Proyecto Faq “El ecologismo tiene que empezar a hacer política revolucionaria de masas”

jueves, 21 de enero de 2021

“El ecologismo tiene que empezar a hacer política revolucionaria de masas”

“El ecologismo tiene que empezar a hacer política revolucionaria de masas” / Sato Díaz:

Como si hubiera un mañana. Ensayos para una transición ecosocialista (Sylone y Viento Sur, 2020) es una recopilación de ensayos de distintas autorías, de Yayo Herrero, Jaime Vindel, Andreas Malm, Iñaki Barcena, Lucia Vicent, Catherine Samary, Esther Vivas, Luis Suárez-Carreño, Manuel Garí, Begoña María-Tomé, Marta Pascual, Irene Landa, Joana Bregolat, Jorge Riechmann... También escribe en él Juanjo Álvarez (Valladolid, 1981), quien además lo ha editado y coordinado el proyecto.

El libro analiza cómo tras pandemia es necesario repensar el mundo, el modo de producción y de consumo, la política y, en definitiva, las formas de vida ante la grave crisis climática que se nos viene encima. La apuesta los autores: cambiar mercado por planificación socialista democrática, patriarcado por ecofeminismo, despilfarro por decrecimiento, consumismo por buen vivir. Tras el shock del 2020, hay que analizar lo sucedido pero también mirar al futuro en este 2021. El tiempo apremia, hora de pensar como si hubiera un mañana.

¿Por qué nos recomiendas este libro?

Creo que el libro está muy pensado, muy diseñado para ser útil, abrir los debates que están vivos y necesitan discusión. También creo que es importante porque, desde que Manuel Garí y yo empezamos a pensar el libro, una de las claves fue renovar el repertorio de autoras a las que habitualmente se recurre para pensar estos temas, y eso nos ha permitido montar un libro con aportaciones que van desde las pensadoras ecologistas más importantes a otras autoras que son jóvenes, o que habían estado en segunda fila, y aquí aparecen con peso propio y con aportaciones muy interesantes, no solo desde el ámbito estrictamente ecológico, también desde la economía o el movimiento climático juvenil. En mi opinión, esas son dos de las virtudes más importantes del libro, dos cosas que hacen que merezca la pena leerlo.

Año de pandemia, el 2020. ¿Un aviso de la que se nos puede venir encima con esta forma de vida?

Sí, por supuesto. Hace unos días charlaba con un compañero que había estado leyendo a Rob Wallace y bromeaba con la frustración que debe arrastrar este hombre, que lleva años diciendo que el modelo agroalimentario iba a traernos un aluvión de nuevas enfermedades. Y bien, aquí lo tenemos: el modelo de producción alimentaria, pero también el modelo de transporte, una economía bulímica que necesita consumir y mover capitales, mercancías y personas convulsivamente... solo puede traer esto, crisis diversas enlazadas e imprevisibles. El objetivo es analizar bien cada crisis y tratar de activar siempre una respuesta en clave ecosocial.

¿Sacamos alguna lección en positivo de estos meses? ¿Algo sobre cómo mirar al futuro?

Quizá sí, aunque es macabro pensar que podemos sacar cosas positivas, lo cierto es que hay aprendizajes útiles. Esta crisis, como otros efectos terribles de la degradación ecológica masiva, nos sitúa en uno de los momentos más problemáticos del ecologismo, y es que hasta hace algunos años se trataba del “mundo que dejamos a nuestras hijas”, pero con eso no se moviliza, y hemos tenido que llegar a tocar los límites de la naturaleza para movilizarnos realmente. Es difícil, porque hay generaciones de ecologistas que han hecho su trabajo advirtiendo que esto iba a pasar, que estábamos reventando los equilibrios de los ecosistemas, pero las sociedades no se politizan y no se activan colectivamente por cuestiones que están por venir, sino por las problemáticas vivas.

Ahora se trata de hacer el análisis concreto de cada crisis para ser capaces de explicar que esto no es una maldición que envía el cielo sin que nadie sepa muy bien por qué, sino que tiene causas políticas. Enseñanzas para el futuro hay muchas: la importancia de la salud pública, el hecho de que se haya detenido buena parte de la economía durante meses es un elemento que trae a primera línea la idea de que la vida tiene que estar por encima de los beneficios. Pero claro, la vuelta de hoja está en la cuestión de clase, que ha sido escandalosa en todo el proceso de gestión de la pandemia: las trabajadoras más vulnerables, la situación de los colectivos migrantes...

