Proyecto Faq 'Las fosas de La Desbandá'

sábado, 30 de octubre de 2021

'Las fosas de La Desbandá'

Imagen de la carretera de Málaga a Almería durante los sucesos y que hemos podido identificar en la Cuesta de los Caracolillos, cerca de la población de la Herradura. 
 
Excepcional artículo de Fernando Alcalde Rodríguez y Emerencia Alabarce Pertíñez, que detalla el impecable proceso de la Asociación 14 de Abril para investigar las fosas donde yacen los masacrados de La Desbandá, una de las mayores tragedias de la Guerra Civil, a menudo comparada con el cruel bombardeo de Guernica. 
 
'Las fosas de La Desbandá'
Fernando Alcalde Rodríguez y Emerencia Alabarce Pertiñez

José Alabarce tenía nueve años cuando tuvo que esconderse apresuradamente bajo aquellas pitas de la era de Caracho. Nunca hasta entonces había visto un avión y menos aún un combate aéreo entre cazas a tan poca altura. Así que, cobijado bajo la aparente protección de aquellas espinas, asistió entre expectante y aterrado a las imposibles maniobras de aquellos aparatos sobre la quebrada geografía del Barranco de Enmedio, a medio camino entre Almuñécar y Salobreña. Un poco más abajo, en la carretera, una incesante multitud de gentes derrumbadas se desordenaba por las cunetas y las recachas, buscando la improbable protección de las sombras en el anhelo de llegar a Motril, donde residían los escombros de sus últimas esperanzas tras tres largos días de marcha bajo la lluvia, el frío, el hambre, las bombas y el terror a Queipo.

Al poco, un espantoso estruendo pareció anunciar el definitivo derrumbamiento del barranco. A apenas un kilómetro de la costa, tres gigantescos barcos como jamás había visto abrieron fuego sobre los aviones y sobre la carretera sin detener su monstruosa marcha, maniobrando poderosamente entre los acantilados hasta alcanzar la farola de Motril, donde concentraron el fuego. Aquella noche nadie durmió en el cortijo, demasiado expuesto por estar en el extremo de un caño cerca de la mar. Junto a otros vecinos, se agolparon en las sangraderas de las viñas, apelotados para espantar el frío de aquella terrible noche de febrero.

El sol sale tarde durante el invierno en la Loma del Pombo, por lo que, al socorro de las sombras, él y sus dos amigos, el hijo de José Sartén y el de Frasco Pérez, se acercaron a la carretera con las primeras luces. Todo era un naufragio. Coches destruidos o abandonados, camiones volcados, enseres de todo tipo falsamente custodiados por algunas mujeres exhaustas, desamparadas sobre los arcenes. Solo el irrespetuoso graznido de las gaviotas se atrevió a romper el húmedo silencio de aquella mañana, anticipando la llegada de un convoy militar que apuntaba a doblar la curva del barranco. José, a sus 93 años, lo recuerda menudamente, como solo puede hacerlo un niño de nueve años: “Primero dos motos, después un coche conducido por un sargento y dos oficiales y, tras ellos, 17 ó 18 camiones con dos hileras de 6 soldados a cada lado”. La comitiva se detuvo y el oficial le gritó “ragazzo forte”, ofreciéndole una lata de carne, a la vez que, por mediación de señas, le impelía a deshacer los grupos, a dispersarse ante la amenaza de la aviación. Lo recuerda perfectamente, era un niño, pero lo recuerda perfectamente[1].José Alabarce, durante la grabación de la entrevista.

Sin embargo, sigue presente un vacío estruendoso dentro de todo este conocimiento: ¿Dónde están las víctimas?, ¿dónde se encuentran aquellos que murieron en la carretera y que los testimonios cuentan por centenares?

