Proyecto Faq Los campos de concentración de Franco

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Los campos de concentración de Franco


Los campos de concentración de Franco
Jordi Grau

Las cifras

  • 24 horas. Ese es el tiempo que tardaron los militares sublevados en abrir el primer campo de concentración. El lugar elegido fue la histórica alcazaba de la ciudad de Zeluán, 25 kilómetros al sur de Melilla, en el territorio del Protectorado español en Marruecos.
  • 298 campos de concentración. Esa es la cifra de campos que hemos logrado documentar hasta ahora. Se trata de un dato provisional. De hecho, desde que publicamos el libro "Los campos de concentración de Franco" hemos logrado identificar dos nuevos campos en Villar del Arzobispo (Valencia) y Son Granada (Llucmajor, Mallorca, Islas Baleares). En realidad se trata de un número superior ya que algunos de estos 298 eran complejos concentracionarios formados por varios campos. Es el caso de la ciudad de León en la que se estableció un campo central en el monumental Hostal de San Marcos y otros tres de menor tamaño en Hospicio, el Colegio Ponce y Santa Ana. Algo similar ocurrió en Alicante, Guadalajara, Irún, Cáceres, Cartagena, Pamplona, Murcia y también en Bilbao, donde el campo principal se abrió en la Universidad de Deusto, del que dependían los prisioneros encerrados en la plaza de toros de Vista Alegre y en la Escuelas del Patronato de San Vicente de Paúl.
  • Entre 700.000 y un millón de españoles pasaron por los campos de concentración franquistas. Los propios informes del Ejército franquista nos indican que solo en abril de 1939 había un mínimo de 500.000 hombres y mujeres encerrados en campos.
  • Miles de muertos. Resulta imposible dar una cifra real de los hombres y mujeres que perecieron en los campos de concentración franquistas. Obviamente no quedó constancia documental de los miles de prisioneros que fueron asesinados extrajudicialmente. Además, solo una pequeña parte de quienes fallecían por enfermedades, hambre, frío o malos tratos eran inscritos en los registros civiles o parroquiales. A pesar de las dificultades para disponer de estadísticas fiables, contamos con algunos datos parciales muy significativos que sí han podido ser verificados. A todos ellos habría que anteponer un "al menos", ya que los testimonios orales y otros indicios documentales señalan que hubo muchas víctimas más:
    • 827 ejecuciones en los primeros meses de funcionamiento de los campos de concentración abiertos en la ciudad de Santander.
    • 278 prisioneros del campo de concentracón de Ferrol (A Coruña) "paseados" y fusilados.
    • 138 muertos en Albatera (Alicante), solo en abril de 1939, por hambre y enfermedades.
    • 115 "paseados" y ejecutados en El Mogote, Tetuán (Protectorado de Marruecos).
    • 144 fallecidos de hambre y enfermedades en el campo de Las Arenas en La Algaba (Sevilla).
    • 234 fusilados o muertos por traumatismos y enfermedades en el campo de concentración de Camposancos en La Guardia (Pontevedra).
    • 157 fallecidos en Miranda de Ebro (Burgos) por hambre, enfermedades y disparos de arma de fuego.
    • 100 fusilados en el pequeño campo de concentración del Caserío de Zaldívar, ubicado en Casas de Don Pedro (Badajoz).
    • 66 muertos por enfermedades, 3 por disparos de arma de fuego y uno por "asfixia en suspensión" en Aranda de Duero (Burgos).
    • 87 fusilados en el campo de concentración del manicomio de Alcalá de Henares (Madrid).
    • 366 fallecidos en el campo de concentración de la Universidad y el Hospital de Deusto (Bilbao).
    • 265 prisioneros procedentes de diversos recintos vascos fallecieron en el hospital-campo de concentración de Guernica (Vizcaya).
    • Entre 1.384 y 2.952 "paseados", ejecutados y fallecidos por hambre y enfermedades en el campo de concentración de San Marcos en León.

