Proyecto Faq La paciencia tiene un límite, la monarquía no

lunes, 28 de septiembre de 2020

La paciencia tiene un límite, la monarquía no

La paciencia tiene un límite, la monarquía no
Miguel Ángel Llana

Con lo que ya ha caído y con la que está cayendo sobre la familia de los Borbones y adláteres, su alteza real D. Felipe VI saca pecho porque lo han dejado en la cuneta en el nombramiento de no sé qué jueces. Y lo mismo sucede con la panda monárquica de sus incondicionales seguidores, caiga quien caiga. A esto se le llama fidelidad, igualito que un juramento de sangre. Vamos, que se puede ser monárquico, per se no es delito, pero con la historia y, sobre todo, con los hechos de la saga borbónica habría que poner en cuestión todo y más. Veamos.

Un artículo de Salvador Sostres en el diario ABC, el 05-08-2020, dice:

“El Rey

Los reyes, como los papas, no tienen que ver con los hombres sino con Dios. Es estúpido juzgar a los monarcas con criterios terrenales y además no sirve de nada. La monarquía es un don, una encarnación divina; ni es democrática ni está sujeta a las leyes que los hombres nos hemos dado, ni queda totalmente a nuestro alcance comprender su última profundidad y significado. Un rey no nos representa a nosotros sino a Dios. Su idioma es la de la eternidad y es nuestra tarea de mortales tratar con devoción de traducirlo, de descifrarlo, aun sabiendo que el intento no va poder librarse de nuestra natural imperfección. Yo puedo entender los ataques de los republicanos, precisamente por su alma…”

Mi paciencia llegó hasta este renglón, quien desee seguir leyendo, si tiene humor y un poco de masoquismo, que pinche en el enlace, regístrese y que le aproveche, o directamente aquí, en el blog. en donde podrá leer el artículo completo.

Si no le ha pasado nada después de leer semejante apología de la monarquía, tiene usted mucho cuajo. Sigo.

Su alteza real D. Juan Carlos I, alias el emérito, prófugo de varias justicias en el democrático país de Emiratos Árabes Unidos (EAU), asumió la jefatura del Estado basando su legalidad en el sangriento golpe de estado del 18 de julio de 1936, según él mismo afirmó en su momento. Ah, y sin olvidar en que en 1931 la monarquía, y con ella los borbones, fueron “derrotados” en votación popular y expulsados.

La monarquía, contrariamente a lo que defiende Sostres en el ABC, no tiene más legalidad en España que la impuesta por un dictador filonazi y fascista después de medio siglo de guerra y posguerra a beneficio de inventario de los poderes fácticos. Y si este medio siglo fue insultante no menos lo fue la llamada Transición del 78. Así nació la nueva monarquía, tan democrática como la propia dictadura, de la que el primer representante, Don Juan Carlos I, dio buen ejemplo de lo que han sido y son la saga de los Borbones.

Su no menos digno sucesor, su alteza real D. Felipe VI, ahora se cree amo y señor de todo y de todos y anda mosqueado porque se han olvidado de sus galones. Qué desconsiderados son sus súbditos, pero mucho más lo es su alteza cuando viviendo a cuerpo de rey, nunca mejor dicho, tiene en su país a sus paisanos con índices de pobreza, exclusión social, paro, desahucios y demás lacras liderando cualquier ranquin habido y por haber, gracias todo ello a que el Estado que su alteza preside también tiene legalizada la evasión fiscal, el fraude y demás chanchullos y, cuando no, sus jueces con collarín de tanto mirar para otro lado. Pero en esto ni el emérito ni su alteza, hoy en el trono, parece que nada tienen que ver. Y yo digo que sí, aunque solo sea por lo que representan y a quienes representan, aparte de lo que afanó, según dicen, el amo de los Borbones, su predecesor, su papá y, ahora, literalmente fugado de la justicia. Vaya currículum.

Pero cuidado, por favor, no nos tomen por imbéciles y, además, no olviden que los agresores son y han sido ustedes y, sus beneficiarios, los monárquicos y sus valedores. La cuestión no es ni el perdón ni el olvido, sino justicia y disculpas, qué menos, por parte de los golpistas. Solo así se podrá pasar página.


Fuente → asturbulla.org

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