Proyecto Faq El andalucismo de ayer y hoy frente al debate monarquía-república

viernes, 3 de abril de 2020

El andalucismo de ayer y hoy frente al debate monarquía-república

 
El andalucismo de ayer y hoy frente al debate monarquía-república / Ángela Aguilera Clavijo y Manuel Ruiz Romero:

Las aportaciones del andalucismo y su perspectiva ante la diatriba de república o monarquía configurarán la primera parte de este texto, el cual pretende hacer una rápida panorámica de los hitos históricos más importantes para, posteriormente, centrarnos en los retos que afronta en la actualidad.

Sabemos que Andalucía jugó un importante papel en la Historia Contemporánea de España aunque sería pretencioso por nuestra parte defender que hubiese sido el más definitorio. Sin embargo, no es menos cierto que a lo largo de los siglos XIX y XX existe desde nuestra tierra un significativo empuje en instantes constituyentes superando corsés centralistas y sin proyectos -necesariamente- de orientación secesionista.

En las Cortes de Cádiz ya hubo propuestas de República andaluza por parte de algunos parlamentarios andaluces a tenor de sus intervenciones. El empuje por condicionar la vieja política de Estado tendría también su expresión en el Trienio Liberal (1820-1823), iniciado por Riego desde Las Cabezas de San Juan con relativo éxito y trágico final. Precisamente, en 1835 el movimiento juntero significaría un nuevo intento por ampliar los márgenes del Estatuto Real de 1834, de manera que la Junta Suprema de Andújar liderará la revolución liberal-burguesa invocando de nuevo la existencia de Andalucía como actor constituyente. Quedaba así su territorio al margen de los juegos de tronos sálicos que son las guerras de género llamadas carlistas, impulsando un nuevo intento reformista, finalmente centralizado por la Constitución de 1837 e Isabel II.

Al inicio del Sexenio Revolucionario, el pueblo andaluz es un sujeto fundamental en la insurrección militar que exilia a la reina e impulsa un nuevo gobierno. Desde Cádiz, figuras como Salvochea o Ramón de Cala, entre otras, inician “La Gloriosa” como movimiento, esencialmente republicano y democratizante. Así lo ha venido defendiendo el profesor Pérez Trujillano.

La vocación constituyente de Andalucía se materializará en la Candidatura Federal Republicana Revolucionaria Andaluza, de cuya creación se auto inculpa el propio Blas Infante en su conocida obra de referencia sobre los sucesos inventados en la base de Tablada, los cuales suponen un boicot al programa alternativo de una lista heterodoxa, rupturista y alternativa. Del mismo modo, hay que constatar la superación del diseño constitucional logrado por la conquista del autogobierno andaluz por la vía del art. 151 de la norma del 78. Andalucía representa una rupturista creatividad en el antes y después de configurar el Estado de las Autonomías.

Antequera: teoría básica.

La hoy manifiesta necesidad de un Estado plurinacional y la respuesta a un capitalismo reforzado en un escenario autoritario orquestados ambos por el neoliberalismo, forjan la necesidad de una alternativa desde la nación andaluza y con carácter constituyente. La Constitución de 1883 o Pacto Federal para los cantones andaluces, aprobada en Antequera desde el ámbito del republicanismo federal, será una de las referencias históricas fundamentales para la creación de una conciencia de pueblo y, estamos convencidas que puede seguir siéndolo.

En 1883 Andalucía ya existe para el andalucismo. Es un sujeto jurídico -unidad política- al que se le reconoce capacidad histórica para dar luz a una alternativa: primero, a la revolución liberal y, más tarde, a la restauración borbónica. Aspectos tales como laicidad, separación de poderes, feminismo igualitario (aún incipiente), apuesta por la enseñanza como factor de cambios de mentalidades, suficiencia financiera, republicanismo, higiene democrática, medidas participativas en la administración, revitalización de la ciudadanía y sus derechos, autogobierno generatriz, plurinacionalidad del Estado, fijación de un sujeto político, municipalismo, identidad cultual, soberanía alimentaria, garantía sobre derechos vitales individuales y colectivos, patriotismo ciudadano, con-federación, derecho a decidir, derecho al voto universal , todos ellos son algunos de los conceptos que subyacen en las disposiciones antequeranas, a la vez que forman parte activa de un paradigma andaluz.