Nada de lo relatado nos es extraño. Los muchos trabajos que se han realizado sobre La Desbandá, la huida de la población costera bajo el ataque de las fuerzas sublevadas, nos describen centenares de veces estas escenas. Afortunadamente, se ha acumulado mucha y buena información sobre lo sucedido. Conocemos bastante bien las operaciones militares y los padecimientos de los refugiados. Existe una buena colección de testimonios recogidos minuciosamente por los activistas e investigadores, por lo que la reconstrucción de lo sucedido, en sus grandes líneas, es incuestionable desde el punto de vista histórico, por más que se empeñen los negacionistas mediáticos. Sin embargo, sigue presente un vacío estruendoso dentro de todo este conocimiento: ¿Dónde están las víctimas?, ¿dónde se encuentran aquellos que murieron en la carretera y que los testimonios cuentan por centenares?

Refugiados en la estación de autobuses de Almuñécar, febrero de 1937. Biblioteca Nacional de España

Pese a que pueda parecer lo contrario, pocas son las referencias exactas a las víctimas del suceso. Apenas unas decenas de inscripciones en los registros civiles y los libros de enterramiento hacen referencia a ello. Ninguna fosa se ha documentado relacionada directamente con el ataque del ejército sublevado y tampoco existen referencias en los documentos archivísticos a la gestión de los cadáveres. Este vacío de información fue la razón que impulsó a nuestra asociación, hace dos años, a intentar localizar alguna evidencia de las fosas de la Desbandá, de los lugares donde permanecen los restos de las víctimas, las pruebas físicas del crimen de la carretera de Málaga a Almería.

Hemos repasado uno a uno los testimonios que se han publicado o grabado, cruzando esos datos con los registros de las operaciones militares para comprobar fehacientemente la concordancia entre ellos, visitando los lugares donde los sucesos implicaron a más personas...

Con este fin examinamos la bibliografía existente, consultamos a las investigadoras e investigadores que han escrito sobre el tema, y a las asociaciones que recopilaron la memoria callada de los testigos de la huida. Revisamos una vez más los archivos militares, los registros civiles, los escasos libros de enterramiento, los fondos provinciales y municipales. Hemos repasado uno a uno los testimonios que se han publicado o grabado, cruzando esos datos con los registros de las operaciones militares para comprobar fehacientemente la concordancia entre ellos, visitando los lugares donde los sucesos implicaron a más personas. Todo ello solo para constatar que apenas quedan evidencias de lo sucedido pese a lo descrito por las víctimas.

Tropas indígenas camino de Motril. Biblioteca Nacional de España.

Propuesta de la “croce di guerra al valor militare” a un soldado italiano herido gravemente en Salobreña. Bollettino ufficiale Ministero della Guerra, 1937.

Así, decidimos centrarnos en los detalles de los testimonios que indicaban lugares concretos donde se produjeron muertes. Los testigos relatan cómo vieron cadáveres apilados en la carretera a la vuelta hacia Málaga[2], camiones cerca de Almería que se llevaban los cadáveres [3], descripciones en primera persona de nietos que enterraron a abuelos[4],  de padres y madres que perdieron a sus hijos [5] de hijos que perdieron a sus padres[6], de hermanos que vieron cavar la tumba de sus hermanos en la cuneta[7]. Pero ninguno describe qué ocurrió con quienes se iban quedando atrás, qué fue de aquellos cientos de personas que no sobrevivieron a la carretera, simplemente porque no lo vieron, porque siguieron adelante a Almería o a Málaga, a Valencia, Alicante, Murcia, Barcelona.  

Había que encontrar testigos de un crimen 84 años después, sin duda, demasiado tarde, pero había que intentarlo

Quedaba buscar entre los que se quedaron y fueron testigos de lo ocurrido, de quienes siendo niños y niñas lo guardaron en sus ojos, pero callaron, quienes lo escucharon relatar una y otra vez, en voz baja pero firme, de sus padres y madres, y que nunca contaron por el terror impuesto por la dictadura. Había que encontrar testigos de un crimen 84 años después, sin duda, demasiado tarde, pero había que intentarlo.