Si a estas cifras añadimos los 1.800 prisioneros que, como mínimo, fueron asesinados en el fugaz campo de concentración abierto el 14 de agosto de 1936 en la plaza de toros de Badajoz, ya ascendería a 6.000 víctimas mortales en apenas una quincena de recintos. Es cierto que el número de muertes en otros centros fue notablemente inferior, pero también existieron lugares como Los Almendros o la mayor parte de los establecimientos andaluces en los que fallecieron centenares de prisioneros de los que no quedó constancia documental alguna. Igualmente sabemos que campos como los de Albatera, en Alicante, Higuera de Calatrava, en Jaén, o Moncófar y Sot de Ferrer, en Castellón, cuentan con fosas comunes que aún no han sido excavadas. En cualquier caso, con las cifras de que disponemos y teniendo en cuenta la enorme cantidad de campos en que hasta ahora ha sido imposible realizar un recuento fiable, es improbable que el resultado final no supere con creces la cifra de 10.000 fallecidos aportada en anteriores trabajos de investigacin.

  • Andalucía fue la región que albergó más campos de concentración, 52. En este ránking del horror le siguen la Comunidad Valenciana con 41, Castilla la Mancha con 38, Castilla y León con 24, Aragón con 18, Extremadura con 17, Madrid con 16, Cataluña con 14, Asturias con 12, Galicia y Murcia con 11, Cantabria con 10, Euskadi con 9, Baleares con 7, Canarias con 5, Navarra con 4, La Rioja con 2 y Ceuta, junto a las antiguas colonias españolas en el norte de África, con 5.
  • Se utilizaron edificios o terrenos rodeados de alambradas. En torno al 15% de los campos de concentración franquistas se abrieron en conventos, monasterios, castillos y otros edificios de alto valor histórico. Un 12%, en fábricas, almacenes o industrias conserveras abandonadas. Un porcentaje similar se instaló en cuarteles y fortalezas militares. Cerca del 10%, en plazas de toros, campos de fútbol, hipódromos... Un 9%, en centros escolares, manicomios, lazaretos y otros edificios civiles. El mayor número, entre un 25 y un 30% del total, surgió de la nada, en espacios abiertos donde se construyeron barracones, se levantaron tiendas de campaña o se dejó, simplemente, que los prisioneros permanecieran a la intemperie.

Generalidades

En esta investigación nos hemos centrado en los campos de concentración oficiales; es decir, aquellos que tenían esa denominación en los documentos elaborados por las autoridades franquistas Al margen de ellos, hubo infinidad de recintos destinados a confinar, torturar y castigar a presos políticos y a prisioneros de guerra: cárceles, penales, prisiones provisionales, calabozos, prisiones flotantes…. Además, el régimen creó un vasto sistema de trabajos forzados compuesto por diferentes tipos de unidades: Batallones de Trabajadores (BBTT), Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores (BDST), Batallones Disciplinarios de Trabajadores (BDT), Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores Penados (BDSTp) y por las dependientes del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo (Destacamentos Penales, Colonias Penitenciarias Militarizadas y Talleres Penitenciarios). Muchos de estos recintos y de las instalaciones en que se ubicaron las unidades de trabajadores esclavos respondieron a la estética concentracionaria tradicional: explanadas rodeadas de alambradas y sembradas de barracones de madera.

Objetivos de los campos de concentración franquistas

Los campos de concentración franquistas eran, por norma general, lugares de exterminio, selección, castigo y "reeducación" de los internos. Aunque la mayoría de los cautivos eran prisioneros de guerra capturados en los frentes de batalla, también había miles de presos políticos: maestros, periodistas, dirigentes, militantes o simples simpatizantes de las organizaciones republicanas.

