Proyecto Faq Paul Preston y Ángel Viñas, contra la manipulación política de la historia

lunes, 19 de julio de 2021

Paul Preston y Ángel Viñas, contra la manipulación política de la historia

Paul Preston y Ángel Viñas, contra la manipulación política de la historia

18 de julio de 1936, 85 años después

En la instrucción Reservada del General Mola, nº 1 de 25 de Abril de 1936, puede leerse en la Base 2ª: “[…] Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas. Conquistado el poder, se instaurará una dictadura militar que tenga por misión inmediata restablecer el orden público, imponer el imperio de la ley y reforzar convenientemente al ejército, para consolidar la situación de hecho que pasará a ser de derecho”.

En este párrafo está condensada la esencia del franquismo: violencia institucional sin contemplaciones que luego tendría la sanción de la ley. Es decir, como acaba de expresar estos días un dirigente conservador al referirse al franquismo: “había cierto ordenamiento jurídico”…

Una forma de fortalecer la memoria del golpe de estado del 18 de julio es tomar conciencia de la manipulación histórica que se está haciendo permanentemente del franquismo, como demuestran Paul Preston y Angel Viñas en esta entrevista.

Conversación sobre la historia

Ramón Álvarez

Ramón Jáuregui, ex ministro de la Presidencia y vicelehendakari del Gobierno vasco, señalaba recientemente el afán de la política española actual de condenar a toda una generación a vivir como nietos de la Guerra Civil y del franquismo en lugar de como hijos de la libertad. Revisionismo y guerracivilismo son dos [apelativos] cada vez más empleados, a modo de acusación, por los actores de la escena política, donde la apelación a la historia reciente de España, a menudo con escaso o nulo rigor, marcan el día a día en la tribuna pública. Paul Preston y Ángel Viñas, dos de los grandes referentes en el estudio de estos períodos históricos reflexionan sobre este uso interesado de la historia en un debate, en formato online, conducido por Fèlix Badia, dentro de los Diálogos de La Vanguardia.

FÈLIX BADIA.- Parece que en España la historia se está utilizando, particularmente en los últimos tiempos, como arma de debate político. ¿En el Reino Unido, señor Preston, sucede algo parecido?

PAUL PRESTON.- Es un tema universal. Lo hemos visto recientemente en Estados Unidos con Donald Trump. Por una parte estamos los historiadores profesionales que buscamos la verdad, pero otros se prestan a lo que está la moda. Luego hay otro problema: cuando se habla del papel de la historia en el discurso político debemos saber de qué hablamos. Ni mis libros ni los de Ángel tienen lectores suficientes como para influir en la política. En El Reino Unido se abusa de la política del Imperio Británico, del papel de Churchill… y en la campaña del Brexit se han contado historias increíbles, como que ganamos la Segunda Guerra Mundial solos, sin contar con Estados Unidos ni con la Unión Soviética.

Lo mismo pasa en España. Escucho declaraciones de Vox que no están basadas en ningún conocimiento de la historia. Eso nos lleva al debate sobre qué es la historia, lo que hay entre lo que pasó y lo que contamos los historiadores. Seguro que hay una diferencia entre lo que pasó y lo que los profesionales explicamos, pero hay hechos indiscutibles, como cuándo se exilió Alfonso XIII o cuándo murió. Todo lo demás es objeto de debate. Nosotros somos dos historiadores a quienes nos motiva que se diga la verdad y esperamos que esto sea realmente la historia.

ÁNGEL VIÑAS.- Coincido fundamentalmente con Paul. Para mí hay dos cosas que se deben diferenciar: cómo se comprende el pasado, porque no se puede volver a él. Lo que existe son representaciones de ese pasado que se nutren de múltiples fuentes, también de camelos, y de estudiosos que buscan saber qué pasó y por qué pasó. Sobre el pasado confluyen múltiples perspectivas. La única fuente fiable son las evidencias, y lo que se diga del pasado debe tener algún soporte, aunque se pueda debatir sobre la calidad de ese soporte. Cuanto más indagamos más vemos que la historia se ha manipulado desde que se escribe sobre historia.

