Barcelona 36: España rechazó participar en las Olimpiadas de Hitler

El gobierno de la II República, del Frente Popular, no envió delegación al Berlín de Hitler, y organizó unas Olimpiadas alternativas.

Barcelona 36: España rechazó participar en las Olimpiadas de Hitler /

En 1931 el Comité Olímpico Internacional otorga a Alemania la organización de los juegos posteriores a Los Ángeles 32. Hablamos de los tristemente famosos Juegos Olímpicos de Berlín 36, “Los Juegos de Adolf Hitler”. En ese contexto España organiza las Olimpiadas Populares de Barcelona 1936.

Alemania 1936. Goebbels (propaganda), Speer (arquitectura) y Riefenstlad (filmografía) están desarrollando los que serán los JJ.OO más fastuosos (y fascistas) de la historia. Francia y Alemania pusilánimes y “seguras” en la “Línea Maginot” y en la insularidad no saben lo que les viene encima.

Para 1936 en la bandera de Alemania luce ya la Esvástica, y media Europa conoce de la “necesidad” del famoso “Espacio Vital” (“Lebensraum”). Hace tiempo que comunistas, judíos, gitanos, homosexuales e incluso amantes del “Swing” están siendo perseguidos, cuando no asesinados.

En España los vientos renovadores, sociales y libertarios que acunaron a la II República enfrentan toda una serie de contrareformas. Desde 1931 ha habido golpes de estado, pronunciamientos e incluso gobiernos abiertamente contrarepubicanos. En febrero de 36, con voto universal (aprobación del voto femenino mediante), una coalición de partidos obreros y progresistas se impone en las elecciones generales: “El Frente Popular”.

En este contexto el Gobierno español decide no mandar delegación a unos JJ.OO organizados por el régimen Nazi. Es uno de los primeros “Boicots” de la historia, quizás el más digno y menos pueril de todos ellos (con permiso del de Montreal 76).

Alternativamente a estos Juegos abiertamente fascistas, y con la ayuda de la rama deportiva de la Internacional Obrera y de la Generalitat de Catalunya, España va a organizar las Olimpiadas Populares de Barcelona 1936.

En ellas delegaciones de países, regiones, pueblos, e incluso obreros de base (en un tiempo donde las medallas olímpicas eran generalmente ganadas por aristócratas,) y hasta ciudadanos apátridas, serán bien recibidos. El Estadio de la Montjuic (actual Lluis Companys) sería la sede principal de las competencias (pasarían 56 años hasta que esa montaña fuera “Olímpica”).

El duelo estaba servido, de un lado el C.O.I. con unos juegos en los que el carácter supremacista, y abiertamente fascista, de la Alemania de Hitler eran marca casi publicitaria. De otro lado España, organizando unas “olimpiadas populares, antifascistas y antirracistas”. El 19 de julio era el día elegido para el inicio de las ”Populares” y el 1 de agosto Hitler recibiría, saludo nazi al aire, a los participantes delos Juegos de Berlín 36.

En aquel julio de 1936, y contra todo pronóstico las “Populares” tienen un enorme éxito de inscripciones: 6.000 deportistas, con delegaciones nacionales como Francia, EE.UU, Checoslovaquia, Suecia. Incluso Alemania e Italia cuyas delegaciones incluyen a exiliados, represaliados, judíos o simples obreros. Entre una de las 6.000 participantes tenemos a Clara Thalmann, luego os cuento más sobre ella.

En la segunda semana de aquel mes de julio están ya un gran número de deportistas en Barcelona, todo se truncará en unos días. El 18 de julio de 1936 España vive uno de los días más negros de su historia.

Los sectores que llevan años intentando parar las reformas que repartieron riqueza, aumentando así los derechos y libertades de todo tipo, dan un golpe de estado ayudados por gran parte de un ejército que hasta hacía poco días se ha mostrado defensor del orden constitucional de la República.

Pero el Golpe no triunfa en toda España y donde lo hace rápidamente necesitará el apoyo de mercenarios musulmanes y de la Italia y Alemania fascistas. En ese contexto, en Barcelona el golpe de estado es rápidamente sofocado por las clases populares y sus organizaciones sindicales y políticas.

