Proyecto Faq República … ¡Idea nueva adelantada por el exilio!

sábado, 14 de noviembre de 2020

República … ¡Idea nueva adelantada por el exilio!

República … ¡Idea nueva adelantada por el exilio!
Ramón San Geroteo Flores

Por haber vivido y luchado en Francia, el exiliado sabe cuáles son los valores democráticos fundamentales para que todos los ciudadanos gocen de mayor justicia, solidaridad y libertad. Aunque el exiliado no ha tenido de niño la oportunidad de conocer a su familia ni de vivir en su tierra, ese vacío, como los recuerdos y nostalgias heredados de padres sacrificados, se compensa gracias a su voluntad inalienable de mantener vivos los valores humanistas y universales de una auténtica República. Ya comentaré a lo largo de este artículo lo que defino cuando hablo de auténtica República.

Tal vez después de pasar tantos años por una transición democrática muchos compañeros desesperados despiertan y llaman a por la tercera República. A pesar de todo, ese grito indudablemente aliviador y emocionante, resulta inaudible, porque el pueblo no lo entiende, porque el mito republicano es, en este país, aún sinónimo de colapso social. La inocencia es un lujo que los Republicanos no se pueden ya permitir; tienen que mirar puertas adentro y terminar de levantar dudas y mentiras para convencer al pueblo sediento de nuevas libertades. Ahora bien, en resumidas cuentas, ¿de qué República se está hablando aquí? ¿El modelo español del 31 o el del 36? Desgraciadamente esos instantes excepcionales de nuestra historia no se pueden repetir, ya que 80 años han pasado y los pueblos del conjunto español han cambiado profundamente bajo el yugo de un capitalismo omnipresente y totalitario que ha creado el hombre nuevo, o sea, el consumidor. Ciudadano que el capitalismo ha educado, aprendiéndole un lenguaje específico y dándole el gusto de consumir y de soñar a lo inalcanzable. Así, la adicción de las masas acabó siendo el propio fundamento del sistema que nutre, mal que bien, el imaginario de los ciudadanos. Y lo malo es que dichos consumidores ya no comparten nada, ni el colegio, ni su barrio, ni la cultura y menos aún unos valores humanistas básicos. Quieren más, mucho más, pero no quieren más cultura, ni más solidaridad y menos la entrega de sí mismo. No, ellos quieren nuevas vías de consumo y un poder adquisitivo cada día más consecuente para saciar su frenesís de consumo permanente; Existir es, hoy día, vivir para sí mismo y no para los otros.

¿Pero entonces de qué República hablamos? ¿El modelo francés de la época de Jean Jaurès? ¿La República francesa de Sarkozy, la República espectáculo de Berlusconi o la del inaguantable golfo Trump? Estas últimas Repúblicas no cumplen hoy con los valores consignados en sus constituciones. Estos países sufren desvíos inaguantables o sea injusticias sociales, debilitamiento del laicismo histórico, pauperismo de sus pueblos y maltrato de las emigraciones. Pues bien, este planteamiento parece rotundamente provocador, pero queda desgraciadamente de actualidad. Está claro que los modelos republicanos europeos han evolucionado. ¿Cómo fue eso?

Hablemos de la República francesa. El estado jacobino francés ejerció desde su Revolución de finales del siglo XVIII una tiranía ‘dulce’ pero centralizadora e intentó sacar al individuo y a la sociedad de las malas tiranías secularizadas que mantuvieron durante siglos enteros un modelo social inválido, desigual y represivo. Después de la segunda guerra mundial se aceleró un ciclo económico benéfico en el mundo libre; aunque cobrase solo migas, el pueblo se acomodó del escaso progreso y prosiguió el camino capitalista, soñando con el futuro maravilloso prometido por los dueños de la economía. También se aprovecharon de las libertades públicas toda clase de poderíos, nuevos ricos e incluso las antiguas y malas tiranías (clero, conservadores, tradicionalistas, terratenientes etc.). Cada cual iba a lo suyo y un tremendo individualismo se instaló poco a poco destrozando valores como la solidaridad y la fraternidad. Hoy, por falta de creatividad y por pasividad al dejarse engañar por el sistema económico embriagador, el modelo republicano original sufre de los golpes dados por las malas tiranías reactivadas, por las nuevas fuerzas del capitalismo financiero anglosajón y por medios de comunicación sometidos al sistema. Año tras año los Republicanos franceses defendieron el modelo pionero sin tener en cuenta las exigencias del pueblo emancipado ni los progresos técnicos de la sociedad post-moderna. ¡Ya no se puede hablar a los pueblos europeos como en el siglo pasado!

