Proyecto Faq Reseña de la segunda edición de Los Amigos de Durruti. Historia y antología de textos

martes, 15 de junio de 2021

Reseña de la segunda edición de Los Amigos de Durruti. Historia y antología de textos

Reseña de la segunda edición de Los Amigos de Durruti. Historia y antología de textos

Libro escrito por Agustín Guillamón. Ediciones Descontrol, 2021.

Este libro de historia se ocupa de cuestiones de teoría revolucionaria. Se trata de una historia local sobre una pequeña organización, durante un período muy breve e intenso (1936-1939); pero plantea las cuestiones fundamentales del proceso revolucionario español, y, por lo tanto, los interrogantes esenciales de cualquier revolución.

Sin la teorización de las experiencias históricas del proletariado revolucionario no existiría teoría revolucionaria. Y sin teoría no hay revolución posible. Este libro intenta conocer, comprender y teorizar esa experiencia y aspira a ser una lectura imprescindible para la reflexión militante y el pensamiento crítico.

La Agrupación de los Amigos de Durruti constituyó una seria y rigurosa oposición revolucionaria a los comités superiores de la CNT y de la FAI que, desde el triunfo de la insurrección obrera del 19 y 20 de julio habían optado por instaurar el Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA). Ese CCMA era, en acertadísima definición de la Agrupación, un organismo de colaboración de clases, sin otro programa que el de la unidad antifascista con el objetivo único de ganar la guerra.

El balance histórico del CCMA fue catastrófico para los revolucionarios: la formación de un ejército de milicianos voluntarios se transformó, a los pocos meses, en un ejército burgués tradicional. Se pasó de la expropiación espontánea por el proletariado de fábricas, empresas, campos y talleres a una colectivización que se convirtió, en la práctica, en un capitalismo de gestión sindical y planificación estatal por parte del gobierno burgués de la Generalidad. La situación revolucionaria de unos comités de defensa, de control, de abastos, de milicias, etcétera, que detentaban todo el poder local, sustituyendo al Estado en todas sus funciones, desembocó finalmente en la disolución de esos comités locales, en favor del restablecimiento de los ayuntamientos frentepopulistas.

Juan García Oliver quiso imponer la dictadura de una minoría dirigente, de una vanguardia que sustituía al proletariado. Del mismo modo que Lenin implantó la dictadura bolchevique, García Oliver propugnaba una “dictadura anarquista”. El rechazo de esa dictadura por parte de los sindicatos de la CNT, en los primeros días de la revolución, decidió la balanza en favor de la colaboración cenetista con las demás fuerzas antifascistas, entre las que se encontraban los estalinistas y varios partidos burgueses. Esta colaboración antifascista y gubernamental se demostraría fatal para el proceso revolucionario abierto en julio de 1936.

Mientras tanto, en las calles y fábricas de Barcelona, los trabajadores y el pueblo, en su mayoría de militancia y simpatía confederales, actuaron autónomamente, asumiendo todas las tareas del momento: expropiaron las fábricas, formaron colectividades, controlaron la economía, proveyeron y alimentaron pueblos y ciudades, formaron milicias para derrotar al fascismo allí donde había triunfado, profundizando y extendiendo la revolución social en curso, sin renunciar nunca al propio programa revolucionario. Y con su práctica expropiadora y su instinto de clase pusieron en práctica, a nivel local, la inmediata destrucción del Estado y de las relaciones sociales capitalistas.

Sin embargo, los comités superiores cenetistas, que habían renunciado a todo, esto es, a la revolución y a los principios anarquistas, no sólo respetaron las instituciones estatales, sino que contribuyeron a su reconstrucción y fortalecimiento. Esa renuncia a los principios suponía un desarme político absoluto y suicida, porque los principios son las armas de la revolución.

¿Por qué tantos anarquistas de elevada formación teórica y probada militancia revolucionaria se contentaron con las expropiaciones y las milicias, dejando intacto el aparato estatal, que más tarde les aplastaría? La respuesta nos la dan Los Amigos de Durruti: faltó una teoría revolucionaria, se renunció a todo y se asumió el programa de unidad antifascista de la burguesía republicana.

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Las principales aportaciones teóricas de la Agrupación al pensamiento anarquista y revolucionario pueden resumirse en estos tres puntos:

1.- La necesidad de un programa revolucionario, claro y preciso, defendido por los fusiles. Todo el poder económico es gestionado por los sindicatos.

2.- Las revoluciones son totalitarias o fracasan. Totalitaria significa que abarca todos los campos: político, social, económico, cultural. Una revolución no puede estancarse sólo en la gestión de la economía, como sucedió en España. Y también señala la necesaria represión violenta de la contrarrevolución burguesa y la inevitable necesidad de una dirección revolucionaria durante la insurrección y en la primera fase del proceso revolucionario.