Su diseño pivotaba sobre la existencia de una diversidad andaluza y española. El concepto plural de nación de naciones interpretado desde la soberanía de los pueblos, no solo fue una respuesta solidaria a la rebelión cantonal: será una alternativa a una República unitaria y para una profundización más democrática y descentralizadora. Su idea de República Federal Ibérica no existe más que gracias a la unidad de los pueblos; no obstante, a diferencia de otros proyectos, percibe un estado igualitario y de clase. Estamos ante una primera invitación a la toma de conciencia como pueblo, indisolublemente unida a la de clase. Ciudadanos y pueblos libres conforman Iberia de manera voluntaria.

El andalucismo, alternativa a la Restauración

En el contexto de la primera Restauración borbónica tendrá lugar la irrupción pública y organizada del andalucismo político. Sus escarceos iniciales constatan de nuevo la existencia de Andalucía como entidad política propia y una identidad cultural diferenciada. Propuesta que encaja inicialmente entre reducidos círculos intelectuales y burgueses compatibilizando un incipiente regionalismo y la unidad de la Patria.

Aquel andalucismo emergente, preocupado por la pobreza del país, bucea en la alternativa que suponen los nuevos proyectos económicos (georgismo) y, entre su culturalismo pequeño burgués y su aún tímida definición ideológica, apuesta por una proyección regional en el Estado como profundización de lo español. Entre uno y otro aspecto, se socializa e introduce en agenda un debate andaluz sobre Andalucía.

El conocimiento de la propuesta antequerana y su alternativa a la legalidad monárquica vigente se persigue en el foro de Ronda en 1918. Aquella Asamblea será la adaptación de la Constitución de Antequera a la legalidad de la Constitución turnista de 1876. Al posibilismo que ofrece el nuevo marco político ante la imposibilidad de aplicar la oferta republicana y federalista de 1883. El andalucismo sería posibilista consciente de sus limitaciones, sin olvidar por ello su ideal republicano.

Tras la reflexión joven del Ideal Andaluz, el movimiento andalucista asume la necesidad de España desde sus territorios culpando al centralismo histórico de apostar antes por unas energías patrias imaginarias y supremacistas, que por un progreso común del que excluye a las regiones. El nacionalismo español es considerado como un lastre arbitrario, indolente y caprichoso en la medida que España, “como nación de naciones”, es la única realidad capaz de ofrecer soluciones. Andalucía no sólo existe sino que impulsa la regeneración que hace falta en el Estado. Por eso, la socialización del andalucismo se topa con los valores profundamente arraigados que lo limita. Toma conciencia pues, en este segundo instante, de que esa coexistencia inicial es tan compleja como harto imposible.

Con ello, debe entenderse la socialización andalucista, además, como un intento de instaurar un nuevo concepto de ciudadanía que, más allá del sentimiento de clase, es coherente con el hecho nacional y popular andaluz: implicando en un primer momento identificarse con la propuesta mancomunal que se articulaba. Por un lado, concibiendo España como diversa; por otro, superando estructuras caciquiles desde una posible y profunda concepción municipalista heredada del federalismo; estableciendo competencias propias y elaborando un plan propio de socialización al hilo de las primeras oferta electorales catalanistas que aparecen.

Esta percepción por la que España se define y renueva desde los territorios, se visualiza durante el llamado Trienio Bolchevique, que empuja al andalucismo a una mayor definición ideológica desde la izquierda. Hacia posiciones más comprometidas de clase: en el seno del movimiento obrero y, sobre todo, jornalero. Son años donde el movimiento andalucista comparte de forma más cercana, por estrategia y pragmatismo electoral, tesis sociales y políticas con una izquierda tradicional con la que coopera en reivindicaciones sociales e intentos electorales; pero que se mostrará sin embargo insensible a las tesis territoriales de Blas Infante.

