Proyecto Faq Luces y sombras en el “Homenaje a Cataluña” (I)

jueves, 19 de septiembre de 2019

Luces y sombras en el “Homenaje a Cataluña” (I)


Luces y sombras en el “Homenaje a Cataluña” (I): Paul Preston
La obra de Orwell Homenaje a Cataluña, a pesar de un título que se presta algo al equívoco, es el libro más vendido y leído sobre la guerra civil española[1]. Es un relato vívido de algunos fragmentos de la guerra elegantemente escrito por un testigo de gran agudeza. Su tema es la valiosa experiencia de un miliciano en el frente aragonés. En frases contundentes Orwell recreó de forma muy gráfica el miedo, el frío y, sobre todo, la miseria de las trincheras, de los excrementos y de los piojos. Dos ejemplos: “Ahora estábamos mucho más cerca del frente, lo bastante para notar el característico olor de la guerra (según mi experiencia, un olor a excrementos y comida podrida)” y “el paisaje era impresionante, siempre que uno lograra pasar por alto que todas las cumbres estaban ocupadas por soldados y, por tanto, cubiertas de latas e incrustadas de excrementos”. También se quejó de la falta de instrucción y de la pobreza del armamento. “Era horrible que los defensores de la República fuesen una caterva de niños andrajosos armados con fusiles estropeados que ni siquiera sabían utilizar[2].

Un biógrafo de Josep Rovira, comandante de la 29 División en la que Orwell prestó servicio, escribió que “amb el seu tranc entre ensonyat i distant, es manifestava tot seguit en ell un afany d’observar, com un infant encuriosit[3]. Las vívidas observaciones que Orwell hizo sobre el retraso agrícola, los primitivos aperos de labranza, pre-medievales, los arados que simplemente rascaban el suelo sin abrir surcos, sus evocaciones de las vistas y sonidos del campo son dignas de un gran libro de viajes y de sumo valor para el historiador[4]. En lo que se refiere a sus repetidos comentarios acerca de la comida desperdiciada, “de forma terrible, sobre todo el pan. Solo en mi barracón tirábamos una cesta de pan entera en cada comida, lo cual era vergonzoso si se tiene en cuenta lo mucho que escaseaba entre la población civil”. Si la unidad del POUM en la que sirvió Orwell podía permitirse el lujo de desperdiciar comida, debió de ser una rareza entre las fuerzas republicanas[5].

Foto: Andy Durgan, «With the POUM International volunteers on the Aragon Front (1936-1937)», Ebre 38, núm. 8, 2018.

La visión testimonial de Orwell garantiza la inclusión de su obra en cualquier lista de libros importantes sobre la guerra civil española. Sin embargo, no figuraría en ella como un ejemplo de análisis creíble del entorno político más amplio del conflicto y, en particular, de sus condicionantes internacionales. En su libro, Orwell combinó una gran masa de observaciones personales de gran calidad y una crítica devastadora de las distorsiones y falsedades de la prensa. Es, no obstante, su análisis político y sus predicciones los que más se resienten en vista de su aceptación a pie juntillas de las opiniones partidarias de sus compañeros anarquistas y del POUM, a los que se añade su propia ignorancia del contexto más amplio en que se situó el conflicto. En el mejor de los casos, su libro es una engañosa contribución al debate central sobre si la prioridad de la República española debiera haber sido la revolución o perseverar en el esfuerzo bélico convencional contra Franco y sus aliados del Eje.

Herbert Matthews (derecha) con Ernest Hemingway y Hugh Slater (foto: Spartacus Educational)

Herbert Matthews, el gran corresponsal del New York Times, resumió de la siguiente forma los problemas tras la publicación de Homenaje a Cataluña: “El libro hizo mucho más para pintar en negro la causa leal que cualquier otro escrito por los enemigos de la Segunda República – un resultado que no fue intención de Orwell como demostró en algunas de las cosas que escribió posteriormente. En Homenaje, Orwell escribió en caliente acerca de un incidente confuso, escasamente importantes y un tanto oscuro en una guerra que no comprendía en absoluto. Todo lo que vio entre enero y mayo de 1937 fue un período mínimo de la “cuasi guerra” en el pequeño frente de Huesca y un enfrentamiento que hizo correr la sangre entre comunistas y anarquistas en Barcelona. Se había presentado voluntario por mediación del partido laborista independiente (PLI), una formación de izquierdas que tenía lazos con el POUM. Este era un grupo disidente, muy marxista, no traicionero pero un tanto revolucionario y subversivo que estaba resultando peligroso para el Gobierno republicano”. Matthews, que consideró a Orwell como “un hombre valiente, ecuánime y honrado”, afirmó también: “Yo diría que muy poca gente ha leído los retazos -ensayos, recensiones, cartas- que Orwell escribió sobre España en años posteriores. Tales retazos muestran una comprensión mucho mejor de los acontecimientos que la que tuvo cuando estaba en España[6].

