
Eva Maldonado
La exposición 'Madrid Icono Pop' retrata el franquismo como una etapa de efervescencia creativa sin mencionar el terror y la censura que la definieron
En su lugar, se habla del “espíritu pop” como una fuente de “inspiración constante”, sin explicar que ese presunto espíritu tuvo lugar bajo un régimen autoritario que prohibía partidos, sindicatos y libertades civiles. Se omiten los asesinatos, las torturas, el exilio, la represión política, la censura, el papel subsidiario impuesto a las mujeres o la criminalización de la homosexualidad. Lo que se ofrece al visitante es una reconstrucción estetizada, casi publicitaria, de una España sin democracia, sin derechos y sin memoria.
No es una omisión inocente. Como denuncia la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), se trata de una estrategia deliberada para construir un relato de “franquismo amable”. Emilio Silva, presidente de la ARMH, lo resume sin rodeos: “Es una pauta de la Comunidad que pretende crear esa idea del franquismo plácido. Y cuando habla de que es una época inspiradora hay que pensar que lo es para ese treinta por ciento de jóvenes que fantasea con la idea de que es mejor vivir en una dictadura”.
Negacionismo cultural con sello institucional
Lo más grave no es solo lo que se cuenta, sino lo que se borra. En 1964, año que inaugura la cronología de la exposición, el régimen franquista celebraba los “25 años de paz”, una campaña propagandística que intentaba ocultar la brutal represión de posguerra, los miles de presos políticos y el exilio forzado de intelectuales y luchadores por la democracia. Las imágenes que ahora se exhiben sin contexto alguno ignoran deliberadamente esa violencia estructural.
Lejos de ser una anécdota cultural, esta exposición encaja en una línea de actuación política concreta: la de los gobiernos conservadores que promueven una memoria descafeinada, cuando no directamente revisionista, del pasado reciente. Lo que se legitima no es solo una visión parcial de la historia, sino un modelo de cultura institucional al servicio del olvido. Se reemplaza la historia crítica por la postal, la memoria colectiva por el espectáculo retro.
Por eso, desde la ARMH y otras entidades memorialistas se exige que se rectifique. No se trata de censurar la mirada pop de los años 60 y 70, sino de contextualizarla con honestidad histórica. No se puede hablar de moda, música y modernidad sin explicar que esa modernidad convivía con cárceles llenas de presos políticos, con mujeres sin derechos civiles y con una juventud silenciada por la policía política.
Fuente → diario16plus.com
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