

23F: cómo la no desclasificación de unos documentos siembra la duda sobre qué ocurrió realmente
El 23 de febrero de 1981 un grupo de Guardias Civiles comandado por Tejero irrumpía en el Congreso al grito de «¡quieto todo el mundo!» y hacía
contener la respiración a todo el país al protagonizar un fallido
intento de golpe de Estado que, a día de hoy, sigue despertando muchas
dudas. ¿Cómo se fraguó? ¿es cierto que la inteligencia
norteamericana tenía conocimiento de ello semanas antes? ¿cuál fue el
papel de Juan Carlos I durante su transcurso? ¿y el de Felipe González?
La versión oficial
La versión oficial, lo que ha trascendido a la luz pública tanto por
los medios de comunicación como por parte de la clase política en parte a
raíz del juicio que condenó a los participantes en la trama golpista,
afirma que un grupo de militares ultraconservadores, descontentos con la deriva de reformas que se había iniciado en el país
(como la aprobación de la ley de divorcio) y con el horizonte próximo
de la salida de Adolfo Suárez y el peso cada vez mayor del partido
socialista, decidieron organizar una revuelta para instaurar un
gobierno presidido por un militar (el General Armada) y preservar ‘los
valores patriotas’.
A las 18:00 del 23 de febrero, un grupo de guardias civiles irrumpía en el pleno del Congreso de los Diputados
y detenía la sesión parlamentaria que estaba votando la investidura de
Leopoldo Calvo-Sotelo como Presidente del Gobierno en sustitución de
Adolfo Suárez. Tras gritar a los diputados que permanecieran inmóviles,
se dispararon varios tiros al techo del hemiciclo y la mayoría de los
parlamentarios se tiró al suelo refugiándose en sus escaños.

Minutos después, la ciudad de Valencia veía desfilar
por sus calles tanques militares tras la orden de sublevarse del capitán
general Jaime Milan del Bosch, que coordinado con
Tejero iniciaban la revuelta militar esperando que se unieran el resto
de regiones militares. Lo cierto es que oficialmente no se llegó a unir
ninguna, si bien las de Sevilla, Valladolid, Zaragoza y Baleares
tardaron en pronunciarse a la espera de cómo se sucedían los
acontecimientos.

A las 19:45 un grupo de militares irrumpía en las sedes
de radiotelevisión española (tve y rne) en Prado del Rey y daban orden
de cesar las emisiones y emitir, en un primer lugar,
marchas militares para posteriormente cambiar a música ambiental. La
televisión pública no pudo emitir el informativo de esa jornada, y hasta
medianoche no volvió a su emisión regular, ya retirados los militares.

De madrugada, el rey Juan Carlos I se dirigió a la
nación vestido con el úniforme de Jefe del ejército para transmitir un
mensaje de tranquilidad y explicar que había dado orden a los generales
para alinearse en favor de la democracia. En su mensaje
condenaba el Golpe de Estado y apostaba por la continuidad de la
democracia parlamentaria en lo que se considera pieza clave de su
reinado, ya que para muchos expertos en ese momento se consolidó como
«garante de la Constitución».
A la mañana siguiente, el grupo de Guardias Civiles que seguía en el interior del Congreso junto a diputados y periodistas que cubrían el pleno de la tarde anterior, decidió entregarse
al constatar la adhesión de las regiones y capitanías militares al rey,
dando la espalda a los golpistas. Finalizaban así las horas de más
tensión en España desde el fin de la dictadura.
La versión alternativa
Existen rumores de que la historia de cómo se fraguó el Golpe de Estado no sucedió como ha trascendido,
no por el devenir de los acontecimientos, algo que es innegable (se
asaltó el Congreso, se sublevó Valencia, se ocupó rtve, el rey emitió un
mensaje de calma y el Golpe fracasó), sino por la implicación de
varios de los agentes clave de nuestra democracia en el mismo, y el
conocimiento previo que pudieran tener ellos y las potencias extranjeras,
¿fue un acto por su cuenta de Tejero o había un acuerdo tácito de
varios personajes relevantes de nuestra democracia para un cambio de
régimen?
Las dudas las despierta, principalmente, la figura del General Alfonso Armada
(un militar implicado en el golpe que había estado destinado durante
años en el Palacio de la Zarzuela y con estrechos vínculos con Juan
Carlos I).
Armada era quien iba a encabezar un gobierno cívico-militar con él al frente
para ‘devolver el orden’ al país, que vivía un momento de incertidumbre
política por la salida de Adolfo Suárez y la investidura de
Calvo-Sotelo, que parecía iba a no salir adelante en la segunda votación
y llevar al Congreso a una etapa de inestabilidad.
Hay varios hechos que dan pie a quienes sostienen la versión
alternativa a pensar que la historia fue distinta a como nos la han
contado: la tardanza del rey Juan Carlos en salir públicamente a condenar los hechos,
las llamadas telefónicas entre Zarzuela y los mandos militares, las
declaraciones del que fuera jefe de la Casa Real por aquel entonces
(Sabino Fernández Campo) y la no desclasificación de los documentos oficiales relativos a esta cuestión.

