Proyecto Faq La renta básica universal, herramienta de libertad republicana

martes, 13 de abril de 2021

La renta básica universal, herramienta de libertad republicana


La renta básica universal, herramienta de libertad republicana
Eulàlia Reguant

Actualmente hay 380.000 personas en Cataluña que viven con unos ingresos inferiores a 350 euros. Viven en la pobreza severa.

Estos últimos días ha comenzado un debate encendido sobre la renta básica universal (RBU). Y es positivo. Hace años que diferentes colectivos están trabajando en la difusión y la defensa del RBU, y, de hecho, a finales de enero en el Ateneu Popular de Nou Barris una jornada aglutinó diferentes espacios, culturales, feministas o de acción social y comunitaria, entre otros, para articular las luchas en favor de su implementación.

En el marco de una crisis social y económica sin precedentes para las generaciones actuales, el debate sobre propuestas que constituyen un rediseño de los mecanismos de distribución de la renta es fundamental. Y es cierto: la gestión de una RBU en un marco competencial autonómico tiene límites. Pero vayamos por partes.

Una aproximación a la RBU

La asociación internacional Basic Income Earth Network (Red Mundial por la Renta Básica) define la RBU como una asignación monetaria, individual, incondicional y universal. Difiere, y mucho, de los subsidios condicionados. La lógica de los subsidios condicionados, entre otros, la renta garantizada de ciudadanía (RGC) o el ingreso mínimo vital (IMV), es la de ayudar después de haber fracasado o de haber caído siempre que se pueda demostrar ante la burocracia de las administraciones. En definitiva, los subsidios condicionados exigen la prueba de la carga a la gente que se ha quedado en paro, que no alcanza el umbral de la pobreza a pesar de trabajar remuneradamente o la gente con diversidad funcional, entre otros.

La condicionalidad implica control, pero también implica súplica de aquellos que solicitan (y necesitan) los subsidios, por lo que pueden llegar a ser tratados como delincuentes potenciales a punto de defraudar para continuar cobrando una contribución, a menudo baja, que tampoco no les permite tener un mínimo digno para vivir. Los "pobres" son defraudadores potenciales, mientras que a las grandes fortunas se les pone la alfombra roja para que paguen menos impuestos. Control y gincana burocrática que facilitan "errores", y son errores que se pagan caro: siempre hay gente merecedora de la prestación que se queda fuera. El mismo sistema de prestaciones destinado a "ayudar a los pobres" puede llegar a que los pobres sean más pobres. Podríamos explicar más problemas de los subsidios o las prestaciones condicionadas; sólo hay que seguir las informaciones de los rpomotores de la iniciativa legislativa popular (ILP) de la RGC. Aunque es cierto que es mejor eso que nada.

Pero existe alternativa.

El propósito de la RBU "no es sólo aliviar la pobreza, sino liberar a todos"; es decir, la renta básica busca garantizar la existencia material por el mero hecho de ser ciudadanos. El hecho de que sea incondicional permite tener una base a partir de la cual construir nuestras vidas. Pero, evidentemente, esta base debe complementarse con otras políticas incondicionales: políticas de salud pública, de educación, de vivienda, de fomento del empleo digno... es decir, la RBU es una medida más de la política económica necesaria para beneficiar a la mayoría y dejar de privilegiar a unos cuantos.

En el debate público de las ideas todo el mundo parece estar de acuerdo en la necesidad de trabajar por una "sociedad justa". Pero, si lo miramos de cerca, vemos que existen diferentes ideas de lo que es una sociedad justa. Hay quien afirma que una sociedad justa es aquella en la que todo el mundo es igual ante la ley, pero sabemos que el papel lo aguanta todo, y que en el Estado español, por ejemplo, a pesar de que haya una Constitución que lo afirma, esto es falso. Sabemos que un pobre no tiene las mismas opciones que las élites; sabemos que las condiciones materiales de vida condicionan la interpretación de estas leyes. Esto es una constatación clara: para hablar realmente de sociedad justa, hay que garantizar que la población sea materialmente independiente, o, dicho de otro modo, que tenga una base para la autonomía.

En estos momentos, hay 380.000 catalanes y catalanas que viven con unos ingresos inferiores a 350 euros, o, dicho de otro modo, que viven en la pobreza severa. Hay más de 10.000 personas obligadas a dormir en la calle porque no tienen hogar, 575.000 personas asalariadas en riesgo de exclusión social, 1 de cada 3 niños y adolescentes en riesgo de pobreza, más de 780.000 personas que han dejado de comprar medicinas o seguir tratamientos por imposibilidad de pagarlos... La radiografía del país que tenemos obliga a medidas valientes y debates que busquen dejar de hacer experimentos sociales con las personas empobrecidas y pasen a aportar soluciones. La renta básica universal es una de las soluciones.

