La inoperancia de la Sociedad de Naciones en la guerra civil española (1936-1939)
La inoperancia de la Sociedad de Naciones en la guerra civil española (1936-1939) / Benedicto Cuervo Álvarez
 
Esta inoperancia para la resolución de conflictos bélicos ya fue evidente durante la Guerra Civil Española (1936-1939) por parte de la Sociedad de Naciones, institución precursora a la actual ONU.

 

La Sociedad de Naciones se fundó en 1919, apenas finalizada la I Guerra Mundial, en virtud del Tratado de Versalles (París). Dicho acuerdo fue firmado por 42 países (llegando posteriormente hasta 63) del continente europeo, americano, asiático y africano. Los dos países más influyentes en dicha institución eran Gran Bretaña y Francia. Otros países europeos pertenecientes a la Sociedad de Naciones eran: Italia, Checoslovaquia, España, Bélgica, Noruega, Finlandia, Unión Soviética, Portugal, Polonia, Rumanía, Suiza, Grecia…Países del continente americano como: Canadá (Estados Unidos estuvo en las primeras negociaciones pero no se adhirió al Tratado), Bolivia, Brasil, Cuba, Panamá, Uruguay, Ecuador, Chile, Venezuela, México…Países del continente asiático como: China, Japón, Persia, Siam… Del continente africano; Liberia y Sudáfrica y del continente oceánico, Nueva Zelanda.

El número de miembros varió considerablemente a partir de mediados de la década de los veinte. En su conjunto, desde el punto de vista político, solo una minoría de países que configuraban la Sociedad de Naciones, tenían un sistema democrático que serían los países de Europa Occidental (y no todos) y algunos países latinoamericanos (México y Chile). Las tres cuartas partes se podrían considerar como países con monarquías absolutas o autoritarias y regímenes fascistas.

A pesar de haber sido España uno de los países firmantes, desde sus orígenes, el 25 de enero de 1920, del Pacto de la Sociedad de Naciones y haber demostrado estar en sintonía desde el inicio de la II República Española con los principios de dicha Sociedad incluso coincidiendo prácticamente, algunos artículos de la Sociedad de Naciones con los propios de la Constitución Española como: el artículo 6. “ España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional” y también el artículo 7. “ El Estado español acatará las normas universales del Derecho Internacional, incorporándolas a su derecho positivo”. Estando, pues, el gobierno de la república española en sintonía con las normas expresadas en el Pacto de la Sociedad de Naciones, este organismo violó, claramente, tres artículos al no apoyar al gobierno republicano español:

Artículo 10. “Los miembros de la Sociedad de Naciones se comprometen a respetar y a mantener, contra toda agresión exterior, la integridad territorial y la independencia política presente de todos los miembros de la Sociedad”.

Artículo 16.“Se producirá una respuesta colectiva de los estados miembros contra cualquier país miembro que inicie una guerra en violación de los acuerdos del Pacto. Se considera que el Estado agresor ha cometido un acto de guerra contra todos los demás miembros de la Sociedad y se procederá a determinadas sanciones:

  1. Sanciones económicas inmediatas: “ Todos los miembros  de la Sociedad se comprometen a romper inmediatamente todas las relaciones comerciales o financieras (…)”.
  2. Sanciones militares colectivas. “El Consejo de la Sociedad de Naciones tiene la responsabilidad de recomendar a los gobiernos de los estados miembros qué fuerzas militares deben aportar para proteger los acuerdos del Pacto. Se busca asegurar que cualquier Estado infractor sea sometido a la fuerza necesaria para detener su agresión (…)”.

Artículo 17. “Si un Estado no miembro se niega a aceptar estas obligaciones y emprende la guerra contra un Estado miembro de la Sociedad de Naciones las disposiciones del artículo 16 se aplicarán automáticamente (…). Cabe recordar que Alemania no era miembro de la Sociedad de Naciones desde 1933 con la llegada de Hitler al poder al igual que Italia que abandonó esta institución en 1937.

Apertura de la 18ª Sesión de la Asamblea de la Sociedad de Naciones por Juan Negrín, España

Que la intervención de Italia y Alemania en la Guerra Civil Española fue evidente desde el primer momento enviando todo tipo de material de guerra (aviones, ametralladoras, tanques, cañones…) además de tropas y pilotos de sus ejércitos, lo demuestran infinidad de documentos al respecto.