Tras Ronda, el andalucismo se redefine en sus posiciones y, superando su inicial proyección económica o culturalista, hace de su doctrina un ideario político definido ahora como nacional. El Manifiesto de 1919 y la Asamblea de Córdoba de aquel mismo año, siguen haciendo suyo el referente político de la Carta antequerana; no obstante, ahora su axioma nacionalista se autodefine sin pudor y claramente en términos de igualdad con otros territorios. El patriotismo pasa ahora por una dimensión andaluza que se concreta como unitaria y solidaria con el resto de pueblos del Estado y de la humanidad, como reza el lema andaluz. Considerando el problema del espíritu nacional del españolismo como una imposición desde unos estamentos tan conservadores como caducos y lastrantes (monarquía, catolicismo, aristocracia…), de manera que, sólo desde la toma de conciencia crítica y activa como pueblo, territorios, municipios y personas, se puede vislumbrar un nuevo escenario con matices federalizantes. Más allá del Estado tradicional y sus valores, sus facultades autonómicas y reivindicaciones sociales, igualitarias, jurídicas y cívicas…, echarán el pulso ahora a un concepto de España perecedero e identificado con un pasado que imposibilita tanto el avance de las mentalidades como el progreso de los pueblos: De la Andalucía Libre a la Federación Hispánica.

Coherente con este sentido federativo y de liberación de su propia identidad, concretado bajo el lemaAndalucía Libre, el Manifiesto de la Nacionalidad (1919) apunta a la diana al reclamar la abolición de los poderes centralistas. No sólo por “depredador” o “antiguo”, sino por cuanto el movimiento “de repulsión” hacia el centralismo, generarían -y generan- dinámicas centrífugas que se desean evitar con dicha percepción anticipatoria. Concluyendo así que el centralismo, por excluyente, es el verdadero separatismo por la visión uniformante, supremacista y clasista que posee.

Así expresado, la pertenencia a España es un concepto voluntario. Es parte del federalismo en su máxima expresión: con-federalismo. Desde la libertad de marcharse, se pertenece voluntariamente. Y esa vinculación al conjunto que representa la nueva España -siempre republicana-, interesa siempre por cuanto no frena ni resta: al contrario, potencia de forma solidaria e igualitaria. La victoria del primero de los dos golpes de Estado del siglo XX viene a desarbolar y perseguir cualquier atisbo del movimiento; contrariamente a lo que sucede con el PSOE que, por alegal, será la formación de la izquierda que llega a la República con más fuerza.

Una República confederal

Con la llegada del nuevo régimen, Blas Infante se auto inculpa de organizar una candidatura heterodoxa a las constituyentes de 1931. El peligro de que se prorrogue el centralismo político y las viejas estructuras caciquiles de la Dictadura primorriverista, le empuja a confeccionar una lista alternativa con ideales revolucionarios (rupturistas), federales, imbuida de valores republicanos y de obediencia andaluza.

Las bases programáticas de su oferta electoral representan una alternativa a toda la política gubernamental a la que el andalucismo político ha tenido que adaptarse o someterse durante décadas. Sus ideas suponen una ruptura con esa decadencia que lideraba el Borbón y a la que empuja a Andalucía y España. En respuesta a dicha tentativa estructural, la propuesta y sus consecuencias tras el bulo del complot de Tablada representarán un acontecimiento reaccionario de Estado, además de un adelanto involucionista en el tiempo anterior al recurrente agosto golpista de 1932. Un primer tanteo a la República de los movimientos anti republicanos que culminarán con el 18 de julio de 1936.

Rechazo del centralismo, autogobierno para Andalucía con competencias sobre el Protectorado, federalismo, asamblea de pueblos del Estado, municipalismo... son ideas recurrentes. La salvedad ahora es por el instante donde se manifiestan: un nuevo régimen y un periodo constituyente. De otra parte, a la reivindicación para vertebrar el Estado se le suma un denso componente crítico hacia un caciquismo que esclaviza el progreso, prolongado por la deficiente labor de una administración que sojuzga al ciudadano en lo económico, ideológico y familiar. Así, hasta la demanda de una total renovación del ámbito educativo público, muy en relación con las ideas republicanas de la época, frente a una educación tradicional que administra junto a la iglesia una podredumbre cultural y de conciencias. De nuevo, los problemas territoriales como base del necesario cambio de mentalidades.