La democracia centralizadora dejó entonces el mando a la democracia liberal que poco a poco fue deshaciendo ventajas sociales, económicas y culturales ganadas tras luchas históricas; sin embargo, principios y valores republicanos siguen en la constitución vigente, pero quedan totalmente desconectados de la realidad, como si principios y ética fueran inoperantes, inadecuados u obsoletos quedándose al margen de la sociedad. Está claro que no hay, hoy día, en Francia coherencia entre los principios republicanos y la realidad del mundo en marcha.

Resulta entonces explicable, según mi opinión, que los Republicanos no puedan ya buscar refugios en viejas certezas. Tienen que salir tanto de la mistificación liberal, por agotadora y francamente injusta, como de la dialéctica revolucionaria radical, por insensata e ilusa. No cabe duda de que el futuro modelo republicano no será centralizador ni liberal y cueste lo que cueste tenemos que salir del republicanismo del siglo pasado, agresivo por desesperadamente obsoleto e indefenso, sin ideas nuevas. Heredera del modelo pionero, una auténtica República tendrá que dar la vuelta a la tortilla y hacer que el modelo cultural, económico y social de mañana sea conforme a los principios republicanos inaplicados hoy y quede definitivamente fuera de las leyes del mercado y de las influencias políticas, espirituales y conservadoras. Una auténtica República tiene que reformar y revolucionar el sistema para quedar en conformidad con el triplico liberté-égalité-fraternité señalado en todas las fachadas de los municipios del estado francés. Entonces veremos nacer de nuevo los derechos fundamentales hoy enterrados: otro reparto de las riquezas, asistencia a los más débiles, lucha contra la pobreza, y otros derechos tales como el alojamiento, el medio ambiente, la subsistencia y, mañana, el abastecimiento en agua.

«Quijotes, Sanchos» Alegoría republicana, de Mar G. Orozco

Está claro que la Revolución francesa no ha acabado y la República como idea nueva será mañana un modelo más abierto al individuo, más fraterno y justo. Porque la República no ha pasado de moda, no, no ha pasado de moda. En mi opinión la República francesa saldrá más madura y reforzada después del periodo ultra liberal que nadie más quiere.

Y para España ¿Cómo asentar una auténtica República? El régimen español es una democracia no resuelta como si se hubiera quedado en el camino de unas libertades no asumidas por todos los gobiernos para no asustar a los que vistieron en víspera de la transición un traje democrático. Aunque la República francesa no cumple hoy con sus obligaciones de justicia consignadas en su Constitución, las diferencias siguen siendo grandes entre los dos países. Para ambos las libertades del individuo suelen ser esenciales, pero la verdad es que República y Monarquía parlamentaria no son iguales ni tan siquiera equivalentes. ¿Por qué?

– Porque la democracia española intentó evadirse de la opresión fascista sin sacar a la luz los trapos sucios del franquismo generando así una memoria traumatizada.

– Porque el gobierno español tiene que definitivamente condenar al fascismo como lo hicieron los otros países europeos y especialmente Francia.

– Porque tampoco se atrevió a salir dignamente de una transición, por supuesto agotadora, en la que tantos españoles herederos de una República legítima, antes satanizados, quedaron insatisfechos tras la primera ley de Memoria histórica, dejando dolorosas secuelas en la historia de la España contemporánea y faltando así a principios básicos de una verdadera democracia. Estamos esperando la nueva ley de Memoria democrática en gestación.