Ciertamente Matthews tenía razón y, sin embargo, el libro de Orwell ha tenido una enorme influencia sobre las percepciones despertadas por la guerra civil española[7]. Por ejemplo, Robert Stradling afirma que “los dos capítulos “analíticos” de Homenaje gozan de una justa fama como un tratado político condensado de todo el siglo XX”[8]. El propio Orwell escribió: “La cosa más sorprendente acerca de los libros sobre la guerra civil, al menos los que están escritos en inglés, es su abrumadora mala calidad y el soporífero aburrimiento que despiertan. Pero más significativo aún es que casi todos ellos, de derechas o de izquierdas, se han redactado desde un punto de vista político por gente muy segura de sí misma que dicen al lector lo que debe pensar[9]. Homenaje a Cataluña ni es aburrido ni es malo, pero sí está escrito desde un punto de vista político por alguien muy seguro de sí y que dice al lector lo que tiene que pensar.

Foto: Sinpermiso.

Muchos distinguidos lectores estaban dispuestos a aceptar lo que Orwell les contó. Entre ellos figuran muchos que sabían poco de la guerra civil española tales como Lionel Trilling, Noam Chomsky, Raymond Williams y E. P. Thompson[10]. Uno que había estado en España y que más tarde se hizo anticomunista feroz fue Arthur Koestler, que se rindió a los escritos de Orwell. Sin embargo, las relaciones de Koestler con este último se basaban en el odio mutuo que ambos profesaban a la Unión Soviética y no tanto en una consideración meditada de los acontecimientos en España[11].

La muy extendida admiración por Homenaje a Cataluña es tanto más sorprendente dado que el libro se limita en su totalidad al tiempo y al lugar en los que Orwell estuvo en España. Evidentemente no conocía nada de los orígenes de la guerra, de los largos y duraderos conflictos políticos entre los grupos izquierdistas de Barcelona y menos aún de los problemas que subyacían a las relaciones en aquel momento entre el Gobierno republicano en Valencia y las diversas fuerzas políticas en Cataluña. Como escribe Robert Stradling, “en tanto que estudio de la guerra civil española Homenaje a Cataluña es de dudoso valor. No solo el autor eludió cualquier investigación básica, sino que tampoco tenía la cualificación necesaria para llevarla a cabo[12]. El propio Orwell reconoció las deficiencias de su resumen de la situación política de la época hacia el final de Homenaje a Cataluña al escribir: “Por si no lo he dicho antes, lo advierto ahora: cuidado con mi parcialidad, mis errores y la inevitable distorsión causada por haber presenciado solo parte de los acontecimientos. Y lo mismo digo respecto a cualquier otro libro sobre esta época de la guerra de España[13].

Existen otras razones para cuestionar parte de lo que escribió Orwell. Hay en su libro muchos encuentros con personal que se describen en detalle pero que solo hubiera podido redactar con exactitud si hubiese hablado bien el español. El hecho de que hay muy pocos motivos para pensar que tal fuera el caso siembra dudas acerca de su honestidad intelectual. El mismo admitió que su español era “atroz” y esto es más que altamente probable dado que no conocía el idioma al llegar a España y que prácticamente pasó todo el tiempo en ella en compañía de gente que hablaba inglés.  El enlace del PLI en Barcelona, John McNair, recordó de manera escasamente creíble que Orwell “hablaba bastante el castellano y suficiente francés como para entender mucho del catalán”. Es raro para que los oídos franceses, por no hablar de los ingleses, entiendan con facilidad el catalán hablado. El capitán de la unidad en que servía Orwell, Benjamin Lewinski, contó al biógrafo Michael Shelden que el franco-hablante Orwell rápidamente cogió lo suficiente de catalán como para poder comunicar con sus compañeros. Sin embargo, el propio Orwell escribió de sus primeros días en España: “Todo ese tiempo seguí con mis habituales dificultades con el español. Aparte de mí, solo había un inglés en cuartel, y nadie, ni siquiera entre los oficiales, hablaba una palabra de francés. Y aún se me complicaba más las cosas que mis camaradas hablasen entre ellos en catalán”.

