Proyecto Faq Antifascismo y juventud. El caso del Estado español

martes, 13 de julio de 2021

Antifascismo y juventud. El caso del Estado español


Antifascismo y juventud. El caso del Estado español
Iñaki Gil de San Vicente

La asamblea de Mocidade Pola Independencia en Pontedeume nos hizo llegar cuatro cuestiones para la charla-debate que lleva el título arriba indicado, Antifascismo y juventud. El caso del Estado español. Los temas son estos:

1) ¿Qué es el fascismo?

2) Historia del fascismo en el Estado, su importancia para el proyecto español.

3) Repaso histórico por la respuesta antifascista.

4) ¿Cuál es el papel de la juventud? ¿Cuál es el papel de las naciones sin Estado?

Es la primera charla-debate de la ronda galega que, a su vez, se inscribe en la serie de conversaciones internacionalistas de la que hemos hablado en dos artículos anteriores.

1) ¿Qué es el fascismo?

Es normal que la juventud independentista analice a fondo la complejidad del fascismo en la actualidad porque sabe que la liberación de su país depende en buena medida de las conclusiones a las que se lleguen en esos estudios. En Galiza, el PP de Feijoo retrocedió un poco en 2020 sin renunciar a su autoritarismo básico lo que mantenía en su redil a las fieras que pudieran pasarse a Vox, a la vez que se desplomaba el nacionalismo españolista progre de En Marea y se recuperaba el soberanismo del BNG. En Madrid, un PP tan escorado al fascismo le ha quitado mucho voto a Vox, también los ha obtenido de franjas juveniles masculinas y femeninas, y de sectores de Cs y PSOE. En Portugal, la extrema derecha se reorganiza y avanza en las elecciones de enero de 2021. En el Estado francés, el abstencionismo masivo muestra la apática indiferencia de sectores sociales frente al ascenso del autoritarismo de la derecha tradicional que ha sabido integrar en su proyecto siquiera pasivamente a franjas del lepenismo y de la derecha oficial, pero no ha detenido el avance del soberanismo vasco.

La desindustrialización y el empobrecimiento de la juventud galega, y en especial la del área de Ferrol, nos acercan a las condiciones de la juventud trabajadora italiana en la crisis de su país al poco de acabar la IGM, crisis que impulsó el fascismo; sucedió otro tanto con la crisis de 1929 de la juventud trabajadora de todo el mundo. Partiendo de la identidad de fondo de estas crisis y de la actual, descubrimos constantes básicas que se repiten con diversos ropajes entonces y ahora. Sin mayores precisiones, podemos llamar «fascismo» a la política de la burguesía más criminal para aplastar tan brutalmente y a cualquier precio al movimiento revolucionario como para que no se recupere durante varias décadas: esta es la tarea esencial del fascismo, lo que une e identifica a todos los grupos que se incluyen en el genérico de fascismo.

Según contextos y desarrollos, el fascismo genérico aparecerá como salazarismo, falangismo, franquismo, nazismo, militarismo, rexismo, pinochetismo, trumpismo, voxismo, etc., movimientos que tienen algunas de sus raíces psicopolíticas en el integrismo, bonapartismo, cesarismo, elitismo, racismo, etc. De todos ellos, el nazismo es el que más ha impactado e impacta en esta larga historia del irracionalismo del capital. Lo que les une a todos, además del odio al socialismo y al comunismo, es su rechazo de la democracia burguesa que respetan mientras no puedan liquidarla, su militarismo, su falta de escrúpulos y de ética, su machismo, su irracionalismo, etc., y un nacionalismo imperialista con diferentes racismos y xenofobias según sean los pueblos que quieren exterminar

Con respecto a la juventud trabajadora independentista que es lo que inquiere la asamblea de Pontedeume, esta constante se expresa al menos en tres formas fundamentales: cortar de raíz la emancipación de las jóvenes trabajadoras para reducirlas a máquinas de parir esclavos y soldados, objetos sexuales pasivos; imponer una educación contrarrevolucionaria para reforzar el dominio del Estado-nación ocupante; y destrozar la independencia organizativa de la juventud trabajadora, fin facilitado, como veremos, por la tendencia objetiva en la izquierda a la burocratización del poder adulto. Vamos a extendernos un poco en estas tres facetas porque sustentan las respuestas a las demás preguntas.