Para mí, la cuestión pendiente, la lección que tenemos que sacar para el futuro es la politización de cada conflicto frente al relato neoliberal de la gestión técnica, eso de que no hay nada en lo que no se jueguen intereses de clase, de género y también ecologistas. Si no somos capaces de tomar la iniciativa política en estas crisis, el volante queda en manos de los de siempre, y entonces tenemos estos sesgos de clase y también tenemos una salida de la crisis en clave de recuperación de la actividad por parte de los mismos agentes económicos de siempre. Por eso, hoy hay una agenda supuestamente verde que está en manos de Iberdrola y el Santander, cuando son los principales responsables de la crisis ecológica.

Yayo Herrero habla en el prólogo de que "las reservas de minerales no dan para todo lo que se quiere hacer con ellos o dan solo si se sigue profundizando en la emancipación de los más ricos". ¿Qué ejemplos, qué elementos palpables podemos dar de esa emancipación de los más ricos?

Te voy a responder con un ejemplo bien concreto: el coche eléctrico. Lo que nos venden es una renovación tecnológica que supuestamente debería renovar el parque móvil de combustión por un parque exactamente igual, pero con electricidad. Esto no va a suceder: no hay materiales para hacerlo. Tampoco hay red eléctrica suficiente, ni habrá producción energética que lo soporte, pero ciñéndonos a la cuestión de los minerales, no hay litio, níquel y platino para abastecer la sustitución del parque actual de automóviles. Esto quiere decir que habrá menos automóviles y entonces las capas populares no podrán acceder a los mismos. Simple y llanamente, se intensificará la extracción y las relaciones de poder sobre los países del llamado tercer mundo, se potenciará esa relación neocolonial y se aumentará la fractura entre ricos y pobres en los países capitalistas desarrollados.

Cuando hablamos de ecofascismo, no hablamos de entelequias, hablamos de esto, de un repliegue del poder sobre sus centros y una exclusión hacia dentro, en términos de clase, y hacia fuera, en términos de neocolonialismo exacerbado.

"No hay energía ni minerales que puedan sostener materialmente un pacto neokeynesiano copiado del que se estableció dispuesto de la II Guerra Mundial". Parece que los fondos New Generation EU, aunque inciden en la economía verde, no son suficientes.

Bueno, es que solo hay que mirar a quién los dirige. Los programas de la UE para la cuestión ecológica son puro marketing verde, porque están diseñados para que los ejecuten las multinacionales. El capitalismo verde pretende hacer extensiva la apuesta del coche eléctrico: alimentar con energía verde todo lo que hasta ahora se nutre de combustible fósil. Pero claro, la dinámica propia del sistema es el incremento constante de las ganancias y eso es incompatible con una reducción de la esfera económica, que es la clave de bóveda de la transformación ecológica.

Añadiría otra cuestión: si el rendimiento energético de las tecnologías renovables es menor, en todos los casos, que el de los combustibles fósiles, ¿cómo va a encontrar el capitalismo los soportes para una nueva fase de expansión? Esa es una de las debilidades más importantes de la propuesta del Green New Deal, que no contempla los límites ecológicos. Tampoco ha entendido lo que es el estado neoliberal, una maquinaria diseñada para poner lo común al servicio del gran capital, pero eso lo dejaremos para otra ocasión.

¿Qué hacer entonces ante esa avanzadilla del capitalismo verde?

Política revolucionaria de masas. Esta es otra de las cuestiones que se tocan en el libro, y para mí es una de las claves: el ecologismo tiene que empezar a hacer política, política de masas, y política revolucionaria. Para ser sinceros, la mayor parte de los ecologistas no sabemos hacer eso. Hasta hace bien poco, la ecología era el ambientalismo, la defensa del paisaje y un ecologismo social que ha ido siempre por delante de la situación. El diagnóstico, la propuesta y el análisis han sido, en términos generales, los correctos, pero no se ha hecho política porque lo cierto es que no había base social para hacerlo.

Ahora que esa base social existe, ahora que hemos visto que hay una generación que entiende el cambio climático como el elemento donde se condensan todos sus bloqueos, estamos aprendiendo a hacer lo que nunca habíamos hecho. Es una de las tareas centrales de este periodo: trabajar en ese escenario político que es capaz de plantar cara a las falsas soluciones del capitalismo verde para armar una lucha que aglutine a las mayorías. Antes hablábamos de los límites de producción de minerales y cómo eso afecta a la producción de bienes y se puede transformar en una restricción ecofascista; bueno, pues de lo que se trata es de hacer frente a eso, y para hacerle frente necesitas armar una mayoría social.

El coronavirus ha dejado fuera del foco a otros muchos temas. Antes de la pandemia, con Gloria o con aquella multitud de peces muertos en el Mar Menor, vimos cómo España es uno de los países europeos más golpeados por la crisis climática. ¿Qué medidas relacionadas con esta crisis ha de adoptar este Gobierno?