En concreto Italia envío al ejército  nacional del general Franco solo en los dos primeros meses de la Guerra Civil Española (julio y agosto de 1936) el siguiente material bélico: 12 aviones bombarderos Savoia (uno de ellos cayó en el mar Mediterráneo y dos más se desviaron de su ruta y aterrizaron en Argelia colonia francesa), 33 cazas, 5 tanques, 40 ametralladoras, 12 cañones y 3  hidroaviones. Además de unos 40.000 soldados italianos formado el Corpo di Truppe Voluntarie (CTV) que se fueron incorporando al ejército nacional paulatinamente a lo largo de los primeros meses de la guerra. Por su parte, Alemania proporcionó al ejército nacional del general Franco también material militar, asesores y tropas alemanas ya en los dos primeros meses de conflicto proporcionaron: 22 aviones de bombardeo Junker 52 y 12 aviones de caza Heinkel 51. Además, fueron llegando paulatinamente soldados alemanes y pilotos encuadrados en la denominada Legión Cóndor (en total unos 16.000 militares). Menor peso tuvo las tropas portuguesas Viriato que no llegaron a superar los 10.000 soldados.

La Sociedad de Naciones sabía de estos movimientos de tropas y ayuda con material de guerra tanto de Italia como de Alemania pero en vez de apoyar activamente a la II República Española aplicando el artículo 16 del Pacto, lo que hizo fue crear un Comité de No Intervención en la Guerra Civil Española que fue firmado por Gran Bretaña y Francia y gran parte de la Sociedad de Naciones. Este Comité de No Intervención era nefasto para la II República Española pues con la firma del 15 de agosto de 1936 de la puesta en marcha del Comité, Gran Bretaña y Francia no entregaron armamento al gobierno republicano mientras Alemanes e Italianos lo seguían haciendo de forma cada vez más importante.

Manuel Azaña, Presidente de la II República.

Manuel Azaña, Presidente de la II República.

Pienso que el Comité de No Intervención tuvo tres consecuencias relevantes y muy negativas para la II República Española:

  • A corto plazo la caída del presidente José Giral y todo su gobierno de tendencia moderada que intentó, después del Alzamiento, que la Sociedad de Naciones tomase medidas a favor del gobierno republicano (como activar el artículo n. 16). Giral envío un telegrama al primer ministro del gobierno francés, Léon Blum líder del Frente Popular Francés. Éste titubeo y se puso en contacto con Eden (Secretario de Estado británico para Asuntos Exteriores) que le respondió a Blum que Gran Bretaña no intervendría en el conflicto español y si lo hacía Francia, Gran Bretaña no iría en su defensa en caso de producirse un conflicto a escala internacional. Chrurchill, parlamentario conservador en la Cámara Baja británica dijo a este respecto, el 31 de julio de 1936, lo siguiente: “ Creo que debo informar que, en mi opinión, la gran mayoría de miembros del Partido Conservador están muy inclinados a apoyar a los llamados rebeldes españoles”. De la misma forma los conservadores franceses no veían con buenos ojos el apoyo al gobierno republicano español. La sociedad británica y francesa estaban divididas y este motivo, junto con el temor de que se produjese un conflicto a escala mundial, fueron las causas principales para no apoyar a la II República Española y en su lugar formar el Comité de No Intervención con países democráticos como Gran Bretaña e Inglaterra como países más influyentes en dicho Comité (con un total 27 países incluyendo Italia) que perjudicó a la república al impedir la llegada de armas en su defensa. Estos hechos  provocaron la caída del gobierno de Giral, apenas 15 días después, de la formación y firma de numerosos países a la entrada del Comité de No Intervención, formándose un gobierno más radical. 
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  • Efectivamente, el 4 de septiembre de 1936, se forma un nuevo gobierno más radical que el anterior encabezado por Largo Caballero (denominado el Lenin español) siendo él y sus ministros socialistas. Al ver que la paz ya no era posible en España, Largo Caballero buscó atraer el mayor número de países hacia la causa republicana e intentar que les proporcionase todo tipo de armamento para continuar con garantías de victoria pero la Sociedad de Naciones no pasó de las buenas palabras y proponían que esos asuntos se tratasen en el nuevo organismo formado por dicha institución que era el Comité de No Intervención. Al final, se puede decir que solo un país hace caso a los llamamientos desesperados del gobierno republicano un mes después de haberse formado. Ese país fue la Unión Soviética que estaba dentro de la Sociedad de Naciones y envíó su primer barco cargado de armamento, de forma clandestina a España (en concreto al puerto de Cartagena). A partir de ahí los distintos gobiernos republicanos se van a radicalizar más con una mayor presencia del PCE en todas las administraciones del Estado republicano incluyendo varios ministerios y direcciones generales al igual que el mando de determinados cuerpos del ejército republicano (como el batallón de Líster).
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  • Pérdida definitiva de la Guerra Civil. Si bien es cierto que la derrota republicana en la Guerra Civil Española no se debe únicamente a un motivo en concreto sino a bastantes más (luchas internas en el bando republicano, deserciones en algunos casos de anarquistas que primaban la revolución al sostenimiento de la guerra, luchas entre troskistas y estalinistas, golpe militar de Casado en Madrid…) pienso que hemos de tener en cuenta la inacción de la Sociedad de Naciones y su Comité de No Intervención pues mientras Gran Bretaña y Francia eran muy rigurosos para evitar el envío de armamento al ejército republicano a pesar de tener cientos de kilómetros de frontera con Francia que permitiría la llegada de armamento desde Francia en 1 ó 2 días, hacía la “vista gorda”, con Alemania e Italia permitiendo o no cortando, el gran arsenal de armamento, de todo tipo, que diariamente les llegaba al bando Nacional. El material bélico procedente de la URSS llegaba cruzando todo el mar Mediterráneo y tardaba casi un mes en llegar a los puertos españoles eso si no eran interceptados por los barcos de guerra o submarinos nacionales, italianos o alemanes. 


