Proyecto Faq 5 mentiras que la extrema derecha quiere que creas

miércoles, 1 de julio de 2020

5 mentiras que la extrema derecha quiere que creas

 

5 mentiras que la extrema derecha quiere que creas

En plena contienda de relatos y argumentarios, no es difícil suponer que grupos y personalidades afines a cada ideología tratan de construir su propia versión de la realidad para atraer miembros a sus filas. Conseguir convencer al público de que una determinada perspectiva o visión es la “correcta” o, al menos, la más cercana a la realidad, es clave para conseguir objetivos sociales, políticos y económicos. Tanto es así que, en esta carrera, históricamente se han empleado y se emplean estrategias de dudosa ética: desde repetir mentiras una y otra vez hasta que se “convierten” en verdad, pasando por el empleo de tácticas de marketing para manipular el raciocinio o las emociones de las personas, hasta la fabricación de bulos y fake news.

No en vano, en su conocida obra distópica 1984, el escritor George Orwell habló del concepto de neolengua, un hipotético instrumento para controlar el pensamiento de la sociedad a través de la modificación del propio lenguaje. Del mismo libro, existe también el Ministerio de la Verdad, un órgano de gobierno encargado de diseñar a la carta la información que le llega al pueblo.

En esta línea, los movimientos, organizaciones y partidos de extrema derecha han basado uno de sus pilares centrales en la construcción de un relato propio con poderosos instrumentos de propaganda. De hecho, el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (por sus siglas en alemán, NSDAP o, simplemente, partido nazi) fue pionero en el uso de la propaganda para manipular a la población. Y, ya desde sus mismos inicios, la propaganda fascista se basó en la construcción de información falsa, la pseudociencia y las teorías de la conspiración.

Hoy en día, la ultraderecha sigue repitiendo mantras totalmente falsos, tanto para desprestigiar a sus rivales políticos más directos como para reescribir la Historia (e incluso la ciencia) en su favor y así poder justificar su postulados ideológicos. Aunque evidentemente no se ha llegado al punto que trataba George Orwell en su novela, es fácil, por ejemplo, hacer un paralelismo entre el concepto de neolengua y el vocabulario que constantemente tiende a emplear la extrema derecha en sus discursos: feminazi, ideología de género, dictadura progre o lobby gay son algunos ejemplos.

En este artículo se analizan algunas de las mentiras más comunes, que más alcance han tenido y/o que más ha tendido la gente a creerse.

5. Adolf Hitler y Benito Mussolini eran socialistas



Propaganda que compara al ex-presidente de EEUU Barack Obama con Hitler y Lenin durante las elecciones presidenciales de 2008. Autor: Desconocido. Fuente: Hurryuphurry.com

Tras la Segunda Guerra Mundial y el genocidio étnico y racial provocado por el fascismo y sus múltiples versiones, la ultraderecha ha ido ganando una evidente mala prensa que llega hasta la actualidad. Y, aunque su crecimiento es más que evidente, uno de los objetivos de sus estrategias de marketing es realizar un profundo lavado de cara, especialmente para distanciarse de su oscuro pasado. Así, en general los grupos de extrema derecha rechazan definirse como tal.

Del mismo modo, una de las mentiras más extendidas es que, o bien Adolf Hitler, o bien Benito Mussolini, o bien el fascismo como tal, en realidad son de izquierdas. De esta más que evidente falsedad hay varias versiones, pero hasta existe amplio material audiovisual que sostiene que la única diferencia entre el comunismo y el fascismo es el enfoque internacionalista del primero y el enfoque nacionalista del segundo. Y que, en todo lo demás, son esencialmente la misma cosa.

Esta premisa se basa en tres argumentos: el primero, que la palabra “socialista” está incluida en el nombre completo del partido nazi; el segundo, que Benito Mussolini, dictador italiano creador del fascismo, estuvo años (entre 1900 y 1914) militando en el Partido Socialista Italiano; y, tercero, que las políticas económicas de los regímenes afines al fascismo fueron intervencionistas y que, en general, los discursos de sus líderes criticaron en numerosas ocasiones el liberalismo económico, del mismo modo que el socialismo y el comunismo.

