Proyecto Faq 23F: cómo la no desclasificación de unos documentos siembra la duda sobre qué ocurrió realmente

martes, 18 de agosto de 2020

23F: cómo la no desclasificación de unos documentos siembra la duda sobre qué ocurrió realmente


23F: cómo la no desclasificación de unos documentos siembra la duda sobre qué ocurrió realmente


El 23 de febrero de 1981 un grupo de Guardias Civiles comandado por Tejero irrumpía en el Congreso al grito de «¡quieto todo el mundo!» y hacía contener la respiración a todo el país al protagonizar un fallido intento de golpe de Estado que, a día de hoy, sigue despertando muchas dudas. ¿Cómo se fraguó? ¿es cierto que la inteligencia norteamericana tenía conocimiento de ello semanas antes? ¿cuál fue el papel de Juan Carlos I durante su transcurso? ¿y el de Felipe González?

La versión oficial

La versión oficial, lo que ha trascendido a la luz pública tanto por los medios de comunicación como por parte de la clase política en parte a raíz del juicio que condenó a los participantes en la trama golpista, afirma que un grupo de militares ultraconservadores, descontentos con la deriva de reformas que se había iniciado en el país (como la aprobación de la ley de divorcio) y con el horizonte próximo de la salida de Adolfo Suárez y el peso cada vez mayor del partido socialista, decidieron organizar una revuelta para instaurar un gobierno presidido por un militar (el General Armada) y preservar ‘los valores patriotas’.

A las 18:00 del 23 de febrero, un grupo de guardias civiles irrumpía en el pleno del Congreso de los Diputados y detenía la sesión parlamentaria que estaba votando la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como Presidente del Gobierno en sustitución de Adolfo Suárez. Tras gritar a los diputados que permanecieran inmóviles, se dispararon varios tiros al techo del hemiciclo y la mayoría de los parlamentarios se tiró al suelo refugiándose en sus escaños.


Minutos después, la ciudad de Valencia veía desfilar por sus calles tanques militares tras la orden de sublevarse del capitán general Jaime Milan del Bosch, que coordinado con Tejero iniciaban la revuelta militar esperando que se unieran el resto de regiones militares. Lo cierto es que oficialmente no se llegó a unir ninguna, si bien las de Sevilla, Valladolid, Zaragoza y Baleares tardaron en pronunciarse a la espera de cómo se sucedían los acontecimientos.
A las 19:45 un grupo de militares irrumpía en las sedes de radiotelevisión española (tve y rne) en Prado del Rey y daban orden de cesar las emisiones y emitir, en un primer lugar, marchas militares para posteriormente cambiar a música ambiental. La televisión pública no pudo emitir el informativo de esa jornada, y hasta medianoche no volvió a su emisión regular, ya retirados los militares.
De madrugada, el rey Juan Carlos I se dirigió a la nación vestido con el úniforme de Jefe del ejército para transmitir un mensaje de tranquilidad y explicar que había dado orden a los generales para alinearse en favor de la democracia. En su mensaje condenaba el Golpe de Estado y apostaba por la continuidad de la democracia parlamentaria en lo que se considera pieza clave de su reinado, ya que para muchos expertos en ese momento se consolidó como «garante de la Constitución».

A la mañana siguiente, el grupo de Guardias Civiles que seguía en el interior del Congreso junto a diputados y periodistas que cubrían el pleno de la tarde anterior, decidió entregarse al constatar la adhesión de las regiones y capitanías militares al rey, dando la espalda a los golpistas. Finalizaban así las horas de más tensión en España desde el fin de la dictadura.

La versión alternativa

Existen rumores de que la historia de cómo se fraguó el Golpe de Estado no sucedió como ha trascendido, no por el devenir de los acontecimientos, algo que es innegable (se asaltó el Congreso, se sublevó Valencia, se ocupó rtve, el rey emitió un mensaje de calma y el Golpe fracasó), sino por la implicación de varios de los agentes clave de nuestra democracia en el mismo, y el conocimiento previo que pudieran tener ellos y las potencias extranjeras, ¿fue un acto por su cuenta de Tejero o había un acuerdo tácito de varios personajes relevantes de nuestra democracia para un cambio de régimen?

Las dudas las despierta, principalmente, la figura del General Alfonso Armada (un militar implicado en el golpe que había estado destinado durante años en el Palacio de la Zarzuela y con estrechos vínculos con Juan Carlos I).
Armada era quien iba a encabezar un gobierno cívico-militar con él al frente para ‘devolver el orden’ al país, que vivía un momento de incertidumbre política por la salida de Adolfo Suárez y la investidura de Calvo-Sotelo, que parecía iba a no salir adelante en la segunda votación y llevar al Congreso a una etapa de inestabilidad.

Hay varios hechos que dan pie a quienes sostienen la versión alternativa a pensar que la historia fue distinta a como nos la han contado: la tardanza del rey Juan Carlos en salir públicamente a condenar los hechos, las llamadas telefónicas entre Zarzuela y los mandos militares, las declaraciones del que fuera jefe de la Casa Real por aquel entonces (Sabino Fernández Campo) y la no desclasificación de los documentos oficiales relativos a esta cuestión.

Las dudas del rey, según Sabino

El digital El Cierre Digital, cuyo director es el periodista Juan Luis Galiacho, publicó en abril de este año un artículo en el que hablaba del plan de operaciones del general Armada, que Sabino habría mostrado a algunos periodistas antes de su muerte.

Sabino, que fue cesado por el rey emérito en 1993, decidió escribir un libro con sus memorias que nunca llegó a publicarse en el que, según Galiacho y varios periodistas más con acceso al borrador como Pilar Urbano, hablaba de la connivencia del monarca con el General para establecer un gobierno cívico-militar.

