Cómo tratar con la propaganda fascista sin futuro ni pasado
 
Cómo tratar con la propaganda fascista sin futuro ni pasado
Enrique Del Teso

1. NO SOLO LA VERDAD Y ALGO MÁS QUE LA VERDAD


Hace poco David Robson escribió un artículo en la BBC preguntándose por qué gente inteligente y con estudios creía bulos sobre el coronavirus y por qué comparte y difunde en las redes sociales contenidos que deberían saber que son falsos y, más aún, comparten informaciones en las que no creen. La ignorancia o la estupidez (no va la una con la otra) ayudan a la intoxicación informativa, pero no son la causa principal. La inteligencia y la formación modifican poco el grado de credulidad y la predisposición para intoxicar. El bulo y la propaganda maliciosa es el cuerpo y alma de la táctica de la extrema derecha. Las pretensiones ultras repugnan a la mayoría, pero se acomodan a estados de ánimo que todos tenemos en algún momento. No se les puede combatir desenmascarándolos. La verdad no sirve para eso. La verdad tiene que ser un componente de cualquier discurso político honesto. Pero solo eso, un componente. La verdad es como la puntualidad: es necesaria pero a partir de ella está todo por hacer.

2. PROPAGANDA NEOLIBERAL: ESTADO, RESPONSABILIDAD Y LIBERTAD

Los nuevos sabores del fascismo son una de las vías del neoliberalismo. No se es fascista por ser neoliberal, pero el fascista es neoliberal. Por eso una parte de la propaganda de ultraderecha coincide con la de la derecha. La desigualdad y la injusticia deben ser envueltas en una ética aceptable en la propaganda neoliberal. Los principales ejes de esa propaganda, integrada en la neofascista, giran en torno al Estado, la responsabilidad y la libertad. El Estado es el enemigo de los neoliberales por tres razones: porque su financiación obliga a poner impuestos que las élites no quieren pagar, porque nivela las diferencias y porque imposibilita el lucro con las necesidades básicas. Siempre buscarán cargarle la connotación ideológica de totalitarismo colectivista. El Estado no se asociará con lo común, sino que será siempre algo frío, impersonal, ajeno, ineficiente y opresor.

La responsabilidad y la libertad son dos piezas del mismo mecano. El neoliberalismo es la ideología de los ricos porque es un sistema que favorece que una minoría acumule riqueza y que esa minoría no tenga obligaciones con el bienestar del conjunto. Para conseguir apariencia ética, el neoliberalismo diferencia su mensaje hacia los de abajo y hacia los de arriba. Los dos mensajes se elaboran a partir de materiales éticos admitidos, pero diferentes. El neoliberalismo será un padre severo para los de abajo y un ácrata libertario para los de arriba. Hacia abajo predicará la responsabilidad, es decir, la idea de que cada uno vive las consecuencias de sus actos y no tiene un derecho natural a que los demás deban asistirle. La propaganda pretenderá que quien no tenga jubilación es porque no ahorró y que los ricos lo son por sus aciertos. Para el padre severo neoliberal la asistencia social o la subvención pública es un alimento del parasitismo. La competitividad y la eficiencia serán conceptos asociados que se dirijan a los de abajo. Para los de arriba el principio que se repetirá es el de libertad. Nunca se habla de libertad para los de abajo. Libertad siempre tiene que ver con la Iglesia o con grandes empresas. Y siempre consistirá en ausencia de reglas, jungla y desprotección.

3. EJES DE LA PROPAGANDA ULTRADERECHISTA

Aparte de los tópicos neoliberales compartidos con cualquier partido conservador, la extrema derecha introduce rasgos propios en la propaganda. La extrema derecha es desestabilizadora, estridente y quiere polarizar la sociedad y hacer sectario el debate político. Podemos simplificar lo esencial de su propaganda en cuatro apartados.