Richard Grunberger ha dedicado especial interés al estudio de cómo el nazismo manipuló y controló a la juventud:

«En la generación joven halló el régimen el grupo de población más maleable a su política y el que le rindió mayores beneficios en fidelidad y en sacrificio en proporción a los halagos invertidos. Cuando estaban en la oposición, los nazis habían sido el partido de la Juventud contra la Madurez, menos por la defensa de una causa joven que por su vehemente asalto a la ponderada República de Weimar. Al llegar al poder, cancelaron inmediatamente la lucha generacional y consiguieron que su manipulación de los jóvenes sirviese a dos fines que no eran fácilmente conciliables: liberar todo el potencial de la agresividad juvenil y, al mismo tiempo, impresionar al público adulto por el grado de disciplina a que podían someter a los jóvenes».

En 1933 W. Reich lo explicó así:

«La perdurabilidad de la familia autoritaria no está fundada exclusivamente sobre la dependencia económica de la mujer y de los hijos con respecto al padre y al marido respectivamente. Para que unos seres en tal grado de servidumbre sufran esta dependencia es preciso no olvidar nada a fin de reprimir en ellos la conciencia de seres sexuales. De este modo, la mujer no debe aparecer como un ser sexual, sino meramente como un ser generador. La idealización de la maternidad, su culto exaltado, que configura las antípodas del tratamiento grosero que se inflige a las madres de las clases trabajadoras están destinadas, en lo esencial, a asfixiar en la mujer la conciencia sexual, a someterla a la represión sexual artificial, a mantenerla a sabiendas en un estado de angustia y culpabilidad sexual. Reconocer oficial y públicamente a la mujer su derecho a la sexualidad conduciría al hundimiento de todo el edificio de la ideología autoritaria».

Siguiendo en esta línea decisiva y de entre los textos disponibles, recurrimos al de Franz Neumann publicado en el exilio en 1942, donde estudia la política nazi con respecto a la juventud: no era puesta a las órdenes del Estado sino monopolizada por el partido nazi, como una garantía suya para el futuro, la juventud era propiedad del partido nazi. El autor rastrea su estrategia sobre la familia, la educación y la juventud adelantada parcialmente por la derecha alemana, por Carl Smith por ejemplo, pero endurecida por el nacional-socialismo hasta grados extremos. El autor estudia la política demográfica italiana y alemana que redujo a la mujer a simple paridora de soldados y fuerza de trabajo, reforzando la esclavización juvenil.

Sólo hemos arañado la superficie de las complejas interacciones objetivas y subjetivas que, para 1935, llevaron Gunnar Leistikow a replantear las preguntas clásicas: «por qué un hombre hambriento no roba pan en el momento en que puede hacerlo con impunidad; por qué los proletarios oprimidos no se rebelan contra los opresores; por qué, en los países católicos, la Iglesia reaccionaria atrae a más jóvenes reaccionarios que las organizaciones socialistas; por qué en 1933 las grandes masas de los obreros industriales no se volcaron a las organizaciones revolucionarias, como lo habían hecho diez años antes. En otras palabras: por qué la revolución psicológica del proletariado está retrasada respecto a la evolución de la base económica».

En lo que concierne a la juventud trabajadora dos de las razones que explicaban ese retraso de su psicología revolucionaria respecto al grado de antagonismo de las contradicciones en las que malvivía y malvive hay que buscarlas en la eficacia de la familia, la educación y la política burguesa de crear personalidades juveniles con miedo a la libertad, no sólo sumisas sino mentalmente castradas por el miedo a la libertad. Una tercera razón afecta a la juventud obrera nacionalmente oprimida, como veremos luego. Volviendo a las dos primeras, ambas se sostienen en parte en la dependencia del poder adulto en todas sus formas, pero en especial en la sexo-afectiva y la psicopolítica.