Exterminio porque los asesinatos de prisioneros fueron parte de la rutina diaria. Los militares franquistas fusilaban indiscriminadamente. Grupos de falangistas iban a la caza de sus vecinos republicanos. Aquellos que eran identificados, eran separados de sus compañeros y, en su mayor parte, tiroteados en cualquier cuneta. Según fue avanzando la guerra, estos "paseos" irían siendo sustituidos o complementados por los asesinatos "legales": ejecuciones que se llevaban a cabo después de unos consejos de guerra sumarísimos que apenas duraban una hora y que, en muchas ocasiones, se celebraban en los propios campos. Los acusados eran juzgados en grupos de diez, de veinte o hasta de treinta y contaban como abogados con militares franquistas que solían limitarse a confirmar la gravedad de los cargos y a realizar una petición de clemencia poco convencida y poco convincente.

Exterminio también porque los cautivos apenas recibían comida, sufrían malos tratos constantes, no tenían prendas de abrigo de las que guarecerse del frío y no disponían de las más mínimas condiciones higiénicas ni sanitarias.

Selección porque la principal función de estos recintos fue la de clasificar a los cautivos, básicamente, en tres grupos: los enemigos considerados irrecuperables, que debían ser fusilados o condenados a largas penas de prisión en unas cárceles en las que también tenían altas probabilidades de morir de hambre o de todo tipo de enfermedades; los que aun siendo contrarios al nuevo régimen se estimaba que podían ser "reeducados" mediante el sometimiento, la humillación, el miedo y los trabajos forzados; y, por último, los considerados "afectos" al Movimiento, que eran incorporados a las filas del Ejército franquista o puestos en una libertad que siempre sería condicional, ya que permanecerían bajo la eterna vigilancia de las autoridades civiles y militares de sus localidades de origen.

Reeducación. En junio de 1939 quienes se encontraban encerrados en el campo de concentración de San Marcos (León) recibieron un librito en el que se les intentaba adoctrinar sobre religión, política y conceptos morales. En él aparecía la siguiente definición de los campos de concentración redactada especialmente para los prisioneros: "No son solo un redil más o menos cómodo donde estáis encerrados. Aspiramos a que unos salgáis de ellos espiritual y patrióticamente cambiados, otros, con estos sentimientos revividos y todos, viendo que nos hemos ocupado de enseñaros el bien y la verdad".

Charlas patrióticas y misas obligatorias. Para lograr ese radical cambio no se escatimaron esfuerzos. Los cautivos eran sometidos a un proceso de deshumanización. Despojados de sus pertenencias más personales, la mayor parte de las veces eran rapados al cero e incorporados a una masa impersonal que se movía a toque de corneta y a golpe de porra. Las condiciones infrahumanas en el campo les degradaban psicológicamente desde el primer momento. Además, cada día eran obligados a formar un mínimo de tres veces, cantar el Cara al sol y otros himnos franquistas, así como rendir honores a la bandera rojigualda haciendo el saludo fascista a la romana. Franco ordenó que en los campos se impartieran diariamente, una hora por la mañana y otra por la tarde, charlas de adoctrinamiento que versaran sobre temas tan elocuentes como estos: "Errores del marxismo. Lucha de clases. Criminalidad imperante antes del 18 de julio. Los fines del judaísmo, la masonería y el marxismo. Por qué el ejército toma la labor de salvar la patria. Lo que es el credo de nuestro movimiento. Los 26 puntos de FET y de las JONS. El error en que han vivido a través de las mentiras de la prensa roja. El concepto de España imperial...". La Iglesia jugó un papel fundamental en esta tarea "reeducativa". En los campos de concentración se reflejó claramente la identificación absoluta de métodos y de objetivos entre esta institución, los golpistas y la posterior dictadura.

Heterogeneidad y caos. En cualquier caso y a diferencia de los campos de concentración nazis, los campos franquistas no eran homogéneos. Las condiciones de vida de los prisioneros eran muy diferentes dependiendo de la ubicación geográfica del recinto, la región militar a la que pertenecía e incluso el oficial que lo dirigía. Había campos de concentración en los que se apiñaban más de 10.000 prisioneros y otros en los que apenas se confinaba uno o dos centenares de cautivos. En Baleares y el Protectorado de Marruecos los internos eran sometidos a durísimos trabajos forzados, mientras que en otras regiones la única tarea de los prisioneros era la de luchar por sobrevivir.

