Proyecto Faq José Miaja Menant, fiel a la República

jueves, 11 de marzo de 2021

José Miaja Menant, fiel a la República


José Miaja Menant, fiel a la República
Edmundo Fayanas Escuer 
 
Nace en Oviedo el veinte de abril del año 1878. Primero de los ocho hijos de Eusebio Miaja, obrero de la Fábrica de Armas de Oviedo. Su madre era Elisa Menant Rodríguez, quien contribuía a la modesta economía doméstica regentando una pequeña tienda de comestibles.

Se le conocía como Pepito y rápidamente se sintió atraído por la milicia, al fascinarles la parafernalia del Regimiento de Infantería del Príncipe nº 3, muy cercano al domicilio familiar, se sintió fascinado por las gestas guerreras que le contaban dos militares retirados, que eran vecinos suyos.

Su padre se oponía a que fuera militar, pues su vinculación con la industria militar no estaba reñida con su ideario antimilitarista. Su madre mostraba temor de que lo enviasen a sofocar le rebelión cubana. A pesar de esto solicitó su ingreso en la Academia Militar de Infantería y cuyo examen de ingreso aprobó en junio del año 1896 con el número 249 de los 392 admitidos.

Ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en el año 1896. Coincide su ingreso en la Academia con la insurrección en Filipinas y el Ministerio de la Guerra necesitaba aumentar la plantilla de oficiales, por lo que acuerda reducir en un año la estancia de los cadetes en las academias militares. Miaja obtuvo el despacho de segundo teniente en julio del año 1897.

Tras licenciarse, su primer destino fue Asturias al Regimiento del Príncipe, que era la unidad que tanto influyó en su vocación militar, para satisfacción de su madre. Miaja solicitó posteriormente su traslado a Melilla en el año 1900, cuando contaba con veintidós años.

Se casó Con Concepción Isaac Herrero que era hija de uno de los capitanes de su regimiento. En su nuevo destino de Melilla, le corresponde a su compañía guarnecer el Peñón de Alhucemas de julio del año 1902 a julio de 1903.

f12 Al regresar conoció a su primera hija Concepción que sería la primera de sus siete hijos, llevando una vida militar monótona en un entorno donde apenas ocurría nada, salvo el cambio de nombre de su regimiento que pasó a llamarse Melilla nº59.

Intervino en la guerra de Marruecos, durante la cual destacó reorganizando la línea defensiva en Sidi Musa y en el asalto a la bayoneta de Talusit Bajo. Le fue concedido el empleo de comandante de infantería por méritos de guerra.

Era considerado un hombre poco aficionado a la cultura, sin embargo, destacó como estudioso de la lengua árabe. Durante la II República continuó con su carrera. Ascendido a general de brigada en agosto del año 1932, se le confirió el mando de la 2ª Brigada de Infantería de la I División, acuartelada en Badajoz.

Posteriormente, a finales del año 1933, durante el Gobierno presidido por Diego Martínez Barrio se hizo cargo del mando de la 1ª Brigada de Infantería de la I División Orgánica con guarnición en Madrid.

En estos años también destacó por su actividad en el seno de la organización juvenil Exploradores de España. Fue elegido, en el año 1933, uno de los cinco comisarios generales de la institución, como enlace con el Gobierno, Ministerios de Educación y Guerra, con 75 votos de la asamblea.

Pese a las reticencias que ciertos sectores republicanos tenían respecto a esta organización, pues se le acusaba de su vinculación con la monarquía borbónica, el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, aceptó en el año 1933, la presidencia de honor de Exploradores de España. Para Francisco Armada, en esa decisión tuvo mucho que ver la influencia del general Miaja.

Era considerado un militar de ideología liberal, aunque en esta época Miaja se afilió a la derechista Unión Militar Española. Durante el ministerio de Gil Robles, éste pide un informe sobre los mandos militares sospechosos de confabular con la Revolución de Asturias del año 1934.

Miaja le contesta con otro, que denuncia el peligro que representan generales supuestamente antirrepublicanos como Mola, Franco, Goded y Fanjul. Miaja fue destituido en el año 1935 y enviado a Lérida que era uno de los destinos alejados de la capital que se solían dar a militares que no gozaban de la plena confianza del gobierno. El motivo alegado fue una mala presentación en el desfile de sus regimientos.

En febrero del año 1936, al formar Gobierno, Manuel Azaña, y designó ministro de la Guerra al general Masquelet, pero al estar ausente llamó a Miaja para hacerse cargo de forma temporal de tan importante función.