No podemos aclarar la diferencia cualitativa que enfrenta al concepto de sexualidad que vertebra la política de revolución sexo-afectiva y ética de muchas izquierdas con los conceptos burgueses y reformistas de sexualidad del capital. La burguesía sabe que la libertad sexual y afectiva en su pleno sentido, mina las raíces de su propiedad privada, porque la primera supone libertad política revolucionaria y la segunda, la burguesa, alienación y fetichismo. Ahora, no solo el fascismo sino el grueso del amplio movimiento psicopolítico reaccionario arriba descrito atacan con extrema violencia las luchas por la libertad sexual y afectiva para mantener un orden inconciliable con ella mediante una estrategia de natalidad destinada a producir carne de cañón y fuerza de trabajo sumida. Un ejemplo entre millares nos lo ofrece la joven Rosa Luxemburg en 1894, con sus 23 años de edad, ponían en dificultes a los reformistas en los debates de la II Internacional. Con el tiempo, sería objeto de insultos por el reformismo kautskyano y en enero de 1919, asesinada junto a cientos de comunistas por la alianza entre socialdemócratas y proto-nazis.

El avance del nazifascismo fue facilitado no sólo por estas estrategias, sino también por el resurgimiento del poder adulto en las izquierdas que reprimió la sexpol precisamente cuando mostraba su tremenda efectividad antifascista. La independencia organizativa de la juventud trabajadora es antagónica con el poder adulto, y la disciplinarización vertical y burocrática de la juventud revolucionaria fue y es una de las razones más poderosas que explican el avance del reaccionarismo en general y del fascismo. Como le sucedió a Lenin en otras muchas de sus propuestas, también fue abandonada la de su defensa radical de la independencia juvenil, de noviembre de 1916:

«Se sobreentiende que aún no hay claridad teórica ni firmeza en el órgano juvenil y quizá nunca la haya, precisamente porque es un órgano de la juventud impetuosa, burbujeante, indagadora. […] Una cosa son los adultos que confunden al proletariado, que pretenden guiar y enseñar a los demás; contra ellos hay que luchar despiadadamente. Otra cosa son las organizaciones de la juventud, que declaran de forma abierta que aún están aprendiendo, que su tarea fundamental es preparar cuadros de los partidos socialistas. A esta gente hay que ayudarla por todos los medios, encarando con la mayor paciencia sus errores, tratando de corregirlos poco a poco, sobre todo con la persuasión y no con la lucha. No pocas veces sucede que los representantes de las generaciones maduras y viejas no saben acercarse como corresponde a la juventud que, necesariamente, está obligada a aproximarse al socialismo de una manera distinta, no por el mismo camino, ni en la misma forma, ni en las mismas circunstancias en que lo han hecho sus padres. Por lo tanto, entre otras cosas, debemos estar incondicionalmente a favor de la independencia orgánica de la unión juvenil, y no sólo porque esta independencia sea temida por los oportunistas, sino por la esencia misma del asunto. Porque sin una total independencia, la juventud no podrá formar de sí misma buenos socialistas ni prepararse para llevar el socialismo hacia delante».

Lenin sabía de lo que hablaba porque fue la impresionante capacidad creativa de la juventud la que varias veces salvo de la extinción al bolchevismo por los golpes policiales, como veremos luego. Por razones de espacio, debemos llegar hasta 1935 cuando presionada por la realidad, la Internacional Comunista en palabras de Dimitrov hace este llamado a la juventud revolucionaria:

«¡Sed valientes, independientes y llenos de iniciativa! […] No debéis esperar, como la Internacional de las Juventudes Socialistas, permiso de “arriba” antes de poder apoyar al frente unido […] la unidad de la juventud à nivel de base de la Internacional Comunista de la Juventud disfruta y continuará disfrutando, en todas las oportunidades, de un desarrollo independiente de su movimiento revolucionario y resolviendo los problemas de este movimiento […] Camaradas, deben estudiar, estudiar y mientras tanto luchar. Combinen sus actividades prácticas cotidianas con un profundo estudio de las fuentes originales del marxismo-leninismo, pues sin la teoría revolucionaria no puede haber una práctica revolucionaria».