3.1 Provocación e identificación grupal

El sacerdote protagonista de El día de la Bestia indaga el nacimiento del Maligno utilizando como pista que el diablo siempre imita a Dios para burlarse de él. El fascismo siempre tiene algún ribete de juerga gamberra faltona. Se incrusta en la democracia y se burla de ella imitándola. Por eso Vox dice combatir una dictadura progre en nombre de la libertad y la Constitución. Repiten palabras descalificadoras, atropellarán muchos insultos por frase y repetirán barbaridades absurdas en las redes sociales. La provocación busca sacar de quicio al oponente generalizando disparates e impertinencias.

En 1980 a Nina Hagen se le ocurre simular, con contorneos aparatosos, una masturbación en la televisión austríaca. La presentadora perdió su trabajo por el escándalo. Si uno de nosotros hiciera movimientos ostentosos de masturbación en público sencillamente haría el ridículo. Pero nadie diría que Nina Hagen hizo el ridículo. Lo que separa la provocación del ridículo en una conducta pública audaz y molesta es, para empezar, el refuerzo grupal. Cuando la conducta desafiante sube la moral, complacencia y reafirmación en un grupo, el protagonista se refuerza en su audacia y no siente la caída de autoestima del ridículo. Además, el público violentado también percibe la dimensión grupal de la afrenta y se siente sobrepasado. La vulnerabilidad de la población desafiada es la otra característica importante de la provocación. Si no hay refuerzo grupal o no hay público ofendido, la conducta disruptiva no consigue provocar.

En la vida pública, el refuerzo grupal requerido por la provocación no depende de tener más o menos seguidores, sino del grado de movilización y compulsión de esos seguidores. El PSOE no puede ser un grupo provocador, aunque tenga muchos apoyos. Pero Vox sí puede provocar porque sus simpatizantes están muy movilizados. Podemos fue un grupo provocador porque tuvo esa implicación compulsiva de seguidores. Pero ahora no tiene ese nivel de apego en sus seguidores, con independencia de que sean más o menos. Por eso ya en 2017 el Tramabús descarriló como ocurrencia sin gracia. La Iglesia y la religión siempre padecieron provocaciones, porque la emoción religiosa hace muy vulnerable y propenso al escándalo al creyente. La izquierda se parece a la Iglesia más de lo que cree. Como ella, es muy escandalizable. Tiene un alto concepto de sus principios y un sentimiento muy agudo de ortodoxia en lo que considera conquistas sociales. Tiende a ser ese público vulnerable que necesita la provocación.

El propósito de la provocación es alterar la conducta de los provocados, distraer su actividad, perjudicar su estrategia y arrastrarlos a batallas alejadas de sus propósitos; en definitiva sacarlos de quicio. Que en este momento (y eso puede cambiar) el grupo con más capacidad de provocar sea Vox, hace que tenga más facilidad para infiltrarse en los sectores más atraídos por las conductas provocativas, particularmente los juveniles. A eso obedece también su presencia en los gangs, esa especie de bandas de Twitter. Un individuo siempre se siente más fuerte si se sabe identificado por los demás como parte de un grupo, aunque el grupo tenga la seriedad de unos dibujos animados.

3.2 Nacionalismo

La sobreactuación con los símbolos nacionales busca varios objetivos. En primer lugar, es la coartada para la xenofobia y la denigración de grupos raciales. El nacionalismo siempre necesita un elemento de urgencia que haga natural el autoritarismo. Por eso necesitan una amenaza que asociarán con grupos humanos. Será además la coartada de su clasismo. No se puede abandonar y despreciar a los pobres por ser pobres. Tiene que haber una forma ética de denigrarlos: no será por pobres, sino por extranjeros o por vagos subvencionados.