Los gritos desesperados de su madre al verlo sano y salvo apenas lograron llamar la atención de José mientras perdía de vista a la columna italiana camino del río Guadalfeo. A medida que se alejaba, la carretera se fue de nuevo colmando de gente que se avecinaba desde todos los rincones, cautamente, dudando de precipitarse en su alegría. Por unos minutos, una rendija ilusoria de esperanza iluminó fugazmente aquella anónima curva del barranco. José y sus amigos siguieron caminando, ensimismados, curiosos ante tantos enseres abandonados, y ajenos al vehículo atronado de cánticos franquistas que les sobrepasó y con cuyos ocupantes se toparon un poco más adelante, obligándoles a volver sobre sus pasos. Fue cerca del barranco del Safío, el mismo lugar donde a la mañana siguiente encontraron cuatro cuerpos, uno de ellos aún agonizante. No sería la última vez que este barranco recibiría a inocentes. En los días siguientes, José, junto a su abuelo, vieron cómo las gentes del pueblo daban sepultura a los cadáveres que quedaron en la carretera, en un haza de pencas cerca del Portichuelo, y más abajo, junto a la curva de Velilla. Y así nos lo contó tras años de silencio hace apenas unos días, porque él se acuerda perfectamente, era un niño, pero lo recuerda perfectamente.

De los testimonios como el de José y del resto de la información recabada podemos concluir que existen varios ámbitos donde pueden encontrarse las víctimas

De los testimonios como el de José y del resto de la información recabada podemos concluir que existen varios ámbitos donde pueden encontrarse las víctimas. Posiblemente, las grandes poblaciones como Málaga y Almería[8], donde se recibieron heridos, derivaron a los fallecidos a sus cementerios, como recogen algunos testimonios que, además, describen el traslado de cadáveres en camiones en esas direcciones. Algo similar se narra en poblaciones más pequeñas, como Vélez Málaga, Nerja[9] o Almuñécar[10] con un pequeño número de víctimas, vecinas de esas poblaciones, cuyos familiares se ocuparon de ello.  Por el contrario, en los puntos donde se produjeron un gran número de fallecidos se abrieron fosas cerca del punto de la masacre, como atestiguan que ocurrió en el caso de Puente del Río[11], tras el bombardeo de Adra, en las cercanías del río Guadalfeo[12] o en las fosas descritas en Almuñécar[13]. Esto último nos hace pensar que deben existir casos similares en otros puntos donde se concentran los relatos de muertes. Así, en el tramo comprendido entre Maro y Cerro Gordo hemos identificado dos puntos donde pudieran existir restos humanos, corroborado en uno de ellos por el testimonio de un vecino[14]. Finalmente, son frecuentes los testimonios de enterramientos en la misma carretera[15] o en los lugares por donde circularon, de los que tenemos constancia de al menos una familia cerca de la población de Otívar[16].

Libro de enterramiento de Almuñécar con indicación de una víctima.

Hemos podido localizar al menos siete puntos donde aún es posible que puedan encontrarse restos de las víctimas y sobre los que es necesario actuar urgentemente

Desgraciadamente, el crecimiento de los cementerios y de las ciudades junto a la transformación sufrida en el territorio y en la propia carretera hace prácticamente inviable corroborar todos estos testimonios. No obstante, hemos podido localizar al menos siete puntos donde aún es posible que puedan encontrarse restos de las víctimas y sobre los que es necesario actuar urgentemente, preservándolos en tanto se realiza una investigación que concrete estos indicios.

Localización de las zonas donde se produjeron víctimas según los testimonios consultados.

Porque se lo debemos a las víctimas y a sus familiares, que siguen esperando verdad, justicia, y reparación.

La Asociación 14 de abril RMHCG quiere agradecer a todas las personas que han participado en este proyecto y han atendido nuestras consultas, entre ellas (por orden alfabético), a Emerencia y José Alabarce, Fernando Alcalde, Juan José Ayala, Isabel Brenes, José Luis Cabello, Manuel Cañadas, Encarna Escañuela, Andrés Fernández, Ana Funes, Inmaculada Gómez, Juan Hidalgo, Jesús Majada, Antonio Pérez Salguero, Lucia Prieto, Eusebio Rodríguez Padilla e Iván Sánchez. Este proyecto contó para su desarrollo con una subvención de la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Andalucía.


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'Las fosas de La Desbandá' Rating: 4.5 Diposkan Oleh: La Voz de la República
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