


Haber acabado con esa gran esperanza de reforma que implicaba la II República . Cándido Marquesán Millán
Fernando Hernández Sánchez profesor de Didáctica de la Universidad Autónoma de Madrid en un artículo Memoria e Historia del Presente: La asignatura en que España no progresa adecuadamente en
la Revista Nuestra Historia 2 (2016) expone unos datos muy preocupantes
del desconocimiento de nuestra historia presente. Tales datos los tomó
del libro de Francisco Espinosa Lucha de historias, lucha de memorias 2002-2015.
Según el CIS de febrero de 2010, para el 40% de los españoles la culpa del estallido de la guerra civil
se reparte en los dos bandos por igual. Para el 36% ambos bandos
causaron las mismas víctimas. Para el 58% el franquismo tuvo “cosas
buenas y cosas malas”. Y para un 35% “con Franco había más orden y más
paz”, aunque a continuación admitieron, menos mal, un 80% y un 88%
respectivamente, que se violaron los derechos humanos y no había
libertad de expresión. Un 74% consideran con orgullo la Transición. El
56% no sabe cuándo se aprobó la Constitución. El 69% confirmaron que
recibieron poco o ninguna información sobre la guerra civil en el
instituto o colegio.
El mismo Fernando Hernández Sánchez, en un reciente artículo El presente en un país extraño, expone algunos hechos no menos preocupantes en relación al desconocimiento de acontecimientos de la historia de nuestro presente, como la Segunda República, la guerra civil
y el Menciona que hace unos años participó en un curso de verano de la
Universidad Complutense sobre lecturas de la guerra civil española.
Entre el público, numeroso y muy interesado en el estudio de la España
contemporánea, abundaban los docentes de secundaria. En su
intervención, que versó sobre el tratamiento de la guerra civil y sus
consecuencias en los libros de texto, propuso al auditorio un supuesto.
Ante el último ejercicio de la oposición de acceso al cuerpo de
profesores de Secundaria y, habiendo obtenido una alta calificación en
la primera fase del procedimiento, debían exponer ante el tribunal del
que dependía su aprobado final uno de estos dos temas, extraídos al
azar: el franquismo y el arte prerrománico. Invitados a responder con
total sinceridad, ¿imaginan cuál fue la opción aplastantemente
mayoritaria? Y también comenta que un reciente examen de prueba de
acceso a la universidad (EvAU) en un instituto de Madrid la gran mayoría
del alumnado rechazaba el tema de la Segunda República, la guerra civil
o del franquismo, inclinándose por temas más complejos del siglo XIX.
El temor a pronunciarse sobre el pasado reciente en situaciones de las que depende la promoción profesional o académica es más que una anécdota.
Tras la muerte de Franco y la implantación de nuestra democracia ejemplar, aún manteniéndose tal discurso de la dictadura, se fue abriendo paso el discurso no sin esfuerzo de una equivalencia maniquea: ambos lados fueron culpables del desencadenamiento de la guerra civil.
Todo lo expuesto por Hernández Sánchez nos tiene que provocar una serie de reflexiones. La primera es que todavía hay miedo
en el aula, en los medios y en la sociedad a hablar sobre la Segunda
República, la guerra civil y el franquismo. Y eso que estamos ya en una
democracia moderna, producto de un proceso ejemplar de Transición
democrática, que, para algunos, vendría a ser el segundo acontecimiento
más importante tras la creación del mundo; proceso pivotado por el
emérito, al que deberíamos por ello estar siempre agradecidos los
españoles. Y quien tiene la osadía de cuestionar la ejemplaridad de la
Transición y el papel del emérito sufre ataques por tierra, mar y aíre.
La sombra de Franco,o lo que es lo mismo el franquismo, es alargada. Muchos de
nuestros abuelos por haberse significado políticamente fueron
represaliados brutalmente. Y en el sumo de la perversidad les hicieron sentirse culpables. En el prólogo del libro, Desenterrar las palabras. Transmisión generacional del trauma de la violencia política del siglo XX en el Estado español de Clara Valverde, Montse Armengou
dice que en su trabajo como directora de documentales sobre la
represión franquista, le sorprendió que frecuentemente las víctimas
adquieran conciencia de serlo en el marco de un programa televisivo. «Esa
manía de papá de meterse en política, acarreó la desgracia a toda la
familia, a él el primero, pero de rebote nos salpicó a todos. Mira que
mamá se lo tenía dicho: ¡tú no te metas en política!» Le hicieron sentirse culpable. Las frases actuales «No te signifiques» o «No te des a notar» son una herencia de la dictadura. En definitiva miedo. Y ese miedo todavía persiste tras 45 años de la muerte del Funeralísimo, según denominación de Rafael Alberti.