A menudo se agita un cuarto argumento, relacionando la deriva totalitaria del gobierno de Joseph Stalin de la Unión Soviética (URSS) y de otros regímenes comunistas como el de los Jemeres Rojos en Camboya o del gobierno de Corea del Norte con el totalitarismo de las dictaduras de corte fascista.

El problema de estos tres o cuatro argumentos es que obvian muchísimos otros datos.

En primer lugar, el nombre no siempre es relevante para conocer la ideología de un partido. Y hay varios ejemplos de ello. Uno de ellos no muy conocido es el del partido danés Venstre, que en castellano significa literalmente Izquierda. Sus posicionamientos políticos hoy en día lo sitúan en la centro derecha y derecha del espectro político. De hecho, Anders Fogh Rasmussen, predecesor del actual líder del partido, es autor del libro Fra Socialstat til Minimalstat (en castellano: Del Estado social al Estado mínimo), donde plantea reformas en el famoso Estado del Bienestar de Dinamarca orientadas a la liberalización de la economía y la adopción de políticas conservadoras. También está el caso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que abandonó en los años 80 el socialismo, enfocándose en una perspectiva más “socialdemócrata” o incluso “socioliberal”, renunciando a la tradición socialista, pero conservando su nombre.

Otros ejemplos los tenemos en la gran cantidad de partidos que emplean la palabra “democrático” o “popular” en sus nombres como un efecto de propaganda. El propio Partido Demócrata de Estados Unidos, en sus orígenes, defendió abiertamente la esclavitud y estuvo íntimamente ligado al Ku Klux Klan. Y es que ese fue el origen de la inclusión de la palabra “socialista” en el partido nazi o la adopción del color rojo: tratar de atraer a militantes de la causa obrera a su propio bando. En aquel momento, el socialismo y el comunismo eran ideologías novedosas, por lo que organizaciones de todo signo trataban de apropiarse o acercarse a su terminología. Este es el motivo y no otro de esta denominación.

En segundo lugar, es cierto que Benito Mussolini fue militante del ala radical del Partido Socialista Italiano en su juventud. Otras personalidades que militaron en organizaciones comunistas fueron el presidente ruso Vladímir Putin, cuya relación con la ultraderecha está más que demostrada; el periodista español Federico Jiménez Losantos, conocido por sus polémicas declaraciones escoradas a la derecha; o el famoso actor Robert Downey Jr., quien apoyó a George W. Bush en las elecciones presidenciales del año 2000 pero cuyo pasado comunista confesó en una entrevista.

Haber pertenecido en el pasado a una organización política determinada no implica per se adherirse a las ideologías o postulados de dicha organización para toda la vida. Por lo tanto, este argumento tampoco debería ser válido.

Y, en tercer lugar, es verdad que el fascismo y el nazismo asumieron parte de la agenda social de los partidos izquierdistas e incluso prometieron defender a la clase trabajadora y frenar el libre mercado. Del mismo modo, partidos como el neonazi Amanecer Dorado en Grecia o el ultraderechista Agrupación Nacional de Francia tienen en su programa medidas claramente intervencionistas. También es cierto que los regímenes nazi, fascista y soviético compartieron métodos autoritarios de ejercer el poder en los años 20, 30 y 40.

Sin embargo, que dos ideologías tengan cosas en común no las convierte en la misma. De hecho, el intervencionismo del estado en la economía en mayor o menor medida es un instrumento político utilizado por prácticamente partidos políticos y gobiernos de todo signo político. Está claro que esto no tiene ningún sentido y tampoco debería servir como argumento.

En cambio, hay información que no se menciona y que no solo invalidan estos argumentos, sino que sirven para sostener la premisa contraria.

Se obvia, por ejemplo, que Benito Mussolini fue expulsado del Partido Socialista Italiano y que hizo de su enfrentamiento contra las organizaciones de izquierda su principal objetivo al crear el Partido Nacional Fascista, hasta el punto de formar coalición con grupos conservadores y liberales y estar apoyado por las grandes empresas y terratenientes del país en las elecciones de 1924. Es decir, fue utilizado, como Adolf Hitler, por las clases altas para frenar el avance del comunismo y el socialismo.

