Los Rojos del Ejército Rojo
Los Rojos del Ejército Rojo
Manuel del Valle

Tras la derrota de 1939, 300.000 personas tuvieron que abandonar España. Muchos de ellos lucharon contra el nazismo en Francia en 1940, pero otros lo hicieron en la Unión Soviética

La Segunda Guerra Mundial es conocida en la Rusia de nuestros días como la Gran Guerra Patria o Patriótica. Este término apareció por primera vez en el periódico soviético Pravda el 23 de junio de 1941 para referirse a la guerra que la URSS mantenía con la Alemania nazi.

Antes de desencadenarse el conflicto mundial, en Europa se presentía que aquel solo era cuestión de tiempo. Esta sensación era debida fundamentalmente a la política expansionista de Hitler, amparada por la permisividad de las potencias occidentales. Con esta premisa, Hitler comenzó a incumplir las cláusulas del Tratado de Versalles y poco a poco fue incorporando territorios al Reich Alemán. Entre los hechos más destacados podemos citar la remilitarización de Renania, la participación en la Guerra Civil española, la unión con Austria, la anexión de los Sudetes o la incorporación del territorio del Memel (recordemos a nuestros lectores que el expansionismo alemán de los años 30 está detallado en la tercera parte de los artículos titulados: La mala praxis de la enseñanza superior española al enseñar qué es el comunismo).

En esta tensa situación, Stalin comprendió que la guerra contra los nazis era inevitable, solo faltaba por conocer la fecha y las condiciones en la que se produciría. Para impedir que Alemania tomara la iniciativa en Europa, Stalin propuso el 15 de agosto de 1939 a Francia y Reino Unido una alianza defensiva1. Este ofrecimiento fue transmitido por el Ministro de Defensa, el mariscal Klementi Voroshilov, y el Jefe del Estado Mayor del Ejército Rojo, Boris Shaposhnikov. Si el acuerdo era refrendado por los países occidentales, en caso de un ataque hacia el Oeste, la URSS desplegaría 120 divisiones de infantería (más de dos millones de soldados), 16 divisiones de caballería, 5.000 piezas de artillería pesada, 9.500 tanques y 5.500 cazas y bombarderos. No obstante, ni Francia ni Reino Unido dieron una respuesta oficial a la alianza ofrecida por la URSS, por tanto, al máximo dirigente del estado soviético solo le quedó firmar un pacto de no agresión con Alemania para ganar tiempo y poder enfrentarse a los nazis con mayores garantías, nos referimos al famoso Pacto de No Agresión Ribbentrop-Molotov, firmado el 23 de agosto. Consecuentemente, el acuerdo se produjo ocho días después de haberse buscado una alianza con las democracias europeas y a ocho días de comenzar la guerra.

El desarrollo posterior es de sobra conocido: invasión de Polonia, derrota de Francia, la batalla de Inglaterra y el ataque a la Unión Soviética.

Al tiempo que se estaban produciendo estos hechos, la República española ya había sido derrotada por los sublevados, instaurándose en el país una dictadura autoritaria de signo filofascista.

Por esta razón, cientos de miles de personas abandonaron sus hogares y marcharon al exilio. Así, cuando se produjo la invasión de la Unión Soviética había en la URSS cerca de 7.000 españoles. Casi la mitad de los mismos, unos 3.000, eran los niños evacuados de la Guerra Civil en 1937, el resto eran exiliados que fueron llegando después de la caída de la República, siendo en su mayoría combatientes del ejército republicano y afiliados o dirigentes del Partido Comunista (se calcula que hubo 891 personas vinculadas al PCE y al PSUC).

Al declararse la guerra contra Alemania, los españoles sintieron la necesidad de luchar contra el nazismo, ya que sabían que debían ayudar a salvar a la Humanidad de aquella lacra y porque tenían que “ajustar cuentas” con los antiguos enemigos que habían luchado codo con codo con los sublevados de Franco, contribuyendo de forma decisiva a la derrota republicana. No obstante, por orden de Stalin se decidió que los extranjeros no fueran incorporados en las filas del Ejército Rojo, puesto que en 1941 no había escasez de hombres y se consideró prioritario que los refugiados no volvieran a arriesgar sus vidas. A pesar de ello, con el paso de los meses, la presión de los españoles por sumarse al esfuerzo de guerra fue en aumento, de forma que en poco tiempo unas 700 u 800 personas se encontraban luchando en el Ejército de obreros y campesinos. La mayoría actuaron como guerrilleros, pero fueron incorporados al cuerpo de aviadores, al 3er Regimiento de Voluntarios de Leningrado, al 1er Batallón de Cazadores de tanques, a la Cuarta Compañía Especial (donde estaba la mayoría), al 4º Regimiento de la Guardia y a los servicios sanitarios. Al finalizar el conflicto, más de 200 habían dado su vida para derrotar a la Alemania nazi, entre ellos 153 eran afiliados del Partido Comunista Español.