En segundo lugar, la afirmación de los símbolos nacionales nunca se hace con voluntad de unidad, y menos en España. Los ultranacionalistas envuelven en la bandera sus posiciones políticas para que las posiciones alternativas sean antipatriotas. El patriotismo se afirma para señalar como antipatriotas a los compatriotas que no les gustan. Y en tercer lugar, el nacionalismo les sirve para una reafirmación en tradiciones y hechos mitificados distorsionados cargados de tópicos reaccionarios. De esta manera dan a su ideología la cobertura emocional compulsiva de la nación.

3.3 Religión

No existe un sentimiento de humanidad global que mueva las conductas colectivas. La movilización eficaz de la conducta colectiva depende de emociones compulsivas. Lo que hace eficaces a los grupos más cohesionados emocionalmente es su altruismo compulsivo interno, que tiene el envés de su egoísmo y hostilidad hacia fuera. Lo que más cohesiona a grupos amplios (más allá de la familia) es la nación o la religión. La emoción nacional se puede reconducir en estructuras funcionales como los Estados, que admiten configuración democrática. La emoción religiosa no. El debilitamiento de los Estados, por la globalización o por la desagregación social que deje al margen del sistema a grupos humanos enteros, favorece que crezca la religión como fundamento de grupos. Las iglesias evangélicas fundamentalistas fueron el terreno abonado y el apoyo organizado más eficaz para la ultradereha de Brasil, Bolivia o EEUU. En España grupos ultracatólicos, como Abogados Cristianos, Hazte Oír, Opus Dei, Kikos y muchos otros, están creando un inframundo de extrema derecha que hace de correa de transmisión de Vox. La propia Iglesia, sostenida aún por los privilegios heredados de la dictadura, es un poderoso aliado de las posiciones derechistas más intransigentes. Su propaganda consiste en disfrazar de libertad lo que es censura y acoso, y de victimismo lo que es la resistencia normal de una democracia a la imposición de sus dogmas.

El componente religioso es clave en la extensión de la extrema derecha. Es una relación de conveniencia. Los modos gamberros, brutos y voceras del fascismo encajan mal con las maneras recatadas, pacatas y a su manera refinadas del Opus, por ejemplo. Pero es una relación firme. La propaganda y actividad de la extrema derecha está ligada con fuerza al fanatismo religioso.

3.4 Bulos («fake news»)

La extrema derecha no inventa nada en propaganda. Su singularidad es el límite al que llevan cosas conocidas. En toda propaganda hay algo interesado y el destinatario tiene que guardarse alguna reserva en la complicidad con el emisor. La deshonestidad y falta de escrúpulos de la propaganda ultra va más allá de lo habitual. Un parte importante de cualquier propaganda es manejar lo que la gente cree que creen los demás. El convencimiento que cada uno tiene de lo que piensan los demás afecta a la mayor o menor movilización de unas ideas y otras y a la determinación con que se despliegan las conductas de apoyo.

Esta es la razón de ser de los bulos, las famosas fake news. Los bulos son un tipo de mentira peculiar. Son datos sueltos muy llamativos, de poco alcance e incluso anecdóticos, que parecen proceder de fuentes de primera mano, como un boca a boca al margen de los medios de comunicación ordinarios, y que se lanzan en gran cantidad, como perdigones. Tienen que ser datos estridentes y provocadores, porque no funcionan si no se propagan como una infección. Por eso tienen que indignar y ponernos cara de limón; o crear picos de entusiasmo en sus seguidores. El objetivo es que en un caso y otro los repitamos y los propaguemos. No es la mentira ordinaria con la que se intenta desfigurar un hecho particular. Intentan una atmósfera donde la gente normal se crea asediada y los más reaccionarios se sientan una tropa de rebeldes. Debe tenerse en cuenta que las mentiras descabelladas de la extrema derecha normalmente no tienen la intención de ser creídas. Es una ingenuidad rebatirlas con la verdad. Sus bulos intentan cristalizar estribillos y clichés que se repitan en boca de sus acólitos. La función del cliché es actuar como un sucedáneo de pensamiento y hacer sentir a quien lo repite que está teniendo una conducta inteligente e informada. Así funcionaron siempre las sectas.