La independencia organizativa de la juventud no era sólo un problema de Europa: en los EEUU Trotsky tuvo que defenderla a finales de 1938 del poder adulto de la izquierda:

«Como lo demostró la experiencia europea, esta crítica situación de la joven generación, unida a la falta de tradición, de educación sindical, de elecciones democráticas, a la no adhesión a ningún partido, le convierte en carne de cañón de los fascistas. ¿Qué demuestra esto? Que la juventud exige soluciones radicales. Creo que es un hecho muy importante que los jóvenes, a los que socialmente se transforma en parias, que no pueden sentir ninguna adhesión social o política al régimen, que son muy audaces por la sola razón de su corta edad, que no tienen tradiciones conservadoras, exijan soluciones radicales. ¿Quién brindará una dirección a esta juventud? ¿Nosotros o los fascistas? […] Es mejor postergar que dirigir burocráticamente […] cuando luchábamos contra el zarismo en la ilegalidad, cada vez que arrestaban a la dirección los presos pensaban que se había perdido todo. Pero cada vez que esto sucedía la organización avanzaba, porque los jóvenes eran buenos y capaces, pero estaban un poco oprimidos por la autoridad del comité ilegal, ya que nadie podía controlarlo. Estoy seguro que nuestro problema principal es cómo renovamos la juventud a partir de la juventud».

Trotsky tuvo que defender de nuevo la necesidad de la independencia juvenil: «Me parece que a la juventud se le orienta con una firmeza demasiado excesiva, que no siente su independencia y su derecho, no sólo a obedecer, sino a cometer sus propios errores y estupideces, sin dejar que esta prerrogativa sea exclusiva de nosotros, los más viejos. Supongo que esta dirección demasiado fuerte no estimula la iniciativa local e individual, y que esta es una de las razones que explican las pérdidas que el año pasado tuvimos en la juventud». Y en otro texto: «¿Cómo puede educarse la juventud sin una cierta cantidad de confusiones, errores y luchas internas que son sean infiltrados por “los viejos” sino que surjan de su propio desarrollo natural? Me parece que en la organización juvenil los miembros de experiencia del partido piensan, hablan, discuten y deciden en nombre de la juventud y que ésta debe haber sido una de las razones por las que perdimos gente el año pasado».

Debemos concluir aquí el rápido vistazo a la defensa de la independencia juvenil que ha realizado el marxismo ante en el tsunami fascista, pero queremos hacer una referencia justa a Mao, quien también defendió la independencia creativa de la juventud rebelde aunque sin entrar a fondo al problema: en 1939, citando a Hitler, Mussolini y otros reaccionarios chinos que, como los anteriores, tergiversaron burdamente el socialismo para atraer a sectores ignorantes de las masas y de la juventud, Mao alabó la iniciativa del estudiantado y de la juventud trabajadora que se sublevó contra el poder: la juventud era la «vanguardia» de la revolución.

2) Historia del fascismo en el Estado, su importancia para el proyecto español

Hemos visto que en lo referente a la juventud trabajadora, el genérico fascismo tiene tres puntos comunes a todas sus expresiones: la opresión de la mujer, la educación reaccionaria y la familia patriarcal, todo ello unido por el rechazo de la independencia juvenil. Hemos dicho que había otro componente opresivo: la opresión nacional sobre la juventud trabajadora de otros pueblos. Fue en 1929 cuando Giménez Caballero publicó el primer texto en el que el falangismo estaba envuelto en resonancias fascistas, pero la derecha política y cultural no le prestó apenas atención. En la primera mitad de 1931 surgieron en Madrid y Valladolid tres grupos de extrema derecha con simpatías hacia el fascismo, pero tampoco crecieron.

En 1931 intelectuales reaccionarios se unieron al españolismo de Ortega y Gasset. El ‘orteguismo’ fue una de las líneas que daban cuerpo estratégico a la recomposición de las derechas, que recuperaron el gobierno a finales de 1933, poco después de que se creara la Falange. El «bienio negro» que duró hasta marzo de 1936, fue represivo en extremo, tanto que propició la Insurrección de Octubre de 1934, en la juventud trabajadora de varios pueblos, sobre todo el asturiano, tuvo un papel heroico pese a la derrota sangrienta. Durante ese tiempo, las derechas elaboraron el Manifiesto del Bloque Nacional en diciembre de 1934, que alumbraba el camino del golpe militar y el grueso de su ideología. Todo esto arrinconaba a la Falange que sólo empezó a crecer en otoño de 1936, cuando se afiliaron arribistas ansiosos de riquezas que esperaban obtener sumándose al ejército siendo sus matarifes de retaguardia. Las líneas gruesas del Manifiesto están presentes hoy en el derechismo y fascismo español.