Orwell con dirigentes del POUM y del PLI en Barcelona julio de 1936
Orwell con dirigentes del POUM (Nin, Gorkin, Bonet), PSOP (Marceau Pivert), ILP (John McNair) y Colette Audry , Barcelona, julio de 1936 (foto: «Julián Gorkin, testimonio de un revolucionario profesional» en Tiempo de Historia, 62, 1980)

Incluso en el supuesto de que los recuerdos de McNair y Lewinski de que Orwell hablaba catalán fuesen correctos, solo podría haberlo hecho a un nivel que permitiese conversaciones fáciles pero no suficiente para explicar cómo Orwell, según pretendió en su libro,  fue capaz de mantener discusiones complejas con funcionarios españoles en sus esfuerzos por conseguir que pusieran en libertad a su amigo Georges Kopp e incluso, cuando estaba herido y medio-inconsciente, haber entendido el comentario de un compañero español “que tenía detrás que la bala me había atravesado limpiamente el cuello[14]. Llama la atención de que la única palabra en catalán que cabría esperar que Orwell conociera -la Generalitat- aparezca siempre como the “Generalite”*. También cabe subrayar que en su colección de cartas, reseñas y ensayos no haya indicación alguna de que antes de la guerra civil tuviera el menor contacto con el español o de haber leído nunca un libro en español, ya sobre la guerra o cualquier otro tema.

Sus denuncias, precisas y perfectamente justificadas, de las absurdas afirmaciones de la prensa comunista y burguesa no invalidan su falta de comprensión de la situación general. Orwell reivindicó que el hecho de que el POUM fuera perseguido significaba que el Gobierno republicano estaba “virtualmente en manos de los comunistas”. Y, sin embargo, pocas páginas después admitió que “la mayor parte de los miembros del gobierno español han negado creer en las acusaciones realizadas contra el POUM. Hace poco el consejo de ministros decidió por cinco votos a dos la liberación de los prisioneros políticos antifascistas; los dos ministros que votaron en contra eran comunistas”. Reconoció que Indalecio Prieto, ministro de Defensa Nacional; Manuel Irujo, ministro de Justicia; Julián Zugazagoitia, ministro de Gobernación, entre otros, “negaron creer que los dirigentes del POUM fuesen culpables de espionaje[15].


A pesar de esta afirmación, en un texto asaetado por numerosas contradicciones, Orwell no dudó en hacer una predicción, totalmente infundada, sobre lo que hubiera ocurrido si la República hubiese ganado la guerra: “En cuanto a a la cháchara de los periódicos que aseguraba que ésta era una “guerra por la democracia”, era un puro camelo. Nadie que estuviera en sus cabales pensaba que hubiera la menor esperanza de que, cuando acabase la guerra, pudiese haber democracia, ni siquiera tal como se entiende en Inglaterra o Francia, en un país tan dividido y exhausto como España. Tendría que haber una dictadura, y saltaba a la vista que la ocasión para implantar una dictadura del proletariado ya había pasado. Eso significaba que sería alguna forma de fascismo”.

Unas páginas tras este inmenso error Orwell escribió no obstante: “debo añadir que ahora tengo una opinión mucho mejor del gobierno de Negrín que cuando llegó al poder. Ha presentado batalla con enorme valor y demostrado mayor tolerancia política de lo que nadie esperaba. Aun así, sigo convenido de que, a menos que España acabe partida en dos con consecuencias impredecibles, la tendencia del gobierno de posguerra será fascista[16]. Tras condenar a la República española como una incipiente dictadura estalinista, a finales de 1938 o en los primeros días de 1939, Orwell alabó el hecho de que se hubieran mantenido las normas democráticas: “En la España gubernamental las formas y el espíritu de la democracia han sobrevivido en un grado tal que nadie hubiera podido prever. Incluso sería correcto señalar que fueron desarrollándose durante el primer año de la guerra[17].

Juan-Negrin visita el frente del Ebro en 1938 ARCHIVO FUNDACIÓN JUAN NEGRIN
Juan Negrín durante una visita al frente del Ebro en 1938 (foto: Archivo de la Fundación Juan Negrín)

En agosto de 1952 Herbert Matthews escribió al expresidente del gobierno republicano en el exilio, Dr. Juan Negrín, para preguntarle acerca de sus relaciones con Orwell. Al preparar un artículo acerca de la publicación en Estados Unidos de Homenaje a Cataluña, Matthews se había enterado que el periodista e historiador socialista Antonio Ramos Oliveira había presentado Negrín a Orwell. Tras sus tiempos de consejero de prensa de la embajada republicana en Londres con Pablo de Azcárate Ramos Oliveira se había quedado en Inglaterra y en este período se había hecho amigo de Orwell. Ramos Oliveira había dicho a Matthews que Orwell había congeniado con Negrín y que una vez que este le había explicado los grandes temas Orwell empezó a “recordar sus experiencias en otra luz y comprendió mejor la postura de los comunistas”. Matthews escribió, pues, a Negrín para solicitarle más información[18].

