
El día del aniversario de la Revolución Social que se
produjo el 19 de julio de 1936, tras el golpe de Estado militar contra
la Segunda República, recordamos a Mujeres Libres.
Fue la primera organización de mujeres obreras y campesinas que se creó
independientemente de un partido político o sindicato. No solo se
limitaron a reivindicar la igualdad laboral y social, sino que reenfocaron el amor y la libertad sexual superando lo que hoy conocemos como masculinidad tradicional.
En
el año 1934, en el seno del movimiento libertario, se creó en Barcelona
el Grupo Cultural Femenino. Su finalidad era promover la cultura, la
educación y la solidaridad entre las mujeres obreras. Paralelamente en
Madrid, un grupo de mujeres también implicadas en el movimiento
libertario crearon en abril de 1936 una revista independiente a la que
denominarían Mujeres Libres. Ese mismo año ambos grupos se unieron
creando la organización Mujeres Libres.
La
Revolución Social en pueblos y ciudades que se mantuvieron fieles a la
República, permitió la veloz expansión de la organización en más de 150
agrupaciones locales de Mujeres Libres. Se movilizaron más de veinte mil
mujeres obreras y campesinas. Martha A. Ackelsberg recoge en su libro Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres
como Mujeres Libres impulsaron acciones para capacitar a la mujer como
individuo a la vez que se desarrollaba un fuerte sentimiento de
comunidad. Defendían una organización específica de mujeres
independiente a los sindicatos y partidos políticos para superar lo que
ellas mismas llamaban la triple esclavitud de la mujer obrera:
esclavitud de ignorancia, esclavitud como mujer y esclavitud como
productora. Pero a la vez, rechazaban el feminismo entendido como la
oposición a los hombres para conseguir una igualdad de las mujeres
dentro del sistema existente.
Una de las prioridades
de Mujeres Libres fue la educación. Esta organización recogió la
esencia de las escuelas racionalistas y la Escuela Moderna de Ferrer i
Guardia. Organizaron un sinfín de actividades culturales y educativas
como campañas de promoción de la lectura, tertulias literarias,
bibliotecas, educación sexual y educación para la salud. En octubre de
1937 crearon el Casal de la Dona Treballadora
en Barcelona, en el que más de 600 mujeres recibieron una formación
integral que abarcaba desde alfabetización, gramática, geografía,
ciencias naturales, historia universal, idiomas, mecanografía,
taquigrafía, enfermería, peritajes de mecánica, electricidad y comercio,
nociones de agricultura, cursos de organización sindical, sociología,
economía y cultura general.
Una de las prácticas de creación cultural que desarrollaron fueron las tertulias literarias. En estas leían y discutían las mejores creaciones literarias de la humanidad como, por ejemplo, Germinal de
Émile Zola. Impulsaron una campaña para fomentar la lectura en la que
invitaban a las mujeres a escoger un buen libro que, según sus propias
palabras “enriqueciera la inteligencia y la sensibilidad”. La
agrupación local de Barcelona se ofrecía a dar orientación en la
elección de la obra.
La libertad sexual y los
liberatorios de prostitución también fueron prioridades de esta
organización femenina. Las actuaciones que llevaron a cabo tuvieron un
enfoque muy pionero para la época. Pusieron el foco en la solidaridad
con las mujeres prostitutas. Mientras unas organizaciones defendían
sindicar a las prostitutas, otras llevaban a cabo campañas dirigidas a
los hombres para que no la consumieran. Mujeres Libres fue más allá y
creó los liberatorios de prostitución, ofreciendo gratuitamente
educación, formación profesional y atención sanitaria a las mujeres que
así lo querían. Crearon un fondo económico solidario para la manutención
de estas mujeres hasta que encontraban un trabajo y podían mantenerse
por ellas mismas.
Se han recogido relatos como el de Sara Berenguer de Mujeres Libres, publicados en este Diario,
que han explicado que entendieron la libertad sexual como una relación
libremente escogida que empieza y acaba cuando las personas implicadas
así lo deciden. Estos relatos narraban que algunos compañeros del
movimiento en nombre del amor libre querían utilizarlas como mero objeto
sexual para después despreciarlas. Ellas defendían que su libertad
estaba precisamente en elegir a aquellos con los que podían tener una
relación basada en el amor y no en el engaño y el utilitarismo.
A
medida que la Guerra Civil avanzaba, sus esfuerzos se fueron
concentrando cada vez más en la atención a los soldados del frente y a
las personas refugiadas. Laura Ruiz en su libro Free Women. Voices and Memories for a Libertarian Future,
relata como algunas, Pepita Carpena y Sara Berenguer, se implicaron en
la SIA, Solidaridad Internacional Antifascista, llevando al frente
libros y organizando actos culturales. En la retaguardia se encargaban
de organizar cómo cubrir las necesidades básicas de las familias que
llegaban de las zonas ocupadas, creando guarderías y comedores
populares, buscándoles ropa y alojamiento.
Con el fin
de la Guerra Civil y el inicio de la dictadura, muchas se exiliaron
principalmente a Francia. Algunas se involucraron muy directamente en la
resistencia francesa contra la ocupación Nazi. Muy pocas volvieron a
España con la muerte del dictador. Pero sabemos que siguieron los
avances de los movimientos de mujeres en su país natal. Se ilusionaron
al reconocer la solidaridad en movimientos de mujeres muy diversas en
edad, nivel académico y origen cultural que luchaban por un feminismo de
todas las mujeres y por la transformación social.
Fueron
muchas y muy transformadoras las contribuciones que las Mujeres Libres
hicieron a la educación y sociedad. Por desgracia, el pacto de silencio
de este país después de 1975 durante el proceso de transición en España
pretendió dejar en el olvido a estas mujeres y a la riqueza de las
experiencias de la educación popular de los ateneos, de la educación
popular, de la Escuela Moderna y de las Mujeres Libres.
En
la actualidad, encontramos la esencia de las experiencias y las ideas
que desarrollaron Las Mujeres Libres en prácticas educativas inclusivas
que tienen como objetivo la superación de las desigualdades sociales
como son los centros educativos que se transforman en Comunidades de
Aprendizaje, el Movimiento de Educación Democrático de Personas Adultas o
el Foro Mundial Social de Porto Alegre, entre otros. También su
concepción de libertad sexual es recogida por el Movimiento Feminista
Internacional para desarrollar proyectos de socialización preventiva de
la violencia de género.
Fuente → eldiariofeminista.info
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