Proyecto Faq Libertad, Igualdad y Fraternidad en tiempo de coronavirus

sábado, 2 de mayo de 2020

Libertad, Igualdad y Fraternidad en tiempo de coronavirus


Manifiesto de la Logia El Trabayu 2087 con motivo del 1º de mayo (versión en castellano)

Libertad, Igualdad y Fraternidad en tiempo de coronavirus
El Trabayu

A todos los hermanos y hermanas francmasones. A toda la ciudadanía:

Vivimos en un momento histórico, de los que permanecen en la memoria vital de todos los que pasan por él y de los que quedan en los libros para recuerdo de las generaciones futuras. En una atmósfera completamente irreal vemos las calles de nuestros pueblos y ciudades vacías, y cuando encontramos a nuestros vecinos y amigos, llevan una máscara y non podemos acercarnos a ellos. Vamos como autómatas a hacer la compra, guardando distancias que de otra forma no guardaríamos, sin hablar casi con nadie, con los niños encerrados en casa, teniendo que justificar ante la policía nuestros desplazamientos, viendo incluso cómo militares uniformados toman las vías principales de circulación. Como en una horrible distopía, o también el recuerdo de un tiempo mucho más oscuro de nuestra Historia, parece que estamos viviendo una pesadilla colectiva desde hace siete semanas.

Es en momentos de crisis como este cuando destacan los valores y los usos colectivos que conforman la cultura social de un pueblo. Una sociedad educada, y hasta adoctrinada, en el consumismo y el individualismo más feroz lleva mal el confinamiento en casa. Aún así, los casos de incumplimiento de las normas impuestas por la administración para parar la epidemia son claramente minoritarios, por más que haya intereses en hacernos pensar lo contrario.

Los francmasones tenemos como principios y objetivos fundamentales los de la libertad, la igualdad y la fraternidad, hijos de la razón ilustrada, que compartimos con el republicanismo neoclásico. Las medidas extraordinarias provocadas por el estado de emergencia afectan notablemente la plasmación de estos valores en nuestra vida cotidiana:

El confinamiento afecta a nuestra libertad de movimiento. No podemos salir de casa salvo para acciones muy concretas. Buena parte de los sitios a los que quisiéramos ir están, además, cerrados. Nuestra libertad de asociación también está suspendida, dado que no están permitidas las reuniones, entre ellas nuestras tenidas masónicas. También lo está la libertad religiosa, al no poder hacerse misas, rezos colectivos, comuniones, bodas, bautizos, procesiones o entierros. Y la libertad de manifestación, al no poder ejercerse en las calles y plazas sino únicamente en ventanas y balcones. Hasta la libertad afectivo-sexual está en cierta forma suspendida, a no ser que las parejas vivan bajo el mismo techo, al estar prohibidas las visitas. Entendemos estas medidas como transitorias, hechas con la intención de evitar un mal mayor, y no podemos aceptar las críticas en nombre de la libertad y de un supuesto sacrosanto derecho individual a saltarse las normas puestas por el estado. La libertad de extender un virus potencialmente mortal no es un derecho, es una irresponsabilidad criminal.

El confinamiento afecta también a la igualdad. Es evidente que vivimos en una sociedad atravesada por profundas desigualdades, y estas salen notablemente más a la luz en tiempo de crisis. No es lo mismo pasar el confinamiento en una casa grande y con todas las comodidades que en un chamizo ruinoso. No es lo mismo conservar el empleo teletrabajando que perderlo por completo estar en un ERT esperando a ver si escampa. No es lo mismo teletrabajar con todos los medios que hacerlo en condiciones precarias o mínimas. No es lo mismo teletrabajar que tener que ir presencialmente al puesto de trabajo aumentando así el riesgo de contagio. No es lo mismo estar confinado en una residencia de ancianos buena que en otra donde no se cumplen las normas mínimas. No es lo mismo estar confinado no teniendo problemas emocionales o adicciones que teniéndolos. No es lo mismo estar confinado en un ambiente familiar sano que en otro insano o, peor, violento.

Y el confinamiento afecta también a la fraternidad, que es en los momentos difíciles cuando más necesaria es. El confinamiento de las personas mayores solas en casa puede llevarse mejor si tienen a gente que cuide de ellas. El confinamiento sin medios de subsistencia solo es posible si hay ayudas económicas de las administraciones o de cuidados, alimentos y otros servicios de las ONGs. El confinamiento de las personas vulnerables por su situación mental o anímica puede ser un infierno si no hay una ayuda de la familia o los amigos. Ayudar al vecino que lo necesita, o llamar a amigos, colegas y familiares necesitados de apoyo es siempre necesario pero en este contexto más. La fraternidad, el tratamiento entre todos y todas como fratres y sorores, hermanos y hermanas, en pie de igualdad y sin sumisión a un patronus, y la solidaridad, el actuar todos juntos formando un ente sólido frente a una agresión o problema externo, no pueden nunca sustituirse por la caridad por muy generosa que sea esta, generalmente exteriorizada de forma farisea y que además se usa muchas veces como forma de lavar una imagen ensuciada por, entre otras cosas, una evidente elusión de impuestos.

