Proyecto Faq Fernando Padilla de Toro, entre la cruz y la tricolor

domingo, 9 de mayo de 2021

Fernando Padilla de Toro, entre la cruz y la tricolor

 Fernando Padilla de Toro en Yátor (ilustración del maestro Joaquín López Cruces, dibujada expresamente para este homenaje, después de no haber podido localizar ninguna foto del protagonista).

Fernando Padilla de Toro, entre la cruz y la tricolor
José María García Labrac

Fernando Padilla de Toro fue asesinado en el Barranco de Víznar, en la madrugada del 25 de agosto de 1936, por los mismos verdugos que habían fusilado a Federico García Lorca, apenas unos días antes, en aquellos parajes de la Sierra de Huétor. Le faltaba menos de un mes para cumplir 32 años.

Paradójicamente, los golpistas, sublevados contra la República Española de la mano de las altas jerarquías de la Iglesia Católica, mataron esa noche a un hombre de Dios, un cristiano convencido que había formado parte de la Compañía de Jesús.

Fernando nació en Yátor, una aldea de la Alpujarra Baja granadina, el 21 de septiembre de 1904, en el seno del hogar formado por María Trinidad de Toro Vela y Antonio Padilla Cano. El parto se produjo en el domicilio familiar de entonces, la vivienda situada en el número 2 del callejón de la Plaza, una pintoresca vía rematada por un característico tinao alpujarreño.

María Trinidad de Toro Vela, la madre de Fernando, una ávida lectora del Quijote que perdió a dos hijos más durante la guerra, Eduardo y Sebastián.

En la época en la que Fernando vino al mundo, la mayoría de la población masculina de Yátor trabajaba en los yacimientos del distrito minero jiennense de Linares-La Carolina, ubicado en Sierra Morena. No tenemos datos de que su padre se dedicara temporalmente a la minería (en la partida de nacimiento de Fernando figura como labrador), aunque sabemos que varios de sus tíos maternos sí que llegaron a prestar servicios para las empresas mineras del norte de la provincia de Jaén (la ausencia de agua en la Alpujarra Baja, mucho más seca y estéril que la Alta, empujó a sus habitantes a buscarse la vida a tantos kilómetros de distancia).

El callejón de la Plaza de Yátor. Aquí nació Fernando Padilla en 1904 (fotografía de Sonia Montes Mata, tomada el 2 de abril de 2021).

Otra perspectiva del callejón de la Plaza (imagen de Sonia Montes Mata, 2 de abril de 2021).

Antonio Padilla y Trinidad de Toro tuvieron nueve hijos. Fernando era uno de los mayores, ya que nació solo un lustro después del matrimonio de sus padres, celebrado el 8 de mayo de 1899, en la iglesia parroquial de la localidad, consagrada a la Inmaculada Concepción. La economía de la familia no debía de ser demasiado boyante, a pesar de que Trinidad y todos sus hermanos sabían leer y escribir, de lo que se deduce una cierta posición cómoda de la rama materna. Es posible que esta precaria situación contribuyera a la vocación temprana de Fernando, que aliviaba a los suyos respondiendo a la llamada divina: una boca menos que alimentar para sus progenitores y el porvenir personal prácticamente asegurado.

El joven yatero ingresó en la orden de los jesuitas, según se atestigua en la hemeroteca histórica del diario Ideal, en algún momento indeterminado de los años 20 (su expediente se ha perdido y no aparece en ninguno de los archivos de la Compañía). Su etapa en el instituto religioso habría de servirle para alcanzar un nivel cultural nada común en la España de los estertores de la Restauración, azotada por unas terribles tasas de analfabetismo.

El “arco romano” de Yátor, un monumento bajo el que el antiguo jesuita tuvo que pasar en muchas ocasiones (Sonia Montes Mata, 2 de abril de 2021).

La memoria familiar relata que, al convertirse en jesuita, Fernando dejó Yátor, mudándose a Granada capital, probablemente a la residencia de Gran Vía, 28, sita junto a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, también gestionada por la orden fundada por San Ignacio de Loyola. Sin embargo, nunca dejó de visitar su pueblo en vacaciones y fiestas de guardar, paseándose por sus calles vestido con la sotana negra de la Compañía de Jesús. Los vecinos del lugar le respetaban y estimaban, valorando su capacidad intelectual y su dedicación sincera a la comunidad de Cristo, manifestada mediante sus enfrentamientos verbales con los caciques y propietarios de la zona, defendiendo siempre los derechos retributivos de jornaleros y peones.

Su compromiso con el Evangelio le fue acercando progresivamente a la causa socialista, entendiendo que uno de sus obligaciones cristianas era ayudar a hacer realidad el reino de Dios en la tierra. Paralelamente, la evolución ideológica que estaba experimentando le empezó a granjear problemas dentro de la orden jesuítica.