Si uno analiza la vida de los césares no sabemos si Suetonio nos explica la verdad. Suetonio trabajaba sobre la evidencia un siglo después de que muriesen los césares sobre los que escribía. Todo lo que ha pasado ahora ha pasado otras veces. La diferencia es que ahora, con los medios tecnológicos de los que disponemos, los bulos se difunden a una gran velocidad. Hay gente que trata de hacer historia lo mejor posible, con evidencias, y hay otros que no tanto.

Uno de los ejemplos más recientes de bulos sobre el origen de la sublevación militar de julio de 1936 (imagen: Twitter)

F.B.- ¿Se atreverían a señalar algunos de los casos de manipulación de la historia contemporánea de España que se estén produciendo ahora?

Á.V.- En los últimos años me he dedicado a desmontar bulos. Por ejemplo, me ha producido mucho placer demostrar que Franco se hizo millonario en la guerra y con malas artes. Nadie lo ha refutado y me baso en evidencias. Nadie ha encontrado una evidencia en sentido contrario y han pasado ya unos años desde que lo dije. Demostré también que Franco mandó asesinar al general Balmes [gobernador militar de Las Palmas, muerto el 16 de julio de 1936], lo hace un asesino en el sentido estricto del término, según el código penal de justicia militar vigente. Nadie ha dicho lo contrario.

Otro tema que se daba por cierto: Franco fue el último general en sumarse a la sublevación de 1936. Pues no: Franco estaba en la conspiración desde el primer momento, lo he demostrado en mi último libro. En gran parte, la historia que nos contaron durante el franquismo es una historia que esencialmente es falsa. Es una historia que se caracteriza por un hecho singular que yo no encuentro en otro país próximo: es una historia de España narcisista y proyectista, que atribuye al adversario político y militar comportamientos propios. Como estos comportamientos eran nefastos, se les atribuyen al adversario.

Franco entre Cabanellas y Queipo de Llano (foto: Getty Images)

P.P.- Yo he dedicado una parte de mi carrera a desmontar una serie de bulos respecto a Franco. Como que había sido el gran héroe que había resistido las presiones de Hitler para entrar en la Segunda Guerra Mundial, cuando estaba desesperado por hacerlo. O que fue el arquitecto del boom económico de los años 60, que en realidad ocurrió a pesar de él. O el bulo de que era un gran estratega militar.

Son mitos que se construyeron y difundieron durante todo el franquismo con la política del terror de la posguerra y con el control total y absoluto de los medios de comunicación y del sistema educativo. La consecuencia fue un gran lavado de cerebro nacional. Había un importante parte de la población que estaba en el exilio o que vivía bajo el terror en una especie de exilio interno. La otra mitad, y no hablo estadísticamente, estaba sujeta a la idea de que Franco había salvado España de las garras de Moscú y de las atrocidades de los republicanos.

¿Y qué pasó tras el 20 de noviembre de 1975, cuando murió Franco? No pasó nada. A lo largo de 1976 se produce un proceso muy complicado, como si fuese una gran obra de teatro con un empresario (Juan Carlos I), con un guionista (Torcuato Fernández Miranda) y un actor (Adolfo Suárez) que preparan la transición hacia la democracia y las primeras elecciones. ¿Y pasó entonces algo? Tampoco, porque ese lavado de cerebro había cundido. En los países del bloque del Este el fenómeno fue similar. En Alemania hubo un proceso de desnazificación. Pero incluso en países como Francia hay grandes disputas sobre el papel de los franceses en la Resistencia, que era en realidad el Ejército republicano español de gira.

Franco y Hitler en Hendaya el 23 de octubre de 1940 (foto: Efe)

F.B.- ¿Se puede decir que la transición se hizo bien? ¿O todo lo bien que se podía hacer?

P.P.- Yo sigo pensando que fue una pequeña maravilla si se enjuicia la transición desde la muerte de Franco hasta las primeras elecciones, aunque después se sucediesen muchos errores. Aparte del lavado de cerebro debemos tener en cuenta que en ese momento había unas Fuerzas Armadas, una Guardia Civil, una Policía Armada, miles de falangistas con licencias de armas… todos en contra de la democracia. Lo que ahora se critica como limitaciones de la transición eran precauciones necesarias.