Pero si es necesario subrayar la importancia de los valores de libertad, igualdad y fraternidad en la presente crisis y el ejercicio de los mismos, va a serlo más importante aún cuando pase la epidemia, cuando toque afrontar la lamentable situación económica que esta deja. Una economía paralizada durante dos meses deja evidentes secuelas, y en una sociedad en crisis permanente como la asturiana desde hace treinta años todavía más. La importancia de lo público, de lo colectivo, frente al interés privado y particular es fundamental. Podemos salir de esta crisis más libres, más iguales y más fraternos o, por contra, más siervos, desiguales y egoístas.

La excusa del control epidemiológico puede llevarnos a reforzar las herramientas de control de masas a través de las nuevas tecnologías, convirtiendo a la ciudadanía en marionetas controladas totalmente en sus desplazamientos, hábitos de consumo o historial sanitario. Como ratas de laboratorio de las grandes corporaciones o de un estado metomentodo, podemos vernos en los próximos años asumiendo lentamente recortes inaceptables en las libertades civiles para supuestamente garantizar la seguridad colectiva, como ya se hizo con la justificación de la lucha antiterrorista. Los rumores, calumnias y mentiras pueden verse elevados a la categoría de noticias por parte de medios de comunicación cada vez en menos manos, o utilizados como pantallas de humo por oscuros intereses para que sea imposible diferenciar la verdad de la ficción. Las concepciones conspirativas de la Historia suelen valer para criar monstruos que siempre amenazan la libertad. Los masones sabemos bastante de ello porque nos tocó sufrirlo.

La excusa de la salida de la crisis puede llevarnos a nuevos ataques a los derechos laborales con más precarización del empleo, y por lo tanto de las condiciones de vida. Muchos de los negocios que tuvieron que bajar la persiana estas semanas posiblemente ya no puedan volver a subirla. El gasto público que implican los ERTes, los subsidios de desempleo o la necesaria renta mínima de subsistencia no puede salir solamente de los impuestos que pagan los trabajadores mientras se sigue tolerando la elusión y la evasión fiscales. El control público de los servicios esenciales es una herramienta básica para garantizar el acceso en igualdad a unos estándares vitales mínimos.

La excusa del ahorro y el control del gasto público puede llevarnos a aplazar debates inaplazables como el de la renta básica, la dotación de medios para aplicar la Ley de Dependencia o en general la política de los cuidados. Y la exigencia a las administraciones de que garanticen esos mínimos al conjunto de la población tampoco puede valer para huir de la responsabilidad individual para con los compañeros de trabajo, vecinos, amigos o familiares. La acción individual es condición necesaria para la acción colectiva y las conquistas comunes. Solo siendo fraternos podemos ser efectivamente iguales. Y solo siendo efectivamente iguales podemos ser realmente libres.

Vienen tiempos difíciles, y los masones no podemos quedar al margen. Muchos van a ser los debates sociales de los próximos años, como qué sistema productivo queremos para no vernos en la situación en la que estamos, qué utilidad real tiene una UE que no es capaz de actuar de forma conjunta y solidaria en una situación de pandemia, qué comercio internacional es necesario para no depender completamente del suministro exterior, o cómo acabar con las estructuras de una corrupción que, aunque era un secreto a voces, ahora se evidencia que llega a la propia figura del rey emérito.

Llega el 1º de mayo, Día del Trabajo, que se celebra en todo el mundo desde 1890, y este año las calles de Asturies, como las de casi todo el mundo, estarán vacías de trabajadores reclamando sus derechos. Da lo mismo, porque tiempo de sobra habrá para reclamarlos cuando acabe el confinamiento. Nuestra logia, El Trabayu, toma su nombre en homenaje a la logia El Trabajo fundada en Trubia en 1872. Nuestra elección no es casual. La glorificación del trabajo es un deber masónico que asumimos con gana para afrontar la tarea que tenemos por delante. Porque tarea hay de sobra.

Hoy más que nunca, Libertad, Igualdad, Fraternidad

Respetable Logia El Trabayu 2087
Federación Española de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain / Xixón, Asturies, 30 de abril de 2020

Fuente → eltrabayu.es

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