– Porque los partidos políticos padres de la Constitución, apoyados por ambas democracias occidentales se han acomodado a la monarquía parlamentaria rechazando los valores humanistas y universales de la Segunda República. Como si fuera posible crecer sin pasado y sin memoria. Este deber de memoria incumplido afecta hoy en día a los individuos, como personas y como proyecto de vida.

– Porque esos mismos partidos, apoyándose en la idea de que el pueblo español es diferente de los demás, llevan más de 40 años asustando a los ciudadanos al desarrollar la famosa teoría del caos con la hipotética reconstitución de los bandos que deshicieron España. Hoy en día, parece demasiado cómodo infundir el miedo y no cabe duda de que le conviene a esa gente no hacer nada y dejar al pueblo que sueñe con la oportunidad de ganar poder adquisitivo y endeudarse hasta acabar tirado en la calle.

– Porque la democracia átona queda pendiente del clero, más piramidal que nunca.

– Porque en España los valores republicanos tampoco han pasado de moda, hay que recordar a los ciudadanos los dichos valores fundamentales.

Pues, en una República, nadie puede superar leyes. En una República, no puede haber seres inferiores. En una República, los derechos humanos se imponen a todos, cuáles quieran que sean las situaciones políticas o sociales. En una República no se permite que unos pocos se enriquezcan a costa del empobrecimiento de las mayorías populares. En una República, ningún cargo se puede otorgar fuera del voto popular o de sus representantes. En una República, nadie puede apropiarse, ni por sangre, ni por herencia, ni por dinastía, el derecho de encabezar el estado o tomar parte del poder.

Al hilo de todo esto, los exiliados quieren recordar a todos los españoles los valores fundamentales de libertad, de justicia y de solidaridad. Una auténtica República sería para el pueblo español una idea innovadora, una ventaja para afrontar los desafíos del futuro, un fantástico punto de arranque para cambiar el modelo desastroso del ultra liberalismo injusto, elitista y destrozador, para por fin conciliar realismo y justicia. España tiene dos vías para iniciar tal cambio apoyándose en partidos, sindicatos y asociaciones memorialistas:

– Una juventud lista para entrar en la Historia de su propio país para imponer esta segunda etapa democrática.

– Unas autonomías que ya exploran nuevas formas de democracia y maximizan el bienestar de sus ciudadanos. Pueden sin duda dar el toque final a los cambios sociales, políticos y culturales necesarios con mucha más rapidez que el estado centralizador.

Los exiliados comparten con muchos españoles la mirada hacia un pasado que tantos piensan ya resuelto. Pero más allá de esas huellas, no solo quieren soñar levantando héroes de las tumbas o de las fosas del fascismo. No solo quieren hacer tiempo desgranando historias íntimas e ir sacando lágrimas.

Quieren, ante todo, dar un sentido a sus vidas y otro futuro a España. Es decir, llevar con paciencia y sin espíritu de revancha los valores republicanos en el espacio democrático español para que la auténtica y legítima República, silenciada tantos años, se imponga mañana al conjunto español.

A- Bases para asentar el modelo republicano:
– Derogación de la Constitución de 1978
– República con carácter laico, democrático y federal
– Independencia nacional
´Plena separación Iglesia/Estado.
– Europa social

B- Objetivos:
– Protección social
– Reforma fiscal
– Creación de empleo público o privado de calidad.
– Viviendas para todos.
– Ayudas a las rentas bajas.
– Educación y sanidad públicas y de calidad.
– Igualdad Mujer/hombre
– Planificar y controlar el desarrollo de los sectores estratégicos de la economía.

* Vice-presidente Nacional de la AAGEF -FFI- Amicale des Anciens Guérilleros Espagnols en France FFI.

Fuente →  loquesomos.org

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