Ahora es un punto de vista muy comprometido, pero yo defendería el papel del Rey emérito en esos años, y todo lo que ha pasado después no cambian lo que pasó entonces. Claro que después ha habido muchos errores. La corrupción que se ha visto en la democracia es uno de los defectos de la transición, como las deficiencias que aún vemos de la ley de Memoria Histórica. Pero el proceso desde la muerte de Franco hasta la Constitución del 78 creo que fue un milagro.

Á.V.- Creo que la transición fue un éxito y se hizo lo que se pudo hacer, aunque quizá se pudo haber hecho más, eso lo examinarán los historiadores. Los protagonistas de fenómenos así se mueven en un mar de fuerzas contrapuestas y hacen lo que saben, lo que pueden o lo que les dejan. Lo fundamental era desbaratar la estructura institucional, política y jurídica del franquismo, y eso se logró. Y el reto de domesticar a las Fuerzas Armadas, y perdón por la expresión. Las Fuerzas Armadas eran leales, en todo caso, a la Corona, pero no a la democracia. Y esto también se logró. Y a las fuerzas de orden público, muy próximas al régimen y pese al gran problema que suponía el terrorismo etarra, que parece que ya se ha olvidado, pero que condicionó la política de seguridad.

Había que entrar en la Europa política e institucional y había que permanecer en la OTAN, donde España había entrado de mala manera. Porque una cosa era no haber entrado, pero otra muy distinta era salir. Todo eso se llevó a cabo con enormes dificultades políticas que ahora no se recuerdan o no se tienen en cuenta. Es necesario decir que la democracia española no ha sabido bregar con el pasado. Yo hubiera abierto todos los archivos del franquismo en 1988 y en la medida que pude influir en una decisión así lo hice. Convencí al ministro Fernando Morán a que abriera los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores con un plazo de carencia de 25 años, el más corto de Europa en esa época.

¿Se ha hundido la democracia española porque la gente haya estado trabajando sobre estos archivos? No ha pasado absolutamente nada. Han salido tesis doctorales, libros y artículos a patadas que han puesto de manifiesto hasta qué punto la política de asuntos exteriores de Franco fue una carcajada. La historia no mata.

Torcuato Álvarez de Miranda, Juan Carlos I y Adolfo Suárez con sus respectivas esposas en el aeropuerto de Barajas (foto: Janel Cuesta)

F.B.- ¿Podría estar ahí la razón por la que ahora se cuestiona la transición, porque no se lidió bien con el pasado o no se fue más allá?

Á.V.- Yo creo que todos los papeles hasta 1975 deberían ser de libre acceso, y cuando digo todos, me refiero absolutamente a todos, incluidos los de la Guardia Civil, de las Fuerzas de Seguridad del Estado, del Ministerio de Interior o del Ministerio de Defensa. Muchos ya están abiertos, pero no todos. Han pasado casi 50 años ¿qué miedo hay hoy al franquismo? No hay que temer nada.

P.P- Lo que hay que temer es a quienes mantienen los mitos y ven lo benévolo del franquismo. Por eso es por lo que hay tantos archivos cerrados. ¿Si fueses un dirigente de Vox o un militar del régimen te interesaría que estuviese todo abierto para que se descubriese que sus tesis benévolas no son ciertas?

Á.V.- Admito, con restricciones muy estrictas, que algunos documentos se revisen antes de su puesta a disposición de los historiadores. Eso pasa en todos los países. Cuando piensas en los papeles que se han llegado a acumular en la Guerra Civil y el franquismo… Hay masas ingentes de papeles, habrá tres generaciones de historiadores para estudiarlos, será un electroshock para mucha gente, te preguntas si los funcionarios y agentes de las fuerzas del orden hacían otra cosa que escribir.

