represión durante la Guerra Civil en el suroeste, analiza en detalle las acciones de la campaña de Extremadura, esa sección militar dirigida por el general Yagüe que avanzaría desde la Sevilla tomada hasta Badajoz y que acabaría recibiendo el apodo de “columna de la muerte”. Espinosa bucea en los archivos para seguir a los sublevados en su avance, pueblo a pueblo, matanza a matanza, nombre de fusilado a nombre de fusilado, hasta la masacre de Badajoz, en la que fueron asesinadas al menos 1.500 personas.

    Un libro para conocer una de las muchas manifestaciones materiales del plan de represión golpista durante la Guerra Civil.


    Fuente → infolibre.es

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    Sí fue un golpe de Estado: seis recomendaciones culturales para los revisionistas de la Guerra Civil Rating: 4.5 Diposkan Oleh: La Voz de la República
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