También se obvia que, aunque tanto en nazismo alemán, como el fascismo italiano, como el franquismo español,intervinieron en la economía, no lo hicieron mediante la emancipación de la clase obrera, ni mediante la colectivización o socialización de los medios de producción. Al contrario: impusieron una corporativización del estado mediante el reconocimiento de la división de clases y la jerarquización, por lo tanto, de toda la sociedad. Esto significa que, aunque el Estado era lo primero y servir al mismo era la prioridad, los grandes propietarios y la clase alta no solo no fue despojada de sus privilegios, sino que sus fortunas se vieron aumentadas.

Por último, se pasa por alto constantemente que la ultraderecha ha basado y basa su ideario político en el supremacismo racial y de clase, su rechazo al resto de las naciones, pueblos y estados y su oposición firme a cualquier forma de progreso e igualitarismo. En cambio, el socialismo y el comunismo (y la izquierda en general) promulgan la no distinción entre personas por estos mismos motivos y buscan la unidad de la sociedad a través de su posición en la misma (lo que llaman conciencia de clase).

En resumen: Hitler, Mussolini, Franco o el fascismo no solo no son de izquierdas, sino que son diametralmente opuestos. Una de las tantas mentiras de la ultraderecha.

4. Francisco Franco creó la Seguridad Social.

Imagen que desmonta varios bulos y mitos relacionados con el dictador español Francisco Franco. Autor: Desconocido: Fuente: Blog de Daniel Fernández Abella.

En España, la Seguridad Social incluye todo un conjunto de prestaciones que se aplican a todo el país, como las pensiones (jubilación, incapacidad, viudedad u orfandad), prestaciones por nacimiento, cuidado de menores e indemnizaciones por lesiones y subsidio por desempleo, además de la asistencia sanitaria universal.

Francisco Franco fue un dictador que estableció un régimen de carácter totalitario y de inspiración fascista en España entre 1939 y 1975 tras la sublevación de parte del ejército contra la II República y provocar así una Guerra Civil en 1936 que ganaría tres años después, en parte gracias al apoyo de Hitler y Mussolini.

Aunque en general el rechazo hacia su figura es casi unánime en todo el arco ideológico, no es tan evidente ni contundente como en el caso de Italia y Alemania. De hecho, se ha denunciado en múltiples ocasiones que partidos políticos de derechas han restado importancia a las masacres y crímenes cometidos durante la dictadura, incluso equiparando ambos bandos en la Guerra Civil e ignorando los 40 años de represión y persecución franquista. Como suele decirse, al fin y al cabo, la Historia la escriben los vencedores (las mentiras en este caso), pero este análisis daría para varios artículos.

Como parte de esta postura tibia hacia Franco, se han llegado a difundir supuestas bondades del dictador y de su gobierno. La inmensa mayoría de todas ellas (por no decir todas), como que España fue una gran potencia económica sin apenas paro durante su mandato o que creó el actual sistema de Seguridad Social, son mentiras. Esta última es una de las más populares, dada la amplia aceptación e incluso orgullo que tiene la población española de su política social, en especial de la cobertura sanitaria pública, que es un referente mundial.

Desmontar estas mentiras es tan fácil como abrir un libro de Historia. La Seguridad Social tal y como se entiende hoy en día en España se implementa precisamente tras la muerte del dictador y la aprobación de la Constitución Española de 1978. Es este año cuando se crea también el Instituto Nacional de la Seguridad Social y el modelo administrativo que ha perdurado casi sin cambios hasta hoy. La cobertura sanitaria universal se implementó en 1986.

Quienes defienden este argumento aluden a la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963 y 1966 y a la Ley General de la Seguridad Social de 1974. También suele mencionarse el establecimiento del seguro obligatorio de invalidez y vejez de 1947 y la Ley de Accidentes de Trabajo de 1956. Y es totalmente cierto que estas leyes marcaron los antecedentes más directos del actual sistema de protección social español, especialmente a partir de 1967 cuando se unificaron todas las coberturas sociales.

Sin embargo, estas coberturas no solo no eran universales, sino que llegaron bastante más tarde que en el resto de países democráticos. En general, profesionales en Historia coinciden en que la Guerra Civil truncó la agenda social de la II República. Si hacemos justicia, de hecho, los primeros antecedentes del sistema de Seguridad Social de España aparecen en el año 1900 con la aprobación de la Ley de Accidentes de Trabajo.