Los milicianos salidos de los “tajos de trabajo” tumban el golpe. Miles de deportistas que vienen en barcos o que están en Francia nunca pisarán Barcelona, las fronteras se cierran y las aguas territoriales españolas son zona bélica. En los aires la “Luftwaffe” ensaya las atrocidades que va a cometer meses y años después.

Aquí, en este contexto retomamos dos nombres: Jesse Owens y Clara Thalmann. A Jesse lo conocemos todos, es el primer y único hombre hasta Carl Lewis que ganará cuatro oros olímpicos en atletismo en unos mismos juegos, una leyenda a la cual Roosvelt ni siquiera felicita a su llegada a suelo norteamericano. ¿Y quién es Clara Thallman?

Clara Thalmann (de soltera Esner), es hija de exiliados socialistas (prusianos). Su infancia transcurre en Suiza. Más tarde viaja a Francia y se afilia al Partido Comunista Francés (PCF) donde ejerce de periodista en “L´Humanité”.

Tanto ella como su marido acaban desengañados con Stalin y cercanos a Trotsky. Ella había llegado como nadadora, junto a ella también estaba Pavel Thalmman, su compañero. Ambos, como tantos otros, quedan impactados ante los hechos ocurridos en ese verano tórrido español del 36.

Rápidamente por conciencia proletaria se unen a las milicias que hacen fracasar el golpe. Barcelona y media España vive un fervor revolucionario que a mitad es libertario y a la otra es puramente ortodoxo (bien partidista o bien castrense).

Los Thalmann se unen a la “Columna Durruti” de las CNT-FAI, en esas trincheras de milicianos está también un tal George Orwell. Atletas que habían venido a una contienda deportiva se ven inmersos en una contienda bélica. Muchos dejarán sus vidas en Aragón y Catalunya.

Es curioso y permítanme la licencia, frente a miles de obreros anónimos, al otro lado de las trincheras mercenarios, fascistas y ejércitos regulares, también había obreros. Reclutados forzosamente bajo dolo de pagar sus familias la negativa, a golpe de culata y amenaza de bayoneta. Dos de ellos comparten apellido con el autor de este texto, uno “perteneciente a la quinta del biberón”, Jesús Fernández Márquez (mi abuelo), y su hermano.

Pero sigamos con Clara, en una de las vueltas a Barcelona, Clara y tantos otros viven y participan de las luchas intestinas en la zona republicana. Para entonces hace meses que Jesse Owens ha vuelto a EEUU a constatar que las cuatro perseas de Berlín 36 no han conseguido que él deje de ser un “afroamericano de segunda” en su país.

En Barcelona Clara puede correr el mismo camino que Andreu Nin, ella y su compañero pasan un tiempo de clandestinidad, son detenidos y liberados, cruzan la frontera y se establecen en Francia donde años después se enrolan en la Resistencia Francesa para, al finalizar su segunda guerra establecerse en Niza y crear una “Comuna Libertaria”.

Poco antes de su muerte “la atleta” pisará el “Frente del Ebro” y probablemente en Barcelona “la montaña olímpica”, donde pudo colgarse medallas.

Junto con Clara miles de deportistas quedaron huérfanos de aquel intento por llevar a cabo una competencia olímpica ajena a los nacionalismos, el clasismo aristocrático y sobre todo al fascismo que imperaba en toda Europa y en el estamento olímpico.

En un contexto en el que los gobiernos de Francia y Gran Bretaña, aún los dos grandes imperios de la tierra, habían ido cediendo una y otra vez ante cualquier petición de Hitler, al sur del sur de Europa en España se organizaron las Olimpiadas Populares de Barcelona 1936, no llegaron a ser, pero su germen y sus participantes son recordados hoy día.

Bueno sería que el C.O.I que en su día no puso objeción a nada de lo ocurrido en Berlín 36 reconociera esta competencia republicana como legítima y honorable al espíritu olímpico.


Fuente → elestado.net

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