Proyecto Faq Dos reyes y un único momento destituyente

lunes, 10 de agosto de 2020

Dos reyes y un único momento destituyente

 La salida por piernas de Juan Carlos de Borbón, con el apoyo de la plana mayor del Partido Socialista, reabre la crisis institucional que está vigente desde hace una década en España. Representantes de Unidas Podemos, Más País, las CUP, ERC, EH Bildu y Anticapitalistas valoran en este reportaje la posibilidad de un nuevo “momento republicano” en España.

Dos reyes y un único momento destituyente 
Pablo Elorduy

El interlocutor no le llevó el arma, es lo que tiene el pensamiento metafórico, pero se quedó preocupado. Le quedó claro el mensaje cuando Juan Carlos de Borbón le pidió “una pistola para que me suicide”. Al monarca raras veces le habían llevado la contraria hasta entonces. Aquella iba a ser crucial para el final de su reinado. El Gobierno y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) cancelaron, en el año 2013, un viaje a Abu Dabi en el que el entonces rey se iba a encontrar con su socia y pareja, Corinna zu Sayn-Wittgenstein. Iban a negociar una salida a los pleitos que el emirato de Abu Dabi planteó a España por el portazo a las renovables de 2012. Iban, por supuesto, a hacer negocios.
 
Lo cuenta el imprescindible Final de partida, de la periodista Ana Romero. Aquel viaje frustrado no fue el comienzo de nada ─este puede situarse en una cabaña de Botsuana un año antes─ pero ha tenido una continuación siete años después. La primera fotografía del rey desterrado se tomó en el aeropuerto de Abu Dabi. Se había especulado con distintos destinos, pero el destino había escrito que el rey emérito fuese allí donde no le permitieron ir los más avispados de sus súbditos. Un lugar en el que se le venera como rey y se le respeta como el primero de los ultra high net worth individuals, individuos con más de 30 millones de dólares, campeones del mercado exclusivo de las finanzas globales. La obsesión por dominar esa clase internacional de ultrarricos, el deseo de acumular dinero, finalmente terminó con el mito del rey de la Transición. Ese deseo de riqueza que siempre acompañó al rey, pero que fue posible ocultar durante mucho tiempo. 
 
Esta semana, en un intento por intervenir en la opinión pública, el periódico monárquico El País puso en boca del rey emérito un lamento que habría realizado a uno de sus allegados: “Los menores de 40 años me recordarán solo por ser el de Corinna, el del elefante y el del maletín”. La cuestión es que no hay ninguna razón para que no se le recuerde así. No existe el derecho a la nostalgia. 
 
Tras más de 40 años de un trabajo intenso, la imagen de la Transición y del periodo de paso a la democracia que, según ese relato, encabezó el rey Juan Carlos I, ha entrado en barrena. La amenaza ya no es para el desterrado de Abu Dabi sino para el conjunto de un sistema que tiene en esa fase histórica su momento estelar. La diputada y dirigente de la FAES Cayetana Álvarez de Toledo, se expresaba en Twitter en relación a la crisis abierta en torno al régimen del 78: “No mandaréis la Transición al exilio”, clamó.
 
Pero la transición ya estaba en entredicho en 2012 cuando, en los días en que se negociaba el rescate del sistema financiero español por parte de Bankia, se conoció el accidente que el entonces monarca había tenido en Botsuana. El mismo rey que solo unos días antes lamentaba el paro juvenil del 50% y decía que le quitaba el sueño, se había partido la cadera en un bungalow mientras masacraba, sentado, a un elefante. La crisis institucional se encarnaba en el rey de la Transición, que dos años después abdicaría y solo ocho más tarde saldría, tratando de hacer el mínimo ruido posible, a un destino que durante días ha permanecido en secreto. 
 
Pese a ser programada en agosto para evitar en lo posible el exceso de atención, la huida, destierro o espantada del rey emérito Juan Carlos I ha vuelto a abrir en canal la crisis institucional que el poder en España navega desde 2011. No se asiste tanto a la emergencia de un movimiento republicano como a la descomposición de la monarquía, como una excrecencia incoherente con el contrato democrático.