Por lo tanto, no, Franco no creó la Seguridad Social en España. Más bien, éste evolucionó a lo largo de más de un siglo y se fundó tal y como se conoce hoy en día durante los años 70 y 80. No es más que otra de las mentiras que se cuentan del dictador.

3. Adolf Hitler aplicó las primeras leyes en defensa de los animales.

Adolf Hitler con dos ciervos, una de tantas imágenes difundidas por la propaganda nazi. Autor: AdrianDrozdek, 08/04/2016. Fuente: Wikimedia Commons, bajo licencia CC BY-SA 4.0.

Esta es una de las tantas mentiras utilizadas para defender algún lado positivo o “bueno” de los regímenes fascistas. De hecho, es increíble la cantidad de gente que cree en este mito. Existe también la creencia popular de que Adolf Hitler era vegetariano. Y que, además, lo era por su amor y defensa de los animales.

En cambio, aunque la dieta del líder nazi ha sido motivo de continua controversia entre expertos en la materia, la inmensa mayoría coinciden en que no hay datos que sostengan que no consumiera carne. Varios testimonios recogidos de la época aseguran incluso que despreciaba el vegetarianismo y a sus defensores. Llegó a decir, según recoge Ian Kershaw en su obra Hitler del año 2000 que “Quien no posee el poder pierde el derecho a la vida”.

La mayoría de testigos que aseguran que Hitler era vegetariano proceden de su entorno político o de transcripciones realizadas por jerarcas nazis, por lo que su validez es cuestionada. Lo que sí parece cierto es que, por motivos de salud, adoptó una dieta con una reducción de productos cárnicos bastante importante para la época, pero no totalmente vegetariana.

Una cosa sí parece cierta: el gobierno del III Reich aprobó varias leyes que protegían el medio ambiente y a los animales. En 1933, la Ley de Protección de los Animales; en 1934, la Ley del Reich de la Caza; y, en 1935, la Ley de Protección de la Naturaleza. Estas leyes establecían formas que no causaran tantos daños a los caballos cuando los herraran y maneras en que las langostas fueran cocinadas sin que sufrieran en extremo. También se prohibió que los animales formaran parte de cualquier evento en el que sufrieran daños físicos o emocionales. Además, se prohibió la vivisección.

Sin embargo, estas leyes se fundamentaron en cuestiones pseudocientíficas y ultranacionalistas, supeditadas a la economía productiva de Alemania (es decir, no tenía nada que ver con la contaminación o el agotamiento de los recursos naturales); y, la segunda, fueron utilizadas para perseguir a la población judía, ya que científicos judíos eran especialistas en experimentación animal.

Por último, las primeras leyes en defensa de los animales aparecen en Irlanda en el año 1635, mediante la prohibición del esquilar lana de ganado ovino y atar arados a las colas de los caballos. Estas leyes se buscaban explícitamente en evitar la crueldad animal. En 1645, en Massachusetts, entonces colonia de Reino Unido, adoptó un sistema legal donde se especificaba “A ningún humano le es permitido efectuar algún tipo de tiranía o crueldad hacia alguna criatura nacida que esté normalmente retenida para uso humano». En Reino Unido, entre 1653 y 1659, se prohibió además las peleas de gallos, toros o de perros, prohibición que volvió a adoptarse en 1835 con la Ley de Crueldad contra los Animales.

En Estados Unidos, en 1867 se promulgó la Ley para la prevención más eficaz de la crueldad hacia los animales. Proporcionó el derecho de incriminar y hacer cumplir la protección con respecto a la crueldad animal.

Por lo tanto, no es cierto que Adolf Hitler promulgara las primeras leyes en defensa de los derechos de los animales. Es más: fueron gobiernos democráticos los pioneros en esta materia.

2. El fascismo puede ser de izquierdas o de derechas.


Portada y breve sinopsis del libro «Golpe de estado del nazionalismo extremo catalán» de Juan de Dios Segura Baena. Autor: Captura de pantalla realizada el 30/06/2020 a las 13:52h. Fuente: Casadellibro.com.

Siguiendo la estela de la mala prensa que tiene el fascismo o el nazismo, parece que se ha popularizado entre el argumentario de la ultraderecha tildar de “nazi” o “fascista” a movimientos sociales y políticos progresistas o incluso de cualquier signo político que no cuadre con sus intereses. Así, no solo se alejan de su turbio pasado, sino que relacionan al mismo con sus rivales directos. Una estrategia de marketing que, por muy brillante y efectiva que sea, no deja de ser una de tantas mentiras.

