Proyecto Faq La extrema derecha y la agenda del miedo

lunes, 31 de mayo de 2021

La extrema derecha y la agenda del miedo

 
La extrema derecha y la agenda del miedo
Álvaro Soler

El contexto actual se presenta como una realidad en riesgo permanente, la crisis del COVID ha aumentado esta percepción de manera exponencial. Sin embargo, la noción del riesgo constante, la inseguridad, la incertidumbre y otras cuestiones relacionadas con el miedo son características de las sociedades de nuestro tiempo.

De esta forma, múltiples sociólogos como Ulrich Beck, Anthony Giddens o Zygmunt Bauman han reflexionado sobre el riesgo, el miedo y la incertidumbre y como estos afectan a las personas y a sus vidas.

Además, los medios de comunicación de masas, el surgimiento de las redes sociales y la comunicación global han propiciado una expansión de los mensajes violentos y negativos, generando en las personas una sensación de riesgo generalizado.

Un contexto que como se abordará a continuación es propicio para la desinformación y la toma de decisiones irracionales, dejando un panorama que beneficia el auge y la consolidación de las posturas políticas de extrema derecha.

La sociedad del riesgo: un concepto para entender la actualidad social

Ulrich Beck en la Universidad de St. Gallen. Autor: Comité de Estudiantes Internacionales, 27/05/2012. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
Ulrich Beck en la Universidad de St. Gallen. Autor: Comité de Estudiantes Internacionales, 27/05/2012. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

El sociólogo Ulrich Beck elaboró el concepto de La Sociedad del Riesgo para describir la fase de la sociedad actual donde los riesgos en el campo político, social, cultural, económico e industrial/tecnológico tienden a ser de carácter cada vez más global y, a su vez, de escapar del control y la gestión que deberían propiciar las instituciones modernas sobre ellos.

De esta manera, los riesgos de la sociedad actual según Beck tienen ciertas características que los diferencian de los contextos de inseguridad de otras épocas.

En primer lugar, los riesgos a los que se enfrenta la sociedad actual suelen ser en muchas ocasiones globales e irreversibles a corto plazo: una catástrofe nuclear, el cambio climático, la degradación medioambiental, etc.

En segundo lugar, existe una especie de mercado económico del riesgo. Los más débiles, los que menos recursos poseen, siempre tendrán más riesgo de sufrir las consecuencias negativas de los acontecimientos globales. Por otra parte, los grupos que se encuentran en una posición social ventajosa podrán aprovecharse de las oportunidades del mercado y sufrir menos los riesgos y la incertidumbre. Esta característica provoca que la sociedad del riesgo sea una sociedad potenciadora de la desigualdad social.

En tercer lugar, Beck observa como la sociedad actual está en un proceso de incertidumbre protagonizado por un vacío político e institucional donde los movimientos sociales como el feminismo, el ecologismo o las reivindicaciones de autonomía territorial surgen como expresión crítica hacia las estructuras y relaciones de poder que se han constituido durante la modernidad.

En cuarto lugar, el sociólogo alemán también apunta a los cambios que la ciudadanía han sufrido en la esfera del trabajo. En la actualidad, con el asentamiento de las políticas neoliberales de flexibilización de la economía, las cuales han afectado al trabajo tanto en sus formas como en sus condiciones, se han producido cambios profundos en las pautas de contratación.

Este proceso se ve reflejado en una flexibilidad laboral plasmada en el aumento de contratos temporales a tiempo parcial, los cuales han roto con la preponderancia de los contratos fijos en el mercado de trabajo, generando un mercado laboral más heterogéneo y provocando un aumento de la inestabilidad laboral.

Asimismo, Ulrich Beck describe una sociedad globalizada donde los riesgos también se han mundializado. El capital y sus lógicas han pasado a dominar todas las esferas de la vida: educación, ciencia, discursos, comunicación, derechos, etc.