La recepción de la historia pasa necesariamente por el sistema educativo. Recuerdo una entrevista a Konrad Adenauer, canciller de la República Federal Alemana, en 1952. Le preguntaban sobre los límites de la desnazificación. Adenauer respondió que la RFA puede dedicarse al ajuste de cuentas o a la construcción de la democracia, pero ambas cosas son incompatibles. Veinte años más tarde esa incompatibilidad ya había desaparecido. Como régimen derrotado, el nazismo no podía subsistir. Es una situación muy diferente a la de España. ¿Pero que se hacía con los nazis que no habían sido criminales de guerra o habían estado en altos cargos de la Administración? Pues nada. El propio Adenauer tuvo un par de nazis en sus gobiernos. Todas las transiciones tienen su especificidad.

El régimen fascista italiano también fue derrotado por las armas y se construyó una República que ya no estaba inspirada en los principios fascistas, sino que eran antifascista. En España, para lidiar con la República y la Guerra Civil y el franquismo ya han pasado 50 años. Ya es hora de hacerlo.

Guardias civiles posan frente a un monumento a Franco en Melilla en 2015 (foto: diario Sur)

F.B.- Podría parecer que el franquismo, de una manera o de otra, siguiera tutelando la escena política española

Á.V.- No lo creo. El franquismo no surge de la noche a la mañana, surge de una Guerra Civil que tampoco surge de un día para otro. Son etapas de un proceso histórico y aún hoy, en ciertos sectores de la opinión pública y de la intelectualidad de los medios, se dan una serie de principios que más o menos subsisten, no voy a decir en su textualidad, pero de manera parecida. He publicado un artículo comparando las cosas que se dicen hoy y que se decían en 1931, antes de la proclamación de la República.

No varían demasiado. Anticomunismo -cuando decirlo hoy es una estupidez, ya que no representa hoy ningún peligro como lo pudo representar en la Guerra Fría-, laicidad, asistencia social… todo eso está ahí, no ha cambiado nada. Se disfraza, no porque sean principios franquistas, sino porque son principios sobre los que se edificó una parte del franquismo ideológico. El culto a la personalidad del superhombre era algo muy típico en los años 30 y 40 que en España duró más que en Europa salvo en los países del Este.

P.P- Vivimos en sociedades de masas y hoy en día sufrimos la influencia nefasta de las redes sociales. Alguien que lanza un bulo que tenga gracia y tiene un millón de seguidores. Es un problema grave. Lo hemos visto en Estados Unidos con el éxito Trump. Los liberales nos hemos reído de las cosas que decía, pero hay millones de personas que se lo creían y votaban en consecuencia.

Por mucho que se le critique en Occidente, Putin tiene sus seguidores en Rusia. En el Reino Unido ahora están intentando cerrar la BBC, hay gente que se cree las cosas que dice Boris Johnson. Qué puede hacer un historiador en contra de eso. Existe el deseo del ser humano de tener una figura paternal que le resuelva los problemas. Por eso todos queremos un buen gobierno, benévolo, competente, honesto… y lo que tenemos en general son gobiernos incompetentes y corruptos. Es un problema cada vez más complejo.

En Gran Bretaña mi mujer siempre se queja de los defectos de la oposición, pero el problema es que la calidad de los políticos de izquierdas es tan mala como los de derechas. No hay grandes políticos. En España es igual. Dónde está Juan Negrín hoy en día. Quizá a los jóvenes de talento la política ya no les atrae, porque pueden ganar más dinero en otras cosas. Es un misterio que me aflige todos los días.

Á.V.- Prefiero centrarme en el pasado, porque explicar el presente es más difícil.

P.P.- Nuestra misión es que la gente se entere, como lo que tú has hecho con la corrupción de Franco. Somos conscientes de lo reducido de nuestro público, pero queremos hacer llegar a la gente las cosas que deberían saber. Dedicarnos 12 horas diarias a la historia es una buena manera de aislarnos de los horrores que nos rodean.