Negrín replicó dos semanas después: “En la medida que puedo recordarlo me encontré con Orwell por primera vez en algún momento después de agosto o septiembre de 1940. Me lo presentaron como editorialista del Observer y me dijeron que había estado en España durante nuestra guerra. No capté que había estado no como periodista o escritor sino como voluntario en una unidad combatiente y creo que no caí en ello hasta que leí su libro sobre Cataluña, meses después de su fallecimiento. Desde que nos encontramos nos vimos varias veces y me atrevo a afirmar que entre nosotros pronto se estableció una corriente mutua de estima, simpatía e incluso de amistad”. A lo largo de sus conversaciones Orwell bombardeó a Negrín con preguntas acerca de la problemática de la guerra civil que había ignorado en Homenaje a Cataluña.

Negrín le explicó que “nuestra política exterior, especialmente nuestras relaciones con Rusia, tuvo en cuenta que la URSS fue la única gran potencia que nos apoyó en el plano internacional y que estuvo dispuesta a suministrarnos al contado (nosotros nunca pedimos regalos a nadie) el armamento necesario”. También le informó de los problemas y dificultades que surgieron del “heterogéneo conglomerado de partidos, sindicatos y grupos disidentes incompatibles entre sí, amén de los “gobiernos” regionales y locales, que con frecuencia se nombraron a sí mismos y que eran inconstitucionales” y con el cual tuvo que lidiar. Negrín concluyó afirmando que Orwell era “idealista” y weltfremd (poco realista). Sin embargo, el hecho de que no le dijera nada acerca de sus vínculos con el POUM hace pensar que Orwell no fue totalmente sincero con el expresidente.

Orwell Voluntarios internacionales en las milicias del POUM. Andy Durgan
Foto: Andy Durgan, With the POUM International volunteers on the Aragon Front (1936-1937), Ebre 38, 2018)

Negrín escribió a Matthews que, de haber leído el libro en la época de sus conversaciones, “me hubiera mostrado más inquisitivo, para clarificar algunos de los acontecimientos que narré, tratando de ver si por medio de una discusión franca y abierta en qué medida era correcta la interpretación de los hechos que presenció. Después de leer su libro no he cambiado mi opinión respecto a Orwell: un hombre respetable y honesto pero muy sesgado por un punto de vista demasiado rígido, puritano, dotado de un candor que bordea la naïveté, muy crítico pero demasiado crédulo con respecto a la comunidad religiosa dentro de la cual se mueve y actúa; extremadamente individualista (¡un inglés!) pero aceptando demasiado fácilmente y sin discernimiento propio las inspiraciones procedentes del colectivo un tanto gregario en el que voluntaria e instintivamente quiere echar raíces, y tan extraordinariamente honesto y abnegado que no dudaría un instante en cambiar de opinión tan pronto se dé cuenta de que estaba equivocado (….) Llegó al caótico frente (¿) de Aragón bajo la tutela de un grupo (…) controlado ciertamente por elementos que no solo eran muy alérgicos al estalinismo -esto era con frecuencia (sic) no más que una mera protesta- sino también a cualquier cosa que implicara una dirección suprema y unida de la lucha y bajo una disciplina común. Cuando se combina todo esto con los ya mencionados factores de “astigmatismo” se llega fácilmente a justificar la distorsionada imagen en la mente de Orwell de los acontecimientos de 1937 en Barcelona[19].

La honestidad que se ha atribuido al libro de Orwell ha sido uno de los pilares de su éxito junto con, naturalmente, su clara postura anticomunista. Aun así se ha cuestionado la veracidad de algunos de los episodios descritos en la obra. Es más, poco después de publicarlo el propio Orwell empezó a sembrar dudas acerca de las cosas que había escrito. El 20 de diciembre de 1938 en una carta a Frank Jellinek escribió acerca de su libro: “No tengo la menor duda de que he cometido un montón de errores y de que he hecho afirmaciones equívocas, pero también he tratado de indicar a lo largo de toda la obra que el tema es muy complicado y que soy extremadamente falible a la par que sesgado”. También confesó a Jellinek: “En realidad he escrito un relato mucho más simpático para el POUM de lo que sentí verdaderamente porque siempre les dije que se engañaban y me negué a afiliarme. Sin embargo, tenía que escribir con la mayor simpatía posible porque la prensa capitalista no les ha hecho el menor caso y en la de izquierdas se han amontonado los improperios. En realidad, teniendo en cuenta cómo han ido las cosas en España pienso que algo de verdad había en lo que decían, aunque no cabe duda de que su forma de decirlo fue extremadamente aburrida y provocadora[20].

