jueves, 29 de octubre de 2020

Vivir a cuerpo de rey



Vivir a cuerpo de rey
David Bollero
 

Cuando uno cree que la política ya no puede sorprenderle -y generalmente la sorpresa, en estos casos, es sinónimo de decepción- llega algún lumbreras y comete la torpeza de la semana. A pesar de que parecía complicado superar el banquete pro COVID-19 de los poderes fácticos del país, que con Pedro J. Ramírez como anfitrión nos vinieron a recordar que en España hay clases y, obviamente, nosotr@s estamos abajo de la pirámide, el Gobierno lo ha conseguido. En el momento en el que la popularidad de la monarquía y la Casa Real más está por los suelos, le sube el presupuesto un 6,5% o, lo que es lo mismo, más de medio millón de euros, rozando los 8,5 millones de euros.

Antes de profundizar en la cuestión es de justicia admitir que hay cuestiones más importantes que ésta, pero precisamente por ello, resulta esperpéntico el nulo ejemplo de austeridad que da quien vive, nunca mejor dicho, a cuerpo de rey. Hoy es uno de esos días en los que buena parte de la ciudadanía tiene la sensación de que nos toman por estúpidos o, lo que todavía es peor, por un rebaño pusilánime que no terminará por rebelarse ante el descaro con que en ocasiones nos ignoran.

España merece otro modelo de Estado y sacudirse de una vez por toda los enchufes en su Jefatura. El deseo en España de una nueva república supera al del mantenimiento de una institución caduca que nos colaron en el paquete constitucional en 1978. Lo cierto es que nadie puede asegurar lo contrario con más legitimidad ni sustentándose con mayor solidez.

¿Por qué? Porque hay tanta congoja en los círculos monárquicos, que nadie ha realizado una encuesta tan rigurosa como la llevada a cabo recientemente, organizada por 16 medios de comunicación independientes y gracias al micromecenazgo ciudadano. Ni siquiera el CIS, que lleva cerca de seis años obviando la cuestión. Pues bien, para vergüenza del CIS, esta encuesta utilizó su misma metodología y hete aquí que .

Bien, pese a esta evidencia, en lugar de congelar el presupuesto a la Casa Real, el gobierno progresista lo incrementa. Da igual que el rey ni siquiera esté cumpliendo con su deber, actuando tan negligentemente que fue el último monarca europeo en dirigirse a su pueblo durante los peores momentos de la primera ola de coronavirus.

Da igual que los gastos de la Casa Real se hayan recortado al eliminar la asignación de más de 160.000 euros anuales del Emérito, que se pegaba la vida padre a costa del erario público pese a sus caudales en Suiza... da igual que Felipe VI nos ocultara tal extremo durante un año, como él mismo admitió, o que parte de su viaje de novios estuviera pagado con dinero procedente de Juan Carlos I o, lo que es casi lo mismo, de dudosa procedencia...

Todo eso es irrelevante: el gobierno ha debido de entender que la Familia Real no puede perder poder adquisitivo, que la vida está muy achuchada y el rey no puede pasar hambre. Es imposible que nadie en este amplio Ejecutivo no haya deslizado el revuelo que se iba a armar, toda vez que la Corona española y sus escándalos han sido y son el hazmerreír de Europa. Y como es imposible, la conclusión es que esta subida forzada y gratuita del presupuesto real es, hablando en plata, un escupitajo en la cara de esos millones de, no digo ya republicanos, sino demócratas que, al menos, reclaman la restauración del derecho sustraído a poder decidir.

Hoy es un buen día para recordar a esos millones de pensionistas, a los especialmente enamorados de los Borbones, que mientras que a ellos no les subirá la pensión ni siquiera un 1%, a Casa Real se le subirá casi siete veces más, porcentualmente hablando. Y hago mención a este colectivo porque es uno de los principales componentes de la hinchada real. Aunque el refranero es sabio y mal de muchos, consuelo de tontos, imagino que estos pensionistas monárquicos se sentirán hoy aún más estúpidos que yo con la desfachatez que nos ha regalado el Gobierno...

... algo así cómo aquel amigo, madridista hasta la médula, que mientras trabajaba en la gasolinera próxima al Bernabéu escuchaba atormentado la eliminación del Real Madrid de la Champions League, quitándosele hasta las ganas de cenar. Una hora después, entraba el futbolista de moda a repostar en su deportivo, partiéndose de risa. Pues eso.


Fuente → blogs.publico.es 

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