¿Juzgar a Franco?
¿Juzgar a Franco?
Daniel Seixo, Reseña
 
El aliento rancio de una herida mal cerrada, supurante, lacerante, . Eso es lo que se respira en cada página de «¿Juzgar a Franco? Impunidad, reconciliación, memoria» de Sophie Baby. No hay palabras vacías, ni eufemismos, este libro es un bisturí afilado que disecciona el cuerpo maltrecho de la escasa memoria española, exponiendo la supuración de una impunidad que, décadas después, sigue marcando el pulso de la supuesta democracia institucionalizada en Madrid. Con una prosa tan incisiva, pero académica, y con la mirada de quien ha hurgado en los sótanos más oscuros, Baby nos obliga a mirar a la cara a un pasado que se resiste a ser enterrado.
 

La premisa es propiciar un gancho directo al mentón: Francisco Franco, el hombre que ancló a España en casi cuarenta años de dictadura, murió sin que un solo tribunal lo juzgara. En la cama, rodeado de los suyos y sin pedir jamás perdón. Y su legado, ese monstruo de tres cabezas forjado en la sangre de una guerra civil y alimentado por los rescoldos del fascismo europeo, sigue sin recibir una condena firme de su propio país. Y con ello, los fantasmas amenazan con aparecerse en nuestro presente. ¿Cómo coño puede una democracia consolidada, una que se mira en el espejo de Europa, seguir conviviendo con este elefante en la habitación? Este libro no lanza la pregunta al aire, la agarra por el cuello y la arrastra a través de una investigación exhaustiva, desenterrando las capas de cal y olvido que cubren el problema.

El mérito de esta obra reside en su brutal honestidad y en su audaz enfoque. Baby rompe con la miopía histórica que a menudo confina el análisis del franquismo a las fronteras españolas, escapando de un guerracivilismo presente en ocasiones asfixiante para el investigador. Desde el primer capítulo, «Los orígenes de la criminalización mundial del franquismo», la autora nos saca de la burbuja, mostrándonos cómo la sombra del dictador se proyectaba mucho más allá del Ebro. España no era una isla aislada, se encontraba en el ojo de un huracán geopolítico.

La genealogía de la impunidad es trazada con precisión forense. Baby se sumerge en los años de la posguerra, ese caldo de cultivo donde las identidades de víctima y victimario se volvieron porosas, donde la propaganda y el miedo tejieron una red inextricable a costa de silencio y amenaza. La Transición, ese gran relato de consenso y reconciliación, es puesta bajo la lupa sin piedad, sin cesiones de ningún tipo. Lejos de ser un proceso pulcro y aséptico, Baby lo presenta como una compleja madeja de decisiones pragmáticas, miedos enquistados y compromisos que, si bien evitaron el desgarro, también sembraron las semillas de una impunidad duradera.

Y la joya de la corona de esa impunidad: la Ley de Amnistía de 1977. La autora no la despacha como un mero acuerdo político, la desmenuza, la expone como un artefacto con profundas ramificaciones éticas y jurídicas que trascendieron las fronteras. Fue una ley que, aunque buscaba mirar hacia adelante, acabó por encadenar el presente al pasado, sellando la boca de los que clamaban justicia y echando tierra sobre los crímenes del régimen. Un «punto final» que, en realidad, fue un punto y aparte, dejando una herida que, décadas después, sigue supurando.

El gran valor de este título reside en su capacidad para insertar el caso español en el torbellino de la «era global de la memoria», no solo se analiza la «europeización memorial de España», es decir, cómo los debates sobre la dictadura se entrelazan con las narrativas europeas sobre el Holocausto y otras violencias masivas, sino que también revela la sorprendente paradoja de una España que, siendo reacia a juzgar su propio pasado, se erigió como un referente en la lucha contra la impunidad en América Latina. Curioso. Un espejo distorsionado, una hipocresía inherente, que la autora expone sin tapujos, mostrando cómo los discursos de justicia pueden ser selectivos y geopolíticamente condicionados.

En suma, «¿Juzgar a Franco? Impunidad, reconciliación, memoria» no es solo un libro de historia, es una llamada de atención, una bofetada al conformismo. Es una obra indispensable para quien quiera entender que la memoria no es un lujo, sino un pilar fundamental de la justicia y la dignidad. Baby no ofrece soluciones fáciles, ni cierra la puerta al debate; al contrario, la abre de par en par, obligándonos a mirar de frente el fango de nuestro pasado y a cuestionar la fragilidad de una democracia que, quizás, aún no ha saldado todas sus deudas. Es un libro que duele, pero que es absolutamente necesario para entender por qué, cuarenta años después, el fantasma de Franco sigue rondando las calles de España. El muerto está demasiado vivo.


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