Miaja volvió a mandar la 1.ª Brigada de Madrid y, posteriormente, ocupó accidentalmente la jefatura de la I División Orgánica en sustitución de su anterior titular, Virgilio Cabanellas.

En julio del año 1936, al iniciarse la rebelión, José Miaja estaba al mando de la 1ª Brigada de Infantería, de guarnición en Madrid. Muchos de sus subordinados formaron parte de la sublevación y él mismo, en un primer momento, no adoptó una actitud decidida, quizás pretendiendo mantener buenas relaciones tanto con los golpistas como con el gobierno republicano.

Quizás influido por la desorganización de los conspiradores en Madrid, Miaja decidió permanecer leal al Gobierno, finalmente reafirma sus votos de lealtad al gobierno legítimamente elegido por el pueblo. Fue designado ministro de la Guerra en el fugaz gabinete de Diego Martínez Barrios, en la madrugada del 18 al 19 de julio de 1936. Cuando José Giral formó Gobierno, Miaja declinó continuar como ministro y dimitió.

El general durante el periodo que fue ministro de la guerra, tomó la iniciativa de llamar a su ex compañero Mola, que se encuentra en Navarra y preguntarle:

“¿Cómo se ha declarado ahí el estado de guerra sin haberlo ordenado este ministerio?
Contestando el general Mola:
Las circunstancias especiales aquí imperantes, Sr. Ministro.
A lo que Miaja le contesta
En una palabra, acabemos pronto: ¿Está usted sublevado?
Y ante la respuesta afirmativa de Mola
Miaja le contesta “Aténgase a las consecuencias. Corta la comunicación”.

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Fue nombrado jefe de Operaciones del Sur, el veinticinco de julio del año 1936. Salió el veintiocho de julio de Albacete al mando de una fuerza de 5.000 hombres con la que llegó a las puertas de Córdoba, pero vaciló y su indecisión le hizo perder un tiempo precioso que permitió la intervención de la aviación de los sublevados, por lo que sufrió una gran derrota el día veintidós de agosto.

La actuación de Miaja en Córdoba generó muchas dudas y sospechas en la zona republicana. Tras el fracaso fue trasladado a Valencia como gobernador militar, donde temporalmente tomó el mando de la III División Orgánica y mantiene constantes enfrentamientos con los comités revolucionarios de partidos y sindicatos.

Recibiendo él y el general Sebastián Pozas, jefe del Ejército del Centro, un sobre cada uno con la orden ser abiertos a las seis de la mañana del día siguiente y además se da la extraña circunstancia de que las órdenes que contienen los sobres están intercambiadas.

El general Miaja no espera hasta las seis de la mañana, abriendo el sobre inmediatamente y se pone a trabajar sobre la planificación de la defensa de Madrid. El general nombra al teniente coronel Vicente Rojo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa.

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A finales de octubre volvió a Madrid como jefe de la Primera División Orgánica. El seis de noviembre del año 1936, al evacuar el Gobierno la capital ante la inminente llegada de las tropas franquistas, fue nombrado presidente de la Junta de Defensa de Madrid y jefe de la defensa de la capital.

En aquel momento eran muchos los que pensaban que Miaja no lograría defender la capital de los legionarios y regulares marroquíes. Sin embargo, con el teniente coronel Rojo como jefe de Estado Mayor, los republicanos lograron reorganizar sus defensas y sus principales unidades en la capital. Las milicias y brigadas republicanas logaron detener al enemigo en el río Manzanares tras feroces combates.

Una ruptura del frente en la Ciudad Universitaria hizo peligrar la situación, por lo que por un momento pareció que la resistencia iba a quebrarse.

Recogemos parte del texto de Julián Zugazagoitia en “Guerra y vicisitudes de los españoles”, en el que describe un episodio en el que el general Miaja logra restablecer el frente durante la Batalla de Madrid a mediados del mes de noviembre, en las cercanías de la Cárcel Modelo.

Vemos un grupo de soldados que retrocede, abandona sus posiciones y algunos de ellos huyen sin recato de la zona del ataque faccioso Ahora Miaja, que momentos antes se ha caído en el cráter de una bomba y lleva el uniforme sucio y mojado, se planta ante ellos, pistola en mano y vive el que sin duda es su momento más dramático pero también más glorioso durante la batalla de Madrid. “¡Atrás, cobardes!" - les grita -"¡A vuestros puestos! Al que dé un paso hacia la ciudad lo mato. ¡Atrás!".