Sede del POUM en Barcelona (foto: El Viejo Topo)

Hay algo de irresponsable en ese espíritu de “fair play” detrás de la decisión de Orwell de disminuir en lo posible el grado en el que la actitud del POUM fue perjudicial para la República. Es tanto más notable cuanto que Orwell admitió que, antes de los sucesos de Barcelona, “en general compartía la opinión de los comunistas que se resumía en decir “no tiene sentido hablar de revolución hasta que ganemos la guerra” y “trató de trasladarse del POUM a las Brigadas Internacionales. Por supuesto, quería ir a Madrid. Todo el mundo, con independencia de cuáles fueran sus opiniones políticas, quería ir a Madrid (…) Por el momento, claro, había que quedarse en el frente, pero siempre decía que, cuando me fuese de permiso, trataría de pasarme a las Brigadas Internacionales, lo que equivalía a ponerme bajo control comunista. Muchos intentaron disuadirme, pero nadie trató de impedírmelo. Hay que decir en justicia que en el POUM se perseguía poco a los disidentes, tal vez demasiado poco dadas las circunstancias; a menos que uno fuese pro-fascista, a nadie se le castigaba por sostener opiniones políticas equivocadas. Mientras estuve en la milicia pasé mucho tiempo criticando amargamente la “línea” del POUM, pero nunca me causó el menor problema[21].

El comandante de Orwell del PLI, Bob Edwards, comentó precisamente a este tenor: “En varias ocasiones dio a conocer su intención de dejar la Milicia Internacional y unirse a la Columna Internacional que controlaban los comunistas en el frente de Madrid. Durante este período la mayoría de los voluntarios querían combatir en Madrid porque las grandes batallas tenían lugar allí”. Edwards, por lo demás, adoptó una postura un tanto cínica porque creyó que Orwell “anteponía sus necesidades como escritor a su deber como soldado (…) y le llamé la atención de forma bastante clara hasta el punto de que en una ocasión después de un debate muy acalorado le dije que era un “maldito escribidor de medio pelo” sin experiencia alguna de las luchas de la clase obrera que no fuesen las de un periodista que se limitara a observarlas[22].

Harry Pollitt CPoGB archives
Harry Pollitt (foto: Communist Party of Great Britain Archives)

Inicialmente Orwell había escrito “si me alisté en su milicia [del POUM] y no en cualquier otra fue solo porque llegué a Barcelona con los papeles del PLI[23]. El que el POUM lo aceptara tuvo mucho que ver con su fama literaria aun cuando el libro lo presenta como si hubiera sido un voluntario anónimo. En la creencia de que necesitaría credenciales de un partido de izquierdas para ir a España Orwell pidió a John Strachey que lo presentara a Harry Pollitt, el secretario general del PCGB. Pollitt, “después de hacerme varias preguntas evidentemente decidió que yo no era de fiar políticamente y se negó a ayudarme[24]. Es probable que a Pollitt le sentara mal lo que pudo percibir en Orwell de esnobismo de un chico educado en Eton.

Así fue cómo Orwell se dirigió al PLI donde le dieron cartas de presentación para John McNair, el representante en Barcelona. Al principio, a McNair, un proletario de Tyneside Orwell le repelió un poco por su típico acento de Eton, como le había ocurrido a Pollitt. Sin embargo, las cartas de Fenner Brockway y H. N. Brailsford alertaron a McNair de que estaba hablando con el autor de Burmese Days y de Down and Out in Paris and London, que había leído y que le habían gustado mucho. Inmediatamente se dio cuenta del valor de Orwell en el plano de la propaganda y aceptó llevarlo rápidamente a la base de las milicias poumistas en el Cuartel Lenin de Barcelona[25]. El alistamiento de tan famoso autor se utilizó prontamente como medio para estimular el reclutamiento en el boletín del POUM en lengua inglesa, The Spanish Revolution[26].

Cuartel Lenin de Barcelona (foto: Agustí Centelles). La cabeza de Orwell sobresale por encima de los reclutas de las últimas filas, a la izquierda.