Una Cronología muy resumida*

  • Abril de 1936. El general Mola dicta unas directrices secretas en las que deja clara la estrategia que desarrollarán tras el golpe de Estado: "Es necesario propagar una atmósfera de terror. Tenemos que crear una impresión de dominación ... Cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado".
  • 18-19 de julio de 1936. El Ejército franquista abre el primer campo de concentración en la alcazaba de Zeluán (Protectorado español en Marruecos). Apenas han pasado 24 horas desde el inicio de la sublevación.
  • 20 de julio de 1936. Franco envía una orden al resto de generales rebeldes en la que les pide que organicen "campos de concentración con los elementos perturbadores, que emplearán en trabajos públicos, separados de la población".
  • Finales de julio de 1936. Abren sus puertas los campos de concentración de La Isleta (Gran Canaria) y El Mogote (Protectorado español en Marruecos). En la Península, el fracaso del golpe de Estado genera una situación más confusa. Los generales sublevados utilizan numerosos recintos para confinar a presos políticos y a prisioneros. Algunos de ellos pasarán muy pronto a tener la consideración oficial de "campos de concentración". Queipo de Llano emplea, entre otros, el penal del Puerto de Santa María (Cádiz), la cárcel del barrio de la Casería de Ossio en San Fernando o el Cortijo de Vicos, próximo a Jerez. En Galicia, el Ejército rebelde habilita como lugares de confinamiento y exterminio las instalaciones del convento de los Jesuitas de Camposancos en La Guardia (Pontevedra) y el arsenal de Ferrol. En León entran los primeros prisioneros en el monumental Hostal de San Marcos y en la cercana localidad de Astorga se les confina en el cuartel de Santocildes.
  • 14 de agosto de 1936. El general Yagüe ocupa la ciudad de Badajoz y crea un campo de concentración provisional en la plaza de toros y en otros edificios de la localidad. Entre 1.500 y 2.000 hombres y mujeres son asesinados.
  • Septiembre y octubre de 1936. Siguen inaugurándose campos de concentración en las zonas que van siendo ocupadas por el Ejército franquista. En Sevilla abre sus puertas el habilitado en el Cortijo del Caballero, en Guillena; en Tenerife comienza a operar uno en el aeródromo de Los Rodeos; en Soria ya funcionaba el que aprovechaba las instalaciones del convento y cuartel de Santa Clara; en Ciudad Rodrigo (Salamanca) confinaron a los primeros cautivos en el monasterio de la Caridad; en Palencia emplearon las Escuelas Berruguete y el Manicomio Viejo.
  • 28 de octubre de 1936. El comandante militar de Baleares emite una orden por la que crea una red de campos de concentración en Mallorca. El motivo, según podía leerse en su escrito, era confinar a los detenidos "que se encontraban en distintas prisiones de la Isla, los que sin estar sujetos a Procesamientos Militares eran conocidos por sus ideas extremistas".
  • Noviembre y diciembre de 1936. Abren numerosos campos de concentración, entre los que se encontraban algunos de los que, a la postre, serían de los más longevos, como San Pedro de Cardeña (Burgos) y San Gregorio (Zaragoza).
  • 11 de marzo de 1937. Franco cursa la Orden General para la Clasificación de Prisioneros y Presentados. En ella establece que los cautivos sean investigados y clasificados en los campos de concentración para lograr "la verdadera eficacia en los fines perseguidos por el Ejército Nacional y para una estricta e ineludible justicia, que ha de ir aneja al triunfo de nuestras armas". Cada hombre sería clasificado como "A" (afecto al Movimiento), "B" (voluntarios del Ejército republicano sin más responsabilidades), "C" (oficiales del Ejército republicano, miembros destacados de las organizaciones republicanas, "enemigos de la patria"…) o "D" (personas responsables de supuestos delitos). El destino de los "C" y los "D" era pasar por un consejo de guerra sumarísimo rumbo al paredón o a prisión. El de los "B" era permanecer en los campos y ser encuadrados en unidades de trabajos forzados. El de los "A" era en teoría la libertad y en la práctica un alistamiento forzoso en el Ejército franquista.