Conmemoración en Madrid, el pasado 28 de marzo, del 82 aniversario de la entrada del ejército franquista en la ciudad (foto: Guillermo Martínez)

F.B.- Hablaban de que el papel de la educación permitiría a la gente tener más criterio histórico. Pero en cambio parece que todo va en sentido contrario. Cada vez mandan más las redes sociales y las humanidades están desapareciendo

Á.V.- Esto nos lleva a una sociedad de ignorantes, de medio esclavos. Nunca me he planteado qué se puede hacer, no tengo ni idea. Mi esperanza es que lo que hacemos sirva de algo. Fuentes Quintana, ministro de Hacienda y Economía y vicepresidente del Gobierno, me regaló una vez un libro de 900 páginas: la historia de la Independencia del conde de Toreno. Lo escribió en los años 20 del siglo XIX y todavía es un referente. Si yo alcanzase la mitad de la enjundia que tuvo en conde de Toreno me daría con un canto en los dientes. No puedo hacer otra cosa.

P.P.- Soy posiblemente el único catedrático de Historia de mi país que ha dado clases en todos los niveles, desde los párvulos a los doctorandos. Y en cada edad la enseñanza de la historia es diferente. La que prima es la historia nacional, en el franquismo se imponía una versión muy rígida de lo que había sido la Historia de España. En cambio, en los sistemas anglosajones lo importante no era el contenido empírico, sino la adquisición de un aparato de pensamiento. Si yo daba clases de la Guerra Civil constantemente decía que esa era mi lectura, que ellos tenían que hacer su lectura, y les recomendaba libros contradictorios. Creo que esto funciona bien a nivel universitario, pero si vamos bajando niveles tenemos que hacerlo de otra manera.

En todos los idiomas occidentales, la palabra que define a la historia define también al cuento, y a los pequeños puedes explicarles así, como un cuento, la historia. En el Reino Unido también había proyectos para estudiar el entorno inmediato, del barrio o de la familia. En el 2010, cuando volvieron los conservadores al Gobierno trataron de imponer una historia cronológica, que se estudiasen los Reyes de forma cronológica. Planteo una cuestión: ¿Por qué un empresario va a dar trabajo a un historiador y no a un economista? Porque si el historiador se ha educado bien tiene una capacidad de analizar, de contrastar opiniones. Si se ha educado bien, el historiador tiene una capacidad de pensar, de analizar y de contrastar opiniones que es la base para el éxito de muchas profesiones

Á.V.- Están cambiando las cosas, pero la idea de la educación en Historia para adquirir destrezas no ha tenido éxito, sí en Derecho, que es una disciplina para resolver problemas.

P.P.- En España hay muchos historiadores buenos que no han obtenido un puesto en la universidad, simplemente porque no han logrado un puesto, y dan clases en institutos. Seguramente cualquiera de nosotros podríamos hacer una lista de 20 o 30. Investigan, publican libros y su trabajo es encomiable. Yo tengo mucho contacto con ellos y he establecido una gran red. Hablamos frecuentemente del problema que tienen de encontrar libros de texto adecuados para distintas edades. Es un problema en España.

Paul Preston es uno de los grandes historiadores de la España del siglo XX, en especial del período comprendido entre la Segunda República, la Guerra Civil, el franquismo y la transición. Profesor de la London School of Economics es autor de libros muy celebrados como las biografías de Juan Carlos I o de Franco, y entre sus últimos títulos destacan El holocausto español y Un pueblo traicionado, el último de ellos, donde repasa la historia de un siglo y medio de corrupción e incapacidad de los gobernantes españoles.

Ángel Viñas es otro de los grandes historiadores de la España del siglo XX, ha desarrollado parte de su trayectoria profesional en la Administración y en la diplomacia y parte en la investigación histórica. Es catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid y ha centrado sus trabajos en la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo. Viñas ha publicado recientemente El error de la República y anteriormente otros libros como Quién quiso la Guerra Civil o Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco.

Portada: Paul Preston y Ángel Viñas (segundo y tercero por la derecha) en Gernika, 2017, con el hijo de George Steer, Xabier Irujo y Nicolas Rankin, biógrafo de Steer (Fotografía de Vincent West procedente del blog de Ángel Viñas)

Fuente: La Vanguardia, 18 de julio de 2021


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