El secretario general del PCE considera el comunicado de la Casa Real “una inmensa falta de respeto a la españolas, especialmente para toda generación que se consideró “juancarlista” 

Ocho años después de Botsuana, el proceso destituyente que comenzó en el 15M y que se reprodujo también en el Procés independentista de 2017 sigue carcomiendo unas instituciones dominadas por fuerzas renuentes a la apertura de un proceso constituyente. Por su función simbólica, la monarquía es el foco más visible de una serie de crisis superpuestas que inundan la estructura territorial ─no solo sobre la unidad formal de España sino sobre la existencia de desigualdades y competencia entre la España vaciada y las metrópolis─, y que se dan simultáneamente a una crisis global en marcha.
 
Para este reportaje El Salto ha contactado con portavoces y líderes políticos de fuerzas políticas. Son Enrique Santiago, secretario general del PCE, Rafael Mayoral, coportavoz de Podemos, Mireia Vehí, diputada de las Candidaturas d’Unitat Popular, Íñigo Errejón, diputado de Más País, Carolina Telechea, diputada y portavoz adjunta de ERC en el Congreso, Oskar Matute, diputado de EH Bildu y Raúl Camargo, portavoz de la dirección de Anticapitalistas. Aunque las discrepancias y divergencias entre estos partidos y coaliciones son notorias, la posibilidad de un momento constituyente o un momento republicano aparece como una consecuencia de la descomposición de las estructuras del sistema.

La espantada del rey Juan Carlos I

A las 18h del 3 de agosto, un comunicado de la Casa del Rey anunciaba la salida de España del emérito. ¿Huida, espantada, o, como titularon los grandes medios de comunicación simplemente una “salida”? Las palabras importan, pero son más definitivos los hechos. La justicia suiza y la justicia británica siguen la pista del rey Juan Carlos, que también conoce desde hace un mes la intención de la Fiscalía General del Estado de investigar las presuntas comisiones ilegales de la construcción de la línea de alta velocidad Meca-Medina, en Arabia Saudí.

Los escándalos de corrupción acechan al ex rey, desplazado de la Casa Real para salvar a la institución de una crisis sin precedentes. ¿Sobrevirá la monarquía española al destierro de su mayor símbolo y razón de ser? Este 25 de julio, miles de personas se manifiestan para pedir que sea la ciudadanía quien decida.

Para Enrique Santiago, abogado de profesión, resulta “evidente que Juan Carlos Borbón ha huido ante el avance de las investigación de la Fiscalía de sus presuntas corruptelas, se ha sustraído a la acción de la justicia”. El secretario general del PCE considera la carta y el comunicado de la Casa Real “una inmensa falta de respeto a la españolas y los españoles, especialmente para toda generación que se consideró “juancarlista”, que confió en la familia Borbón y cuya confianza ha sido traicionada”.
 
Íñigo Errejón destaca que la escapada se ha producido por la puerta de atrás y en agosto: “Huye para no tener que rendir cuentas, huye temeroso de que conozcamos lo que hacía y huye sin pagar lo que debería a la hacienda pública”.
Por su parte, los partidos independentistas han reclamado responsabilidades al Gobierno por la “espantada” de Juan Carlos I. Esquerra Republicana de Catalunya, EH Bildu, Junts per Catalunya, BNG y las Candidaturas d’Unitat Popular, presentaron el 6 de agosto un escrito a la presidenta del Congreso para solicitar la comparecencia de Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, para que explique cuál ha sido el apoyo del Gobierno “a la operación de huida del rey emérito y lo que ello representa respecto a la solidez de las instituciones democráticas del Estado”.
 
Carolina Telechea critica que el principal problema de la “fuga” del Borbón es que ha tenido lugar “con encubrimiento” del Partido Socialista. Del mismo modo, Oskar Matute considera que “lo más triste de la fuga es que el Gobierno haya participado de ella”. ERC ha solicitado asimismo que la Fiscal General del Estado comparezca ante la comisión de Justicia del Congreso para explicar por qué no se han tomado medidas cautelares. 
 