En este contexto, para 1932 existía en Vigo un centro cultural con ideas próximas al fascismo, centro que facilitaría la creación de un grupo en 1933 que sería la base sobre la que intervendría el cónsul nazi en la ciudad desde el año siguiente. Desde julio de 1936 este fascismo autóctono fue una de las fuerzas más crueles que machacaron a su propio pueblo. En 1931 el término faixisme integraba a los grupos de extrema derecha que pululaban por Barcelona. En los años ’20 en Bilbo, Donostia, etc., intelectuales derechistas loaban la cultura romana y modas estéticas que abrían puertas al fascismo que se unificaría en 1937. De la misma forma que la gran burguesía alemana apoyó económicamente a Hitler, la poderosa patronal vasca hizo lo mismo con estos grupos incluso cuando, simultáneamente a los pistoleros del PSOE, y con la colaboración silenciosa del gobierno republicano español, tiroteaban a los nacionalistas vascos.

Mientras tanto, los militares preparaban la sublevación después de su primer fracaso en 1932. A los pocos días de iniciar la de 1936 crearon en Burgos la Junta de Defensa Nacional, que en los primeros meses fue una cueva de luchas fraccionales para ver quien terminaba mandando, pero los carniceros militares africanistas auparon a Franco gracias a la astucia de su cuñado Serrano Suñer, un nazifascista fanático. Con el poder en la mano, bendecido por la Iglesia, Franco impone el Decreto de Unificación en 1937 por el que todas las diversas fuerzas aceptan al Caudillo como Führer. El grupo nazifascista dirigido por Serrano Suñer dirige las estrechas relaciones con tres dictadores: Hitler, Mussolini y Salazar… La Falange obedece después de sufrir una fuerte represión física y política: se le integra en una nueva organización que distaba mucho de su visión inicial.

El franquismo, oficialmente creado en 1937, fue un sistema de terror en manos del dictador bendecido por la Iglesia que daba total libertad al impune clientelismo corrupto de la burguesía, por ejemplo: hasta 1958 los Consejos de Ministros se hacían sin agenda ni secretario que levantase actas, desdén inconcebible en otros Estados fascistas. Las «familias del régimen» se apuñalaban en silencio para obtener los favores del dictador. La casta militar era recompensada con rentables cargos políticos, administrativos y económicos. La educación, la familia, parte de la sanidad, el grueso de la cultura y mucha prensa, etc., eran casi monopolio de la Iglesia. La nueva Falange creada desde 1937 controlaba buena parte del sindicalismo orgánico y de la administración, conservaba poder mediático en declive, pero había ido perdiendo poder efectivo de Estado desde 1943, en 1945 se derogó la obligatoriedad del saludo fascista impuesto en 1937, y sobre todo desde 1959 cuando los «tecnócratas» accedieron al gobierno: pero el Ejército nunca ha perdido o debilitado su incontrolable poder. Pero esta adaptación forzada a los cambios en la IIGM nunca llegó a la renuncia y a la denuncia del nazifascismo por la dictadura franquista

El fascismo español, mezcla de franquismo, nazismo y catolicismo tridentino, se expresa como mística y práctica pública en aspectos decisivos. Lo atestiguan, además de los impunes grupos militantes y su prensa; además de las estructuras de poder estatal nunca depuradas de su fascismo español, también lo atestiguan los monumentos, calles y plazas, muros e interiores de iglesias, cuarteles y centros oficiales como «instrumentos de nacionalización» española. Pero sobre todo el hecho de que las otras dos ramas del tronco nacionalista español: la constitucionalista, y la de «izquierda» son incapaces de romper simbólica y prácticamente con la fascista que, por ello, sabe que puede endurecer sus exigencias e incrementar su base ante la pusilanimidad de las otras dos ramas del españolismo.