  • 28 de mayo de 1937. Franco regula el "derecho obligación" al trabajo de los prisioneros. Se legitima una práctica que ya era habitual: explotar como esclavos a los cautivos. Poco después se constituyen los tres primeros Batallones de Trabajadores (BBTT). Estas unidades servirán para explotar como esclavos a decenas de miles de prisioneros de guerra contra los que no pesaba cargo alguno. Paralelamente, en mayo y junio se siguen abriendo nuevos campos de concentración en Vitoria, Badajoz, Talavera de la Reina, Pamplona, Estella, Bilbao, Andalucía occidental y en Miranda de Ebro (Burgos).
  • 5 de julio de 1937. El BOE publica una orden de Franco por la que se crea la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP). Al mando se nombra como Coronel Inspector a un militar africanista, Luis Martín Pinillos. Su misión debía ser centralizar la caótica red de campos de concentración abierta desde el inicio de la sublevación. Un objetivo que nunca alcanzaría debido a la resistencia de la mayoría de los generales rebeldes. Al mismo tiempo se siguieron abriendo campos de concentración en lugares como Lerma, Cáceres, Sigüenza o Irún.
  • Finales de agosto de 1937. La caída de Santander y la rendición del ejército vasco, tras el pacto alcanzado entre el PNV y los militares fascistas italianos, provoca una enorme masa de prisioneros. Los hombres de Mussolini abren campos de concentración en localidades cántabras como Laredo o Castro Urdiales y también habilitan el penal de El Dueso en Santoña. Estos recintos pasarían días después a ser controlados por las tropas franquistas españolas que, por su parte, habían abierto campos de concentración en recintos como la plaza de toros y los Campos de Sport de El Sardinero, ambos en Santander.
  • 14 de septiembre de 1937. La Inspección de Campos dicta las "instrucciones para el régimen de los campos de concentración". En ellas se establecen las medidas disciplinarias que deben regir en estos recintos: realización del saludo fascista, cantar himnos franquistas, asistir a misa y a charlas "patrióticas", descubrirse ante los guardianes…
  • 21 de octubre de 1937. Con la caída de Gijón la suerte del frente asturiano está echada. Rápidamente se abren campos de concentración en la plaza de toros y en una fábrica de harinas de Gijón, en el manicomio de La Cadellada en Oviedo y en otras localidades como Avilés, Pola de Siero, Infiesto, Grado o Llanes que se unen a los que ya operaban en Figueras (Castropol), Ortiguera y Canero.
  • Antes de acabar 1937 se abren numerosos campos de concentración en la retaguardia franquista: Muros, Rianxo, Cedeira o Padrón en Galicia; Valencia de Don Juan y Santa Martas en la provincia de León; Jaca en Huesca y San Juan de Mozarrifar en la ciudad de Zaragoza.
  • 15 de enero de 1938. Ante la saturación insoportable de los campos de concentración existentes, el coronel jefe de la Inspección de Campos propone a Franco ampliar campos como los de Miranda de Ebro o Aranda de Duero instalando barracones desmontables de madera. Además se crean nuevos campos como el de Calatayud en la provincia de Zaragoza, los de Alcañiz, Santa Eulalia y Caminreal en Teruel, el de Almendralejo en Badajoz, el de Torremolinos en Málaga y el levantado en el barrio de Heliópolis en la ciudad de Sevilla.
  • 4 de abril de 1938. Franco ordena el reagrupamiento de todos los prisioneros extranjeros en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos). El jefe de los Servicios Psiquiátricos del Ejército, Antonio Vallejo-Nájera, realizó diversos experimentos con estos brigadistas internacionales.
  • 15 de abril de 1938. Las tropas franquistas alcanzan el Mediterráneo y parten en dos la España republicana. Durante el resto del año se crean decenas de nuevos campos de concentración por todo el territorio controlado por los militares sublevados.
