La II República y la promoción de la lectura: La Biblioteca Circulante de la Agrupación de Editores Españoles visita Jerez en 1935
 
La II República y la promoción de la lectura: La Biblioteca Circulante de la Agrupación de Editores Españoles visita Jerez en 1935 / José García Cabrera:
En plazo no lejano y con la misma naturalidad con que vemos desfilar hoy las ambulancias sanitarias automóviles que llevan su benéfica acción a todos los lugares de nuestro dilatado término, veremos circular mañana la biblioteca circulante. García Figueras, T. “Las bibliotecas en la cultura popular”, Revista del Ateneo nº 57, enero-febrero, 1932, p. 1-5.

La llegada de la Segunda República a España no solo trajo consigo un nuevo régimen político reformista y democrático de libertades y de importantes cambios y medidas legislativas, sociales, políticas o jurídicas, sino que abrió un nuevo periodo en el que la cultura pasó a ocupar un lugar fundamental en la acción del Estado, como se recogía en el artículo 48 de la nueva constitución en el que se declaraba que el servicio de la cultura es atribución esencial del Estado… Esta preocupación cultural de los distintos gobiernos republicanos, sobre todo durante el primer bienio, quedó plasmada, como es sabido, en una política de ambiciosa reforma educativa que entre otras medidas contemplaba un optimista plan de creación de nuevas escuelas (1) que perseguía el objetivo de elevar el nivel de alfabetización de una población que tenía un analfabetismo de más del 30% y a la vez paliar el grandísimo déficit de plazas escolares.

oAsí, en Jerez, en el año 1931 se crearon 22 plazas más de maestros y maestras para empezar a enjugar el déficit existente tanto entre la población de la ciudad como de la campiña, aunque bien es verdad que, como se lamentaba el buen maestro Teófilo Azabal Molina, asesinado (2) en nuestra ciudad el 29-8-1936, debido a los problemas económicos del municipio este esfuerzo inicial del primer año de República no tuvo luego mucha continuidad.

Si este plan de reforma educativa ha recibido una considerable atención por parte de los investigadores, menor ha sido sin embargo la prestada (aunque es cierto que cada vez más), dentro de esta política cultural republicana, al importante proyecto republicano de creación bibliotecaria y a las medidas de promoción, extensión y “socialización”(3) del libro y de la lectura, un proyecto desconocido hasta esos momentos en España , sobre todo para el medio rural y pequeñas poblaciones que carecían de bibliotecas públicas y librerías. Para ello se crearon instituciones estatales como el Patronato de Misiones Pedagógicas o la Junta de Intercambio y Adquisiciones de Libros que pretendían acercar el libro a miles de personas que residían en esos lugares tan alejados tradicionalmente de los circuitos de lectura por el analfabetismo existente y la falta crónica de bibliotecas públicas o populares. Esta eclosión de iniciativas culturales en torno al mundo del libro durante estos años de República ha llevado a algún investigador a calificar en este sentido el periodo republicano como de República de los libros (4), destacando igualmente el apoyo prestado por las autoridades republicanas a un mundo editorial en ebullición (5) en estos años aunque ya iniciado desde los años finales de la Dictadura del militar jerezano.

En nuestra ciudad esa preocupación por el fomento de la lectura y su acercamiento a los lectores tuvo también su reflejo en diversas iniciativas, entre ellas la preocupación por impulsar el uso y fomento de la Biblioteca Pública Municipal, la creación de otras bibliotecas en zonas de recreo y ocio de la ciudad, la creación de bibliotecas escolares con cierto criterio pedagógico, el impulso dado a la celebración del Día del Libro, o el reparto de libros entre los alumnos más asiduos a la Biblioteca Municipal, una propuesta realizada por el bibliotecario Manuel Esteve en 1936.

En este ambiente de efervescencia cultural y de sincero interés por acercar la cultura y el libro a aquellos lugares tradicionalmente apartados de toda oferta cultural y de los caminos por los que el libro se movía es también en el que nacen en Jerez modestos pero novedosos y dignos proyectos de promoción cultural en el que el libro ocupó un lugar importante. Así puede calificarse el impulsado y desarrollado por el Ateneo Jerezano con el apoyo del Ayuntamiento de Jerez en la localidad serrana de Villaluenga del Rosario el primero de abril de 1933, una “misión cultural” que, entre otros propósitos, tenía el de dejar allí de manera permanente una humilde biblioteca, abierta al uso de todos los vecinos, no solo de los alumnos, aunque se instalara en la escuela pública que desempeñada el maestro Antonio Gálvez Jiménez, otro maestro igualmente asesinado el 12-9-1936(6)