Este grupo recibió numerosas condecoraciones, en concreto fueron 720 medallas de la Orden de la Bandera Roja u otras relacionadas con acciones militares por la liberación de ciudades, tres personas recibieron la Orden de Lenin (Francisco Gullón, José María Pascual y Caritat Mercader), mientas que Rubén Ruiz Ibárruri fue nombrado Héroe de la Unión Soviética a título Póstumo.

Durante el primer año de la invasión, 1941, se formó la 4ª Compañía del 1er Regimiento Motorizado de Fusileros, la cual estuvo bajo el mando del capitán Peregrín Pérez Galarza. Estuvo compuesta por 125 españoles, seis de ellas mujeres. Como primera misión se les encomendó la defensa de la Plaza Roja y el Kremlin durante el ataque a la capital del Estado soviético. Esta unidad no combatió en acciones relevantes, pero sí realizó misiones de vigilancia y de observación.

Simultáneamente, 74 españoles, la mayoría niños refugiados, se alistaron en la 3ª División de las Milicias de Voluntarios del Pueblo de Leningrado, siendo enviados al frente de Carelia, donde los finlandeses intentaban completar el cerco de esta urbe. Varios de ellos llegaron a falsificar su fecha de nacimiento porque no tenían la edad mínima para combatir. Este sector era clave para impedir que se completara el cerco a Leningrado y para que continuaran llegado los escasos recursos que podían introducirse en la ciudad. Tras terribles combates, solo siete de ellos volvieron a las líneas soviéticas, si bien 22 fueron hechos prisioneros y repatriado.

Por otra parte, las niñas y jóvenes trabajaron como enfermeras y voluntarias de protección civil en la ciudad, destacando el caso de la madrileña María Pardiña Ramos, enfermera en la Sección de Sanidad de la 3ª División de Voluntarios, quien rescató a 15 soldados heridos antes de ser abatida, recibiendo gracias a ello, a título póstumo, la Orden de la Bandera Roja por segunda vez y la ciudadanía soviética.

La llegada de la División Azul al frente de Leningrado cambió la naturaleza de las actividades de los españoles en el ejército soviético, pues algunos de ellos fueron utilizados para incitar a sus compatriotas a desertar, al mismo tiempo servirían como intérpretes.

Además, encontramos a un buen número de exiliados en las Fuerzas Especiales dependientes de la 5ª Brigada Independiente de Ingenieros que mandaba el coronel Ilyá G. Strárinov, veterano de la Guerra Civil. En un primer momento fueron empleados en trabajos de demolición y sabotaje para frenar el avance alemán sobre Ucrania. Más tarde, fueron enviados al Cáucaso y a Crimea, especializándose en la lucha de guerrillas, pero en 1943 fueron retirados del frente por petición de los dirigentes del PCE, ya que la mayoría de sus componentes eran miembros del Partido y este corría el riesgo de perder a una parte importante de sus cuadros.

El 522º Batallón independiente de Zapadores también contó con españoles entre sus filas, combatiendo contra los alemanes en el invierno de 1941-1942 en el Mar de Azov.

Sin embargo, la aportación más importante de nuestros compatriotas se produjo en la aviación. En 1941, 16 de ellos se encontraban sirviendo en este cuerpo, pero al año siguiente se incorporaron otros 30 tras la mediación del general Alexándr Osipenko, jefe de la defensa antiaérea soviética que conocía a muchos de ellos, ya que había combatido a su lado en la Guerra de España.

