Proyecto Faq La República

lunes, 13 de abril de 2020

La República



La República
Juan Bouza 

El próximo martes día 14 conmemoramos la proclamación de la segunda República en España. 89 años después y sigue siendo un día a celebrar, y lo es por motivos casi de sentido común. No han sido las monarquías y sus reyes, familias reales y círculos políticos, los más favorecedores de la historia de nuestro país. Nuestra historia es rica, importante, profunda en el tiempo, diversa, interesante, llena de acontecimientos de impacto global. Son hechos históricos (dejémonos de histerias) aquellos que suelen llevar acompañada la palabra “esplendor” el ser un territorio que por la fuerza de las armas consiguió una posición cabecera en la geopolítica mundial al modo que lo ha sido Estados Unidos y ahora comienza a ser China, aunque este última con armas más sutiles como puedan ser las económicas.

Nuestra historia no es una historia de éxitos. Me saldrán por decir esto muchos historiadores afeándome esta afirmación y me pondrán poner ejemplos a miles: que si la conquista de América, que si Felipe II y el imperio, que si la derrota al francés…y no serán capaces de salirse de esos tópicos. Sin embargo como cualquier pueblo también aquí tenemos nuestras luces, momentos históricos donde realmente se intentó hacer lo que en puridad hace que nos podamos sentir más o menos orgullosos de la propia historia: mejorar la vida de los habitantes, buscar la libertad como la única opción decente, la solidaridad y la buena vecindad…y un buen puñado de conceptos que en la historia de España, o mejor dicho de los territorios que hoy componen el estado español, también han tenido su hueco pero que entretenidos como solemos estar en otros detalles históricos como muy de guerras, cuestiones muy bizarras con reyes déspotas y degenerados, no suelen ser reivindicados como pueblo, como estado. A saber:

El respeto por el legado Andalusí. El incorporar de una vez por todas los ocho siglos que abarcan desde la batalla de Guadalete hasta la toma de Granada. Conocemos y celebramos más la oscuridad medieval de los territorios cristianos que la luz y brillantez de la cultura Omeya y su califato. Preferimos regodearnos, y esto es muy de Cádiz, en que los franceses fueron aquí derrotados y sin embargo ninguneamos la magna obra de la Constitución de 1812, en la que por primera vez nos hablaban desde las instituciones de palabras como libertad y de felicidad. Preferimos señalar al anterior jefe del estado por su intervención televisada el 23F y no se pone a la altura el cívico y contundente comportamiento de los partidos, sindicatos…y en general de la población española…y así todo.

La República fue el intento más serio de regeneración de un estado que estaba carcomido por la caspa, la cutrez y peor que eso la miseria, la incultura, el enorme atraso de tantos siglos de poder omnímodo de reyezuelos, militares, curillas y caciques. El intento ya sabéis como acabó.

Siempre he sido de la opinión de que la única forma de gobierno que podemos considerar de naturaleza popular es la de la república democrática, que de todo hay. Hablamos ni más ni menos de elegir a nuestros dirigentes, a estimar lo público… No obstante, y fruto de la necesidad de no dar ni una sola facilidad a la carcundia mas sanguinaria de este país, se posibilitó le europeización de la casa real borbona, que dicho sea de paso -y esto tampoco me lo negarán- una familia que en la suma de sus reinados ha sido una auténtica desgracia para España, es decir para los españoles. Esa europeización, esa dulcificación y blanqueamiento ha posibilitado que durante varias décadas la figura del Rey, la de su familia y la monarquía en general no haya sido objeto de debate o por lo menos ni siquiera los más posicionados en el cambio de régimen hacia la república lo tenían como el primer objetivo, siendo la consolidación y profundización de la democracia, la igualdad, la justicia social y la modernización del país los objetivos que siempre han estado por delante.

Y esto ha sido así mientras que hemos tenido la percepción de que esa familia no molestaba, no era un activo diferenciador pero tampoco restaba. Y así ha sido durante bastantes años gracias sobretodo al escaso conocimiento que teníamos de sus actividades. Pero… estamos en otro momento, ahora una de las claras condiciones que, no escritas pero en la mente de todos hemos puesto durante años para respetar esa figura, ha sido la ejemplaridad: no dar problemas y tener un comportamiento intachable. Ni que decir tiene que ahora mismo la monarquía en España es una fuente de problemas precisamente porque ya sabemos que su comportamiento no ha sido, ni de lejos, intachable.

Por cuestión de espacio no voy a señalar aquí lo que está en la mente de todos pero si la consecuencia que no puede ser otra que la de volver a reivindicar la República como sistema más democrático. Reivindicar, hoy —en tiempos difíciles de pandemias y ataques furibundos de la extrema derecha (PP y Vox)—, lo público, lo que es del común: No permitir más recortes en sanidad, ni en educación, ni en todo aquello que no solo nos iguala, sino como se está comprobando, nos salva la vida. Y el espacio de lo público desde donde mejor lo podemos defender es desde la “cosa pública” la República”.


Fuente → lavozdelsur.es

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