3.- La sustitución del gobierno de la Generalidad por una Junta Revolucionaria, que es entendida como un organismo revolucionario unitario de la clase obrera, esto es, un organismo clasista dispuesto a destruir al Estado mediante la usurpación y ejercicio, o anulación, de todas sus funciones, opuesto a la colaboración de clases, sin participación de la burguesía ni de los estalinistas, y sin colaboración de ningún tipo con el aparato estatal.

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La Junta Revolucionaria, que jamás llegó a ponerse en práctica, era todo lo contrario a lo que históricamente se instauró: el CCMA.

El tradicional apoliticismo anarquista hizo que la CNT careciera de una teoría de la revolución. Sin teoría no hay revolución, y “no tomar el poder” significó dejarlo en manos del Estado capitalista. Para la Agrupación el CCMA fue un órgano de colaboración de clases, y sólo sirvió para apuntalar y fortalecer al Estado burgués, que desde los comités superiores no se quiso ni se supo destruir. De ahí la necesidad, propugnada por Los Amigos de Durruti, de constituir una Junta Revolucionaria, capaz de coordinar, centralizar y fortalecer el poder de los múltiples comités obreros, locales, de defensa, de empresa, de abastos, etcétera, que fueron los únicos detentadores del poder local entre el 19 de julio y el 26 de setiembre. Un poder atomizado en múltiples comités, que ejercían localmente todo el poder, pero que, al no federarse, centralizarse y fortalecerse entre sí, fueron canalizados, debilitados y transformados por el CCMA en ayuntamientos frentepopulistas, direcciones de empresas sindicalizadas y batallones de un ejército republicano. Sin la destrucción total e inmediata del Estado capitalista, las jornadas revolucionarias de julio del 36 no podían dar paso a una nueva estructura de poder obrero. La degeneración y el fracaso final del proceso revolucionario eran inevitables. Sin embargo, el enfrentamiento entre el anarquismo de Estado y reformista de los comités superiores de la CNT-FAI y el anarquismo revolucionario de Los Amigos de Durruti y de los comités de barrio, no fue lo bastante preciso y contundente como para provocar una escisión que clarificara las posiciones antagónicas de ambos.

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Derrotismo revolucionario

El libro expone uno de los episodios más bellos de derrotismo revolucionario en la historia del movimiento obrero. A finales de febrero de 1937, en la Cuarta Agrupación de Gelsa de la Columna Durruti, mandada por Pablo Ruiz, ochocientos hombres decidieron abandonar el frente, armados, para bajar a Barcelona a luchar por la revolución. En marzo, se afiliaron en su inmensa mayoría a la Agrupación de los Amigos de Durruti. En la primera semana de mayo estaban combatiendo en las barricadas barcelonesas contra estalinistas, republicanos y el Gobierno burgués de la Generalidad.

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Durante la guerra civil, el proyecto político del anarquismo de Estado, constituido como un partido antifascista más, utilizando métodos de colaboración de clases y de participación gubernamental, organizado burocráticamente con el objetivo principal de ganar la guerra al fascismo, fracasó estrepitosamente en todos los terrenos; pero el movimiento social del anarquismo revolucionario, organizado en comités revolucionarios de barrio, locales, de control obrero, de defensa, de abastos, etcétera, constituyó los embriones de un poder obrero que alcanzó cotas de gestión económica, de iniciativas populares revolucionarias y de autonomía proletaria, que aún hoy iluminan y anuncian un futuro radicalmente diferente a la barbarie capitalista, el horror fascista o la esclavitud estalinista.

Y aunque ese anarquismo revolucionario sucumbió finalmente a la represión coordinada y cómplice del Estado, de la burguesía, de los estalinistas y de los comités superiores, nos legó el ejemplo, la reflexión y el combate de algunas minorías, como Los Amigos de Durruti, las JJLL de Cataluña y determinados grupos anarquistas de la Federación Local de Barcelona, que nos permiten teorizar hoy sus experiencias, aprender de sus errores y reivindicar su lucha y su historia.

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Mientras algunas simplonas interpretaciones del pensamiento y la actividad de la Agrupación de los Amigos de Durruti sostienen la tesis de una “revolución traicionada” por los líderes libertarios (con las excepciones de San Durruti, San Balius y algún otro), sin respuesta alguna por parte de una militancia mema, pasiva y manipulada, Guillamón explica que la dejación de principios de los comités superiores condujo a la CNT-FAI a adoptar una ideología de unidad antifascista, sin más objetivo que el de ganar la guerra al fascismo. Esa dejación de principios provocó una enconada oposición revolucionaria, interna e internacional. La pueril tesis de “la traición” no explica nada; la tesis de la sustitución de los principios ácratas por la ideología de unidad antifascista lo explica todo coherentemente y hace encajar todas y cada una de las piezas del puzle. Los comités superiores cenetistas fueron cómplices necesarios, imprescindibles y decisivos del partido de la contrarrevolución.