3) Repaso histórico por la respuesta antifascista

Las respuestas antifascistas son consustanciales a la lucha revolucionaria incluso antes de que surgiera el fascismo en su sentido abarcador: la resistencia del proletariado alemán contra los Freikops protonazis desde finales de 1918, o las acciones contra el ascenso fascista italiano poco después así lo indican. Se ha silenciado la resistencia antinazi desde 1933 en el interior de Alemania, en ascenso desde 1943/44 y fuerte desde 1945, resistencia organizada también en campos de concentración, por difícil que sea imaginarlo. Nada más llegar los aliados burgueses a Alemania, comenzó la presión contra el movimiento antifascista para que no se siguieran ocupando fábricas, y para que fueran devueltas a la patronal exnazi las recuperadas.

Las guerrillas europeas, dirigidas mayoritariamente por comunistas y antifascistas de izquierdas, planteaban en realidad modelos nacionales contrarios a los de las burguesías masivamente colaboracionistas por activa o por pasiva con el ocupante. Para abortar esta lucha de clases en ascenso que podría destruir el capitalismo europeo desde una de sus bases históricas, el Estado-nación burgués, los EEUU, Gran Bretaña, la Francia gaullista y las burguesías «democráticas» y ex colaboracionistas, elaboran una estrategia político-militar doble: por un lado, derrotar a las izquierdas y a sus guerrillas, y por otro, precisar los planes de comienzos de 1945 para atacar más adelante a la URSS con el empleo de bombas atómicas.

La OTAN, el Plan Marshall y otras instituciones tenían este doble objetivo que, a su vez, integraba en ese esfuerzo a muchos jueces, policías, militares, funcionarios, etc., fascistas y nazis, a las iglesias y a toda la burguesía como clase, lo mismo que en Japón. La OTAN recurrió a las mafias y al terrorismo para apuntalar la «democracia», debilitar a las izquierdas político-sindicales y socioculturales, y atacar a la URSS. Pero el imperialismo tenía una baza en su poder: los acuerdos con la URSS para después de la IIGM obligaron a buena parte de las y los comunistas a aceptar la dirección burguesa al menos hasta 1948, dando así al capitalismo europeo una valiosa tregua de cuatro años durante la que preparó su contraofensiva keynesiana, militarista y anticomunista. Un terrible ejemplo lo tenemos en el aplastamiento de la revolución en Grecia en 1946/49.

En el Estado español desde 1931 se producen choques duros entre bandas fascistas y grupos de izquierda, en un contexto de crisis total: socioeconómica, obrera y campesina agudizada por la crisis de 1929; entre el nacionalismo español y los derechos de las naciones no españolas; entre la laicidad popular en ascenso y el fanatismo de la Iglesia, como se comprobó con el derecho al divorcio, a la educación, etc.; entre la urgencia por modernizar el ejército y los intereses reaccionarios de la poderosa casta militar; entre la urgencia por modernizar el capitalismo, y las resistencias de terratenientes y facciones burguesas antiguas…

Los rumores sobre otra próxima sublevación militar empezaron a correr desde el mismo marzo de 1936 y fueron apuntando hacia verano como fecha límite. La república apenas tomó medidas para desmantelarlo. A las pocas horas de la sublevación, el gobierno quiso negociar y comprar a los sublevados, tardó en reaccionar y retrasó días el reparto de armas a los pueblos trabajadores, varios de los cuales se insurreccionaron, tomaron el poder e intentaron avanzar a la revolución. Se lo impidieron al menos cuatros obstáculos: la relativa debilidad de sus organizaciones; la fuerza del franquismo ayudado por el nazifascismo; el boicot de las «democracias occidentales» a la II República; y la exigencia de la URSS de que, a pasar de la Brigadas Internacionales, primero había que ganar la guerra aliándose con la burguesía y luego hacer la revolución, por lo que había que devolver las fábricas, campos y propiedades a la burguesía. En base a esto, desde 1937 se reforzó el nacionalismo español republicano y entre mayo y agosto se acabó con las revoluciones en Catalunya y Aragón.