Apenas 8 meses después de su entrada en servicio esta biblioteca había registrado ya más de 559 lecturas entre niños y adultos y 105 lectores niños y adultos del pueblo los cuales tenían entre sus lecturas preferidas Robinson Crusoe, Sagunto, La Odisea, Cuentos Vivos, entre los niños y obras como La barraca, La isla del tesoro, La vida es sueño, El árbol de la ciencia, Caminito abajo, del poeta, periodista y jefe de la Guardia Municipal de Jerez Antonio Chacón Ferral, fusilado (7) también en la ciudad en el otoño de 1936, y Poesía, prosa y verso, de Juan Ramón Jiménez, entre los adultos.(8) O iniciativas de difusión del libro como la desarrollada en nuestra propia ciudad durante la celebración del Día del Libro de este último año por parte del Ayuntamiento que distribuyó entre las escuelas públicas de Jerez cerca de 2700 volúmenes y 27 en la escuela existente en Tempul que regentaba el maestro Cristóbal Castillo, otro de los maestros asesinado por los militares sublevados(9) en 1936

La puesta en valor de la Biblioteca Municipal y del hecho cultural en general en estos primeros años de gobierno republicano en Jerez puede observarse de manera clara también en el acusado cambio de tendencia que se nota en la evolución del número de lectores de la Biblioteca Pública Municipal con la llegada de la República y que se concretó en un notable incremento del mismo. Mientras que la media de lectores durante los años de la Dictadura de Primo de Rivera, de 1923 a 1930, fue de 7003 lectores, en los años que van de 1931 a 1935 esa media ascendió a 10744 lectores, lo que supone un aumento de casi un 54%. En términos absolutos se pasa, por ejemplo, de los 8026 lectores de 1930 a los 10133 de 1931 o 10121 de 1932(10) Qué duda cabe que en este cambio influyó también el meritorio trabajo de catalogación y organización de sus fondos que por orden de la autoridades municipales republicanas venía desempeñando el recién nombrado director de la Biblioteca Manuel Esteve Guerrero, desde 1931.

Estas cifras, no obstante, no pueden ocultar un fenómeno que no por intuido debemos dejar de subrayar, a saber, que la mayor tasa de analfabetismo en la España de esa época correspondía a la mujer: efectivamente, ese aumento de lectores seguía ocultando que las mujeres que acudían a la Biblioteca representaban aún porcentajes casi despreciables, mínimos, respecto a los varones. Así, para 1935 estas representan solo un 3,3% del total y para 1934 un escuálido 2,4% del total de lectores de ese año (11).

Al calor de este ambiente de preocupación oficial por el libro, por su promoción y extensión floreció y se desarrolló una serie de iniciativas comerciales que de manera fervorosa, casi misionera en algunos casos, como el que hoy nos trae a estas páginas, y sin perder de vista el interés empresarial, claro está, coadyuvaron a este empeño gubernamental en pro del libro. La organización de las primeras ferias del libro de Madrid, por ejemplo, se llevó a cabo por Agrupación de Editores Españoles la cual contó desde su nacimiento, en julio de 1934 por iniciativa de Rafael Giménez Giles, con el entusiasta apoyo de los primeros gobiernos de la República.

Una de las más novedosas propuestas editoriales en pro de esa divulgación del libro y de la ampliación de los circuitos de lectura, entre otras, fue la creación de bibliotecas circulantes que montadas sobre camiones estand cargados de libros recorrían pueblos y ciudades del país donde permanecían entre uno y varios días. Se trataba de camiones dispuestos a modo de mostradores de libros que iban a llevar el espíritu de la ferias [del libro] a los pueblos. (12)

Esta iniciativa de la Agrupación de Editores Españoles contó desde el principio con el total apoyo de los gobiernos republicanos a través de los gobernadores civiles de las provincias que visitó la expedición bibliotecaria ambulante, como ocurrió con su visita a nuestra provincia en 1935 cuyo gobierno era desempeñado entonces por el también autor y escritor Luis de Armiñán.

Además de la capital de la provincia esta biblioteca circulante visitó otros pueblos: Jerez, La Línea, San Roque, Algeciras, Tarifa, Conil, Chiclana de la Frontera, San Fernando, Puerto Real, Puerto de Santa María (Biblioteca Municipal) Rota, Sanlúcar de Barrameda (Biblioteca Municipal), Alcalá de los Gazules, Medina Sidonia, Arcos de la Frontera, Bornos, Villamartín, Setenil, Alcalá del Valle y Torre Alháquime.