4. ENFRENTAR LA PROPAGANDA ULTRA EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

La pandemia no supone una variación sustancial de las tácticas ultras. La forma de enfrentar su propaganda es parecida a otros momentos, pero con tres advertencias. La primera es que el ambiente hace más fácil sus propósitos. Es más fácil que prenda el odio, la falsedad y la urgencia en una situación de confinamiento, casi militarizada, con incertidumbres y rumores. La segunda es que ni la ultraderecha ni la derecha buscan ganar nada en el período dominado por la gestión sanitaria. Sus tácticas solo buscan crear los clichés propagandísticos y los estados de ánimo que se puedan explotar después, cuando no sea la sanidad sino la economía lo que domine la gestión. Y la tercera es que sus tácticas suponen para ellos más riesgos de los normales. El grueso de la población se cansa de la estridencia y la percepción exterior puede volverse en su contra. Más que nunca conviene aguantar. Veamos algunas sugerencias.

4.1 Humildad y empatía

La izquierda tiene en mente una oposición entre quienes representan a la minoría rica y quienes representan a la mayoría humilde. Pero muchas veces el contraste que se percibe es entre quienes representan a los ricos y quienes están estudiados y se creen más listos. Ningún izquierdista creerá ser elitista o altivo. Pero muchas veces lo es y cuando cree ser humilde es condescendiente. La ultraderecha saca partido de esta debilidad. Se presentan con el tipo de autenticidad y contundencia que la gente asocia con la gente normal: la España que madruga, un día de sueldo honesto por un día de trabajo honesto, sin burocracia estatal. Así consigue réditos: no tiene el apoyo electoral en las clases bajas que a veces se dice, pero sí consigue cierto apoyo; y sí debilita ante ellas el discurso de la izquierda como intelectual, engreído y ajeno. Y consigue además confundir a una parte de la izquierda imitando ciertos acentos izquierdistas, como ciertos patógenos acceden al torrente sanguíneo imitando moléculas propias.

La izquierda puede parecer unas veces estirada, poco empática y hasta esnob, y otras veces, en los discursos más «obreristas», demasiado militante y ajena. Esto se debe a la conjunción de dos cosas: que tiene un cuerpo de principios muy explícitos que tiende a verbalizar; y (tal vez esto choque así formulado) que tiende a excluir el egoísmo de su lenguaje. La gente tolera mejor a quien le exige que a quien le da lecciones. Si alguien pasea a pie por un carril bici, no es lo mismo pedirle que vaya por la acera porque molesta que pedírselo por la limpieza y sostenibilidad de la ciudad. La comparación caricaturiza un poco, pero no mucho. La segunda forma de hablar no es humilde. Y no lo es porque da lecciones, porque no le dice que se aparte, sino que le explica los principios sociales por los que debe apartarse y no hay referencia al interés propio, por lo que se convierte en una especie de monserga mojigata fácilmente caricaturizable. Por mucha razón que tenga, será presa fácil para la demagogia ultra: los tontos que no sabemos esas cosas solo queremos salir de casa a dar un paseo.

Los principios deben percibirse nítidos, a la gente le gustan las personas consecuentes, pero deben manifestarse como el sentido de humor o los buenos modales: sin verbalizarse. Los principios en la vida pública deben expresarse crudos pocas veces y bien elegidas y el resto de las veces deben ir disueltos en expresiones más mundanas con expresión explícita de legítimos intereses: el impuesto de sucesiones es justo, porque si el dinero que usted y yo ganamos trabajando paga impuestos, la riqueza que se obtiene sin trabajar deberá pagar impuestos. Hablando así se perciben principios, pero expresados desde legítimos intereses propios que le quitan el aspecto de lección cívica desinteresada cargante. La afectación personal y de grupo no oculta los principios, sino que acerca a su porqué. Por lo mismo hay que referirse al Estado y los servicios públicos deslizando expresiones humanizantes. La Iglesia se referirá a la enseñanza publica como estatalizante y uniformadora. La réplica debe incluir referencia a nuestros profesores y nuestras profesoras, y no solo al abstracto de la enseñanza pública. Una parte de la comunicación se juega en la empatía, en la sensación de semejanza y cercanía que hace a la gente sentirse entendida y distendida en el trato con alguien.

