Wolfgang Sofsky
Los ejecutores aprehendían a sus víctimas en las formaciones, en incursiones colectivas o en encuentros casuales. En su mayoría eran los judíos, los débiles, los académicos o los nuevos ingresos a los que le daban una paliza, los pisoteaban con las botas hasta matarlos o los mataban a golpes de pala, palos o jarras de agua. A un judío de 73 años le prendieron fuego a la barba y, a continuación, lo torturaron hasta que murió. A otro judío lo ahogaron en el agua fecal de las letrinas. A otros dos les colocaron una manguera de agua en la boca, y acompañados por las carcajadas de los espectadores, abrieron completamente el grifo hasta que sus órganos internos explotaron. En febrero de 1942, se hizo salir varias veces a unos 60 o 70 prisioneros judíos de los barracones. En la puerta golpeaban a cada uno que salía con una porra en la cabeza. A continuación, los maltratados tuvieron que acostarse boca abajo en la nieve uno junto a otro, formando una fila, para que dos miembros de la SS caminaran de acá para allá sobre sus espaldas durante diez minutos. Se “limpió” la enfermería levantando de los catres a los prisioneros enfermos de disentería con el mango de una pala, se los dejó caer con brusquedad y se los pisoteó hasta matarlos. Para los ejecutores acostumbrados, el prisionero no era otra cosa que una “presa de caza” que podía humillar, martirizar y matar al azar. Era absolutamente selectivo en los medios que empleaba. El exceso surgía de la base de violencia habitual que él aumentaba para modificar su costumbre.
Los ejecutores aprehendían a sus víctimas en las formaciones, en incursiones colectivas o en encuentros casuales. En su mayoría eran los judíos, los débiles, los académicos o los nuevos ingresos a los que le daban una paliza, los pisoteaban con las botas hasta matarlos o los mataban a golpes de pala, palos o jarras de agua. A un judío de 73 años le prendieron fuego a la barba y, a continuación, lo torturaron hasta que murió. A otro judío lo ahogaron en el agua fecal de las letrinas. A otros dos les colocaron una manguera de agua en la boca, y acompañados por las carcajadas de los espectadores, abrieron completamente el grifo hasta que sus órganos internos explotaron. En febrero de 1942, se hizo salir varias veces a unos 60 o 70 prisioneros judíos de los barracones. En la puerta golpeaban a cada uno que salía con una porra en la cabeza. A continuación, los maltratados tuvieron que acostarse boca abajo en la nieve uno junto a otro, formando una fila, para que dos miembros de la SS caminaran de acá para allá sobre sus espaldas durante diez minutos. Se “limpió” la enfermería levantando de los catres a los prisioneros enfermos de disentería con el mango de una pala, se los dejó caer con brusquedad y se los pisoteó hasta matarlos. Para los ejecutores acostumbrados, el prisionero no era otra cosa que una “presa de caza” que podía humillar, martirizar y matar al azar. Era absolutamente selectivo en los medios que empleaba. El exceso surgía de la base de violencia habitual que él aumentaba para modificar su costumbre.
p. 335,La Organización del terror. Los campos de concentración. Wolfgang Sofsky
Fuente → asomarseaabismo.wordpress.com


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