Mireia Vehí, diputada de las CUP, apunta también a la responsabilidad de Calvo y el PSOE con su apoyo “simbólico y material” a la huida, que se produce en un momento político y económico de “policrisis” en el Estado español ─Vehí menciona la crisis sanitaria, económica, territorial─ y con unas previsiones económicas que califica como desastrosa. 

 Rafael Mayoral, diputado de Unidas Podemos, recuerda que el fondo de la cuestión es que la jefatura de Estado está en manos “de una persona que no responde ante la ciudadanía” 

Camargo, portavoz de Anticapitalistas, coincide en calificar como huida la acción de Juan Carlos, aunque es pesimista respecto a que eso signifique que el Borbón vaya a pasar por el “humilladero” de la sede judicial como sucedió con su hija Cristina a raíz del caso Nóos: “El mismo Juan Carlos I le ha dicho a su amigo Alfonso Ussía (la clase de amigos del exMonarca le retrata bastante por cierto) que es una salida temporal y que volverá. La sensación de impunidad del emérito y la omertà mediática, política y empresarial con la que se ha manejado en estos 40 años sin duda le hacen estar muy confiado en que esto pasará y todo seguirá más o menos igual”, denuncia Camargo.

La inviolabilidad

La última carta del rey emérito, al menos en España, es la inviolabilidad que quedó consagrada en la Constitución y que, llegado el momento, sería materia de debate para un Tribunal Supremo que tendría que dilucidar si puede aplicarse la inviolabilidad en el caso de un fraude fiscal continuado en el tiempo.
 
Más allá de si el rey emérito es inviolable, la mesa del Congreso, negándose en dos ocasiones recientes a su comparecencia, ha planteado la duda de si la monarquía es irresponsable de sus actos, no únicamente de los actos refrendados, si no del conjunto de los actos de la máxima autoridad del Estado. Aunque Felipe VI renunció voluntariamente a los beneficios de la herencia de su padre en las cuentas descubiertas en Suiza, el ordenamiento actual hace de la “ejemplaridad” que promociona la casa real poco más que una recomendación sin base legal.

Una nueva exclusiva apunta a que las hijas de Felipe VI también serían beneficiarias de las cuentas suizas del rey emérito Juan Carlos I. La renuncia anoche por parte del actual monarca a su herencia también se extiende a la princesa de Asturias, Leonor de Borbón. 

Rafael Mayoral, diputado de Unidas Podemos, recuerda que el fondo de la cuestión es que la jefatura de Estado está en manos “de una persona que no responde ante la ciudadanía”. Algo anacrónico e incoherente con los propios preceptos constitucionales del 78, ya que significa que “el principio de igualdad no se cumple”.
 
“El emérito se marcha debiendo muchísimo dinero a la ciudadanía, con el escudo institucional del Ejecutivo y del poder judicial”, denuncia Mireia Vehí. Para la diputada cupera, el Tribunal Supremo “no ha movido ni un dedo al respecto de su marcha” y la Fiscalía General del Estado, “a diferencia que con los presos políticos catalanes” tampoco ha hecho ningún gesto al respecto. Telechea apostilla que es “muy diferente” el caso del fugado de la justicia “por corrupto, con autorización del Estado” que los presos por el referéndum del 1 de octubre. 
 
“Los negocios de la monarquía están al margen del conocimiento de los demás —que no de sí mismos—, y evidencian el carácter de la monarquía: no solo de su obsolescencia, sino la dimensión y la construcción de la Casa Real”, señala Oskar Matute. Para este diputado abertzale, la monarquía utiliza “a un Estado para lucrarse”. 
 
El diputado Errejón ve como un indicador de la inseguridad de las élites económicas, políticas y mediáticas el hecho de que “se nieguen incluso a una discusión sobre una ley de la Corona que regule la inviolabilidad y establezca mecanismos de control, transparencia y rendición de cuentas”. Parece, añade Errejón “como si tuviesen miedo a que la mínima discusión pueda extenderse sin control”.

