Proyecto Faq El signo infamante de la rebelión

lunes, 30 de agosto de 2021

El signo infamante de la rebelión

El signo infamante de la rebelión, editorial de M. Chaves Nogales

Lo más irritante de esta sublevación y esta guerra civil que estamos padeciendo no es su crueldad, sino su estupidez; su soberana estupidez.

No tenemos aún perspectiva suficiente para enjuiciar a los rebeldes con un verdadero sentido histórico; pero cada día que pasa nos afirma más en la convicción de que históricamente el signo de esta rebelión será ese: el de la estupidez.

Si se medita en cada uno de los actos de los rebeldes, si se mide imparcialmente su eficacia y su coste, si se juzga con frialdad la motivación y el resultado de cada una de sus acciones, se llega pronto a una conclusión aterradora. ¡Pero si estos rebeldes no son más que una colección de idiotas!

Invitamos a un somero examen de sus propósitos y sus consecuciones.

Se sublevaron—según decían—para salvar a España y la han hundido; querían evitar la revolución social, y la han provocado; postulaban el nacionalismo, y hoy sueñan con una intervención extranjera; querían evitar a los ciudadanos pacíficos el horror de una revolución, y le han procurado el de una revolución y el de una guerra civil simultáneas; por miedo al terror rojo han desencadenado el terror blanco, cien veces más implacable.

Contemplemos el panorama nacional, no sólo de esta hora, sino de los próximos diez años. ¿Era esto lo que querían los rebeldes? ¿No? ¡Pues qué más palmaria demostración de su estupidez! Porque no es que hayan fracasado en sus intentos. No es que las cosas les salgan mal. Es que, necesariamente, tienen que fracasarles.

A nadie puede ocurrírsele, por ejemplo, que el procedimiento indicado para la conquista de una ciudad de un millón de habitantes es mandar un avión a tirar media docena de bombas. Supongamos que en vez de un avión tuvieran cincuenta, cien, doscientos. Es posible que hiciesen una carnicería espantosa, que matasen madrileños a millares, que destruyesen la ciudad, pero ¿conquistar Madrid? ¿Cómo? ¿Con esos requetés que tienen pegados a los peñascos de la Sierra hace mes y medio?

No tememos equivocarnos. Esta rebelión y esta guerra civil pasarán a la historia con ese signo infamante: el de la estupidez.

Editorial de Manuel Chaves Nogales publicada en su periódico “Ahora” el 29 de Agosto de 1936.


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