Sin lugar a dudas, el término más conocido que se adhiere a dicha estrategia es el de “feminazi” o “feminazismo”, o incluso “feminismo supremacista”, concepto inventado en los años 70 por el locutor de radio y escritor estadounidense Rash Limbaugh muy conocido en el país por sus posturas radicalmente conservadoras, dándose a conocer especialmente tras la publicación de su libro La forma en la que las cosas deberían de ser en 1992.

Otros conceptos similares se han escuchado, por ejemplo, de la mano del partido de extrema derecha español Vox cuando habla de “dictadura progre” para referirse a la adopción de políticas que defienden la igualdad y protegen a colectivos vulnerables contra la discriminación. O también para desprestigiar el movimiento independentista catalán, que ha sido tildado por personas afines a este partido (y también a otros como el Partido Popular o Ciudadanos) como “fascismo independentista” o “nazionalismo catalán”.

Quienes sostienen esta premisa, argumentan que el fascismo no es dominio únicamente de la extrema derecha, sino también de la extrema izquierda y, por extensión, de cualquier ideología radical que, a su juicio, sostenga posturas autoritarias e impositivas. Es decir, no es más que una prolongación de la conocida y falaz frase “los extremos se tocan”. Así, fascista puede ser un gobierno que juzguen ilegítimo y apruebe leyes izquierdistas o un conjunto de personas ocupando una calle para luchar por sus derechos. Por supuesto, casi cualquier gobierno donde un partido socialista o comunista tenga poder será tildado de dictadura o de fascista también.

La cuestión es que estas definiciones son del todo imprecisas desde la teoría política. El fascismo es, recogiendo todas las descripciones aportadas por diferentes estudios, una ideología y movimiento político de carácter eminentemente totalitario, antidemocrático y nacionalista radical que se opone al liberalismo de todo tipo, a cualquier ideología de izquierdas (ya sea anarquismo, socialismo, comunismo o socialdemocracia) y que busca la construcción de estados fuertemente jerarquizados, corporativistas y basados en el culto al liderazgo. Por lo tanto, la inmensa mayoría profesionales en el ámbito lo sitúan en la extrema derecha del espectro político (Roger Griffin o Aristotle A. Kallis son dos ejemplos).

La sola idea de plantear que el fascismo pueda ser de izquierdas es incongruente. Entendiendo el nazismo como una forma de fascismo, se produce exactamente la misma incongruencia. Por ejemplo, comparar el feminismo (que la propia Real Academia de la Lengua Española (RAE) define como un movimiento que busca la igualdad entre mujeres y hombres) con el nazismo es bastante ridículo. En general, comparar cualquier movimiento social con regímenes genocidas, supone un atentado directo al conocimiento y la cultura.

Con esta mentira sucede exactamente lo mismo que cuando se dice que Adolf Hitler o Benito Mussolini eran de izquierdas: tomar el todo por la parte. Es decir, se establece una relación entre autoritarismo y fascismo. Argumentan que, como viven estos movimientos o decisiones políticas como una especie de imposición, entonces es fascismo. Pero claro: si bien es cierto que el fascismo es necesariamente autoritario e intolerante, ser intolerante y autoritario no te convierte en fascista.

No es correcto negar que a veces grupos sociales y movimientos políticos de izquierdas han sido intolerantes o impositivos con respecto a sus postulados. Y es cierto que el autoritarismo se ha paseado por prácticamente todo el espectro ideológico. Ahora bien: a menudo, especialmente desde posiciones ultraderechistas, lo que tratan de defender es una supuesta libertad para opinar a favor de ideas que justifican la opresión a colectivos vulnerables, lo que el escritor Karl Popper llamaba en su obra La sociedad abierta y sus enemigos (1945) la paradoja de la intolerancia.

En definitiva, cuando se utilizan estas mentiras, no solo se está cayendo en la imprecisión conceptual y teórica, sino que no suele ser más que una estrategia para poder atacar de manera agresiva y poco crítica posturas e ideas que buscan la mejora de los derechos sociales.