La crisis institucional

La huida del monarca deja en evidencia todo el relato del “juancarlismo”, añade Errejón, un tipo de justificación cortesana que “entre balbuceos” intenta ahora convertirse en “felipismo” “mientras solo ofrece justificaciones ‘históricas’, en clave de la Transición, pero nunca en términos de futuro”, señala el diputado de Más Madrid.
 
La defenestración del rey de la Transición es el tercer acto de una crisis institucional que comenzó con la sentencia del Estatut de 2010 y siguió con la firma por parte del PSOE y el PP de la modificación del artículo 135 de la Constitución española, señala Rafael Mayoral, portavoz de Podemos y diputado en el Congreso
 
Juan Carlos I simboliza la degeneración de esa idea de consenso o pacto, pero su sucesor, Felipe VI no ha conseguido generar en torno a su mandato ningún consenso. Como indica Mayoral, se permiten los ataques ad hóminem al ángel caído, Juan Carlos de Borbón. pero no el debate sobre la monarquía.

Al verdadero rey lo empezamos a ver en abril de 2012. El azar del calendario nos regaló una pequeña justicia poética: 14 de abril. Ese día nos despertamos con la noticia de la operación de cadera del rey.

Mireia Vehí coincide en que cabe la posibilidad de que se aísle a Juan Carlos de Borbón ─”sería posible ver, incluso, algún gesto agresivo hacia Juan Carlos I si hay mucho revuelo con el tema”, apunta─, pero la diputada cree que en eso que se ha dado en llamar el Estado profundo, independiente del Gobierno de turno y formado por tribunales, altos cargos y poderes fácticos, la intención es hacer todo lo posible para sostener la monarquía parlamentaria y evitar otra crisis. 
 
Errejón considera que la monarquía “no es un estabilizador del sistema político del 78 sino hoy ya una parte de sus equilibrios rotos”. Al funcionar “de parte”, es decir, como un actor más de la contienda política, se convierte en un factor generador de ruido inmerso de lleno en la crisis multicausal que vive España desde hace una década. “Recordemos que el rey hoy fugado abdicó en el verano de 2014, no porque tuviese en frente un movimiento explícitamente republicano sino por una irrupción política inesperada y de masas a la que el régimen no podía contestar ni contener con las categorías del pasado”, señala este diputado. 

 El cierre en banda de Pedro Sánchez y los socialistas a la apertura del debate sobre el acuerdo constitucional limita la experiencia de la coalición en el Gobierno 

El secretario general del Partido Comunista de España, Enrique Santiago, defiende la necesidad de “formar una amplia alianza que acuda a las urnas con la propuesta constituyente para avanzar en democracia y garantizar los derechos económicos y sociales” aunque es consciente de que esto se debe llevar a cabo en un contexto en el que funcionan una serie de “candados” que dificultan la reforma constitucional. 
 
Por su parte, Raúl Camargo, portavoz de la dirección de Anticapitalistas, cree que la clave del momento es el papel que están jugando los socialistas, que dibuja el rol histórico de este partido desde la Transición: “Sin el papel del PSOE como sostén principal del régimen del 78 toda esta porquería en la que se ha movido Juan Carlos hubiera sido imposible”, explica a El Salto.

 
Una imagen de la Puerta del Sol, en la primera semana del movimiento 15M. Olmo Calvo

Bulto sospechoso

Posiblemente ningún tema como el supuesto apoyo de Carmen Calvo y Pedro Sánchez a la casa del rey para diseñar la salida del monarca defenestrado ha evidenciado mejor el papel de “bulto sospechoso” con el que se ve a Unidas Podemos dentro de ese Estado profundo e incluso dentro del Gobierno de coalición formado en enero. Hoy, el argumento de que “la culpa es de Podemos” sirve para justificarlo casi todo, incluso el regreso de un sentimiento republicano y constituyente que forma parte de la historia de España desde comienzos del siglo XIX. 
 