  • 11 de octubre de 1938. El BOE publica la creación del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, una institución que aspiraba a perpetuar el sistema de trabajos forzados extendiéndolo a los presos ya condenados en los juicios-farsa celebrados por los tribunales militares. Si hasta ese momento los batallones y el resto de las unidades de trabajadores se nutrían de prisioneros de guerra y de detenidos por motivos políticos sobre los que no pesaba acusación formal alguna, ahora entraban en juego también aquellos hombres y mujeres que cumplían penas menores de cárcel. Los presos gestionados por el Patronato se repartirían en tres tipos de unidades: Destacamentos Penales, Colonias Penitenciarias Militarizadas y Talleres Penitenciarios.
  • 23 de diciembre de 1938. Franco aprueba el "Reglamento provisional para el régimen interior de los Batallones de Trabajadores". La normativa llegaba casi dos años después de la creación de la primera de estas unidades. De hecho, en ese momento había ya 96 batallones en los que trabajaban en régimen de esclavismo más de 45.000 prisioneros.
  • 10 de febrero de 1939. La caída de Cataluña en manos franquistas provoca un nuevo tsunami de prisioneros. Las cuatro provincias catalanas son sembradas de campos: Horta, Manresa, Igualada, Tremp, Cervera, Mollerussa, Reus, Tarragona, Figueres… En retaguardia la Inspección de Campos habilitó numerosos recintos para trasladar a los nuevos cautivos: plazas de toros como las de San Sebastián, Tolosa, Vitoria, Bilbao o Pamplona; una gran finca en Castuera (Badajoz), el monasterio de Santa María en Oia (Pontevedra), dos naves conserveras en A Pobra de Caramiñal (A Coruña), el aeródromo de Lavacolla en Santiago de Compostela, varios edificios e Isla Saltés en Huelva, la llamada Casa Grande de Padul (Granada), diversas instalaciones en los pueblos malagueños de Alhaurín , Ronda y Antequera, e incluso las ruinas de Medina Azahara en Córdoba…
  • 27 de marzo de 1939. En plena ofensiva final, Franco autoriza a sus generales a abrir campos de concentración "en los sitios que estimen más conveniente, por razones de higiene, vías de comunicación y emplazamiento".
  • El final oficial de la guerra provocó que la red de campos de concentración franquista se duplicara. Más de 130 campos fueron abiertos, especialmente, en las regiones que habían permanecido hasta el último momento en manos republicanas. A mediados de abril de 1939, según los partes oficiales franquistas, había cerca de medio millón de prisioneros en los campos de concentración.
  • Entre mayo y noviembre de 1939 cerraron sus puertas numerosos campos de concentración. Sus forzados inquilinos fueron ejecutados, enviado a cárceles y a unidades de trabajos forzados o acabaron siendo puestos en libertad condicional.
  • 10 de noviembre de 1939. La Inspección de Campos, rebautizada ahora como Jefatura de Campos de Concentración ordena el cierre de todos los recintos salvo cinco: Miguel de Unamuno en Madrid, Rota en Cádiz, Horta en Barcelona, Miranda de Ebro y los talleres centrales de Deusto en Bilbao. Aún así la orden no se aplica de forma rigurosa. Numerosos campos siguen funcionando exactamente igual, pero bajo la denominación de "prisiones" y otros, directamente, mantienen incluso la condición de campos de concentración. Es el caso, por ejemplo, del campo habilitado en la playa de Arnao en Figueras (Castropol) en el que fueron confinados esposas, hijas y madres de guerrilleros antifranquistas.
  • 20 de diciembre de 1939. El Ministerio del Ejército establece las bases de la mal llamada "mili de Franco". Todos aquellos hombres que no habían servido en las filas franquistas debían cumplir ahora el servicio militar. No importaba que hubieran sido soldados del Ejército republicano, ni que hubieran pasado años en campos de concentración o encuadrados en batallones de trabajos forzados. El objetivo del régimen era prolongar el sistema de explotación laboral de los vencidos, ya que quienes hicieron la "mili de Franco", salvo que lograran demostrar su afección al Movimiento, pasaban años como esclavos en unas nuevas unidades llamadas Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores (BDST)
