Proyecto Faq "Cómo logré ponerle rostro a los asesinos de García Lorca"

jueves, 16 de enero de 2020

"Cómo logré ponerle rostro a los asesinos de García Lorca"


A CAMBIO DEL CRIMEN, LOS ASESINOS RECIBIERON 500 PESETAS Y ASCENSOS

"Cómo logré  ponerle rostro a los asesinos de García Lorca":
POR MIGUEL CABALLERO PEREZ (*) 

    Desde que Gerald Brenan iniciara el camino hace ya décadas, numerosos investigadores (Penon, Vila San Juan, Couffon, Auclair, Molina Fajardo y, finalmente, Gibson) han tratado de desentrañar las claves de la muerte de García Lorca.

[Img #60843]     De todos, quien más y mejor ha documentado algunas de las incógnitas que rodean ese crimen ha sido el granadino Eduardo Molina Fajardo, quien en su libro "Los últimos días de García Lorca" aporta datos fundamentales sobre los postreros momentos del poeta y el lugar de su ejecución. Aparte de que nadie le negó en Granada ningún documento en razón de su posición social, Molina contó con importantes testimonios orales de personas que intervinieron en los hechos y los describieron con la confianza de contárselo a un viejo camarada de Falange Española, director del diario "Patria".

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     De este modo pudo recoger los relatos de varios falangistas: José María Nestares, capitán y jefe del sector militar donde se produjo el crimen; Joaquín Espigares Díaz, agricultor y panadero de Víznar, jefe de Centuria de Falange en dicha zona; Pedro Cuesta Hernández, agricultor y jefe de escuadra de Falange, que fue durante años el alcalde del pueblo granadino de Güevejar y que custodió el edificio donde el poeta paso su ultima noche y, asimismo, del masón granadino,  que  el  investigador  esconde tras las siglas A.M.de la F., detenido junto al poeta.


[Img #60845]También colaboró  el  hijo  de  NestaresFernando,  que entrevistaría  a  un desganado y reticente Ruiz Alonso.  Una  de  las  virtudes  fidedignas  de  estas  declaraciones  es que  fueron  hechas  en  distintas épocas  y  fechas  –pues  cuando Molina Fajardo habló con los diversos  testigos,  - éstos  no  mantenían  ningún  tipo  de  relación entre  sí  y ni  se  habían  tratado entre ellos desde  el  final  de  la  Guerra  Civil–  y  que  son coincidentes  en las  circunstancias y  hechos.

[Img #60846]Partiendo  de ahí,  mi  investigación consistió en comprobar documentalmente los mencionados testimonios, labor que  realicé  durante varios  años,  cotejando multitud de documentos oficiales  y  consultando numerosos  archivos.  Así  quedó demostrado  que  las  confesiones  recogidas  por  Molina  tienen  un  alto  grado  de  verosimilitud.  y  que  sus  autores  no  mintieron  cuando  los  entrevistó.  Sin embargo, el prematuro fallecimiento del periodista dejó pendiente  la  identificación certera de  los autores  materiales  de  la muerte de Garcia Lorca, aunque me dio las pistas necesarias, con ciertas confusiones, para poder llevarla a término. Y a este empeño he dedicado buena parte de mi labor, de la que puede servir de ejemplo el proceso que condujo a identificar al jefe del pelotón asesino: Mariano Ajenjo.

[Img #60847]    Molina afirma que los ejecutores formaban parte de una escuadra destacada en el sector de Víznar, perteneciente a la 30ª compañía de  la  Guardia  de  Asalto,  con base en Granada, al mando de  un  cabo  que  identifica como Mariano Asenjo  y  natural  del pueblo  granadino  de Jun. A partir de ahí, inicié una laboriosa búsqueda, sin ningún   éxito, entre  las  personas    mayores de esa localidad que pudieran conocerle y en el cementerio. Sin embargo, tuve mejor suerte con los libros del Registro Civil y encontré la partida de su matrimonio, en 1915, con una mujer de Jun, lo que demostraba que se llamaba Mariano Ajeno Moreno y era natural del pueblo toledano de Huerta de Valdecarábanos. Conocido su verdadero y completo nombre, procedí a comprobar si había sido guardia de asalto y, tras confirmarlo con su familia, una consulta de su propio expediente personal, conservado en la Direccion Geneal de Policia, demostró inequívocamente que era el jefe del pelotón que asesinó a Lorca en la fecha en que fue fusilado el poeta, en la madrugada que va del día 16 al 17 de agosto. Pesquisas semejantes me llevaron a descubrir y comprobar la identidad de los restantes miembros del grupo que acabó con la vida del poeta, así como la de quienes le condueron de Granada a Víznar y le vigilaron en sus últimas horas.

    Cabe añadir que las lápidas de los cementerios, convenientemente rastreadas, me aportaron indicios clave para poner rostro y seguir la peripecia, tras la Guerra Civil, de los asesinos de Lorca y de otras tantas personas inocentes que reposan forzosamente en las fosas de Víznar y Alfacar.

    Asimismo, conservo un listado oficial bastante completo de los participantes en aquellas matanzas selectivas, ocurridas entre julio y diciembre de 1936, período álgido por el número de  asesinatos. Los verdugos, unos voluntarios y otros forzados, recibieron un premio en metálico de 500 pesetas y un ascenso en el escalafón del cuerpo de la Guardia de Asalto y Seguridad, posteriormente conocida como  Policia Armada y de Tráfico.

(*) MIGUEL CABALLERO PÉREZ,  es autor  del libro "Las trece últimas horas en la vida de García Lorca", Madrid, editorial "La Esfera"


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