Las críticas a la coalición de Izquierda Unida y Podemos, no obstante, también llegan de la izquierda independentista y de los anticapitalistas. Telechea cuestiona el papel de Unidas Podemos y del vicepresidente Pablo Iglesias en el Gobierno cuando no se les informó de los movimientos para facilitar la salida del rey. El cierre en banda de Pedro Sánchez y los socialistas a la apertura del debate, no sobre la figura del rey emérito, sino sobre el acuerdo constitucional ─el presidente ha dicho que defenderán “a las duras y a las maduras” el texto de 1978 cerrando el paso a cualquier debate constituyente─ deja a la coalición en el Gobierno limitada a la hora de abordar un cambio que desbloquee la crisis actual.

 “Las élites económicas, políticas y mediáticas parecen reafirmar que su suerte está atada a la Corona” indica Íñigo Errejón 

“Es evidente que el PSOE nunca va a facilitar un referéndum sobre la forma de Estado porque para ellos la Monarquía es el pilar fundamental del pacto del 78 y abrir ese melón pondría en cuestión demasiadas cosas”, apunta Raúl Camargo, quien se muestra sorprendido de “que Unidas Podemos cite la correlación de fuerzas como algo estático y se resigne ante una crisis de esta envergadura a poner algunos tuits y seguir en el Gobierno con el PSOE como si nada hubiera pasado”.

Mayoral cree que su partido, Podemos, aún mantiene vigente el componente constituyente bajo el que nació en 2014. En este sentido, recuerda que el nacimiento de la formación morada se produjo cuando quedó claro que el pacto social del 78 había sido roto “por arriba y no por abajo, en tanto se lo han saltado por medio de los recortes sociales, por el no reconocimiento de la plurinacionalidad y el saqueo de las clases populares a través del Estado como instrumento”. 

Para la diputada cupera Mireia Vehí, “un gesto democrático como el de poner a decisión de la población del Estado si se quiere una monarquía o una república” es imposible en tanto que el PSOE es el primer interesado en que no se cuestione uno de los elementos fundamentales de la actual disposición de los poderes del Estado: “La monarquía, sus intereses y su capital, es una de las piezas que mantiene y tiene contenta a la vieja guardia, simbólica y materialmente”.

DE ESTADOS PROFUNDOS

No es casual que, en el periodo desde la caída de Bostuana hasta la abdicación, un tiempo en el que el entonces rey intentó restaurar su imagen bajo los parámetros de “primer embajador” de la marca España ─convirtiéndose en una especie de súper-ministro de tres áreas: Economía, Exteriores e Industria─ sus acompañantes habituales fueran el expresidente Felipe González, Juan Miguel Villar Mir, expresidente de OHL, nombrado marqués por el exrey en 2011 y Félix Sanz Roldán, exdirector general del Centro Nacional de Inteligencia, el primer lugar al que hay que llamar si se quiere localizar a ese llamado “Estado profundo”. 

Rafael Mayoral subraya que “la corte que han tenido el rey ha sido el ibex 35 y los grandes empresarios, a los que ha otorgado titulos nobiliarios”. Para este diputado, el déficit democrático parte de que la monarquía se identificó como principal puntal de la oligarquía. Su crisis también es una derivada de la enrucijada del capitalismo español, que ve amenazadas sus perspectivas de reproducción.

“Las élites económicas, políticas y mediáticas parecen reafirmar que su suerte está atada a la Corona” indica Errejón, para quien ese es el motivo de que se vincule siempre cualquier debate sobre la forma de la jefatura de estado al debate de “la Constitución, la convivencia y la unidad territorial”. Este diputado recuerda que plantear esa simbiosis entre la monarquía y la organización del Estado “es una constante, por otra parte, en la historia de España”.

Según Enrique Santiago, los poderes que defendieron a Juan Carlos I hasta dejarlo caer y ahora se vuelcan en la protección de Felipe VI “no convencen a nadie de que sean para proteger a España, al país, a nuestro pueblo, sino para protegerse a ellos mismos a sus patrimonios, a la fortuna que han acumulado abusando de su posición institucional, sirviendo a otros 'clientes', Estados, empresas cuando decían y dicen servir al pueblo español”. 