Las dudas del rey, según Sabino
El digital El Cierre Digital, cuyo director es el periodista Juan Luis Galiacho, publicó en abril de este año un artículo en el que hablaba del plan de operaciones del general Armada, que Sabino habría mostrado a algunos periodistas antes de su muerte.
Sabino, que fue cesado por el rey emérito en 1993, decidió escribir
un libro con sus memorias que nunca llegó a publicarse en el que, según
Galiacho y varios periodistas más con acceso al borrador como Pilar
Urbano, hablaba de la connivencia del monarca con el General para establecer un gobierno cívico-militar.
En el plan de operaciones figuraba una cronología a seguir entre el 23 y el 24 de febrero,
sin derramamiento de sangre, y enumeraba la irrupción en el Congreso,
el desplazamiento a Zarzuela de Armada para coordinar el golpe junto a
Juan Carlos, la toma de la tv pública, la adhesión de las regiones
militares, etc.
Este plan de operaciones, según el propio Sabino (jefe
de la Casa Real entonces), fue entregado por Armada a Juan Carlos I el
13 de febrero de 1981, 10 días antes del golpe, en una
audiencia en Zarzuela. Afirman en el medio de comunicación que en el
juicio del 23F se intentó hacer pública esta reunión pero Zarzuela no
dio permiso.

¿Aceptó Felipe González un gobierno cívico-militar?
Otro de los puntos de esta teoría alternativa es la creación de un ‘gobierno de concentración provisional’ con la participación de todas las fuerzas políticas
para evitar la inestabilidad parlamentaria que se avecinaba tras la
renuncia de Suárez por la presumible falta de acuerdo para investir a
otro candidato.
El Jefe de Casa Real afirmaba que uno de los puntos de
la operación del 23F era que Armada encabezara la Presidencia del
Gobierno con Felipe González como vicepresidente y
dirigentes del resto de fuerzas como parte activa de la rama política
del ejecutivo. Afirma Galiacho que Tejero y sus ‘compinches’ desconocían
que el partido comunista fuera a formar parte del Gobierno y cuando se
les trasladó este hecho, ya tomado el Parlamento, se negaron a dar paso a
una sesión plenaria para establecer el ‘gobierno de concentración’.
En el libro ‘La Gran Desmemoria’ de Pilar Urbano, la periodista, que recogía las declaraciones de decenas de protagonistas de la Transición Democrática (incluyendo a Adolfo Suárez), afirmaba
que Felipe González aceptó, supuestamente, participar en el «golpe
militar» por sus «ansias de poder» para llegar al Gobierno, algo que ocurrió por las vías democráticas apenas un año después. Así lo difundió el diario Público en 2014, en la presentación del libro.

El conocimiento de las potencias extranjeras
Otro de los puntos que hacen dudar sobre la versión oficial del ‘desconocimiento de lo que estaba al pasar en España’ es que según
información desclasificada de organismos gubernamentales como la CIA en
EEUU, las potencias extranjeras sí conocían con anterioridad los planes
de los militares para dar un Golpe de Estado.
El diario El Español publicó un artículo en 2017 donde se incluían algunos fragmentos de documentos
de la CIA que hablaban de la inestabilidad política en España y donde
se hace referencia a una supuesta «traición del rey al ejército», en palabras de los Generales Militares que por aquel entonces lideraban el movimiento de la sublevación.
«Los oficiales ultraconservadores creen que el rey ha traicionado al Ejército.
Ese sentimiento es compartido en el seno de los diferentes Cuerpos
policiales y militares, y muchos de sus oficiales pueden tener su
lealtad dividida. […] La moral de las fuerzas de seguridad, sacudidas
por los ataques terroristas y por un escándalo reciente por el supuesto
uso de torturas, así como por la falta de apoyo del Gobierno, les hace
temer que todos sean castigados por el levantamiento de unos 200
guardias civiles»
En los ‘cables’ se habla de lo cerca que estuvo el intento de golpe de estado de alcanzar su objetivo.

Lo que más llama la atención de la información de la inteligencia norteamericana es que habla de que Tejero y compañía tenían muchos más apoyos de los que trascendieron posteriormente.
«La complicidad militar con los golpistas estuvo mucho más extendida de lo que pudo parecer«
Además, los documentos norteamericanos hacen referencia a que la decisión de Juan Carlos en la madrugada del 23F de rechazar por televisión de forma contundente el golpe militar, supuso para muchos militares la consideración de una ‘traición’ del monarca.

Otras agencias de inteligencia, como la británica, también disponían
de información sobre el intento de sublevación días/semanas antes de que
se llevara a cabo, algo que muchos hilan con las supuestas reuniones en
Zarzuela entre Armada y Juan Carlos.
La verdad está en los documentos clasificados
Lo cierto es que una versión u otra solamente se podrán
confirmar o desmentir cuando se hagan públicos los documentos
clasificados relativos al 23F, unos papeles oficiales
que llevan sin ver la luz desde entonces y que formaciones como el PNV
han llevado al Congreso en más de una ocasión para abrir el debate sobre
su desclasificación.
En esta legislatura se han iniciado los trámites para establecer una ley de desclasificación de los secretos públicos
que, de prosperar, haría que este tipo de «papeles» solo pudieran estar
ocultos entre 25 y 35 años, según el tipo de contenido, y solamente
puedan ser clasificados a petición del Gobierno.
En lo que respecta al 23-F, por ahora estos documentos siguen archivados tras la votación en la Mesa del Congreso de las formaciones PP, PSOE y Vox para que sigan así, al menos, hasta 2023. Esto supone una ampliación del secreto oficial.

Mientas que no se haga público su contenido, se dará pie al desarrollo de miles de teorías sobre lo que realmente aconteció en esos días,
la implicación real del ex-monarca, si los militares actuaban por su
cuenta o existía un consenso generalizado en la clase política para
crear una «segunda transición». Y se dudará de todo, hasta de por qué
algunos diputados permanecieron de pie en su escaño mientas otros se
ocultaron bajo su escaño, ¿valentía o conocimiento de lo que estaba
ocurriendo?
Solo en unos años sabremos las verdades y mentiras de este negro episodio de la historia de España.
Fuente → electomania.es
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