En definitiva, Beck propone que es necesario realizar transformaciones profundas en el ámbito económico, político y jurídico para hacer frente a este nuevo contexto presentado por La Sociedad del Riesgo. El sociólogo considera que lo que ahora se percibe como externo a la sociedad, como puede ser el medio ambiente, hay que percibirlo como interno, es decir, como algo propio, y que además el ámbito científico-técnico, que en gran parte provoca el problema, debe replantearse este asunto y convertirse en el punto clave de la solución (siendo este ejemplo extrapolable a las demás esferas; social, económica, política, etc.).

La vida líquida: el riesgo a quedar rezagados según Zygmunt Bauman

El sociólogo polaco fue uno de los mayores pensadores del siglo XXI sobre la sociedad de consumo y la dirección vital que la sociedad ha tomado en estos primeros años de nuevo milenio.

Entre muchos conceptos, el de modernidad líquida se presenta en su obra como uno de los principales sino el principal. Con este término, Bauman apunta cómo en el actual momento de la historia las bases donde se asentaban las instituciones y los ejemplos de vida se enfrentan a un cambio constante.

De este modo, las sociedades modernas han presentado en muy poco tiempo un gran número de cambios, motivados por las transformaciones sucedidas en ámbitos muy diferentes pero que se entrecruzan, como es en la política, la sociedad, la economía, la cultura o la tecnología.

Como tal, desde las ciencias sociales se ha intentado abordar el impacto de todos estos cambios y el funcionamiento de las personas en sociedad como consecuencia de todos ellos.

En este contexto, Bauman hace referencia a que la modernidad líquida conduce inevitablemente a una incertidumbre vitales decir, a no saber hacia dónde se dirige el proyecto de vida personal.

En la sociedad actual, por lo tanto, todas las acciones o estrategias que alguien se plantea enfocadas hacia el futuro envejecen con rapidez y siempre están sometidas al fantasma de quedar obsoletaslo que se traduce en inquietud, inestabilidad, miedo, incertidumbre, etc., con todos los problemas psicológicos y con todo el impacto social que ello supone.

Se vive rápido, se tiene que estar a la moda, formándose constantemente, aprendiendo idiomas, cambiando de trabajo, de ciudad, de amistades y de relaciones sentimentales. La vida se diluye como agua entre las manos, una vida líquida.

Este mismo proceso puede ser entendido en complementariedad con La Sociedad del Riesgo de Ulrich Beck y, aunque tienen matices claramente diferenciados, los dos reflexionan sobre una dimensión característica de la sociedad global actual: el miedo.

Los medios de comunicación y la sensación de miedo global

La sociedad colabora con el miedo, al magnificar la información alarmista de los medios de comunicación. En la foto, Orson Welles, quien desató un ataque de pánico colectivo y miedo en 1938 con su programa de radio La guerra de los mundos. Autor: Carl Van Vechten, 01/03/1937. Fuente: Wikimedia Commons
La sociedad colabora con el miedo, al magnificar la información alarmista de los medios de comunicación. En la foto, Orson Welles, quien desató un ataque de pánico colectivo y miedo en 1938 con su programa de radio La guerra de los mundos. Autor: Carl Van Vechten, 01/03/1937. Fuente: Wikimedia Commons

Los medios de comunicación de masas como la televisión y la radio tienen la capacidad de llegar a una gran cantidad de personas de manera simultánea. De esta forma, su surgimiento supuso un cambio en cuanto a la comunicación política, social, cultural y, en general, humana.

Además, con el surgimiento de la era digital, a los medios de comunicación masivos se les han añadido las redes sociales. Canales de comunicación aun más interactivos, igual o más masivos que los anteriores y, además, donde la sociedad civil tiene mucha más capacidad de participación directa.

Es más que evidente que en este contexto, los hechos, noticias u acontecimientos que puedan generan miedo e incertidumbre acaben provocando aún más angustia por la capacidad de los medios de repetirlos y tratarlos de manera masiva y continuada.

En la actualidad, se observa como los medios de comunicación tienen una agenda mediática repleta de acontecimiento negativos. Acontecimientos que provocan miedo, pues son asesinatos, robos u otras catástrofes de todo tipo. Si bien es cierto que las noticias pierden su vigencia a los pocos días, la gran cantidad de relatos negativos que se escuchan cotidianamente a través de los medios generan una atmósfera de miedo e incertidumbre constante.