En unas memorias escritas posteriormente y no publicadas McNair recordó que cuando le preguntó qué podía hacer por ayudarle, Orwell supuestamente replicó: “He venido a España para alistarme en las milicias y luchar contra el fascismo”. También afirmó que Orwell dijo que “le gustaría escribir sobre la situación y tratar de estimular la opinión de los trabajadores en Inglaterra y Francia”. McNair le sugirió que se instalase en su oficina y que visitara Madrid, Valencia y el frente aragonés en el que el POUM estaba estacionado “y que luego escribiera su libro”. Orwell respondió que escribir un libro “era algo muy secundario y que su principal motivo por haber ido a España era combatir contra el fascismo[27].

Jennie Lee NPG
Jennie Lee (foto: Elliott & Fry, National Portrait Gallery)

La diputada británica por el partido laborista, Jennie Lee, esposa de Aneurin Bevan, recordó en 1950: “en el primer año de la guerra civil española estaba sentada con unos amigos en un hotel en Barcelona cuando un hombre alto y delgado, de tez deslumbrante, se acercó a nuestra mesa. Me preguntó si era Jennie Lee y que si tal era el caso podía decirle dónde alistarse. También dijo que era escritor. Le habían dado un anticipo para un libro en [Victor] Gollancz y había llegado dispuesto a conducir un coche o a hacer cualquier cosa, preferiblemente combatir en primera línea. A mí me pareció algo sospechoso y le pregunté si traía papeles de Inglaterra. Por lo que vi, no traía. Tampoco había hablado con nadie y se había pagado él mismo el viaje. Me convenció cuando me hizo ver las botas que llevaba echadas al hombro. Sabía que le sería difícil encontrar botas de su tamaño pues era alto y medía más de 1,80. Se trataba de George Orwell con sus botas, listo para combatir en España.” El dinero que le adelantó Victor Gollancz era con toda probabilidad para su obra The Road to Wigan Pier y no para un libro sobre España[28]

Los mismos motivos que estuvieron detrás del rechazo de Pollitt y la inicial hostilidad de McNair contribuyeron a que Orwell no fuera demasiado popular entre sus camaradas de milicia británicos que eran muy conscientes del significado de “un acento de Eton claro como el cristal”. Hubiera podido ser diferente con los españoles, aunque Orwell recordó que algunos voluntarios le llamaron fascista al resistir sus esfuerzos por imponer disciplina. Su camarada Stafford Cottman lanzó la tesis de que Orwell adoptó un aire despectivo ante lo que consideraba como la ingenuidad política de otros voluntarios. Frank Frankford, procedente de los barrios proletarios del Este londinense, dijo que el “cabrón altanero” le desagradó nada más ponerle la vista encima. “En realidad no le gustaban los trabajadores (…) A mí lo que no me gustaba de él era su actitud en las discusiones, su actitud ante la clase obrera. Dos o tres de nosotros dijimos que no estaba con los suyos, que debería estar al otro lado (…) Pienso que quizá se viese a sí mismo como otro Bernard Shaw (…) Su socialismo no tenía profundidad alguna[29].

Voluntarios del POUM (foto: Andy Durgan Andy Durgan, With the POUM International volunteers on the Aragon Front (1936-1937), Ebre 38, 2018 )

En realidad, Orwell escribió que, cuando se dispuso a salir de Barcelona el 25 de abril, “localicé a un amigo comunista vinculado al Socorro Rojo español y le expliqué mi caso. Pareció muy interesado en reclutarme y me pidió que, de ser posible, tratara de persuadir a algún otro inglés del PLI de que siguiera mi ejemplo[30]. El amigo era Hugh O´Donnell, el hombre del PCGB encargado de vigilar al POUM. Después de discutir el tema ante todo con McNair dos días después Orwell se acercó a un comunista de grado más elevado en Barcelona, Wally Tapsell, a quien se le habían dado instrucciones para que siguiera de cerca a los miembros del PLI. Tapsell envió a Harry Pollitt un informe sobre la gente vinculada al POUM en el que también describió su encuentro con Orwell y los motivos de este para alistarse en las Brigadas Internacionales: “La persona más distinguida y más respetada en el contingente es, en estos momentos, Eric Blair. Se trata de un novelista y ha escrito algunos libros sobre la vida de los proletarios ingleses. Tiene escasa comprensión de los temas políticos y “no está interesada en la política de partidos. Vino a España como anti-fascista para combatir al fascismo”. Sin embargo, como consecuencia de sus experiencias ha terminado no gustándole el POUM y está tratando de que le den de baja en la milicia del mismo[31].