4.2 Vaciamiento léxico y vocabulario propio. Mentiras piadosas

La ultraderecha repite ciertos términos como muletillas que tratan de solidificar ideas. Por ejemplo, es afortunado el término «progre». Es complicado un discurso que reniega de la democracia y la tolerancia. Lo de progre es eficaz: alude de manera despectiva pero desenfadada a la ideología que se denigra, le da una fibra rebelde y se puede aplicar a todo. Se puede llamar progre a un intelectual, se puede llamar versión progre de la historia a llamar dictador a Franco y se puede llamar dictadura progre a las exigencias de convivencia de una democracia. Ese tipo de vocabulario debe ser vaciado. Hace poco tuvo un acierto sobre esto Pablo Iglesias. Ya estaban lanzando la palabra «paguita» para referirse a la renta mínima vital e Iglesias llamó paguita al abultado salario público que le regaló durante años Esperanza Aguirre a Abascal por no hacer nada. Ya está vaciada la muletilla. La izquierda debe vaciar el término progre refiriéndolo, no a la izquierda, sino a gente sencilla que no tenga que ver con la política. En esta etapa del coronavirus hubo pequeños comerciantes que llevaban comida a domicilio después de cerrar su establecimiento. Hubo vecinos que se hicieron cargo de las compras de sus vecinas ancianas para que no se movieran de casa. El personal sanitario tuvo momentos de tal estrés que a veces se retiraban a llorar un rato. Ahí debe deslizarse y vaciarse ese término tramposo: progres que se ocupaban de sus vecinos ancianos, enfermeros y neumólogas seguramente progres deshaciéndose en jornadas agotadoras. No es oportunismo, sino desenmascarar: de eso se burlan con la palabra progre, de la solidaridad y el servicio público. Lo mismo sucede con los vividores y subvencionados: hay que deslizar la expresión para referirse a médicos (vividores de la salud), bibliotecarios (vividores de los libros), profesores (vividores de la educación). Cuando la quieran emplear para las feministas, sonará distinta.

Nunca se debe hablar con su vocabulario, que pretende formar marcos mentales. El pin parental debe llamarse sistemáticamente censura escolar o censura católica. Esa es la realidad y activa el marco mental adecuado: quieren que el Estado pague sus colegios religiosos y además que la Iglesia censure los contenidos en los colegios públicos. El bienestar debe expresarse como la justa participación en la riqueza nacional. El bienestar es lo que va más allá de la subsistencia; para que mi trabajo solo me llegue para la subsistencia muy pocos están acaparando la riqueza del país: de nuevo principios expresados desde el legítimo interés propio para no parecer una lección.