Salvo honrosas excepciones, desde 1937 la heroica lucha antifascista estuvo amputada en su esencia revolucionaria e internacionalista antagónica con el marco de acumulación de capital llamado España, porque las dos ramas del nacionalismo republicano asumían que hay que pactar con la «burguesía democrática». Oficialmente desde 1978 a esa exigencia se le sumó primero la genuflexión ante la monarquía militar, la unidad del Estado y la salvaguarda de la propiedad capitalista; y poco después ante la OTAN y la Unión Europa. Destruir la independencia política del proletariado, de los pueblos oprimidos y en especial de su juventud, era un requisito obligado en esta aceptación de la dependencia del Estado hacia capital transnacional, la UE y el euroimperialismo.

Otro requisito incondicional era abandonar la lucha antifascista, cosa que el PCE hizo descaradamente con su «reconciliación nacional» española. La «democracia» no es antifascista y por tanto el proyecto estratégico de la derecha dura y pura expuesto en el Manifiesto del Bloque Nacional de 1934 no tiene oposición seria alguna que superar porque las dos ramas menores del nacionalismo español se mueven en la misma cárcel simbólica capitalista, variando sólo el color y la forma de algunas hojas que ayudan a dar una imagen democrática y hasta progre. El globo sonda de España 2050 del PSOE es eso, un globo de observación para ver cómo mantener el gobierno del Estado con alianzas soberanistas y reformistas sin desatar al monstruo del Manifiesto de 1934.

4) ¿Cuál es el papel de la juventud? ¿Cuál es el papel de las naciones sin Estado?

La mejor forma de responder a la pregunta sobre el papel de la juventud de las naciones oprimidas es, primero, conocer qué futuro le espera a ella y a su pueblo dentro del Estado. Para conocerlo debemos estudiar el movimiento de las contradicciones de la realidad, recordando el consejo de Dimitrov a la juventud trabajadora: estudiar, estudiar y mientras tanto luchar, porque sólo así podremos activar la lucha de masas que es la única vacuna contra el fascismo, cuyos elementos característicos actuales son:

-Rechazo a la inmigración, señalando a las trabajadoras y trabajadores inmigrantes como chivo expiatorio. -Ultranacionalismo español, discurso recentralizador y una receta clara ante las tensiones nacionales periféricas: la represión.-Antifeminismo, aderezado con negacionismo de la violencia de género.-LGTBIfobia, que, junto a la cuestión de género, refleja la influencia del tradicionalismo católico.-Antipolítica, enmascarado con una pátina de “denuncia de la corrupción”.-Antisindicalismo, buscando dividir a la clase obrera.-Ultraliberalismo económico.-Anticomunismo, aplicando la etiqueta “comunista” a un amplísimo espectro de fuerzas sociales y políticas.

Esta es una sucinta pero válida lista de opresiones contra las que debe luchar la juventud, sabiendo que el fascismo tiene a su favor el que las tres ramas del nacionalismo español jamás aceptarán la ruptura de su Estado, la independencia de las naciones que éste oprime. Desde los grupúsculos de «izquierda» que niegan que existan otras naciones que no sean la española, hasta los grupúsculos más abiertamente fascistas que Vox, pasando por los constitucionalistas y republicanos que dicen que «todos los españoles» tienen derecho a decidir el futuro de tal o cual «región» o «nacionalidad» de España como «nación de naciones», todos ellos niegan el derecho/necesidad de la autodeterminación de los pueblos.

Encadenados al Estado, los pueblos oprimidos no pueden mejorar esencialmente sus condiciones de malvivencia en la actual crisis porque la estructura del Estado impone desde España las decisiones vitales: es el gobierno central el que decide quién, cuánto, cómo, cuándo, etc., recibirá parte de las «ayudas» de la Unión Europea, y cómo debe devolverlas cada pueblo obrero, teniendo siempre en cuenta que la prioridad última y primera es la recuperación de la «crisis de España», de la «economía española», tal y cual insiste machaconamente el gobierno desde hace más de un año.