Mas quiero referirme ahora a los datos del CIS del 2010 -no pienso que sean hoy muy diferentes los resultados- en los que una
parte importante de españoles consideran que de la guerra civil ambos
lados fueron culpables y que cometieron las mismas víctimas y que en el
franquismo hubo cosas buenas y cosas malas, y que había más orden y más paz.
Todas estas actitudes muy preocupantes en un sistema democrático, son
producto de un desconocimiento de nuestra historia, cuyos efectos
todavía siguen presentes. Todo tiene un porqué.
Para legitimarse la dictadura necesitó deslegitimar el régimen de la II República. Por ende, lo primero que hizo fue denigrar y desmontar totalmente la escuela republicana.
Reorientó la enseñanza basada en el nacional-catolicismo, en la que la
Iglesia tuvo un protagonismo fundamental, no en vano había apoyado a la
dictadura en la Carta Colectiva de los obispos. Construyó un doble
discurso escolar: uno catastrofista, del que era culpable la República; y
otro heroico en beneficio de los sublevados, que no tuvieron otra
opción que levantarse para que España no acabase en el abismo. La Enciclopedia Escolar Edelvives. Segundo Grado. Editada en Zaragoza en 1944 decía: «El
Ejército en cumplimiento de su sagrado deber para con Dios y con
España, decidió lanzarse a su salvación. Así empezó el Glorioso
Movimiento Nacional».
Tras la muerte de Franco y la implantación de nuestra democracia ejemplar, aún manteniéndose tal discurso de la dictadura, se fue abriendo paso el discurso no sin esfuerzo de una equivalencia maniquea: ambos lados fueron culpables del desencadenamiento de la guerra civil. Discurso muy extendido en medios, en la sociedad, e incluso en las aulas. No tanto en la historiografía. Lo cual significa un desconocimiento de todo lo que supuso de modernidad el proyecto de la II República.
La izquierda tuvo que hacer muchas concesiones y entre ellas la de
asumir la idea de que la democracia se inició en España con la
Constitución de 1978, y no en los tiempos de la II República. Lo malo
del caso es que la forma en que se hizo la Transición a la democracia
tendió a perpetuar los viejos silencios e impidió que se apoyaran desde
arriba los esfuerzos que algunos investigadores estaban haciendo para
recuperar la historia de la II República y de la Guerra Civil.
Este discurso de igual culpabilidad en ambos lados fue reafirmado tras la publicación del libro de Manuel Chaves Nogales A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, publicado
ya en Chile en 1937 y en España en el año 2001. Está compuesto de un
impresionante prólogo, y nueve relatos, a cual de ellos más truculento,
que son todo un paradigma del nivel de crueldad al que pueden llegar los
seres humanos en determinadas circunstancias. Del primero titulado ¡Masacre, masacre!, ubicado en el Madrid sitiado por las tropas fascistas es este: "Es
inútil --arguyó el miliciano del pistolón-- con los aviones de Italia y
Alemania no podremos. No hay más táctica que el terror. Por cada
víctima de los aviones, 5 fusilamientos, 10 si es preciso. En Madrid hay
fascistas de sobra para que podamos cobrar en carne". Del segundo De la gesta de los caballistas es este, que no le anda a la zaga: "De
Sevilla ha salido el Algabeño con su tropa de caballistas con los
mejores jinetes de la aristocracia sevillana y los hombres de su
cuadrilla, sus banderilleros y picadores, capaces de lidiar lo mismo una
corrida de Miura como un ayuntamiento del Frente Popular." Por ello, en el prólogo escribió:
"De mi experiencia personal había contraído méritos para haber sido
fusilado por los unos y por los otros. Sé de buena tinta que antes de la
guerra civil, un grupo fascista de Madrid había decidido asesinarme,
sin perjuicio de que los revolucionarios, comunistas y anarquistas,
considerasen que yo era perfectamente fusilable". Esa es la
palabra clave “yo era perfectamente fusilable”. Por ello, decidió huir, y
pasó a convertirse en paradigma de la Tercera España. Supone un reduccionismo injustificado, el convertir la guerra civil en un enfrentamiento entre comunismo y fascismo. Lo cual es una falacia, del lado de gobierno legítimo de la República había otras fuerzas políticas.