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Reflexión intempestiva

A más de 80 años de distancia, la lección del fracaso de la revolución en la Barcelona de 1937 nos permite comprender que una revolución no sólo debe ser a la vez económica y política, sino que debe ser total, es decir, a la vez antieconómica y antipolítica, y tapiar así cualquier posibilidad de restauración del poder del capital. Antieconómica porque no se limita a las colectivizaciones o la socialización, ni cae en el productivismo, sino que suprime el trabajo asalariado y la plusvalía. Antipolítica porque se organiza en consejos obreros que destruyen todas las estructuras estatales y suprimen todas las fronteras, por lo que esa revolución es necesariamente de ámbito internacional.

Pero no solo existieron Los Amigos de Durruti. En el bloque revolucionario debemos considerar, además, a la izquierda del POUM (Josep Rebull), a la SBLE de Munis, y a la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista Internacional (bordiguistas). Estos grupos revolucionarios dieron diversas respuestas frente al avance imparable de la contrarrevolución y elaboraron análisis, más o menos brillantes y válidos, sobre el proceso revolucionario en retroceso. Pero su influencia en el movimiento obrero y revolucionario fue nula.

En el seno del movimiento anarquista también surgieron distintas fracciones con respuestas y análisis diversos de la situación revolucionaria: los comités de defensa de las barriadas desde su órgano Alerta! (publicado por Amador González, Ángel Carballeira, Daniel Sánchez, José Rasal y Alfonso Nieves Núñez), hasta distintos grupos de la Federación Local de Barcelona de la FAI, empezando por su secretario Julián Merino, fuertemente sostenido por el Sindicato de Transportes de Barcelona, quien en el verano de 1937 planeó una huelga general contra la represión antilibertaria, que desbancase a los estalinistas de las instituciones.

Los Amigos de Durruti no fueron, pues, el único grupo enfrentado a la deriva colaboracionista de los comités superiores de la CNT-FAI, ni tampoco la única oposición revolucionaria que surgió en el seno del propio movimiento libertario, aunque sí fueron la oposición más visible y organizada. También fueron el grupo que elaboró una teoría más consistente y que publicó un órgano de mayor difusión, aunque no fueron, ni de lejos, quienes mayor fuerza tenían entre los sindicatos (Julián Merino) y los comités de defensa (Ángel Carballeira, Amador González, Nieves Núñez), que elaboraron por su cuenta, de forma muy autónoma, su propia oposición revolucionaria teórica, y sobre todo práctica, a los comités superiores.

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Antología de textos

La mitad de las páginas del libro presentan una amplísima antología de textos de Los Amigos de Durruti, clasificados en tres categorías: correspondencia de Balius, artículos periodísticos de Balius y otros miembros de la Agrupación, y, finalmente, el folleto Hacia una nueva revolución.

No existe ningún otro libro que recoja una antología tan extensa de escritos de la Agrupación. Historia y antología no solo se complementan, sino que encauzan la narración histórica inevitablemente hacia un rigor interpretativo marcado por los textos originales.

Conclusiones

Casi todos los libros sobre la Guerra civil española citan, con mayor o menor conocimiento y oportunidad, a la Agrupación de los Amigos de Durruti. Solo tres o cuatro se propusieron el estudio en profundidad de la Agrupación, con estudios ya lejanos y obsoletos, sin apenas datos de archivo, o sustentando hipótesis pueriles, como la traición de los líderes y su manipulación de una militancia mema y pasiva.

Solo el libro de Agustín Guillamón, editado por Descontrol, y actualizado en 2021 en su segunda edición, incluye una antología documental casi exhaustiva de los escritos más diversos de la Agrupación, así como una compleja, madura y elaborada tesis, rigurosa y racional, que hace encajar todas las piezas del puzle.

Esa tesis explica la permanente dejación de los principios ácratas por los comités superiores cenetistas como resultado de su adhesión a la ideología de unidad antifascista, sin más objetivo que el de ganar la guerra al fascismo. Frente a esa sagrada unidad antifascista, que suponía la renuncia a toda estrategia revolucionaria, la Agrupación de los Amigos de Durruti (entre otras organizaciones) supo oponer y defender una alternativa revolucionaria, tanto teórica como práctica.

Balance. Cuadernos de historia

Barcelona, junio de 2021


Fuente → portaloaca.com

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