En Cádiz se instaló el día 11 de marzo en la plaza de San Antonio donde el escritor Wenceslao Fernández Flórez, delegado de la Cámara Oficial del Libro, dio una conferencia sobre lo que significaba esta importante iniciativa (13) Los ayuntamientos que deseaban recibir la visita de esa expedición de la biblioteca y sus integrantes debían solicitarlo y comprometerse a subvencionarla con la cantidad de dinero que considerasen, una cantidad que le sería devuelta de nuevo pero invertida en libros que podían servir para una biblioteca municipal o popular ya existente en la población o bien para ser utilizado como el germen del nacimiento de una nueva. De los pueblos o ciudades de los que poseemos información, el público de Cádiz asistente a la exposición y demás actos celebrados se gastó 580,29 ptas., seguida de Jerez con 560, 47 ptas. (14)
El municipio jerezano a pesar de la delicada situación económica de los recursos municipales, destinó para este fin 2000 ptas. procedentes del capítulo de Imprevistos del presupuesto municipal. La iniciativa fue acogida de manera muy favorable tanto por los medios de comunicación como por el propio ayuntamiento de la ciudad.

Así se daba la bienvenida a los integrantes de la expedición de la Agrupación de Editores Españoles desde el periódico el Guadalete el día de su llegada, el 16-1935:

Propagadores del libro. Bienvenidos.

(…) No es empresa fácil la que os habéis puesto en ese viaje nada cómodo que estáis realizando. Porque no es el artículo que ofrecéis de aquellos que incitan a adquirirlo. Vuestro carro acaso extrañe, y por eso, por la novedad que envuelve, posible es que se vea cercado de curiosos en los pueblos que visitáis (…) bueno es que las masas populares se enteren de que el libro es una mercancía que merece ser tratada con solicitud (…) Bienvenidos, animosos propagadores del libro que en viaje incómodo habéis llegado a Jerez. Seréis por unas horas nuestros huéspedes de honor y quiera el Cielo que al seguir vuestro camino os llevéis grata impresión del tiempo que permanezcáis aquí… “(El Guadalete, 16 de marzo de 1935)

El Pleno celebrado por el consistorio en la sesión de 9-3-1935(15) acordó efectivamente subvencionarla con esa cantidad y designó inmediatamente a una comisión de personalidades para efectuar la selección de los libros en su momento: Director del Instituto, presidente del Ateneo, presidente de la comisión municipal de instrucción pública, director de la Biblioteca Municipal y al archivero Municipal Adolfo Rodríguez Rivero (16)

Los actos de esta expedición de propagación del libro en la ciudad estaban previstos para el 16-3-1935 aunque hubo de posponerse para el día siguiente a causa del mal tiempo. A las doce de la mañana del domingo 17 de marzo de 1935 se celebró en la Plaza del Arenal este acto. Delante de la estatua de Primo de Rivera y dando frente al camión­-estand librería se instaló un estrado cuya presidencia ocupó el alcalde Juan Narváez, a quien acompañaban en el mismo el comandante militar de la plaza Fernández Rodríguez de Arellano, el director del instituto Coloma, señor Chacón y la escritora cubana Ofelia Rodríguez Acosta (17), que acompañaba a esta expedición del camión librería. Intervino el jefe de la expedición Miguel Ruiz Castillo quien después de izada la bandera republicana e interpretarse el himno nacional, se dirigía a los asistentes trasladando un saludo del presidente del Gobierno. A continuación se hacía entrega al bibliotecario municipal Manuel Esteve de las obras que por valor de la subvención de las 2000 ptas. había adquirido el Ayuntamiento con destino a la Biblioteca Municipal. La asistencia de público a la exposición fue bastante concurrida pues además de la exposición de libros se desarrollaron también otras actividades, entre ellas proyección cinematográfica o concierto de música.
 
Todos estos proyectos quedaron truncados por la fuerza de las armas impuesta sobre la población de aquellos territorios que quedaron bajo las botas de los militares rebeldes al mando del General Franco. Las bibliotecas creadas durante este periodo de República, como decía Juan Vicens de la Llave, inspector de bibliotecas populares durante la República, muchas de ellas fueron consumidas por el fuego de las hogueras a las que se arrojaron y muchos de los protagonistas y colaboradores de este proyecto, maestros muchos de ellos, fueron fusilados como hemos visto que ocurrió en Jerez con Cristóbal Castillo, Teófilo Azabal Molina y Antonio Gálvez, y otros más.


Fuente → lavozdelsur.es

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