Proyecto Faq Historia de la guerrilla en el Poniente granadino (2011)

martes, 28 de julio de 2020

Historia de la guerrilla en el Poniente granadino (2011)

Historia de la guerrilla en el Poniente granadino (2011) : Cine documental. Foro por la Memoria de Granada

Sinopsis:
Comentario personal:
    El fmg, así en minúsculas para salvar fetichismos, era un colectivo de mucho peso juvenil, aunque orgullosamente intergeneracional, con veteranas de 90 años en sus filas; políticamente versátil, pero firmes convicciones materialistas y radicales; muy esforzado en la teoría, pero más aún en hacer proceso, de mucha escucha, base y piel. Con esa planta aterrizamos en 2006 en Salar (Granada). Nos habían dado el soplo de que había sido un destacadísimo foco guerrillero. La única sorpresa no fue que este pueblo diminuto fuera el epicentro de la lucha en toda la comarca, sino que allí la guerrilla se había formalizado tardíamente, en el 48, cuando en el resto de la Península los otros focos se apagaban, cuando ya se había hecho patente que los Aliados de la II GM no acudirían en nuestra ayuda y cuando la dirección del PCE ya no creía, en su mayoría, en esta vía.

    No era una anomalía en su historia, pues este pueblo se había batido el cobre desde siempre. En el 36 había dado la victoria al Frente Popular en las generales. Sus hombres se habían alistado en masa al Ejército Popular de la República y sus mujeres habían sostenido la plaza durante la guerra, pagando con sangre su lealtad (la maestra del pueblo fue violada con un palo: se suicidó de inmediato). En la posguerra, decíamos, fue epicentro de la lucha guerrillera con nuevo impuesto en sangre. Y, al retornar los procesos electorales en el 78, siguió dando el ayuntamiento al PCE y derivados (IU). De casta le viene al galgo ser rabilargo: Salar se convirtió para nosotros en musa de los diseños políticos que habrían de venir.

    Nosotros no hacíamos memoria lacrimógena. Nos estábamos educando sobre cómo aguantar el chaparrón en las duras y las maduras. Indagamos en los pormenores de la organización guerrillera, desde los del monte a sus redes de apoyo.

    Entre 1943 y 1944 desembarcan desde el norte de África militantes que, apenas habían sido liberados de prisión y campos nazis (Vichy), no ven la hora de retomar la pelea. Equipados con algo de armamento estadounidense y bajo hegemonía PCEra, aquel empuje oxigena a los grupos dispersos de la sierra, "los huidos", que ahora van a contar con órdenes, con una estrategia vertebradora para luchar por la supervivencia, propia y de los ideales, y demostrar así al pueblo español y al mundo entero que el franquismo tiene grietas. En contra de lo que puede parecer, la guerrilla no es una fuerza ofensiva, sino de autodefensa. Su prioridad es salvar la vida, no sacrificarla, y acompañar, no protagonizar, una intervención extranjera, una insurrección masiva... lo que se diera, si se diera.

    Entre los recién llegados, el compañero Ricardo Beneyto va a organizar la guerrilla andaluza en general y "Roberto", hacia 1947, la zona oriental en particular (Málaga, Granada, Almería). El primero morirá años más tarde con el puño en alto; el segundo, quebrado. La agrupación oriental de "Roberto" llega a contar con 150/200 hombres y, tras varias mutaciones y reorganizaciones, se la bautiza como "de Málaga-Granada". Disciplina y cobija a los "huidos" que sobreviven en la comarca de Loja (casi todos habían muerto en combate en la Casilla del Zapatero el mismo año), que es el asunto que nos ocupa. La recolocación de efectivos (retiradas, más bien) y el dolor de la tierra suministran a la zona nuevos combatientes. En Salar se agrupan las mujeres para confeccionar los uniformes; en Loja, los antiguos maestros de la República para acompañar a los hijos de los presos y fusilados. Todo un sistema de enlaces comunica las partidas con los pueblos. No son papeles secundarios. La lucha guerrillera es la modalidad congruente cuando te quedaste sin fuertes, cuando se difuminó la línea del frente. Si la guerra cubre cada palmo de existencia, la retaguardia cumple un rol primario. Y aquí es tan masiva, tan decidida, tan descarada... que el estado reacciona por todo lo alto. Despliega un contingente militar de tres mil efectivos y, en verano de 1950, dos batidas represivas, en las que se llevan a más de 120 lugareños presos. Ejecutan a varios de ellos sin procedimiento legal. Arrecian las palizas aleatorias, hay puerta giratoria para muchos vecinos en la casa-cuartel de la Guardia Civil, el exclave más detestado. Se sirven de cazarrecompensas, mercenarios. El invento de las contrapartidas (soldados disfrazados de guerrilleros) termina de cortar el vínculo entre sierra y llano; entre la dirección del partido y la guerrilla. Ahogada, empieza a desenvolverse desconectada de su líquido elemento y una estrategia general.