Un hecho evidente de lo que acabo de decir fue la batalla del Ebro que se produjo entre la primavera y verano de 1938. La iniciativa la inició el ejército de la II República que rápidamente avanzó y puso en serios aprietos al ejército nacional pero, dos meses después, tuvo que retroceder y atrincherarse por falta de armamento y municiones.

Con el segundo gobierno republicano después del Alzamiento, el de Largo Caballero, el Ministro de Estado Julio Álvarez del Vayo, decía, el 27 de septiembre de 1936 (apenas tres semanas de haberse constituido el gobierno) lo siguiente ante la Sociedad de Naciones:

“ (…) Los campos ensangrentados de España son ya, en realidad, los campos de batalla de la guerra mundial. Esta lucha, una vez comenzada, se transformó inmediatamente en una cuestión internacional. El agresor ha recibido –esto es una realidad incuestionable- una ayuda moral y material de los estados cuyo régimen político coincide con aquél a que aspiran los rebeldes (…)”.

Pocas semanas después de este discurso llegaría el primer cargamento por barco desde la URSS al puerto de Cartagena y semanas más tarde las Brigadas Internacionales (personas de más de 50 países de todo el mundo que se alistaron al ejército republicano como voluntarios, en total fueron unos 35.000).

Mientras el Comité de No Intervención impedía por todos los medios el aprovisionamiento de armamento para la defensa de la II República Española no hacía igual con Italia y Alemania a pesar de saber la gran cantidad de material bélico que llegaba al ejército nacionalista de Franco ya desde el inicio del conflicto. Cuando el rey de Italia, Víctor Manuel III, se enteró de que Mussolini iba a enviar aviones a Franco insistió de que se informara al gobierno británico. Así, pues, el Ministro de Asuntos Exteriores italiano el conde Ciano comunicó, una semana después del Alzamiento Nacional, el 28 de julio de 1936, al diplomático británico en Roma, Edward Ingram el envío de dichos aviones al ejército nacional de Franco.La respuesta del diplomático inglés fue: “ el Ministerio de Asuntos Exteriores  ha entendido la iniciativa italiana en su significado preciso”.

A principios de agosto de 1936, Juan de la Cierva, le dijo al diplomático italiano Leonardo Vitetti que había comprado todos los aviones disponibles en el mercado libre en Gran Bretaña y que estaban a punto de enviarlos al general Mola. De la Cierva afirmó  que “ las autoridades  británicas le habían dado todas las facilidades, a pesar de que sabían muy bien  que los aviones estaban  destinados al ejército rebelde  español”.

Francisco Franco, líder del bando nacional.

La Junta de Defensa Nacional, situada en Burgos,  encargó una serie de informes legales sobre la situación internacional para saber en qué situación se encontraba el gobierno nacionalista. El informe, fechado el 4 de agosto de 1936 era bastante optimista:

“El rumbo general de la situación diplomática es favorable a nuestro Movimiento Nacional, primero  debido al impulso abrumador de los estados totalitarios representados en la Sociedad de Naciones de todo el mundo y, en segundo lugar, porque incluso en los estados atrapados en el liberalismo temen una reacción nacionalista en sus países. Francia no es completamente hostil…Inglaterra es prácticamente neutral y tenemos la simpatía (y la ayuda militar) de Italia, Alemania y Portugal (…) En general, los ingleses nos favorecen, como se puede apreciar por la asistencia franca, abierta y admirable que nos ha brindado Portugal, un país tan vinculado a los británicos(…)”.

A partir del 4 de octubre de 1936, comienza a llegar a España los primeros cargamentos con material militar para el ejército republicano desde la Unión Soviética, mes y medio más tarde que las ayudas que ya recibían los nacionalistas por parte de Italia y Alemania desde el inicio del Alzamiento.