Para Santiago, el asunto de pensar en una nueva república “es más complejo que un simple llamado a realizar una consulta sobre la forma de Estado”. El secretario general del PCE considera “evidente” que la mayoría de la población no apoya a la monarquía, “un sistema propio de épocas pasadas y contradictorio con una democracia”. Estima que es el momento de acumular fuerzas, ”pero estamos más cerca que nunca: según muchos sondeos la mayoría de la población está cansada de la corrupción y de las últimas maniobras de la Casa Real”. 
 
Para Vehí los movimientos independentistas de las naciones sin Estado, que son "desacomplejadamente republicanos” marcan el camino 

El escenario del otoño pasa por un relanzamiento de las consultas populares que, en clave estudiantil y universitaria, se han ido repitiendo periódicamente en la última década. La Plataforma Estatal por la Consulta Monarquía o República postergó su consulta como consecuencia del coronavirus y la plantea con vistas a 2021 y distintos grupos políticos, incluido Juventudes Socialistas de España e Izquierda Socialista, han planteado esta semana que “es el momento” de debatir sobre la forma de Estado. Camargo cree que la consulta debe servir para modificar “el estado de pasividad actual ante los desmanes de la Monarquía corrupta y el intento de salvar a Felipe VI como si no fuera el heredero de su padre”.

La española sigue siendo una de las familias reales más opacas de Europa, ajena a la Ley de Transparencia y Buen Gobierno, que no por casualidad dejó fuera de su aplicación a la jefatura del Estado.

Horizonte republicano

A falta de encuestas concluyentes ─el Centro de Investigaciones Sociológicas ha anunciado que introducirá alguna forma de evolución del sentimiento respecto a la monarquía─, la mayor prueba del resurgimiento de los sentimientos republicanos es la propia degeneración de la Casa Borbón. 

Pero la nostalgia no es un derecho para nadie. No lo es para los hagiógrafos de la Transición ni para quienes ven posible un retorno de la II República tras la larga noche del Franquismo y el cúmulo de cesiones que se dieron para que echara a andar la democracia. Errejón considera que el republicanismo hoy debe avanzar sobre la base de un debate en clave de futuro: “Mientras en España el republicanismo esté asociado emocional y simbólicamente a nuestra derrota en los años 30, siempre generará más inquietudes que certezas en los sectores más retardatarios o temerosos de la ciudadanía. Hay una posibilidad si la discusión es más sobre el futuro que sobre el pasado”, señala este diputado.

“Más que un movimiento republicano de nuevo cuño”, estima Enrique Santiago, “se trata de ampliar los espacios que ya existen, las coordinadoras que ya funcionan, sumando a más actores, a organizaciones políticas, sociales y sindicales. Llamamos a ello”. Ese espacio, señala este diputado comunista deber servir “para la reflexión estratégica: para situar objetivos, hitos que nos permitan avanzar hacia una nueva arquitectura institucional, obviamente una nueva República, donde todas las instituciones, incluidas las fuerzas armadas, dependan de personas elegidas por los votos”.

La experiencia de la II República no es parangonable, pero hay que tomar nota de sus enseñanzas históricas. Para Camargo, el municipalismo debe volver a jugar un papel central. “Creo que hay que hacer un movimiento muy amplio, que incluya a todo tipo de colectivos y personas y que supere en arraigo y amplitud a las tradicionales agrupaciones republicanas, que han hecho un buen trabajo pero que ahora necesita un nuevo impulso”, concluye este portavoz de Anticapitalistas. El papel clave del movimiento obrero de los años 20 y 30 del siglo pasado es, sin embargo, un ausente de importancia incalculable para la construcción del sentimiento republicano y fraterno que envió al exilio a Alfonso XIII en el año 31. La Unión General de Trabajadores (UGT) es hoy uno de los engranajes del sistema impugnado desde 2011 y la CNT de hoy, aunque robusta, carece de la base social de los años 30 del siglo XX. No hay rastro, por lo demás, de una derecha republicana equiparable a la que ha habido en otras épocas históricas.