Un aspecto del vocabulario es que no hay nada deshonesto en trasladar al lenguaje público lo que es normal y honesto en las conversaciones ordinarias. En las conversaciones normales, no nos importa lo que las palabras dicen sino lo que hacen entender. Supongamos que un alumno llama a la puerta del aula donde doy clase y me dice si me molestaría cederle cinco minutos para transmitir una información a la clase. Supongamos que no tengo inconveniente en que lo haga. Las palabras verdaderas serían que sí es una molestia la interrupción, pero que no me ofende. De cualquier forma que quiera expresar que sí hay molestia, pero que no me importa, el alumno entiende que me molesta. Si digo que no es molestia y que dé la información, mis palabras mienten porque sí hay molestia. Pero lo que deja esa mentira en la mente del receptor se parece mucho más a lo que hay en la mía que lo que hubieran dejado las palabras verdaderas. En el lenguaje público hay que cuidar mucho más lo que se entiende que lo que se dice y no es deshonesta la inexactitud que hace entender lo que es sincero. Así por ejemplo, con respecto a la censura escolar, la ultraderecha plantea una disyuntiva tramposa: de quién son los niños, de sus familias o del Estado. La verdad la sabe todo el mundo: son de la familia, pero hay leyes que los protegen, por ejemplo, del maltrato. La verdad que responde a la pregunta ultra es entonces que los niños son en parte de la familia y en parte del Estado. Pero lo que se entiende, no lo que se dice, es que los niños no son de sus familias y por ahí entrará la demagogia ultracatólica. En estos casos debe simplificarse la expresión y vaciar la inexactitud con los razonamientos posteriores. Debe decirse sin titubeos que por supuesto los niños son de sus familias. Esto no impide añadir que los niños tienen derechos educativos amparados por los poderes públicos, que corrige la inexactitud anterior. Así ni nuestras palabras hacen entender algo falso ni dejan un flanco a que se les atribuya lo que no dicen.

4.3 Provocación y reacción

La provocación solo funciona cuando hay vulnerabilidad. La izquierda, como dije, tiende a ser muy reactiva y eso la hace vulnerable y desquiciable. Donald Trump no dijo que era útil beber desinfectantes para el coronavirus porque esté loco o lo crea. Lo dijo para afianzarse como líder mundial y porque no tiene escrúpulos. No le importa que haya incautos que beban lejías. Lo que le importa es que la reacción sea planetaria y que se le perciba como el epicentro de la escena mundial. El Gobierno está llevando bastante bien las provocaciones de la ultraderecha y la prensa cavernaria. Simplemente no está entrando al trapo. Le falta iniciativa para acallar con contundencia los desquiciamientos ultras, pero es correcto mantener velocidad de crucero sin zigzaguear por las provocaciones. Esto no quiere decir que no deba responderse a la intoxicación fascista. Quiere decir que no hay que darles la iniciativa. Cuando se responde, creo que hay que seguir dos pautas.

La primera es descalificar de manera sumaria sin entrar en el tema concreto que pretenden. El Gobierno no debe responder a la acusación de crímenes. El eje de cualquier respuesta, con todas las variantes o perfiles que procedan, debe ser que es normal que ustedes digan eso siendo ustedes lo que son: fascistas. Debe reiterarse con una expresión u otra la condición ideológica extremista como explicación y respuesta de todos sus insultos, una especie de ad hominem reiterado que haga de sordera estratégica y descalificación permanente a cualquier cosa que digan. Es una forma de practicar el cordón sanitario: no tratarlos nunca como un grupo normal.

La segunda es que si se entra en el tema concreto de la provocación no debe ser a la defensiva. El enfoque sobre el llamado pin parental debe ser que se trata de una censura católica fundamentalista pretendida por la Iglesia. Así la reacción no es defensiva y será la otra parte la reactiva. Se trata de no dejar a la ultraderecha que marque la agenda pública.

