Proyecto Faq La defensa de la II República: ¿dos bandos enfrentados?

miércoles, 22 de abril de 2020

La defensa de la II República: ¿dos bandos enfrentados?

 

La defensa de la II República: ¿dos bandos enfrentados?
Leire Ruiz

La Guerra Civil española acabó con la vida de más de medio millón de personas. Ha sido etiquetada muchas veces como una «guerra entre hermanos«, «dos bandos«, aunque la realidad histórica cuente que un grupo de generales (Mola, Sanjurjo y Franco, principalmente) empezaron a conspirar contra un sistema político legal y legítimo.

Dos bandos enfrentados

Cuando se trata de explicar la defensa de II República se suele escuchar la explicación de que fueron dos los bandos enfrentados, el bando republicano y el bando nacional. Sin embargo, esta concepción iguala a ambos sectores, y los responsabiliza por igual de la contienda que siguió al golpe de estado fracasado.

Los republicanos eran los demócratas que resistieron en las calles a la violencia de la derecha que quería deponer por las armas a un gobierno, el del Frente Popular, que había vencido en las urnas en febrero de 1936.

La defensa de la democracia republicana estaba compuesto por los partidos republicanos (PCE, PSOE, ERC, PNV…) y por el resto de las fuerzas políticas de izquierdas. Contaban con la ayuda de los sindicatos anarquistas y lo apoyaba, en su gran mayoría, la clase obrera. Dirigido por Juan Negrín.

Los territorios más desarrollados e industrializados (Cantabria, Asturias, País Vasco, etc) fueron los que apoyaron la República. La Aviación, la Infantería y buena parte de la Marina, se adherió al Gobierno Republicano. Así lo hizo también la Guardia de Asalto.

En cuanto al bando nacional, compuesto por las fuerzas políticas de derechas y fascistas (Falange Española, Bloque Nacional, los carlistas de la Comunión Tradicionalista, etcétera). Contaban con el apoyo de la Iglesia Católica. Se oponía a todo lo que reivindicaba el bando republicano y quería instaurar una dictadura militar. Este bando estaba liderado por Francisco Franco. Una parte de la infantería, parte de la Marina y la Legión, fueron partidarios del bando nacional, al igual que gran parte de la Guardia Civil.

Igualar demócratas y golpistas

La cuestión de igualar a demócratas con golpistas está muy arraigada en sectores importantes de España. Aunque la realidad histórica les contradiga afirmando que sí hubo víctimas y verdugos, demócratas y golpistas.

La versión neutral se basa en la idea de que todos fueron iguales. En consecuencia, erra de falsa equidistancia y silencia muchas verdades.

La versión neutral, al omitir verdades, descontextualiza históricamente las causas políticas de la Guerra Civil y su posterior régimen dictatorial. Para igualar a golpistas con demócratas es necesario ausentar del análisis las causas del golpe de Estado, las razones históricas los participantes y sus actos principales, y la represión de los golpistas.

>Los valores de la II República que deberían inspirar a la democracia española<< 

El problema de raíz fue el poder electoral obtenido por las clases populares más pobres. Las élites no aceptaron esta situación y apoyaron a grupos sociales fascistas, con el fin de acabar con la democracia.

La Alemania nazi y la Italia fascista no tardaron en ayudar a los golpistas. Los gobiernos occidentales democráticos en cambio, decidieron no intervenir. Y a pesar de la participación de las Brigadas Internacionales, las fuerzas no estuvieron en ningún momento en igualdad de condiciones.

Los historiadores que transmiten la versión neutral, en la que se iguala a víctimas con verdugos, dibujan dos bandos: fascistas y comunistas. Donde todos son culpables. Esta es la equidistancia que silencia verdades.

Si se tienen en cuenta la naturaleza y los objetivos a la hora de comparar la violencia golpista y la republicana, se concluye que fueron radicalmente diferentes.

Desde el punto de vista moral, ambas tienen responsabilidad y hasta ahí llega la comparación. Las diferencias cualitativas y cuantitativas existen entre ellas, y deben constar en la memoria pública.

La violencia producida por la República, se dio principalmente durante los meses siguientes al golpe de Estado en los que se respondió a la violencia fascista. Básicamente empezó y terminó con Paracuellos. Sin embargo, la línea diacrónica fue diferente.

El bando golpista uso la violencia como herramienta para infundir terror, durante los primeros meses de 1936, y todos los siguientes hasta que comenzó la transición en 1975, periodo en el que la violencia pasó a ser el silencio de los crímenes de la dictadura. Los métodos represivos usados, dejaron el suroeste peninsular lleno de cadáveres. Llenaron España de campos de concentración, cárceles y paredones de fusilamiento.

Todavía hoy, algunas de las personas que recuerdan aquella época, temen hablar de aquello. Aunque si lo hicieran desterraría la equidistancia oficialista de la Transición.

Corresponde a la sociedad exigir y conocer esa parte de la historia, basada en la más rigurosa investigación historiográfica. Si no se quiere caer en la simpleza de igualar a golpistas con demócratas.

No se habló con claridad en una Transición tutelada por el aparato franquista, que lo condicionó bajo la amenaza de otro golpe de Estado. Y así una gran parte de la sociedad tiene normalizado igualar a demócratas con golpistas.

Hay cosas comparables, pero eso no las hace iguales. En un intento de normalizar el centro político, se construye una historia neutral con la que se juzga la moralidad de cada posición. Igualando las acciones de agresión y defensa, pero sin etiquetas que marquen un contexto.

En casi todos los aspectos, los dos son diferentes: libertad frente a represión, público frente a privado. Otro tema sería la legitimidad de la autodefensa, o dónde estaría el límite para legitimar al uso de la violencia.

Dos cuestiones con respuestas subjetivas, que variarán dependiendo de las valores adquiridos para realizar un juicio moral. Esto no debería ser excusa para caer en la simpleza de normalizar y banalizar el fascismo.

No sería justo para aquellas personas que se vieron obligadas a defender su vida, quitando la de quienes querían quitársela. Lo mínimo que la sociedad les debe, es un análisis crítico basado en un contexto. O por lo menos, saber diferenciar a los agresores de los agredidos.


Fuente → elestado.net

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