Sobre este libro y su contribución al fortalecimiento de la “Tercera España” es muy interesante el artículo de Francisco Espinosa
“Literatura e historia. En torno a Manuel Chaves Nogales y la “Tercera
España”. Nos dice “a esta concepción maniquea, de ambos lados fueron
culpables, se ha incorporado también la literatura. Ahí tenemos a Muñoz Molina con La noche de los tiempos y a Trapiello con Ayer no más
y a otros más intentando convencernos de que Manuel Chaves Nogales y
algunos de sus escritos nos dan las claves de la guerra civil, al menos
de la que imaginan gente como Muñoz y Trapiello, que ya sabemos que
aunque escriben novelas son casi historiadores. El objetivo final,
como el de los revisionistas, es ofrecer una visión negativa y caótica
de la República y hacernos creer que la guerra, en la que todos fueron
iguales, fue inevitable. Tienen mucho terreno ganado, porque lo que se nos viene diciendo desde la Transición es precisamente eso.
Chaves, al que llevan camino del santoral de la “Tercera España”, les
permite no ya lo que nunca les permitirán sus admirados escritores
fascistas, sino lo que jamás podrán extraer de las obras de gente como
Aub, Machado o Cernuda. Y ese concepto de la “Tercera España” viene
perfecto para la equivalencia maniquea. La “Tercera España” no existe.
La realidad es más simple. la del Gobierno legal surgida de las
elecciones generales de febrero y la del golpe militar del 18 de julio.
La terrible agresión fascista conmocionó y quebró el Estado, que vio
cómo en cuestión de semanas más de medio país caía en manos de los
sublevados, que estaban aplicando un calculado plan de exterminio. Sin embargo, allí donde el golpe fracasa o es sofocado por el pueblo en armas se abre un proceso revolucionario de consecuencias imprevisibles
que tardará varios meses en ser controlado por los gobiernos
republicanos que afrontaron la nueva situación. Debería estar claro ya
que los responsables primeros de lo que pasó fueron los que iniciaron la agresión abriendo la cadena de violencia.
La República fue la víctima de ese ataque, al que tuvo que responder
entre múltiples dificultades. Al respecto resulta muy interesante el
último libro de Ángel Viñas ¿Quién quiso la guerra civil? En
él demuestra cómo desde el mismo 14 de abril de 1931 los monárquicos,
encabezados por Goicoechea, jefe nominal de Renovación Española,
estuvieron en contacto con el fascismo de Mussolini para derribar el
régimen republicano. Está claro quién quería la guerra civil. La huida
de Manuel Chaves Nogales fue humana y no merma en nada su categoría
personal ni la calidad de su obra, pero lo que no podemos hacer en modo
alguno es convertirla en modelo ejemplar. Chaves Nogales, como otros
muchos, optó por quitarse de en medio. Y por otro lado durante los 5
meses que estuvo en Madrid nadie lo molestó, sí que hubiera tenido
problemas de haber estado en Sevilla el 18 de julio. Sin embargo, hay
que decir que la “operación Chaves”, para reafirmar la “Tercera España”
encierra un desprecio absoluto por todos aquellos españoles que, desde
diferentes posiciones ideológicas, defendieron la República hasta la
derrota final. Hubo muchos otros periodistas que permanecieron hasta el
final del lado del gobierno legítimo de la República, y por ello,
algunos se exiliaron y otros fueron represaliados por la dictadura.
Frente a los discursos anteriores: la República fue culpable de la
guerra civil y el de la equivalencia de la culpabilidad entre ambos
bandos, se ha abierto paso no sin dificultades el de la revalorización
de la II República, coincidiendo en parte con el Movimiento por la
Recuperación de la Memora Histórica. Se ha trabajado en tal sentido a
nivel historiográfico, tanto en el ámbito universitario, como en el de
las enseñanzas medias. Personalmente publiqué en el 2001 el libro La Segunda República en Híjar, periodo
que para los hijaranos suponía el caos, la violencia y la revolución,
producto de su desconocimiento y su tergiversación. En el 2006 otro
titulado José Gálvez Oliver. El Tío Rullo. Vida y exilio de un socialista hijarano. Luego publiqué algunos artículos sobre el mismo periodo Las Misiones Pedagógicas en Híjar; Las
dificultades del republicanismo en Híjar en 1931; Un página poco
conocida de la II República: la primera vez que votaron las mujeres
españolas, publicado en este mismo medio. Además de otros sobre La represión franquista en Híjar.