4.4 Refuerzo grupal y avaricia cognitiva

En los primates tener un vínculo social consiste en compartir situaciones que normalmente serán tareas. Así se retiene esa sensación placentera de aceptación, protección y distensión. Los humanos somos parecidos y usamos mucho el lenguaje dentro de esos protocolos que mantienen, establecen o modifican los vínculos sociales, positivos o negativos. La herramienta lingüística está lista para comunicar cosas, pero la usamos mucho como los primates usan sus dedos para acicalarse unos a otros, como si las palabras fueran dedos invisibles con los que vivimos nuestros vínculos sociales. Por eso la mayor parte de las veces que pasamos el rato con amigos, aunque no paramos de hablar, apenas nos decimos nada. No nos damos cuenta de cuándo estamos usando el lenguaje solo socialmente y cuándo lo usamos de manera más comunicativa. Y por eso a veces comunicamos sin querer. Los bulos y las estridencias fascistas quieren ser una infección que se propague. La gente reacciona ante esas provocaciones primando el resorte social. Comparte en la red social disparates que le indignan como conducta social. Y así propaga la mala baba. Por la misma razón, cualquiera puede colaborar en simplificar hasta la necedad sus propias ideas reaccionando en caliente a aquello que hace muy visible su red de vínculos sociales. En un momento dado, el PP en Europa se opone a los eurobonos. La noticia se reproduce en la red simplificada y damos crédito a que el PP vota contra España porque encaja con nuestra idea de su actitud de oposición destructiva. Realmente no fue esa la maniobra del PP, sino que se sumó a quienes buscan un tipo de ayuda que no vaya a ser bloqueada por determinados países, no fue un resorte destructivo. Pero con nuestra reacción en caliente en la red social contribuimos a la simplificación del debate público. Esto lo puede hacer gente leída y con buena formación. Se llama avaricia cognitiva porque consiste en desplegar conductas en las que guardamos toda nuestra sabiduría y buen juicio como un avaro se guarda su dinero. Nos lleva a ello el intervenir en sistemas de comunicación con resortes sociales, en difundir y compartir mensajes más como vínculo social que como acto comunicativo. Con ello cuenta la propaganda ultra. No se trata de disminuir el entusiasmo por la red social, sino de intervenir con más «generosidad» cognitiva. Igual que no participaríamos en la divulgación de un cotilleo sobre la vida privada de alguien, debe extenderse la actitud de sopesar los fenómenos colectivos que alimentamos. Como con las epidemias, cada uno puede ser un muro de contención.

Singularmente, hay que evitar ser cómplices de los mecanismos que permiten a los grupos ultras reconocerse y fortalecer su identidad grupal. Recordemos que es necesaria esa identificación para sostener su actitud provocadora. Fue una equivocación la exhumación de Franco en período electoral. Fue un error de la alcaldía de Gijón afear el edificio de la Universidad Laboral por su génesis franquista. Aunque una cosa y otra son manifestaciones antifranquistas, tienen mucho más efecto como reforzamiento identitario de los grupos de extrema derecha que como avances en la memoria histórica.

4.5 La nación

La propaganda supuestamente patriótica debe ser enfrentada desde tres contenidos. En primer lugar usan los símbolos nacionales contra los españoles. Solo se repite el nombre de España y se agita su bandera contra otros españoles. En segundo lugar, no les gusta España. Dicen que de España les gusta todo, pero todo en España es amenazante y sombrío. Por eso no propusieron nada durante la pandemia, ni ayudaron a nadie. Solo ven en España material de derribo. Y en tercer lugar, España para ellos es una coartada que enmascara el contraste al que en verdad sirven: el de ricos y pobres. Solo hay que buscar ejemplos ilustrativos y repetirlos para trasladar este contenido. Abascal se atreve a relacionar a los niños inmigrantes sin tutela familiar con el asesinato de docenas de mujeres al año. Porque son pobres. Un periodista colombiano le pregunta a Abascal por los aranceles que Trump impuso al aceite y la aceituna española. Fue incapaz de manifestar desacuerdo con ese ataque a nuestro país. Trump no es un niño pobre, es un hombre poderoso. Matones con los débiles, cobardes con los fuertes. Denigran a los españoles pobres y se humillan ante los extranjeros ricos. Solo piensan en ricos y pobres.

Enrique del Teso es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo en el área de Lingüística General, donde trabaja en pragmática, comunicación y comunicación no verbal. Es autor de varios libros sobre temas de lingüística, comunicación y análisis de textos, el último de ellos titulado Más que palabras. La izquierda, los discursos y los relatos (Trea, 2019). Colabora semanalmente con una columna en el diario La Voz de Asturias.
 

Fuente → la-u.org

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