  • Junio de 1940. La dictadura disuelve los Batallones de Trabajadores. El trabajo esclavo se mantiene con más de 47.000 hombres desplegados en los BDST y otros 18.000 más en las unidades dependientes el Patronato de Redención de Penas por el Trabajo.
  • Junio de 1940. El régimen franquista comienza a abrir nuevos campos de concentración destinados a extranjeros que huían a través de los Pirineos de la Francia ocupada por los nazis. Las provincias de Lleida y de Barcelona son dos de las que acogen un mayor número de campos. Miranda de Ebro es designado como el campo de concentración principal para acoger a estos refugiados extranjeros que fueron tratados como verdaderos prisioneros.
  • Finales de 1940. El Ayuntamiento de Sevilla crea el campo de concentración de Las Arenas en el término municipal de La Algaba. Alrededor de 300 indigentes son detenidos en la ciudad y enviados a este recinto. Prácticamente la mitad de ellos murieron de hambre y/o enfermedades.
  • Diciembre de 1940. Abre sus puertas el campo de concentración de Nanclares de Oca (Álava), dependiente de la Dirección General de Seguridad.
  • Diciembre de 1942. Se disuelven los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores y la Jefatura de Campos de Concentración. Cierra sus puertas el campo Miguel de Unamuno en Madrid. A esas alturas también habían sido clausurados los recintos de Palma de Mallorca, Rota y el fuerte de Isabel II en Ceuta. Continúan operativos los batallones de trabajadores de penados y las unidades de redención de penas.
  • 1943 y 1944. El sistema de redención de penas llega a su apogeo, gestionando el trabajo esclavo de cerca de 30.000 presos políticos.
  • Junio de 1944. Miranda de Ebro y otros campos de concentración empiezan a recibir a alemanes, italianos y fascistas de otras nacionalidades que huyen del avance aliado.
  • Enero de 1947. Cierra sus puertas el campo de concentración de Miranda de Ebro.
  • Diciembre de 1947. El campo de concentración de Nanclares de Oca pasa a ser considerado "centro penitenciario". La Dirección General de Seguridad mantuvo en los años 50 y 60 diversos recintos denominados "campos de trabajo", "colonias agrícolas penitenciarias" o "campamentos penales" que funcionaban exactamente igual que los campos de concentración. Uno de los ejemplos más siniestros fue el de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía en Fuerteventura, en la que fueron recluidos y torturados decenas de homosexuales.
  • 1948. Se disuelven los últimos Batallones Disciplinarios de Trabajadores Penados. El Patronato de Redención de Penas por el Trabajo se queda en exclusiva con la gestión de los esclavos del franquismo.
  • 1958 y 1959. La dictadura abre dos campos de concentración en La Isleta (Gran Canaria) y Puerto del Rosario (Fuerteventura) para confinar a decenas de líderes de la rebelión independentista en Ifni.
  • 1960. Se disuelve el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas.
  • 1970. Se disuelven los dos últimos destacamentos penales que trabajaban en la fábrica de cemento de la empresa Portland Iberia en Castillejo (Toledo) y en la construcción de la lujosa colonia Mirasierra de Madrid, a las órdenes del empresario franquista Juan Banús.
  • 1974 y 1975. La dictadura perpetra sus últimos asesinatos "legales". En 1974 utiliza el cruel método del garrote vil para acabar con la vida de Salvador Puig Antich. En septiembre de 1975, dos meses antes de la muerte del tirano, fusila a cinco miembros de organizaciones armadas antifranquistas.
  • 1983. Un Real Decreto disuelve el Patronato Central de Nuestra Señora de la Merced para la Redención de Penas por el Trabajo.