El problema central de la crisis climática en el Estado, y en todo el sur de Europa, es la desertización. Hace unos meses se publicaba un estudio que preveía que Madrid tendrá la temperatura de Marrakech para 2050. La desertización es una amenaza real que ya afecta a buena parte de la provincia de Almería, pero también a zonas mucho más al norte, en Aragón o Castilla y León. Es, al mismo tiempo, un problema internacional, porque las emisiones son globales, esto es evidente. Pero claro, la actuación tiene que empezar en alguna parte, y eso implica a los gobiernos nacionales.

Creo que, por muy arbitrario que parezca, la primera medida es nacionalizar Alcoa y la planta de Nissan en Barcelona. Sé que esto no parece lo más prioritario, pero lo es, porque necesitamos controlar la economía para desarrollar objetivos de reducción de emisiones y producir los elementos técnicos necesarios para la transición. También creo que, en este punto, es importante asumir una cuestión: no podemos esperar nada del Gobierno que empezó con la intención de cerrar las nucleares y ha prolongado el funcionamiento de Almaraz y Vandellòs. Seguro que mucha gente recuerda el refrán que decía "a dios rogando y con el mazo dando"; bueno, el ecosocialismo tiene que ser plebeyo y profano, pero a este Gobierno tendremos que perseguirle con muchos mazos para que nacionalice Alcoa e Iberdrola, para que intervenga en el Mar Menor y para que reforeste decenas de miles de hectáreas en todo el territorio.

¿Cuál es la importancia del ecofeminismo para afrontar la actual crisis?

Toda. Lo que el ecofeminismo lanza es la necesidad de armar una unidad entre la defensa de la vida frente al capital y eso es lo que el ecologismo viene defendiendo desde sus inicios. Volviendo a la crisis de la covid-19, si ves el origen, te encuentras una cuestión ecológica, pero si analizas quiénes lo han sufrido, lo que tienes es mujeres del hogar, personal sanitario que está masivamente feminizado, y eso sin entrar en los hogares. Entonces, la articulación del conflicto es clara, y los planteamientos más discursivos sobre el cuidado y la vida toman cuerpo concreto. Tal vez eso sea lo que falta al ecofeminismo, una propuesta más concreta, como a todo el ecologismo, pero esa propuesta se tiene que articular en los conflictos concretos.

La movilización ecologista fue muy importante en 2018 y 2019. ¿Ideas para reactivarla?

Es una buena pregunta. Para empezar, creo que esa movilización ha sufrido particularmente con la crisis de la covid-19 porque la golpeó directamente en un momento en el que estaba construyéndose, pero no creo que los objetivos de esa movilización estén muertos. Esa generación está llamada a hacer un relevo importante en el ecologismo, por lo que comentábamos antes sobre la actualidad de la crisis ecológica, que está aquí. También te diría otra cosa: no se pueden hacer cábalas con el surgimiento de movimientos, nadie tiene la brújula.

Uno de nuestros referentes, Daniel Bensaïd, solía contar que en los años sesenta pensaba que la historia les "mordía la nuca"; hoy, más que nunca, la historia nos muerde la nuca, la naturaleza nos muerde la nuca. Creo que existe una presión enorme sobre demasiados sectores de la sociedad, y que el capitalismo no tiene bases materiales para iniciar una nueva onda expansiva. A esto, en términos clásicos, se le llamaban condiciones objetivas, y son determinantes, pero hay un punto casi místico en el que las voluntades se unen para dar cuerpo a esas evidencias.

No sé por dónde va a salir la movilización, pero creo que buena parte de las voces que aparecen en el libro van a ser parte de esa reactivación, y también de la proyección política del ecologismo y del ecosocialismo en el próximo periodo. Seguro que tiene que ver con el cambio climático pero, por poner un ejemplo, también tendrá que surgir en el entorno rural. De fondo, la clave es crear un nuevo frente ecosocial en el que tienen que entrar muchos agentes, porque el objetivo ha dejado de ser la cuestión ecológica como tal , y ha empezado a ser el modelo social en su conjunto. A esto le damos mucho espacio en el libro, en las aportaciones de Manolo Garí, de Samary, entre otras. Los sindicatos deben tener un papel clave en lo que tiene que venir y estoy seguro de que vamos a tener movimientos en ese terreno, pero también otros sectores que activan a las capas más jóvenes, como es el animalismo. Toca construir unidad en un sentido mucho más plural, más amplio y diverso de lo que hemos vivido en el último periodo, pero las movilizaciones van a llegar y vamos a trabajar en ellas.


Fuente → vientosur.info 

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