No tardaría mucho Orwell en cambiar de opinión acerca de alistarse en las Brigadas Internacionales tras lo que vio en Barcelona durante los sucesos de mayo de 1937. Lo que no vio es que la República española no solo combatía contra Franco y sus fuerzas armadas sino también contra la potencia militar y económica de Mussolini y Hitler en un contexto de hostilidad franco-británica. Cercada desde el exterior, la República debía afrontar también enormes problemas internos, desconocidos en la zona que Franco había brutalizado militarmente. El colapso del estado burgués en los primeros días de la guerra discurrió al mismo tiempo que la rápida erupción de órganos revolucionarios de un poder paralelo. Hubo una colectivización masiva y popular de la agricultura y de la industria. Aunque llenó de entusiasmo a participantes y observadores como George Orwell los grandes experimentos de las colectivizaciones del otoño de 1936 no contribuyeron en mucho a la creación de una máquina de guerra. Dirigentes socialistas tales como Indalecio Prieto y Juan Negrín estaban convencidos de que un estado de corte convencional, con un control centralizado de la economía y de los instrumentos institucionales necesarios para movilizar a las masas, era algo esencial para generar y sostener un esfuerzo bélico eficaz. Los comunistas y los asesores soviéticos estaban de acuerdo con ello. No solo se trataba de un enfoque de mero sentido común, sino que la reducción de las actividades revolucionarias de los anarquistas y del anti-estalinista POUM era una necesidad para tranquilizar a las democracias burguesas con las cuales tanto la Unión Soviética como el gobierno republicano español buscaban un entendimiento.  Los hechos de mayo que presenció Orwell los provocó la necesidad de eliminar los obstáculos que impedían una conducción eficiente de la guerra. A pesar de la incorporación de las milicias proletarias a las fuerzas del Ejército regular y de desmantelar las colectivizaciones, el gobierno de Negrín no pudo alcanzar la victoria, no porque la política estaba equivocada sino porque las fuerzas exteriores mantuvieron su cerco a la República.

TIERRA_Y_LIBERTAD
Así, pues, en el Homenaje a Cataluña y en su versión cinematógrafica de Tierra y Libertad, de Ken Loach, un episodio secundario arrincona los grandes problemas de la guerra y presenta, al hacerlo, una explicación totalmente perversa de las razones que explican la derrota republicana. Con una República abandonada por las potencias occidentales y atacada por Franco, Hitler y Mussolini solo la Unión Soviética se decidió a ayudarla. Naturalmente, Stalin no obró así por idealismo o sentimentalismo. Mas bien porque, amenazada por una Alemania expansionista, confiaba, al igual que sus predecesores zaristas, en poder limitar el riesgo por medio de una alianza con Francia que cercara a su vez a Hitler. Temía, con razón, que si Franco ganaba la guerra con la ayuda de Hitler, Francia se derrumbaría. En consecuencia, se dispuso a otorgar la suficiente ayuda a la República para mantenerla con vida a la vez que evitaba que los elementos revolucionarios en España justificaran a los decidores conservadores en Londres en proseguir su apaciguamiento del Eje en el marco de una cruzada anti-bolchevique. Sin armas soviéticas y sin las Brigadas Internacionales Madrid probablemente habría caído en noviembre de 1936 y Franco hubiese ganado la guerra meses antes de que los anarquistas y los trotskistas de Barcelona se convirtieran en un problema.

El razonamiento que subyace tanto al libro como a la película es que fue la represión estalinista la que llevó a Franco a la victoria. Sin embargo, el mismo Orwell la trituró por completo en su ensayo de 1942 titulado Looking Back on the Spanish War: “El odio que la República española suscitaba en los millonarios, los duques, los cardenales, los playboys, los reaccionarios meapilas y demás ralea bastaría para entender la situación. Aquella fue, en lo esencial, una guerra de clases.  De haberse ganado, la causa del pueblo en todo el mundo se habría fortalecido de manera decisiva. Se perdió, y los que viven de sus dividendos en el mundo entero pudieron frotarse las manos y celebrarlo. Esta fue la cuestión de fondo, y todo lo demás, espuma en su superficie (…) El resultado de la guerra civil española se decidió en Londres, París, Roma, Berlín… En todo caso, no se decidió en España. Después del verano de 1937, quienes tenían ojos en la cara se dieron cuenta de que el gobierno no podría ganar la guerra a menos que se produjera un cambio muy profundo en el panorama internacional (…) La tesis trotskista de que se habría podido ganar la guerra si la revolución no hubiera sido víctima de un sabotaje es, probablemente, un desacierto y una falsedad. Nacionalizar las fábricas, derruir las iglesias, lanzar manifiestos revolucionarios no habría dado más eficacia a los ejércitos. Los fascistas ganaron la guerra porque eran más fuertes. Disponían de armamento moderno que el otro bando no poseía. No hay estrategia política que pueda paliar tal deficiencia[32].