*Todos los detalles en el libro Los campos de concentración de Franco (Ediciones B, 2019)

No hubo campos para mujeres, pero sí hubo mujeres en los campos

Las republicanas concitaron, si cabe, más odio y animadversión entre los sublevados que los hombres. Este sentimiento quedó perfectamente reflejado en el artículo que José Vicente Puente escribió en el diario Arriba y que tituló El rencor de las mujeres feas: "Eran feas. Bajas, patizambas, sin el gran tesoro de una vida interior, sin el refugio de la religión, se les apagó de repente la feminidad y se hicieron amarillas de envidia. El 18 de julio se encendió en ellas un deseo de venganza, al lado del olor a cebolla y fogón, del salvaje asesino y quisieron calmar su ira en el destrozo de las que eran hermosas. Y delataron a los hombres que nunca las habían mirado. Sobre cientos de cadáveres, sobre espigas tronchadas en lozana juventud, el rencor de las mujeres feas clavó su sucio gallardete defendido por la despiadada matanza de la horda. Y Dios las castigó a no encontrar consuelo a su rencor".

El modelo de mujer que debía imponerse fue definido innumerables veces por la presidenta de la Sección Femenina, Pilar Primo de Rivera: "Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho"; "La única misión asignada a la mujer en las tareas de la Patria es el hogar". Este contexto de desprecio hacia la mujer en general y hacia las republicanas en particular marcó el destino de las cautivas: violaciones, humillaciones y castigo físico y psicológico para reconvertirlas en dóciles y cristianas madres de familia.

En la mentalidad machista y falsamente paternalista de los dirigentes franquistas, las mujeres no encajaban en los campos de concentración. Es por ello por lo que ni uno solo de ellos estuvo destinado al sexo femenino. Existen casos excepcionales como el de Los Almendros en Alicante donde hubo prisioneras durante los primeros días. También hay constancia de la presencia de pequeños grupos de cautivas en Cabra (Córdoba), el convento de Santa Clara en Soria, Camposancos en La Guardia (Pontevedra), los Campos de Sport de El Sardinero en Santander y San Marcos en León. Al finalizar la guerra, el campo de concentración de Arnao en Castropol (Asturias) congregó, bajo durísimas condiciones de vida, a mujeres cuyo único delito había sido ser madres, hermanas, hijas o esposas de hombres a los que se acusaba por haber huido al monte para unirse a la guerrilla antifranquista.

Salvo estos casos, fue en las cárceles donde los sublevados confinaron a las republicanas. En las provincias donde triunfó inmediatamente el golpe de Estado y en aquellas que iban cayendo en manos de las tropas rebeldes, eran separadas inmediatamente de los hombres y encerradas en todo tipo de edificios públicos que o no tenían denominación alguna o eran considerados "prisiones provisionales". En ellas pasaban idénticas penalidades que los prisioneros de los campos: hambre, enfermedades, hacinamiento, malos tratos... Pero además sufrían otro tipo de vejaciones como ser paseadas por las calles, con el pelo rapado, mientras se hacían sus necesidades encima debido al efecto del aceite de ricino que les habían obligado a ingerir. Más dramática era la situación de quienes llegaban a esos centros de reclusión embarazadas o con sus hijos de corta edad. Fueron muchas quienes tuvieron que ver cómo sus pequeños morían de inanición o por la falta de medicamentos y de atención sanitaria. Otras sufrieron el robo de sus bebés en lo que supuso el inicio de uno de los capítulos más oscuros y silenciados de la represión. A comienzos de 1940, los datos oficiales indicaban que había 23.332 mujeres encarceladas en todo el país. Historiadores como Francisco Moreno Gómez elevan esa cifra hasta situarla entre 40.000 y 50.000. loscamposdeconcentraciondefranco.es


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Los campos de concentración de Franco Rating: 4.5 Diposkan Oleh: La Voz de la República
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