Y, sin embargo, ¿cómo se paga?

El objetivo de la renta básica universal, como decíamos más arriba, es garantizar una base de autonomía, pero también decíamos que debe ir acompañada de otras medidas de política económica para hablar realmente de sociedad justa; por tanto, financiar una RBU no significa dejar de invertir en el sistema sanitario público o en la escuela pública, entre otros, para garantizar este ingreso incondicional y universal. La RBU sustituye toda prestación pública monetaria inferior: subsidios, becas, pensiones... Es decir, si alguien cobra una prestación inferior, ésta se elimina y pasa a ser cubierta por la RBU. En cambio, si una persona cobra una prestación superior, esta se elimina hasta el importe de la RBU, pero sigue percibiendo el resto de la prestación. Así, quien recibe una prestación inferior sale ganando y quién recibe una prestación superior ni gana ni pierde.

Las propuestas hechas hasta ahora por parte de las compañeras y compañeros de la Red Renta Básica, propuestas acompañadas de estudios y de modelos concretos, plantean financiar un ingreso incondicional y universal que recibiría toda la población, incluyendo las personas residentes, de una cantidad igual al umbral de la pobreza, 735 € el mes, que no estaría gravada por el IRPF, es decir, que hasta la cantidad estipulada como RBU no se pagaría nada de IRPF, pero sí a partir del primer euro que se ganara por encima de la RBU.

La RBU debería financiarse a través de una reforma fiscal que supusiera el establecimiento de un tipo único en el IRPF del 49%. En las diferentes proyecciones hechas, el resultado supondría que pagaran de manera limpia el 20% de los contribuyentes más ricos (o sea, aquellos cuyo incremento de impuestos a pagar sería superior a lo que percibirían en forma de renta básica). En realidad, ese 20% de "perdedores" se concentraría en el 10% de los declarantes más ricos, aquellos que disfrutan de importantes patrimonios empresariales, inmobiliarios o financieros y que, en la práctica, pagan mucho menos que los trabajadores cualificados, porque el Estado les facilita herramientas legales para evitar tributar.

De hecho, se pueden encontrar los modelos utilizados a partir de los datos de la Agencia Tributaria en diferentes artículos como "Nuevos modelos para financiar una renta básica incondicional y universal", de Jordi Arcarons, Daniel Raventós y Lluís Torrens, o en el libro La Renta Básica. ¿Por qué y para qué? (Catarata, 2021), de Daniel Raventós.

La soberanía indispensable

Antes de que alguien diga que no tenemos ni idea o que esto en una Generalitat intervenida y autonómica es imposible, algunas consideraciones finales.

En el marco del debate del IMV, el Estado español se volvió a mostrar como una estructura el diseño institucional de la cual está para servir a los intereses de clase de las élites, ya no sólo porque éstas utilizan el Estado sino porque la estructura interna incorpora sesgos favorables a los intereses de estas élites. No está de más decir que este es también uno de los motivos por los que es imperiosa la independencia y la ruptura con el régimen: garantizar los intereses de las clases populares.

¿Podría la Generalitat, a pesar de no disponer de toda la capacidad en el IRPF, avanzar hacia una renta básica universal? Totalmente. No sería una propuesta ambiciosa, pero sería una aproximación tal como el economista Lluís Torrens explicaba en este artículo hace dos años.

Pero, más allá de eso, lo que plantea el acuerdo de mínimos entre la CUP y ERC es una prueba piloto. Una prueba piloto centrada no en un sector económico concreto, porque entonces no sería universal, sino una prueba piloto centrada en algunas franjas de edad a determinar tras estudiar cuáles serían las más convenientes. En diferentes países ya se han hecho pruebas piloto, y quizás no sería necesario hacer más; pero, si algunos desde el neoliberalismo detestan la opción de una RBU, hay quien desde la socialdemocracia tampoco lo ven claro.

Es evidente que una prueba piloto por franjas de edad tampoco es universal para toda la población, pero entendemos que se acerca más a lo que debería ser. Una prueba piloto para poder socializar el funcionamiento, permitir las críticas y así enfocar mejor su implementación futura. Una opción podría ser en la franja de los 18 a los 25 años, aquel segmento de la población en el que 4 de cada 10 personas está en paro, o en el que 1 de cada 3 ha tenido trastornos de ansiedad. O, también, a partir de los 60 años, donde mucha parte de la población vive situaciones de paro crónico o de pensiones de miseria.

Y parece que esto, a algunas personas, las pone nerviosas. Parece que, a algunos, empezar a poner las bases de la libertad republicana, incluso antes de convertirse en República, les incomoda.


Fuente → sinpermiso.info

banner distribuidora

La renta básica universal, herramienta de libertad republicana Rating: 4.5 Diposkan Oleh: La Voz de la República
Publicar un comentario
Gracias por comentar
 
  • BR