Todos estos trabajos me generaron problemas con algunos conciudadanos,
llegando a algún enfrentamiento personal o retirada del saludo.
Igualmente lleve a cabo con los alumnos del instituto de Alcañiz
trabajos de “historia oral”, metodología de investigación que pude
conocer a través de otro profesor de secundaria y gran especialista en
el tema, Herminio Lafoz. En uno de los trabajos de uno de mis
alumnos, pude conocer el bombardeo terrible sobre Alcañiz por parte de
la aviación italiana. Bombardeo que documentó en un gran libro José Mari Maldonado, también profesor de secundaria, “Alcañiz 1938: el bombardeo olvidado”. En
mis clases no tuve reparo alguno en explicar las atrocidades y
represalias del régimen franquista, por lo que en cierta ocasión el
director del instituto me presentó las quejas de algunos padres. Todo se
debía por haber dicho en clase que Franco había sido el mayor genocida
de la Historia de España. En definitiva, en mi trabajo profesional he
tratado de explicar la II República, la guerra civil y el franquismo,
desde una perspectiva muy diferente a las de los dos discursos
anteriormente mencionados. Lo que ya no pongo la mano en el fuego que
otros colegas de profesión hayan hecho lo mismo, quizá por falta de
compromiso y no querer problemas. Allá cada cual con sus razones.
No puedo sino terminar con una reivindicación de los valores de la
II República. Para ello utilizaré las palabras del maestro ya fallecido
Josep Fontana de su conferencia de 2009 Los historiadores son gente peligrosa. La Interferencia de los políticos en la enseñanza y divulgación de la historia:
“De 1975 para acá –y eso son ya muchos años no se haya hecho nada desde
arriba para alentar el trabajo de recuperación de la historia de la II
República, algo que ha habido que hacer desde abajo, y con demasiada
frecuencia al margen de las universidades, que no se han sumado a esta
preocupación hasta hace muy pocos años. El retraso con que se ha
abordado esta tarea tiene una consecuencia negativa, como es la de
habernos dejado atrapados en la trampa que nos tendió el franquismo,
contando muertos y haciéndonos olvidar que el mayor de sus crímenes,
mucho mayor que las ejecuciones en las cunetas, los descampados y las
cárceles, era el de haber acabado con esa gran esperanza de reforma que implicaba la República,
relegando al olvido los esfuerzos realizados en aquellos años en
terrenos tan diversos como son los de las libertades democráticas, los
derechos sociales o, sobre todo, en el de la educación, entendida como
un medio para convertir a los súbditos en ciudadanos. Hemos estado elaborando hasta ahora el censo de los numerosos maestros asesinados en los primeros días de la guerra civil. Tal vez haya llegado el momento de ponernos a explicar qué enseñaban estos maestros y de qué modo contribuían a un proyecto de transformación de la sociedad española que algunos temieron que podía afectar a sus intereses y mermar sus privilegios, lo que les llevó a condenarlos a muerte”.
En la introducción del libro “Enseñar Historia con una Guerra Civil por medio” (1999) el mismo Fontana nos
dice: “Vivimos en tiempos de revisionismo en que se pretende sostener
que en la contienda civil española ambos bandos fueron igualmente
culpables y que la sublevación militar de julio de 1936 fue una
consecuencia inevitable de los errores y abusos del régimen republicano.
Pienso, por el contrario, que un análisis de lo realizado por cada uno de los dos bandos muestra que les movían razones muy distintas. Y
que es imposible entender lo que significó la Segunda República
Española, y los motivos por los que la combatieron los sublevados de
1936, si se pasan por alto diferencias tan fundamentales como ésta: la
República construyó escuelas, creó bibliotecas y formó maestros; el
"régimen del 18 de julio" se dedicó desde el primer momento a cerrar
escuelas, quemar libros y asesinar maestros”.
Fuente → esencialomenos.blogspot.com
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