En el plan de operaciones figuraba una cronología a seguir entre el 23 y el 24 de febrero, sin derramamiento de sangre, y enumeraba la irrupción en el Congreso, el desplazamiento a Zarzuela de Armada para coordinar el golpe junto a Juan Carlos, la toma de la tv pública, la adhesión de las regiones militares, etc.
Este plan de operaciones, según el propio Sabino (jefe de la Casa Real entonces), fue entregado por Armada a Juan Carlos I el 13 de febrero de 1981, 10 días antes del golpe, en una audiencia en Zarzuela. Afirman en el medio de comunicación que en el juicio del 23F se intentó hacer pública esta reunión pero Zarzuela no dio permiso.

¿Aceptó Felipe González un gobierno cívico-militar?

Otro de los puntos de esta teoría alternativa es la creación de un ‘gobierno de concentración provisional’ con la participación de todas las fuerzas políticas para evitar la inestabilidad parlamentaria que se avecinaba tras la renuncia de Suárez por la presumible falta de acuerdo para investir a otro candidato.

El Jefe de Casa Real afirmaba que uno de los puntos de la operación del 23F era que Armada encabezara la Presidencia del Gobierno con Felipe González como vicepresidente y dirigentes del resto de fuerzas como parte activa de la rama política del ejecutivo. Afirma Galiacho que Tejero y sus ‘compinches’ desconocían que el partido comunista fuera a formar parte del Gobierno y cuando se les trasladó este hecho, ya tomado el Parlamento, se negaron a dar paso a una sesión plenaria para establecer el ‘gobierno de concentración’.

En el libro ‘La Gran Desmemoria’ de Pilar Urbano, la periodista, que recogía las declaraciones de decenas de protagonistas de la Transición Democrática (incluyendo a Adolfo Suárez), afirmaba que Felipe González aceptó, supuestamente, participar en el «golpe militar» por sus «ansias de poder» para llegar al Gobierno, algo que ocurrió por las vías democráticas apenas un año después. Así lo difundió el diario Público en 2014, en la presentación del libro.

El conocimiento de las potencias extranjeras

Otro de los puntos que hacen dudar sobre la versión oficial del ‘desconocimiento de lo que estaba al pasar en España’ es que según información desclasificada de organismos gubernamentales como la CIA en EEUU, las potencias extranjeras sí conocían con anterioridad los planes de los militares para dar un Golpe de Estado.

El diario El Español publicó un artículo en 2017 donde se incluían algunos fragmentos de documentos de la CIA que hablaban de la inestabilidad política en España y donde se hace referencia a una supuesta «traición del rey al ejército», en palabras de los Generales Militares que por aquel entonces lideraban el movimiento de la sublevación.

«Los oficiales ultraconservadores creen que el rey ha traicionado al Ejército. Ese sentimiento es compartido en el seno de los diferentes Cuerpos policiales y militares, y muchos de sus oficiales pueden tener su lealtad dividida. […] La moral de las fuerzas de seguridad, sacudidas por los ataques terroristas y por un escándalo reciente por el supuesto uso de torturas, así como por la falta de apoyo del Gobierno, les hace temer que todos sean castigados por el levantamiento de unos 200 guardias civiles»
 
En los ‘cables’ se habla de lo cerca que estuvo el intento de golpe de estado de alcanzar su objetivo.
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Lo que más llama la atención de la información de la inteligencia norteamericana es que habla de que Tejero y compañía tenían muchos más apoyos de los que trascendieron posteriormente.

«La complicidad militar con los golpistas estuvo mucho más extendida de lo que pudo parecer«
 
Además, los documentos norteamericanos hacen referencia a que la decisión de Juan Carlos en la madrugada del 23F de rechazar por televisión de forma contundente el golpe militar, supuso para muchos militares la consideración de una ‘traición’ del monarca.
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Otras agencias de inteligencia, como la británica, también disponían de información sobre el intento de sublevación días/semanas antes de que se llevara a cabo, algo que muchos hilan con las supuestas reuniones en Zarzuela entre Armada y Juan Carlos.

La verdad está en los documentos clasificados

Lo cierto es que una versión u otra solamente se podrán confirmar o desmentir cuando se hagan públicos los documentos clasificados relativos al 23F, unos papeles oficiales que llevan sin ver la luz desde entonces y que formaciones como el PNV han llevado al Congreso en más de una ocasión para abrir el debate sobre su desclasificación.

En esta legislatura se han iniciado los trámites para establecer una ley de desclasificación de los secretos públicos que, de prosperar, haría que este tipo de «papeles» solo pudieran estar ocultos entre 25 y 35 años, según el tipo de contenido, y solamente puedan ser clasificados a petición del Gobierno.

En lo que respecta al 23-F, por ahora estos documentos siguen archivados tras la votación en la Mesa del Congreso de las formaciones PP, PSOE y Vox para que sigan así, al menos, hasta 2023. Esto supone una ampliación del secreto oficial.
Mientas que no se haga público su contenido, se dará pie al desarrollo de miles de teorías sobre lo que realmente aconteció en esos días, la implicación real del ex-monarca, si los militares actuaban por su cuenta o existía un consenso generalizado en la clase política para crear una «segunda transición». Y se dudará de todo, hasta de por qué algunos diputados permanecieron de pie en su escaño mientas otros se ocultaron bajo su escaño, ¿valentía o conocimiento de lo que estaba ocurriendo?

Solo en unos años sabremos las verdades y mentiras de este negro episodio de la historia de España.


Fuente → electomania.es

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