    En mayo de 1951 el PCE ordena la retirada definitiva, tras estrellarse en reajustes "maoístas" (giro táctico de 1949, impracticable en Granada por las circunstancias descritas); escaso debate interno por las condiciones de aislamiento, pero también por desinterés; y sin trabajar salidas razonables para los guerrilleros y su circuito de aliados. Hay una asamblea de disolución, pero prima la improvisación. Algunas partidas ni se enteran. No existen rutas seguras para alcanzar ninguna frontera. Entre los que decidan salir de la seguridad de la sierra, sólo una minoría llegará a Francia. Su dirigente, "Roberto", entrega a muchos de ellos tras ser detenido en Madrid, a cambio de una inmunidad que prescribe pronto. Algunos prefieren seguir, no tienen segundas opciones realistas. En 1955 caen los últimos, como Culito, excelente tirador que, acorrolado, dará una clase magistral de que una cosa es ser vulnerable y otra estar indefenso. El balance de la experiencia es no menos de medio centenar de muertos, aproximadamente, y tres fosas comunes, una en Salar y dos en Loja. A cambio, el fascismo ha perdido la región para siempre, a sus gentes.

    Ahí entramos nosotros. Decidimos recuperar, como poco, los cuerpos de los compañeros de la primera fosa de Loja (21), ejecutados entre 1947 y 1952. Nos organizamos con los familiares. Nos organizamos con profesionales. Nos concedieron dos subvenciones; una de la vicepresidencia del gobierno para exhumarla; otra de la Junta de Andalucía para financiar el documental y el libro que aquí publicamos (ni un céntimo para salarios, no cobramos). El tope no lo encontramos ahí, sino en algo muy normalizado y mezquino. El alcalde de Loja, Miguel Castellano, del PSOE, tenía sus propios planes para la fosa. Era arqueólogo y muy próximo a la AGRMH, en ese momento una corporación de grandes nombres de la intelligentsia granadina. Quería para sí la gloria política que pudiera patrimonializar y seguramente el mérito profesional. Bloqueó administrativamente el acceso al cementerio. Desconoció las pruebas técnicas y testimoniales, la súplica de los familiares y el manifiesto de apoyo de quince organizaciones locales. Nos expulsó cuando practicamos una primera cata en señal de protesta. Nos contuvo hasta que expirase el plazo de las subvenciones y nos viéramos obligados a devolverlas, pulverizando la esperanza de los familiares. Pormenorizamos todos sus driblajes en las páginas 114-128 del libro, muy divertido. Por su parte, no renovó el cargo (lo que no le impidió seguir trepando) y sobre la fosa plantó un monolito, la política pública favorita del PSOE, porque la X marca el lugar pero no abre la tierra. Si otros equipos deciden recuperar los cuerpos, tendrán primero que quitar el monolito para acceder a la fosa, fino obsequio. Es el clasismo en la dialéctica de las memorias. Mientras los restos perdidos de García Lorca, apuesto intelectual de buena familia y renombre mundial, valían para AGRMH y PSOE la movilización de unos recursos dignos del caso Marta del Castillo, para la fosa semilocalizada de una veintena de jornaleros y pastores flacuchos todo eran prórrogas y trabas, "vuelva usted mañana". Lorca era uno, ¡pero qué uno! Una marca internacional para valorizar el turismo en Granada, un relato formidable, entre evangélico y trágico, para dar de comer a la nutria mediática.