Por no mencionar que, a menudo, estos hechos se aderezan de un sensacionalismo atroz, hasta el punto de prolongar desgracias todo lo posible con tal de buscar la tan ansiada audiencia. Un antes y un después en el mundo de los medios de masas significó el tratamiento que se le dio al Caso Alcàsser en España, donde el secuestro, tortura y asesinato de tres adolescentes en la localidad valenciana fue sometido a una inquisición mediática sin precedentes en el año 1993.

De esta manera, en la Sociedad del Riesgo no solo aumenta el riesgo global, sino que también ha aumentado el conocimiento sobre posibles acontecimientos y amenazas. Un conocimiento que muchas veces juega en contra de la objetividad y acaba por generar más miedo o incertidumbre del que realmente hay.

Por ejemplo, uno de los miedos más comunes de la gente es sufrir alguna agresión violenta o asesinato. No obstante, en España las personas asesinadas en 2019 fueron 332 (de una población de 47 millones de habitantes aproximadamente), lo que en términos estadísticos el riesgo es muy escaso. Sin embargo, la gran cantidad de espacio en los medios de comunicación que ocupan los asesinatos genera una sensación irreal de que es mucho más probable sufrirlo.

Así pues, este contexto donde el conocimiento de los riesgos se ha vuelto público y global provoca que el miedo y la incertidumbre vayan copando parte de la opinión y la atención pública.

En este caso, los postulados tanto provenientes de Beck como de Bauman y, en general de la sociología, no apuntan a un proceso conspirativo donde una voluntad quiera mantener el miedo en la población. Más bien se entiende que el aumento de la percepción del miedo es un efecto no calculado causado por el surgimiento de los medios de comunicación de masas y las redes sociales.

No obstante, sí existe un efecto oferta-demanda en cuanto al consumo de información ligada acontecimientos negativos o morbosos. Los espacios comunicativos han perfeccionado y observado como la audiencia consumía de buena gana productos informativos ligados a historias negativas. Esto ha generado que los medios de comunicación de masas se sumerjan en un proceso de exportación global del miedo. Al fin y al cabo, las malas noticias a menudo generan más interés que las buenas.

En la sociedad actual se ha empezado a dar por sentado que lo “normal” es recibir una oleada constante de noticias negativas, poco constructivas e incluso de corte amarillista relacionadas con asesinatos, violaciones, problemáticas ambientales, catástrofes, guerras, etc. dejando de lado en muchas ocasiones toda esa realidad existente que está repleta de acontecimiento positivos. Y, en muchos casos, sin exponer objetivamente toda la información sobre los sucesos, a menudo comprimidos en escasos minutos.

La extrema derecha y su instrumentalización del miedo

La extrema derecha ha sido totalmente consciente de lo descrito en los párrafos anteriores para organizar su estrategia política en las últimas décadas.

De esta forma, si se parte de un punto de vista lo más objetivo posible, se puede argumentar que la política debe basarse principalmente en propuestas para mejorar las condiciones de vida de la gente. No obstante, la ultraderecha no propone soluciones constructivas sino medidas de “protección”.

El imaginario social, cultural y político que plasma la ultraderecha sobre la realidad es un contexto repleto de amenazas, miedo e inseguridad. En este caso, este tipo de partidos saben focalizar de manera muy concreta toda esta atmósfera del miedo e incertidumbre que aflora en la Sociedad de Riesgo descrita por Ulrich Beck.

Esta focalización se ve plasmada en los denominados chivos expiatorios; grupos, ideologías o colectivos que la extrema derecha estigmatiza y culpabiliza de la totalidad de las amenazas o riesgos que las personas pueden sufrir.