Durante el gobierno de Largo Caballero, a partir de septiembre de 1936, y sucesivos gobiernos y cargos ministeriales, la república se va radicalizando y va siguiendo las directrices de Moscú. Los gobiernos de la república y su presidente saben que el único país fiable en la compra y entrega de armamento es la URSS. Debido a dichas ayudas la república española fue capaz de hacer frente a la guerra durante casi tres años.

La última oportunidad de que la república ganara la guerra fue la ofensiva que inició en el noreste de España, denominada la Batalla del Ebro. Se inicia el 25 de julio de 1938 y se da por finalizada el 16 de noviembre de dicho año. Esta batalla comienza con un ataque sorpresa del ejército republicano que cruza el río Ebro para intentar romper el frente nacionalista en Cataluña y así aliviar la presión sobre Valencia. En un principio, las victorias caen del lado del ejército republicano pero, al final, son las tropas del general Franco las victoriosas de esta batalla tan cruenta (mueren unos 30.000 soldados de ambos bandos) debido al mayor potencial aéreo y material terrestre suministrado por Alemania e Italia al ejército nacional y las dificultades del ejército republicano para reponer el material destruido. El final de la Batalla del Ebro, a principios de noviembre de 1938, marca la inflexión en el conflicto a favor de Franco.

El 31 de mayo de 1938, en plena ofensiva del bando franquista en el Frente de Levante que tendría como respuesta la ofensiva republicana en el Ebro, el Presidente del gobierno la II República Española, Juan Negrín, habla en la Sociedad de Naciones para intentar convencer al mayor número de países miembros de la urgente necesidad de su intervención en la guerra de España. Negrín solicitó a la Sociedad de Naciones que reconociera la agresión que estaba sufriendo España por parte de fuerzas extranjeras y exigió la retirada de todos los combatientes no españoles que participaran en la Guerra Civil Española (por eso pocos meses después se iría de España la Brigada Internacional pero no así los combatientes italianos y alemanes).

A pesar  de los esfuerzos de Negrín y otros políticos republicanos españoles, la Sociedad de Naciones no intervino de manera efectiva para detener la agresión y la guerra continuó hasta la victoria franquista. Incluso la Sociedad de Naciones no proporcionó barcos para transportar hacia el exilio a decenas de miles de republicanos españoles que abarrotaban los puertos de Valencia, Alicante, Barcelona, Bilbao, Santander, Gijón…, para conducirles al exilio hacia: Francia, Estados Unidos, México, Cuba…Solo algunos barcos llegaron a puerto por voluntad de algunos gobiernos favorables a la República como fue el caso de México, pero miles de personas no pudieron embarcar y fueron hechas prisioneras y encarceladas por los nacionales.

Milicianos disparando a tiradores nacionalistas apostados en un edificio.

Con la derrota republicana en la Batalla del Ebro, el ejército republicano tenia perdida la guerra. Hubo algún intento de mediación para llegar a una paz dialogada pero no fue posible por la intransigencia de Franco que solo admitió la rendición incondicional. Así que la guerra continuó varios meses más con el objetivo de “limpiar de rojos el territorio español”. Con la continuación de la guerra Franco podía matar de forma “legal” al mayor número de milicianos posible sin necesidad de hacer grandes campos de concentración, ahorrándose inversiones económicas en la construcción y alimentación de decenas de miles de prisioneros. Los campos de concentración franquistas no fueron muy numerosos y eran de menores proporciones que los alemanes.

Después de proclamarse el Día de la Victoria, el 1 de abril de 1939, en el que el general Francisco Franco emite un breve comunicado por radio, para toda España, con lo que se da por finalizada la Guerra Civil pero no así, la persecución y represión. El Desfile de la Victoria no sería ese día sino que se pospone al 19 de mayo de 1939. Se procede al desfile conmemorativo con tropas españolas, moras, italianas y alemanas por el centro de Madrid, (lo que demostraba la permanencia de tropas extranjeras en España incluso después de finalizar el conflicto).

La Guerra Civil Española había terminado pero no así las persecuciones, arrestos y fusilamientos sin la más mínima defensa jurídica en la mayoría de los casos. Como el propio Franco dijo en uno de sus múltiples discursos triunfalistas y beligerantes:

“ Con la victoria hemos logrado poner fin a la guerra, pero no a la lucha. La lucha ha de continuar para desterrar de España los gérmenes de la disolución y de la anarquía que anidan todavía en las almas de algunos españoles(…). Hemos de estar vigilantes para acabar con los bolcheviques y masones que quieren destruir los principios y valores de España (…)”. (Discurso de Franco, 1 de octubre de 1939).

Efectivamente, la victoria de Franco buscaba acabar con cualquier vestigio de libre pensamiento y oposición al denominado Movimiento Nacional y no escatimaba ningún esfuerzo represivo para ello. Varios años después de finalizado el conflicto, Franco seguía firmando miles de penas de muerte después de la comida del mediodía.


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