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Algunos no le han reconocido, pero otros sí. Temo por su vida, porque los nervios de de los que huyen les hagan cometer una locura contra su jefe. Instintivamente, todos desenfundamos nuestras pistolas y nos aprestamos a usarlas si llega el momento. Yo sólo tengo la pequeña Astra del nueve corto, buena para defenderse de cerca pero poco más.

“¡Cobardes! ¡Cobardes!” Vuelve a gritar Miaja “¡A morir a vuestra trinchera! ¡A morir conmigo! ¡Con el general Miaja!”.

Ahora sí que le reconocen. Es su general, y está en primera línea. Se detienen, avergonzados e impresionados por lo que están viendo. La casualidad ha querido que, en un momento de grave debilidad de la tropa ante el enemigo, su general haya estado allí, pistola en mano como uno más de ellos. Los soldados se rehacen en su moral de combate y van volviendo a sus posiciones. Rojo, en su papel, casi conmina a Miaja para que abandone el lugar y vuelva a la dirección de la defensa, el lugar en el que tiene que estar ahora. Ha sido, sin duda, el héroe del día pero quedan muchas batallas por librar. ¡Viva Miaja!.

Tras el nueve de noviembre llegan las Brigadas Internacionales y la columna Durruti, como refuerzo de las tropas de la ciudad, ayudando en su defensa y desempeñando un papel muy importante durante la batalla.

La arenga de Miaja logró revertir la situación en ese sector. Finalmente, la capital logró salvarse, por lo que Miaja alcanzó una gran popularidad entre el pueblo madrileño. Esta popularidad fue producto de la propaganda, de la que Miaja se aprovechó. Algunos autores señalan la presencia de Miaja en la capital como el motivo principal por el que el ejército franquista no entró en Madrid.

Otros, sin embargo, consideran que el verdadero organizador de la resistencia fue Vicente Rojo. El éxito de Madrid le valdría posteriormente en el año 1938, la concesión de la Placa Laureada de Madrid. Tras el éxito militar de Madrid, Miaja pasó a mantener muy buenas relaciones con los comunistas.

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Fue nombrado comandante del ejército del Centro, en febrero del año 1937, en sustitución del general Sebastián Pozas, al frente del cual tomó parte en las batallas de Jarama, Guadalajara y Brunete, por lo que se convirtió en uno de los militares más destacados de la zona republicana.

Sin embargo, la actuación militar de Miaja volvería a tener varios aspectos polémicos: durante los combates en Brunete mostró lentitud en la toma de decisiones, especialmente cuando se produjo el contraataque franquista. Unos meses antes, durante la batalla de Jarama, Miaja ya había sostenido serias diferencias con el general Pozas en cuanto a la dirección de las operaciones.

Su actuación volvió a generar numerosas críticas internas en la primavera del año 1938, durante la gran ofensiva franquista en el frente de Aragón, cuando Miaja rechazó que tropas de su ejército fueran enviadas a este frente. No obstante, estos hechos no impidieron que continuara siendo uno de los militares republicanos más famosos.

Fue nombrado comandante del recién creado Grupo de Ejércitos de la Región Central en abril del año 1938, con lo que se convirtió a efectos prácticos en el jefe militar de la zona centro-sur que todavía conservaba la República tras el corte de su territorio en dos.

Durante el mes de mayo de 1938 ocho integrantes de la escolta personal del General Miaja fueron detenidos cuando preparaban su secuestro y posterior entrega a las autoridades nacionales. Desbaratando de esta forma el plan que consistía en actuar durante una de las ocasiones que el general se desplazara al frente de Guadalajara, con el fin de animar a las tropas y ver in situ el estado de las tropas, los secuestradores atravesarían con el vehículo del General las líneas enemigas, incluido los motoristas que daban escolta al coche de Miaja que también estarían implicados. Los nacionales estarían avisados del día y la hora del plan de tal forma que no realizarían disparos sobre la comitiva.

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Aunque oficialmente seguía siendo un militar fiel, a medida que la situación militar de la República fue empeorando Miaja tomó una postura cada vez más obstruccionista. En diciembre del año 1938 se opuso a la realización del Plan P [1] y, como había hecho en el pasado, se opuso a proporcionar tropas para un previsto desembarco anfibio que formaba parte de dicho plan.

El jefe de Estado Mayor de Miaja, el general Manuel Matallana, fue uno de los que más oposición mostró a la realización de este plan. El fracaso de la ofensiva de Valsequillo y la caída de Cataluña ensombrecieron aún más la situación militar republicana.

