Proyecto Faq Monarquía y corrupción

viernes, 19 de junio de 2020

Monarquía y corrupción

Ha tenido que ser la fiscalía suiza quien, por evidente, decidiera iniciar una investigación por el ingreso de 100 millones de dólares

Monarquía y corrupción
Coral Bravo
 
Monarquía e Iglesia son dos instituciones parasitarias que perviven tras muchos siglos de ostentar el poder y ejercer el abuso contra los pueblos y las sociedades. Ambas instituciones son cómplices y se retroalimentan. Los reyes son los representantes de dios en la tierra, dicen; y, de esa manera, se afianza en el inconsciente social y colectivo la idea de autoridad terrena, que complementa la otra autoridad, la supuestamente “espiritual”. Esto hace varios siglos podía tener algún sentido en medio de la ignorancia de las masas, hoy no tiene ninguno. Es un dislate a superar. Empezando por la monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado jamás más que en sí mismo, decía Ortega y Gasset.

Según algunas fuentes y algunos medios, las comisiones millonarias y supuestamente ilegales que el rey emérito ha recibido por acuerdos comerciales, la mayoría relacionados con Arabia Saudita y con el suministro a España de petróleo, se remontan hasta hace cuatro décadas.

Alguna vez escuché decir a alguien literalmente: “Cada vez que repostamos gasolina en cualquier gasolinera española, una parte de lo que pagamos le llega al rey en forma de comisión”. Pero ha tenido que ser la fiscalía suiza quien, por evidente, decidiera iniciar una investigación por el ingreso de 100 millones de dólares, de un donativo del rey Abdula, en una cuenta de una fundación panameña que tenía como beneficiario al rey emérito. Y por una presunta donación de 65 millones de euros, y por unas supuestas estructuras financieras gestionadas por varios testaferros para ocultar el dinero real. 

Del mismo modo, hace mucho tiempo que en diversos círculos se tiene conocimiento de los supuestos acuerdos entre el rey emérito con Gao Ping, supuesto líder de la trama china de fraude y blanqueo de capitales investigado en el Caso Emperador, según los cuales, resumiendo mucho y siempre supuestamente, por cada artículo chino que entra en España el rey emérito cobraba o cobra determinadas comisiones. Lo cual es gravísimo. Porque esa entrada en España de esos productos chinos sin aranceles ni trabas de ningún tipo son una de las grandes causas de la situación crítica de la industria y del comercio españoles.

En los últimos años en ambientes periodísticos también se ha hablado con cierta frecuencia de la posible y supuesta estrecha relación entre los delitos del caso Urdangarín con el rey emérito y una posible y supuesta trama de comisiones ilegales. La verdad es que es muy difícil creer que un yerno de un rey sea capaz de involucrarse en esas corrupciones sin las indicaciones o, al menos, el beneplácito de la familia o de parte de ella. Es, al menos, lo que dicta la lógica o el más primario sentido común.

Sea como sea, en la prensa española el silencio ha sido la tónica general y generalizada. Apenas en algunos corrillos y en las palabras de algún valiente que, sin hablar claro, han dejado caer alguna idea al respecto, se han tratado estos temas. El respeto a la familia real ha sido exagerado. Por un lado por la inviolabilidad del rey recogida en el Artículo 56.3 de la Constitución (“la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad…”, lo cual me parece un anacronismo antidemocrático y una solemne barbaridad); y, por otro lado, la monarquía recibe de las instituciones y de la sociedad española una adhesión y una pleitesía que son absurdas y además inmerecidas.

Si pensamos un poco, esa inviolabilidad es un verdadero disparate. El rey podría hacer cualquier cosa, cometer cualquier crimen o delito y quedaría absolutamente impune. Sin embargo, por poner un ejemplo elocuente, a Javier Krahe se le quiso encarcelar por la letra de una canción. No podemos creer ni decir que vivimos en democracia cuando nos rodean estos anacronismos heredados y estas desigualdades tan vergonzosas y tan obscenas. Ningún sistema que se llame democrático puede admitir que ningún jefe de Estado esté blindado por una Constitución que le permita llegar a esas cotas de abuso y de corrupción aunque, sea bien obvio que la monarquía es una institución corrupta en sí misma. 

Es también vergonzoso y realmente difícil de digerir que la fiscalía española haya asumido la investigación judicial de la trama de corrupción del rey emérito prácticamente obligada por la fiscalía suiza, que le investiga por fraude fiscal y blanqueo de comisiones ilegales; y lo es también que haya que acudir a la prensa extranjera para informarse sobre cómo marcha la investigación. En la Radio Inter, uno de los medios radiofónicos públicos más escuchados de Francia, al ex rey español le dejan en una situación francamente pésima, tratándole de “corrupto” y “mafioso de película mala”. 

En estas circunstancias, Vox, PP y PSOE han bloqueado la comisión de investigación de las finanzas del rey emérito, y solamente Unidas Podemos ha defendido y ha apoyado que se realice esa investigación. Otro motivo más para que los intolerantes y/o los desinformados (que con tanto bulo de la extrema derecha hay muchos) le tachen a Iglesias de comunista, terrorista y bolivariano, cuando no de cosas peores. En este país vivimos. Muchos han dicho en los últimos cuarenta años no ser monárquicos, sino juancarlistas. Supongo que era falta de información. ¿Cómo estar informado, ser decente y no ser republicano?


Fuente → elplural.com

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Monarquía y corrupción Rating: 4.5 Diposkan Oleh: La Voz de la República
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