Para concluir tenemos que reseñar que la presencia española está igualmente constatada en la batalla de Berlín, fue el caso de los pilotos Carlos Alfonso García y Carlos Aguirre, de los soldados Fermí Roca, Juan Lario y Manuel Alberdi González, quien colgó en un edificio un cartel con el rótulo “calle José Díaz”, en un claro homenaje al Secretario General del PCE que se había suicidado en Tiflis a causa de los fuertes dolores que sufría a consecuencia de una grave afección en el hígado. Por otra parte, tras la rendición alemana, Emilio Vilaró Ustrell colgó en el balcón de la Embajada de España las banderas soviética y de la República.

Visto este resumen global, queremos destacar algunos casos concretos:

El film ruso «Испанец», «El español», (Tsasuev, 2012), recoge la historia del piloto de caza José María Bravo
 

Bravo, José María: fue el piloto español más destacado del frente soviético. Tras escapar en 1941 de un campo de concentración francés en Argèles-sur-Mer llegó a la URSS y combatió en diversas unidades especiales en el Mar de Azov, hasta que en 1942 fue aceptado en las fuerzas aéreas. Fue nombrado comandante del 3er escuadrón 481 y en 1943 fue el jefe de la escuadrilla de cinco cazas, en la cual había otros dos pilotos españoles, que escoltó a Stalin a la Conferencia de Teherán. Entre las numerosas condecoraciones recibidas destacan la de la Orden de la Bandera Roja y la de la Guerra Patriótica de 1er grado.

de las Heras Gavilán, África: fue la guerrillera española que alcanzó mayor fama durante la contienda. También fue muy conocida como María de las Heras, Ivona África o Camarada Patria. Nombrada responsable de radiotransmisiones, en mayo de 1942 saltó en paracaídas en los bosques de Vinnytsia (Ucrania) tras las líneas alemanas, teniendo la misión de interceptar las comunicaciones y enviar mensajes erróneos a los alemanes. Llegó a alcanzar el grado de teniente y combatió hasta 1944, cuando fue enviada a Moscú. Tras la guerra fue una destacada espía del KGB y en los 70 dirigió el espionaje soviético hacia España.

En la lápida de África de las Heras aparece destacada la palabra «Patria», el nombre por el que la conocían en la KGB.
 

Líster Forján, Enrique: fue un destacado militar español durante la Guerra Civil que obtuvo el grado de general del Ejército Rojo, en el cual combatió bajo el nombre de Eduardovich Lisitsyn, participando en el levantamiento del bloqueo de Leningrado en enero de 1944.

Beltran (segundo de pie por la izquierda), Romero Marín (siguiente), Pedro Mateo Merino (siguiente) Lister (siguiente), Artemio Precioso (siguiente), Modesto (siguiente), Tagüeña (detrás). Fuente: http://glawar.org
 

Ruiz Ibárruri, Rubén: como teniente estuvo al mando de una compañía de ametralladoras cerca de la ciudad de Borisov, siendo herido de gravedad al cubrir la retirada de un regimiento soviético en un puente sobre el río Berezina. No obstante, pudo recuperarse de sus heridas y en el verano de 1942 acudió al frente de Stalingrado integrado en la 35ª División de la Guardia. El 24 de agosto, el comandante de la división murió cuando trataba de repeler el avance alemán sobre la estación de tren, tomando él mismo el mando de la sección. Durante una contraofensiva resultó gravemente herido al día siguiente, por lo que fue evacuado a un hospital militar, muriendo el 4 de septiembre a causa de una peritonitis.

La acción de estos héroes, anónimos y conocidos, quedará por siempre inmortalizada en la memoria de los sucesores de la URSS y para que nadie olvide nunca su sacrificio en el parque moscovita de la Victoria, situado en la colina Poklonnaya, existe un monumento dedicado en su honor en el que se puede leer:

“A los caídos españoles en la Gran Guerra Patria. 1941-1945”

Bibliografía

Cano Borrego, P. D. Españoles en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. academia.edu Fernández-Miranda, P. (Mayo de 2020). Españoles en el Ejército Rojo. Nueva Tribuna. nuevatribuna.es

Ferreiro, M. A. (Mayo de 2021). La Cuarta Compañía, los españoles que defendieron la URSS. El Reto Histórico. elretohistorico.com

Martens, Ludo (2006): Otra mirada sobre Stalin. Zambon Editorial.

1 Para conocer en profundidad este asunto recomendamos la obra de Ludo Metters, Otra Mirada sobre Stalin, o el artículo de The Telegraph acerca del mismo.


Fuente →  nuevarevolucion.es

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