En España construir republicanismo hoy, desarrolla Errejón, "es construir conciencia y comunidad democrática, que someta a vigilancia y tensiones a las instituciones políticas y económicas existentes para que prevalezcan las razones de los más a las de los menos”.

Como en otros momentos de la historia, la tensión entre la plurinacionalidad y la “unidad” de España es una de las mayores dificultades a la hora de plantear un proceso constituyente. Carolina Telechea, de Esquerra Republicana de Catalunya insiste en la idea de que los últimos acontecimientos demuestran que el “Estado español es irreformable, en esencia y en principios”. Por eso, añade, “nosotras somos republicanas, defendemos la independencia de Catalunya pero queremos lo mejor para todas las personas del Estado español y creemos que lo mejor que les podría pasar es que España fuera una república”. Para Telechea, el sistema republicano es el que puede garantizar la educación y la sanidad pública. En línea parecida, Oskar Matute aboga por “una república vasca, y creemos que hay una mayoría muy rotunda que apostaría por leyes justas y un pueblo culto”.

Mireia Vehí cree que el republicanismo debe partir de aquellas matrices de organización “que funcionan y de aquellos vectores políticos que mantienen el pulso al régimen”. Para Vehí los movimientos independentistas de las naciones sin Estado, que son "desacomplejadamente republicanos” han avanzado parte del camino en la creación de ese republicanismo para tiempos de crisis.

Desde Unidas Podemos, Rafael Mayoral muestra su escepticismo ante la posibilidad de la independencia de los territorios históricos: “O se sale de una forma fraterna y se construye desde el movimiento popular o vamos a algo peor. O hay República para todos o República para ninguno: el que piense que puede tenerla para él solo está perdido”.

El exilio de la Transición

Pese a las múltiples crisis superpuestas que navega el sistema español desde 2008, su capacidad de maniobra sigue siendo superior a la de cualquier posible alianza republicana. Las dos fuerzas del bipartidismo, como a lo largo de toda la historia de escándalos del rey Juan Carlos, están dispuestas a apurar la copa del acuerdo del 78 hasta las heces. La reforma constitucional, que debería estar asociada a las consecuencias de la crisis climática y el nuevo paradigma global que ha desvelado la crisis del covid-19, parece una labor que nadie es capaz de llevar a cabo. La estridencia de Vox, un partido ultramonárquico y al mismo tiempo asociado al trumpismo global, bloquea al PP del mismo modo que el surgimiento de Unidas Podemos obligó al PSOE a proteger su izquierda y esquivar, al menos formalmente, el formato de Gran Coalición.
Pol Serra
Ampliar los principios democráticos, algo que supondría el cuestionamiento de la monarquía en España, es la cara de una moneda cuyo reverso es el recorte de libertades y la ilegalización, como propone Vox, y ha deslizado el PP en determinadas ocasiones, de la mitad de partidos representados en el Congreso de los Diputados. Son todos aquellos que cuestionan precisamente la monarquía como un factor anacrónico y que vulnera el principio de igualdad ante la ley.

Aun hubo un último intento entre 2013 y 2014 para revitalizar la imagen del rey como piloto de una nueva Transición. La coba que se daba en los periódicos a Juan Carlos en aquel entonces contrastaba con las numerosas muestras públicas de desprecio al conjunto de la dinastía Borbón, en un año en el que se sucedieron pitadas a la reina Sofía, a la infanta y al entonces príncipe. Aunque tampoco la izquierda destituyente ha conseguido desde entonces acumular más fuerzas de las que se desplegaron en el ciclo 2011-2014, el mensaje fue atronador: hubo que hacer algo para que todo se mantuviese igual. Se defenestró, en cómodos plazos, a Juan Carlos para garantizar la estabilidad del sistema por medio de Felipe VI. La bala no ha alcanzado su objetivo.


Fuente → elsaltodiario.com

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