La sociedad del riesgo plantea la necesidad de hacer frente a riesgos y amenazas globales
La sociedad del riesgo plantea la necesidad de hacer frente a riesgos y amenazas globales

Por ejemplo, en cuanto al riesgo de sufrir una agresión, un robo o un asesinato la extrema derecha pone en el punto de mira a las personas inmigrantes. La ultraderecha suele acusar a ciertos grupos de inmigrantes (en España la gente de etnia marroquí, en EEUU los latinoamericanos o negros) de ser el motivo de estas problemáticas, y en lugar de proponer soluciones como una mayor integración, prevención o educación para resolver dichos problemas de manera estructural, proponen medidas de “protección” frente a estos grupos poblacionales que utilizan como chivos expiatorios.

Cabe añadir que la mayoría de sus argumentaciones se sostienen a través de bulos, datos falsos o descontextualizados. En el caso español, el partido Vox ha argumentado en muchas ocasiones como las personas inmigrantes procedentes del Magreb eran las que más delinquían en el país, algo que es totalmente falso y que ha sido desmontado en numerosas ocasiones:


De este modo, se puede observar como, por un lado, se instrumentaliza y se intenta canalizar el miedo, potenciándolo. Por otro lado, se intenta vender una supuesta medida de protección para poder paliar ese miedo surgido por una supuesta amenaza que no tiene la magnitud que en muchas ocasiones los votantes de estos partidos creen.

Sin ir más lejos, el lema de campaña de Vox durante las elecciones a la Comunidad de Madrid del 4 de mayo de 2021 fue “Protege Madrid”, y parte de su campaña se centró en los menores extranjeros no acompañados (MENA), a los que culpa constantemente de problemas de delincuencia y de criminalidad muy a pesar de que la totalidad de este tipo de personas en toda la comunidad no llega ni a 300.

De esta manera, la estrategia política de la ultraderecha va dirigida a la parte más irracional de la psique humana, pues las amenazas concretas son más fáciles de digerir que amenazas complejas, multifactoriales y de difícil previsión como: el cambio climático, la degradación medioambiental, la discriminación de género o la desigualdad social, por poner unos ejemplos.

Así pues, toda la agenda política de los partidos de ultraderecha es construida en término de amenazas y nunca sobre posibles retos u oportunidades. Son conscientes de la esfera de incertidumbre y miedo que caracteriza esta época y se aprovechan de ella para su auge político y electoral.

Otro ejemplo se ha visto con el fenómeno de la okupación. A pesar de que el riesgo de que unas personas se apropien del inmueble de un particular aprovechando su ausencia es mucho menor a que lo haga una entidad bancaria, por poner un ejemplo, se ha vendido la necesidad de dar más armas legales a los propietarios para defenderse de lo que se ha vendido como un problema muy grave. Sin olvidar que, por supuesto, el miedo también se aprovecha como modelo de negocio.

La derecha y la extrema derecha, Vox y el Partido Popular (PP) en el caso español, utilizan el discurso de la okupación como arma arrojadiza, desviando la atención de las verdaderas problemáticas sociales, generando en su caso un contexto ficticio donde es muy fácil criminalizar y, sobre todo, prometer seguridad, llegando de esta manera a su único objetivo: obtener votos de cualquier forma posible y beneficiar a las oligarquías que están detrás de la financiación de dichos partidos.

Además de los programas políticos y los propios medios de comunicación con sus relatos sobre las continuas amenazas sobre la seguridad personal, más ejemplos se ven a todas horas (anuncios de alarmas, defensa personal, seguros…) y no solo de temas relacionados con un posible asalto o agresión, si no de otro tipo de inseguridades. Por ejemplo, con los efectos de la vejez (cosméticos, dietas, gimnasios, deporte…).

En definitiva, aunque la humanidad se encuentre en la Sociedad del Riesgo como la plantea Beck, existen mecanismos para afrontar los retos venideros, unos mecanismos que jamás deberán pasar por la agenda reaccionaria de la ultraderecha. Una agenda que fomenta el miedo, la irracionalidad, se aleja de la realidad intencionadamente y que puede sumergir a la sociedad en uno de los mayores riesgos que ha sufrido históricamente, el fascismo.


Fuente →  aldescubierto.org

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