Dada la gravedad novedosa de la crisis mundial que expusimos en el primer artículo, debe decirse que las soluciones que está pensando la Unión Europea no se diferencian en lo sustantivo de las yanquis, y que en lo esencial tampoco de las que proponen sectores duros de la derecha dura, como veremos luego. A las naciones oprimidas se nos niega por la fuerza todo recurso efectivo para decidir sobre nuestro futuro, en un momento en el que incluso sectores del capital advierten de que no hay que caer en la euforia de un milagro económico.

Ya que el debate trata sobre fascismo, debemos conocer más en detalle las múltiples formas en las que presenta el «bloque nacional» español en la actualidad, porque el capitalismo ha variado desde 1934, y en la actualidad desde los sofisticados neocón de corbata y sonrisa tolerante hasta el nazismo más burdo, matón y racista penetran en los entresijos de la complejidad social con más medios que entonces. La derecha dura, nucleada ahora alrededor del aznarismo y la FAES, intenta atar en corto a Vox para reforzar la unidad política de la derecha dura avanzando por la senda de Madrid.

Una diferencia muy grande entre el Manifiesto del Bloque Nacional de 1934 y el presente es la mundialización capitalista, el desarrollo de las fuerzas productivas pero también destructivas, la importancia del capital financiero y del ficticio, el estallido de la crisis socioecológica como efecto de la irracionalidad imperialista, el salto cualitativo en la gravedad de las crisis estructurales del capitalismo al irrumpir la devastación sociosanitaria de la Covid-19 debido al exacerbamiento del antagonismo entre la naturaleza y el capital, etc. Debemos hacer hincapié en cómo el fascismo utiliza las nuevas tecnologías de alienación de masas en su propaganda. Pues bien, por ello mismo el antifascismo de las naciones oprimidas ha de saber qué sigue uniendo al fascismo y a las extremas derechas ahora, qué ha variado qué permanece como decisivo.

Por ejemplo, y tomando como referencia inexcusable la involución autoritaria en Alemania por cuanto cuna del nazismo, vemos cómo una parte de su burguesía intenta normalizar del nacionalismo pangermanista, base del imperialismo nazi, mientras que a la vez se ilegaliza al Partido Comunista ampliando las represiones contra el movimiento comunista en su conjunto Si extendemos la mirada a los EEUU por cuanto cuna del imperialismo, del racismo «científico» (¿?) y del socialdarwinismo, que los nazis adaptaron a Europa, vemos cómo allí también el fascismo y la extrema derecha han creado una nueva imagen para aumentar su penetración social. Todo esto nos lleva al impulso yanqui en la era Trump para crear «movimiento» internacional de extrema derecha mucho más homogéneo que el Eje formado por nazis, fascistas y japoneses, más otras fuerzas menores en la IIGM.

Si bien el fascismo y el «bloque nacional» es el mayor peligro para las naciones oprimidas, la juventud trabajadora no ha de subvalorar las otras dos ramas del tronco español porque ahora mismo, y posiblemente durante seis años más, son las que estrujan a sus pueblos: no vaya a ser que el árbol impida ver el bosque. Como hemos dicho arriba, no existe diferencia cualitativa alguna entre las diversas propuestas burguesas para descargar la crisis sobre la humanidad trabajadora. Esta es la brújula que debe orientar a la juventud trabajadora: la lucha nacional de clase contra el capital para la conquista de la independencia obrera en el avance internacional al socialismo. Para ello, es vital la independencia organizativa y política de la juventud trabajadora. Nada de lo que estamos debatiendo servirá si no nos centramos en la necesidad de la organización.

Fijémonos en tres cosas: una, las revoluciones triunfantes han sido de liberación nacional de clase. Dos, las luchas de clases que pese a sus avances no dieron el salto a la revolución, dedicaron poca atención al esfuerzo de crear una nación obrera antagónica con la burguesa, que terminó reforzando la suya, la dominante. Y tres, en donde las izquierdas han menospreciado las complejas contradicciones de los sentimientos nacionales, han dominado las derechas y hasta ha triunfado el nazifascismo. Es tarea de la juventud obrera autoorganizarse ella para organizar la independencia socialista de su pueblo, tarea que a su vez es el mejor internacionalismo proletario.


Fuente → rebelion.org

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Antifascismo y juventud. El caso del Estado español Rating: 4.5 Diposkan Oleh: La Voz de la República
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