    Varios años más tarde uno de los miembros de la AGRMH, el periodista Paco Vigueras, nos pidió perdón en nombre de su asociación; su gesto habla por él y le devolvemos el abrazo. Si lees esto, Miguel Castellano, has de saber que, para quienes te padecimos, tu nombre queda ligado a la vulneración de derechos y al oportunismo político de por vida. Destilar tu arribismo fue una gran escuela que luego derramamos por el Quinceeme y derivados, en los que hemos sabido identificar cada vez mejor a los Miguel Castellano.

    Hubo más escuela. Desvestimos al guerrillero de su aura heroica, una condición a la que casi nadie puede escalar, y le devolvimos a su realidad, el de gente ordinaria sin ninguna cualidad especial, para recuperar el mensaje de que "guerrilla" hace cualquiera, que todo el mundo puede y debe luchar. Entendimos que los grupos grandes son ineficaces para ordenar la actividad política; cuando la columna es una célula, sus capacidades se compensan, en homeostasis. Que la disciplina colectiva es el recurso más valioso de los que sólo se tienen a sí mismos. Que una tropa de brazos de madera es un peso muerto, que estudiar no es opcional porque lo que no se comprende no se puede transformar. Que la militancia no está para promocionar, no es marca personal, ni negocio, y si se hace dinero es para gastarlo en la lucha. Que la guerrilla enciende a la masa, pero no la reemplaza, y ese último salto de calidad es el más difícil de dar. Que cuando el enemigo vence ni los muertos están a salvo. También aprendimos, o desaprendimos, cortesía del PCE, que una organización que no cuida de los suyos tanto o más que de sus estrategias no merece seguir existiendo.

    En todo esto nos educaron los últimos guerrilleros vivos y el fantasma de los que se fueron. La gente que resta importancia al patrimonio de la memoria no sabe de lo que habla. La que tuvo la oportunidad de hablar con ellos, de escucharles, y no lo hizo, no sabe lo que perdió. Damos las gracias a los compañeros de la agrupación guerrillera Málaga-Granada y a quienes los sostuvieron, a los veteranos que pudimos disfrutar a nuestro lado y a los que no tuvimos la suerte de tener, y pedimos perdón por no haber recuperado los cuerpos que el estado hizo desaparecer.
Ficha técnica
Intervenciones:
  • Manuel Tejero Miranda. Natural de Salar. Militante del PCE. Guerrillero de la AG Málaga-Granada desde 1950.
  • Rafael Mellado Torres, "Mena". Natural de Loja. Militante de las JSU y luego del PCE. Enlace de la AG Málaga-Granada desde 1948; guerrillero desde 1950.
  • Fernando Frías. Natural de Salar. Familiar de José Pinilla Frías, "Presente", guerillero desde 1941.
  • Trinidad Sánchez de la Rosa. Natural de Salar. Hermana de Antonio, enlace primero y guerrillero desde 1950, ejecutado ese mismo año en el Paso del Lobo.
  • Manuel Montero Funes. Hijo de Francisco Montero Corpas, sin filiación partidaria ni sindical, simpatizante de la guerrilla, ejecutado en 1951.
  • Antonia Montero Funes. Hija de Francisco Montero Corpas, sin filiación partidaria ni sindical, simpatizante de la guerrilla, ejecutado en 1951.
  • Manuel García Ordóñez. Natural de Salar. Militante del PCE. Enlace de la AG Málaga-Granada.
  • Antonio García Ordóñez, "el Gato". Militante de las JSU y luego del PCE. Guerrillero de la AG Málaga-Granada desde 1948.
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Fuente → rebeldemule.org

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