Orwell looking back
Es evidente que, incluso antes de su ensayo de 1942 y a decir verdad allá por el tiempo en que su libro se publicó, Orwell ya había modificado sustancialmente las opiniones que en él había expresado. Cuando falleció en enero de 1950 la tirada inicial de 1.500 ejemplares todavía no se había agotado. Según Peter Davison, el meticuloso editor de sus papeles, Orwell había esperado que pudiera haber una segunda edición revisada. El primer paso que dio para corregir su texto tuvo lugar en el verano de 1938 en su correspondencia con Yvonne Davet, la traductora de la edición francesa que no se publicó, con las correcciones, hasta 1955.

Tal y como explica Davison antes de su fallecimiento Orwell “dejó notas para su albacea literario indicando lo que quería cambiar” y también envió un ejemplar anotado del libro a Roger Senhouse, director en la editorial Secker & Warburg. “Desgraciadamente Senhouse hizo caso omiso de la petición de Orwell y la edición uniforme simplemente reprodujo el texto de 1938 (con algunos errores adicionales). El más obvio de todos ellos fue la separación de los capítulos V y XI del cuerpo del libro y su reubicación en forma de apéndices al final del mismo, donde Orwell consideraba que era más adecuado insertar la discusión histórica y política de lo que por otra parte no era sino una narración personal de sus propias experiencias”.

Estas modificaciones no aparecieron hasta la edición preparada por Davison en 1986. Los cambios efectuados en línea con las notas de Orwell -la reubicación de los dos capítulos y la corrección de algunos pequeños errores fácticos tales como la confusión entre la Guardia Civil pro-franquista y los guardias de Asalto- hicieron poco para acompasar el texto a las opiniones expresadas en muchas cartas y artículos que escribió después de terminar la obra. La impresión que subsiste es que el Orwell ferozmente anticomunista de la guerra civil se contentó con dejar Homenaje a Cataluña más o menos como estaba a pesar de saber perfectamente que su interpretación en la obra erraba considerablemente respecto a la postura de la República española[33].

Hay que decir en honor de Orwell que en su ensayo Looking Back on the Spanish Civil War llegó a una conclusión que refleja sus conversaciones en Londres con el Dr. Negrín. En 1937 su interpretación estaba basada en la ignorancia. Un ejemplo que ilustra esto se encuentra en sus numerosas referencias en Homenaje a Cataluña a Lérida, “principal plaza fuerte del POUM[34], en donde fue hospitalizado tras ser herido y la ciudad en que, mientras esperaba a que le dieran su documentación de baja, pasó algún tiempo prácticamente como turista.

Orwell PERE BONET, JULIA GOME GORKIN I JOSP ROVIRA AL FRONT D'ARAGO
Dirigentes del POUM en el frente de Aragón: Pere Bonet, Julián Gómez «Gorkin» y Josep Rovira (foto: A Cops)

Lo que Orwell no mencionó es que Lérida sufrió terribles atrocidades a manos tanto del POUM local como de las columnas anarquistas de Barcelona. El terror fuera de control fue la norma durante un breve período en el que docenas de paisanos, oficiales del Ejército, guardias civiles, curas y novicios fueron fusilados. Cuando las columnas anarquistas pasaron por la provincia de Lérida camino de Aragón en los primeros meses de la guerra ejecutaron a todo quién consideraron fascista, entre los que contaron a toda persona del clero o católicos practicantes, propietarios agrarios y comerciantes. El terrorismo individual en Lérida derivó en terrorismo colectiva cuando el POUM cooperó con la CNT y la UGT en crear un Comité de Salud Pública que hizo bastante poco en lo que se refiere a impedir ya fuese la quema de la mayor parte de las iglesias de la ciudad o una oleada de asesinatos. El comisario del POUM de orden pública, Josep Rodés Bley, colaboró con los faistas a la hora de lanzar una racha de actos de puro vandalismo en la ciudad. A finales de octubre de 1936 más de doscientas cincuenta personas habían sido asesinadas[35]. En otros lugares en la provincia la toma del poder por parte del POUM condujo a que muchas cosechas se pudrieran y que las fábricas se abandonaran. Todos aquellos que clamaban porque la economía debía organizarse fueron denunciados como reaccionarios. El comité del POUM parecía preocuparse más de pegarse la buena vida en los hogares requisados a los ricos[36].

Traducción de Ángel Viñas


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Luces y sombras en el “Homenaje a Cataluña” (I) Rating: 4.5 Diposkan Oleh: La Voz de la República
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