El 23 de enero de 1932, la II República, el régimen democrático que sustituyó a la corrupta y caduca Monarquía alfonsina, ordenó la disolución de la Compañía de Jesús, en función de lo establecido en la Constitución de 1931. Las órdenes religiosas con voto de obediencia absoluta al papa de Roma, un jefe de Estado extranjero desde la firma de los Pactos de Letrán (1929), no tenían cabida en el nuevo ordenamiento jurídico español. Los jesuitas tuvieron que abandonar el país para seguir ejerciendo sus ministerios en otras partes del globo.

Actas de las elecciones generales de febrero de 1936, en las que figura Fernando como primer votante de su pueblo (Archivo de la Diputación de Granada).

Parece ser que Fernando aprovechó la coyuntura para dejar la Compañía y regresar a la vida seglar. Sus superiores le ofrecieron un traslado a Argentina, pero él prefirió salir de la orden y volver a Yátor con su familia (sus últimos tiempos como “soldado de Dios” no habían sido cómodos y ahora necesitaba emprender otro rumbo, esperanzado por el cambio político en marcha).

Tras retornar a la Alpujarra, el muchacho se afilió al PSOE y fue elegido secretario de la agrupación socialista de Yátor. Seguía siendo muy querido entre sus paisanos, algunos de los cuales confiaron en él para encabezar la izquierda local, liderando la oposición al Ayuntamiento, gobernado por las derechas (Yátor conservó su independencia municipal hasta 1972, cuando se incorporó a Cádiar). A la vez que dirigía el socialismo yatero, Fernando faenaba en el campo como jornalero.

El 9 de noviembre de 1933, con motivo de las elecciones generales cuya primera vuelta se iba a celebrar pocos días después, el jesuita exclaustrado participó en un mitin en su pueblo, presentando a distinguidos oradores del PSOE, como Antonio Pretel Fernández, futuro diputado a Cortes en representación del PCE (y padre del también dirigente comunista Damián Pretel Martínez). Ideal publicó una reseña del acto en su edición del 14 de noviembre [1], resaltando la intervención en el mismo del “ex afiliado a la Orden de los Jesuitas, hoy secretario del Centro socialista local, camarada Fernando Padilla”. El periódico, portavoz provincial oficioso de la CEDA, señalaba públicamente al antiguo clérigo, en el marco de una crónica despectiva y jocosa sobre el evento izquierdista. La derecha católica no olvidaba ni perdonaba su “traición” a la Santa Madre Iglesia.

Francisco Padilla de Toro, Frasco, hermano menor de Fernando, faenando por los campos yateros (foto de agosto del 67, cedida por Mª Carmen de Toro Ortiz).

Desconocemos los resultados de los comicios legislativos de 1933 en la localidad alpujarreña, pero sí que hemos conseguido las actas de los posteriores, los de febrero de 1936, en los que venció el Frente Popular. Fernando Padilla de Toro fue el votante más madrugador de la aldea, el primero que ejerció su derecho al sufragio.

El alzamiento franquista del 18 de julio de 1936 selló el destino del Fraile, como le llamaban sus conciudadanos (jamás lo fue porque los jesuitas no tienen la condición de frailes). El día 24, ante las preocupantes noticias que llegaban de Granada, los partidarios del Frente Popular asaltaron el Ayuntamiento de Yátor y destituyeron al alcalde, miembro del partido derechista Acción Popular, una formación integrada en la CEDA y que se había sumado al golpe de Estado contra la democracia. A continuación, los republicanos, constituidos en Comité de Guerra, eligieron alcalde interino a Fernando. Su mandato sería corto y accidentado.

Desde su nombramiento como regidor provisional, lo sucedido con nuestro protagonista resulta un misterio difícil de explicar. Los testimonios orales que hemos recabado cuentan que viajó a la ciudad de la Alhambra en busca de armas y de alimentos, engañado por los caciques locales, que le aseguraron que la rebelión había fracasado en la capital de la provincia. ¿Por qué creyó a aquella gente? ¿Quizás algún amigo íntimo le traicionó? Es imposible saberlo. Lo cierto es que se presentó en Granada como alcalde de Yátor, siendo inmediatamente detenido por las autoridades golpistas y encarcelado en la antigua prisión de la avenida de Madrid.

En la madrugada del 25 de agosto, a requerimiento de un juez militar, lo sacaron de su celda, lo subieron a un camión y lo llevaron al Barranco de Víznar, en donde fue fusilado por un piquete de guardias de asalto, junto a otros dieciséis compañeros de infortunio, casi todos también militantes del PSOE (conforme a lo detallado en “García Lorca y Víznar. Memorias del general Nestares”, el libro de Federico Molina Fajardo). Uno de sus hermanos de muerte sería el histórico líder socialista y ugetista José Raya Hurtado, un personaje fundamental en la secuencia de acontecimientos que llevaron a la proclamación de la República en Granada (además, esa noche asesinaron, entre otros, a Enrique García Cappa, Enrique García Fernández, Ricardo Mendoza Calvo, Pedro Domínguez Mazo, Juan de Dios Rodríguez Adarve, José García Esteban, Evaristo Olalla Morales, Pedro Márquez Ortiz, Antonio García Nuño o Antonio Espigares Ortiz).