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El dieciséis de febrero del año 1939, varios altos mandos republicanos, entre los que se encontraban los generales Escobar, Matallana, Menéndez, Moriones, Casado y el propio Miaja, se reunieron con el jefe de Gobierno, el Presidente Negrín, en el aeródromo de Los llanos.

Durante el encuentro algunos militares expusieron abiertamente la necesidad de poner fin a la contienda. Para sorpresa de los asistentes, Miaja fue de los que argumentó la necesidad de seguir resistiendo a ultranza.

Esta actitud, sin embargo, contrastaba con las veleidades políticas de Miaja, que era conocedor de varias conspiraciones militares contra el gobierno y no informó de ellas. Negrín tampoco tenía plena confianza en Miaja, puesto que entonces ya consideraba la disolución del GERC y que los Ejércitos de la zona central pasaran a depender de él directamente.

Eso no impidió que a finales de febrero Miaja fuera ascendido por el gobierno a teniente general, a pesar de que ese rango había sido suprimido por la República en el año 1931.

Al final de la guerra el general Miaja no dudó en secundar el golpe de Estado del coronel Casado en marzo del año 1939, presidiendo el Consejo Nacional de Defensa, al ser la máxima autoridad militar. El golpe desplazó por la fuerza al gobierno de Negrín del poder republicano, sin conseguir la "paz honrosa" que perseguían con el ejército de Franco.

Como otros militares conservadores, Miaja en realidad consideraba que la negativa de Franco a aceptar negociaciones se debía a la participación comunista en el gobierno, por lo que no dudó en secundar el golpe de Estado contra el gobierno de Negrín, encabezado por el coronel Casado.

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El cinco de marzo, el general Miaja aceptó la oferta de presidir el llamado Consejo Nacional de Defensa que desplazó por la fuerza al gobierno de Negrín, aunque de facto no llegó a ejercer la presidencia.

A pesar de las conversaciones en curso, tras unas semanas se hizo evidente que Franco no iba a aceptar una capitulación y exigía la rendición incondicional. El veinticinco de marzo los franquistas rompieron las negociaciones y anunciaron que lanzarían una ofensiva contra las líneas republicanas.

Ante el hundimiento de la II República Miaja partió al exilio. El veintinueve de marzo abandonaba España despegando del aeródromo de Rabasa en Alicante acompañado por sus ayudantes de campo, el teniente coronel José Pérez Martínez y el mayor de aviación Mario Páramo Roldán, y su sobrino y secretario particular, Fernando Rodríguez Miaja rumbo a Orán en Argelia. Después se desplazó a Francia y, finalmente, a México, pasando previamente por Cuba. En su exilio también le acompañaba su esposa y sus hijos.

Durante su estancia en Cuba, recibe un telegrama del presidente Lázaro Cárdenas para invitarlo a México con su familia. A su llegada a México recibió una calurosa bienvenida de las autoridades mexicanas, que incluía a funcionarios y oficiales del Ejército.

Su hijo José había pasado toda la contienda bajo custodia de los franquistas, aunque el nueve de marzo del año 1939 fue canjeado por Miguel Primo de Rivera, hermano del fundador de Falange.

El régimen franquista aplicó a Miaja la Ley de Responsabilidades Políticas y recibió una severa sentencia que incluyó la confiscación de sus propiedades en el Marruecos español. La represión también alcanzó a su esposa, que fue sancionada con una multa de un millón de pesetas.

Durante su exilio mexicano impartió algunas charlas y formó parte de la organización Acción Republicana Española, de la que fue miembro de su Junta Central junto a otros antiguos militares y políticos republicanos.

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En el año 1943, acompañando a Martínez Barrio, realizó una gira por varios países latinoamericanos para difundir la labor de la Acción Republicana Española. Miaja falleció en Ciudad de México el catorce de enero del año 1958, a la edad de setenta y nueve años.

José Miaja sigue constituyendo una de las principales figuras militares de la Guerra Civil, con el paso del tiempo su reputación ha experimentado algunos altibajos.

Considerado en el plano personal como una persona de carácter jovial y campechano, durante algún tiempo adoptó el vegetarianismo, algo poco habitual entre la oficialidad del Ejército español de la época.

La historiadora Helen Graham considera que Miaja constituye un militar de la vieja escuela, conservador y con ciertas limitaciones políticas y militares.