1. La inmigración es el germen de problemas sociales.

Mentiras difundidas por el partido ultraderechista Vox y desmentidas por Maldita.es. Autor: Maldita.es. Fuente: eldiario.es bajo licencia CC BY-SA 3.0.

Desde su mismo nacimiento, la extrema derecha se ha asentado sobre un ultranacionalismo y un supremacismo étnico que ha llevado al rechazo de minorías culturales, sociales y religiosas, así como el freno y la limitación a la inmigración. De hecho, desde la propuesta de Donald Trump de levantar un muro con México, pasando por Viktor Orban en Turquía, Matteo Salvini en Italia, Marine Le Pen en Francia o Santiago Abascal en España, el discurso anti-inmigración no solo se ofrece sin ningún pudor, sino que se agita como uno de los pilares principales, a menudo con la fabricación mentiras en forma de bulos y “fake news”.

En general, la táctica casi siempre es la misma: responsabilizar de los problemas sociales del país (pobreza, desempleo, falta de cobertura social…) a un exceso de la inmigración (especialmente la ilegal) y, por lo tanto, sostener así la necesidad de adoptar políticas que restrinjan de alguna forma su acceso a los servicios públicos (controles fronterizos, deportaciones, trabas burocráticas…). De esta forma, justifican e institucionalizan el racismo y la xenofobia que subyacen bajo estas mentiras.

Esta falsedad es muy peligrosa porque, si bien es relativamente fácil de desmontar, cala fácilmente en la población, incluso en aquella que no simpatiza precisamente con ideologías derechistas. Meter miedo acerca de que las personas que vienen de fuera van a quitar lo poco que hay es efectivo, sobre todo con la gente que menos tiene.

Para derribar estos mitos y mentiras en torno a las migraciones, están surgiendo iniciativas como el estudio Desmontando el falso mito del problema migratorio presentado por la Fundación Alternativas. La investigación, realizada en la Unión Europea, demuestra que ni la opinión pública tiene una visión tan negativa de la inmigración, ni ésta provoca “la islamización” de Europa o el aumento de la criminalidad.

En cuanto a la opinión pública, parece que la valoración de la inmigración es de 5 puntos sobre 10, esto es, la mayoría de la sociedad europea piensa que las personas migrantes ni mejoran ni empeoran su país de forma sustancial. Además, la mayoría está de acuerdo con que las personas refugiadas puedan traer a Europa a familiares a vivir con ellas.

En cuanto a los bulos sobre el vínculo entre inmigración e inseguridad o criminalidad, poniendo por ejemplo el caso de España, según los datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), los reclusos extranjeros alcanzaron su pico máximo en 2009, siendo el 35,7%. A partir de ese año la cifra ha ido disminuyendo hasta situarse en un 28,1%, mientras la población española en las cárceles constituye el 71,9% del total. Es decir, a medida que la tasa de inmigración subía, la población migrante reclusa descendía. Además, a pesar de que España tiene la tasa de inmigración más alta de la UE, es uno de los países con menos crimen.

En general, diversos estudios sobre la actividad productiva aseguran que las personas migrantes contribuyen a la economía de un país de la misma manera que el resto de personas, que es un mito eso de que roban el trabajo a las personas nativas y que no tienen beneficios especiales por ser personas migrantes. Se argumenta incluso que la inmigración podría ser necesaria para resolver los problemas demográficos de muchos países. De hecho, que el porcentaje de población reclusa o de desempleo entre migrantes sea más alto en comparación a la cantidad de población está más relacionado con problemas de discriminación, de pobreza y falta de recursos que dificultan su integración.

Mentiras como estas hay muchas más. Prácticamente todo el discurso ultraderechista está plagado de ellas. Y de cada una de dichas mentiras, podrían escribirse artículos, libros y llenar bibliotecas. La razón es simple. Les funciona, más aún con los recursos y las tecnologías actuales. Pero gracias a la información, la educación y la cultura, de la mano de datos y argumentos, se puede exponer la realidad y desmontar una a una todas ellas, dejándolas Al Descubierto.

Fuentes, enlaces y bibliografía:

Foto destacada: Cartel que compara al ex-presidente de EEUU Barack Obama con el dictador Adolf Hitler. Autor: Desconocido. Fuente: Nortedigital.mx


Fuente → aldescubierto.org

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