Fernando fue enterrado en una fosa común del Barranco, por un grupo de masones presos en La Colonia (así se menciona en “Los últimos días de García Lorca”, la investigación de Eduardo Molina Fajardo). Sus restos mortales nunca han sido encontrados. En la actualidad, una campaña de excavaciones, impulsada por la Universidad de Granada y la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica (AGRMH), se está llevando a cabo en Víznar, en el entorno en el que se cometieron los crímenes. ¿Aparecerán los huesos del mártir cristiano ignorado por la Iglesia Católica, cómplice y sostén de las fechorías facciosas? La familia espera y desea que se encuentren e identifiquen sus restos, para poder enterrarlos en el cementerio de Yátor, en la misma tumba en la que descansan los de su madre. La pobre falleció, casi centenaria, con el único consuelo de imaginar que su hijo compartía sepultura con el genio de Fuente Vaqueros.

Encarna Padilla Alonso, sobrina de Fernando Padilla de Toro (hija de Gabriel, otro de sus hermanos pequeños).

Ojalá logremos que Fernando regrese a la Alpujarra, a la vera de los suyos, desandando el camino que lo condujo al abismo. Lo vamos a intentar con todas nuestras fuerzas, como homenaje póstumo a él y a sus compañeros de suerte, que entregaron sus vidas por un mundo mejor, encarnado en España por el régimen constitucional de la II República.

Agradecimientos

– A Encarna Padilla Alonso, sobrina carnal de Fernando, por descubrirme la desconocida historia de su tío.

– A Joaquín López Cruces, ilustrador e historietista, por hacer realidad la loca idea de representar a Fernando en un dibujo.

– A Silvia González Alcalde, vocal de Investigación y Familias de la AGRMH, por su inestimable ayuda documental, imprescindible para escribir este artículo.

– A los hermanos De Toro Ortiz, Fernando y Mari Carmen, por acercarme a nuestro pasado yatero.

– A Sonia Montes Mata, por sus fotografías de Yátor y por la edición de otras de las imágenes que acompañan este texto.

– A María Trinidad de Toro Vela, la madre coraje de Fernando, por impedir que el recuerdo de su hijo se perdiera en el olvido.

Anexo

[1] Reseña que apareció en la edición del diario Ideal del 14 de noviembre de 1933:

FRACASO SOCIALISTA EN YÁTOR

El día 8 del corriente no pudo celebrarse el anunciado mitin que los camaradas socialistas Tovar, Pretel y otro cuyo nombre desconocemos, intentaron realizar en Yátor, pues a pesar de hacer cuantos esfuerzos les fueron posibles los correligionarios locales por traer personas que les oyeran, hubieron de marcharse ante el desaire del vecindario, que espontáneamente demostró con su ausencia la indiferencia ante las ideas del partido, renunciando incluso a oírlas.

Al día siguiente, y no dándose por aludidos de tan marcado desprecio, volvieron nuevamente con el mismo objeto y, por fin, después de dos largas horas en espera de público, hubieron de decidirse a decir algo ante el grupo de chiquillos, mujeres y curiosos que, unidos a los adictos del partido, llegarían escasamente a 50; esto es, contando con un ocurrente amigo que, montado en su burra, se acercó al grupo, personificando el sentido irrisorio que ofreció el acto. Sin llegar a hacerse el silencio y entre constantes interrupciones por murmullo del personal, que, desde lejos, presenciaba el espectáculo, hicieron uso de la palabra los citados oradores y por el orden en que fueron presentados por el ex afiliado a la Orden de los Jesuitas, hoy secretario del Centro socialista local, camarada Fernando Padilla.

Las conferencias se redujeron a remachar donde saben que duele: asegurar que el partido socialista es Católico apostólico; que ellos no son culpables de la situación económica de la Nación, ni del despilfarro de sus presupuestos, y, por último, ante no sentir la más leve prueba de aprobación, aludieron a la olvidada triquiñuela de que, triunfando ellos, habría pan, mucho pan, lo cual les mereció el aplauso de una contada decena de oyentes.

Hay que convencerse de que en Yátor son de más aceptación las caricaturas de Miranda, en IDEAL, que las profecías socialistas.

El autor junto a la iglesia de Yátor, situada a la entrada de la localidad alpujarreña (Sonia Montes, 2 de abril de 2021).

(*) José María García Labrac es el presidente de la asociación ciudadana Granada Republicana UCAR y el creador de la serie Leyendas de los Nuestros, un espacio literario dedicado a la memoria íntima y colectiva de Granada.

Fernando Padilla de Toro era primo hermano de su abuela paterna, Teresa Jiménez de Toro (1927-2014). La madre de Fernando, Trinidad, fue una de las hermanas mayores de Loreto de Toro Vela (1891-1975), bisabuela del autor.

Otro primo de Fernando, retoño de Loreto y tío abuelo de José Mª, José Jiménez de Toro (1912-1970), destacó por su defensa de la legalidad republicana en el seno de la Guardia Civil.

Fuente:  elindependientedegranada.es


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