El historiador Michael Alpert considera que Miaja se unió a la República por hallarse en territorio republicano, es decir, que se mantuvo leal a la Segunda República por encontrarse en zona republicana cuando se dio el golpe militar. Señala que su actuación durante la guerra estuvo muy influida por el hecho de que su familia se encontraba presa en la zona franquista.

El historiador británico Hugh Thomas lo describe como una persona locuaz, simpática, tranquila e indolente, aunque también como vanidoso e incompetente.

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Entre sus contemporáneos hay opiniones diversas. Aunque en su época no tenía la consideración de monárquico, tras la proclamación de la II República hubo militares que le oyeron hablar nostálgicamente de los viejos tiempos bajo la monarquía.

El líder de la conspiración militar contra la República, el general Emilio Mola, no tenía mala opinión de él y llegó a afirmar antes de la guerra: “Pese a lo que digo de Miaja, no tengo mal concepto de él y me resisto por ello a creer las malas cualidades que generalmente se le atribuyen”.

El presidente del gobierno republicano, Juan Negrín reconoció el carisma de Miaja y su capacidad de liderazgo durante el asedio de Madrid. Sin embargo, criticó su capacidad militar y llegó a decir de él: “no sabe por dónde va el frente, no le caben en la cabeza más de cuatro soldados”.

El que fue su ayudante durante la defensa de Madrid, Vicente Rojo, lo describiría posteriormente como un comandante mediocre aunque a su vez remarcó su coraje y tenacidad. En el campo contrario, el general Queipo de Llano lo despreciaba públicamente y en una ocasión lo llegó a calificar de “pobre viejo cobarde”.

El general Manuel Matallana lo describe como un títere de la Quinta Columna franquista en la fase final de la guerra, como afirmó en declaración jurada ante los vencedores el dos de abril del año 1939 y decía:

“Las adulaciones nos lo hicieron completamente nuestro. Para paralizar la actividad de los frentes lo empujábamos hacia las distracciones y festejos.

Bebía bastante, y esto también nos favorecía... La envidia que sentía por el general Rojo fue hábilmente explotada para separarlos y enfrentarlos, no en el círculo de las relaciones amistosas, sino en el de las cuestiones militares y de amor propio.

El general Miaja se avenía mal a que su antiguo subordinado le diera órdenes. Obtener una negativa al cumplimiento de ellas era empresa fácil. En casi todas las operaciones que se realizaron en la zona central desde mayo del año 1937, excepto las últimas de Extremadura, siempre tuvo que venir el general Rojo, debido a las dificultades que le ponían”.

Para aquellos que dudaban de la fidelidad a la II República, Miajas dice:

“Si lo hubiera sido no le hubieran detenido con toda su familia los franquistas en Melilla el 17 de julio de 1936. Mi esposa, Pepita, que acaba de fallecer hace poco, cumplió sus quince años en la cárcel, junto a su padre, destinado entonces en aquella ciudad. Poco antes, cuando Franco fue nombrado Jefe de Estado Mayor, envió a Miaja desterrado a Lérida”.

La figura del general José Miaja es muy controvertida pues para muchos fue un héroe de la Guerra Civil española. Para otros, fue un militar que cumplió con su deber. Otros piensan que fue un traidor a la II República y para sus rivales militares del lado franquista un molesto rival.

Ninguno duda de que fuera un militar importante que evitó la caída de Madrid en noviembre del año 1936.. La defensa de la ciudad no lo hizo solo Miaja sino que contó con la estimable ayuda del general Rojo, pero a él cabe la gloria de haberla dirigido con gran espíritu.

Algunos dudan del general Miaja en su defensa de la II República, pero los franquistas no lo hicieron cuando inmediatamente detuvieron a su familia tras el golpe militar del 18 de julio. Está claro pues su papel en defensa del poder republicano legítimo.


BIBLIOGRAFIA

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Thomas, Hugh. “Historia de la Guerra Civil Española”. 1976. Círculo de Lectores. Barcelona.


[1] El Plan P es una operación militar ideada por el general republicano Vicente Rojo Lluch en el contexto de la Guerra Civil Española, para atacar la zona del frente situado en las provincias de Cáceres y Badajoz en una ofensiva hacia el oeste, hasta alcanzar la frontera con Portugal. El propósito era dividir en dos partes el área controlada por el bando rebelde en la zona de Extremadura, separando Andalucía y León bajo dominio de los sublevados. Sin embargo, el plan terminó siendo abortado y jamás se llevó a cabo.


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