No en vano, los infundios del invento del complot como lo llama Infante y sus fake news alrededor de las intenciones ocultas de la candidatura, esgrimen y pervierten con calculada intención su programa electoral hasta el punto de acusarlo de ser separatista, pretender la ruptura de España, defender la islamización (por el laicismo), y repartir tierras, el dinero de los bancos y, hasta las mujeres según aireó alguna cabecera. No sólo los sectores involucionistas, también las formaciones de la coalición republicano-socialista titulares del Pacto de San Sebastián y del Gobierno Provisional, observaron la propuesta como desestabilizadora del nuevo régimen que nacía. Andalucía se convertiría en respuesta alternativa en cuanto su vital reivindicación para el nacimiento de la nueva España y la intensidad de una Andalucía Libre. Es el Estado quien propicia, pero no impone un federalismo desde arriba. Más bien, se consolida con el libre pacto entre los territorios. La fórmula confederal -de nuevo- en toda su pureza. Sólo por este método se evita que el poder central aúne aspiraciones, representaciones y sentimientos, mal llamados españolistas, como ideas que sólo esconden suspicacias reaccionarias.

Así, el uso del concepto Estado Libre para Andalucía debe entenderse como la creación de un ente de plena soberanía a imitación de lo sucedido con Cataluña el 14 abril en su proclamación unilateral del Estado catalán. Que aspira al mismo reconocimiento, aún provisional, a la espera de un marco institucional plural de autogobiernos; siempre dentro de los márgenes de una República Federal donde compartir soberanía. Y, precisamente, para la invención/redención de esa nueva España como se llama a esa intención desde Andalucía, esta tierra debe jugar un papel activo en busca de una respuesta solidaria, federal y socialmente avanzada. Ese es el primer presupuesto de la candidatura y el sentido andaluz de su revolución andaluza.

Por ello, Andalucía no construye contra nada ni contra nadie. Su particular federalismo meridional siempre estará vinculado a la emancipación de las clases más necesitadas, al respeto a las diferencias y a la solidaridad entre territorios. En este sentido, apuntamos, Andalucía no separa: une desde un sentimiento de clase y pueblo. Une pero de una forma bien distinta dentro de unos cauces de igualdad de derechos, reconocimiento mutuo y voluntad común. Andalucía como la que más, pero con tanta variedad en su interior como unidad. Han pasado ochenta y siete años desde la redacción del libro sobre Tablada de Don Blas, pero nadie sensato puede hoy negar la vigencia y oportunidad de sus textos.

Ya en plena transición el movimiento que subyace al 4D del 77 (fecha en la que el pueblo andaluz conquista su condición de nacionalidad histórica a través de movilizaciones sociales multitudinarias) y al 28F, fecha del referéndum sobre el procedimiento autonómico, es un movimiento de clase referenciado en la izquierda social. Una izquierda que se cimenta en la emigración, en la lucha de los jornaleros y las jornaleras por la tierra latifundista, en el nuevo proletariado del desarrollismo, en la universidad, en la lucha andaluza contra la dictadura. La fecha del 4D es controvertida pero básica y emblemática para comprender el proceso político en Andalucía. Muchos fueron los enemigos que empeñaron su esfuerzo en el olvido de esa efeméride por diversas razones. Además de la extrema derecha residual, partidos defensores del compromiso constituyente del 78 como el PSOE y, en menor medida el PCE, propiciaron su borrado de la memoria colectiva dando carácter de subalternidad a un momento de lucha histórico para el pueblo andaluz. Es obvio que los monárquicos harían lo propio. Por ello, tras la inesperada victoria del movimiento andaluz, los partidos garantes del régimen del 78 se ponen a la tarea de conseguir que las aguas vuelvan a su cauce en el temor de que se generen desde el sur tendencias equivalentes a las de Catalunya y Euskadi.

Dos factores hacen que este proceso se conduzca con éxito: La sumisión del proyecto andaluz por parte del PSOE al plan estatal encabezado por Felipe González, cuyo éxito convierte a Andalucía en granero de votos y sostén de un modelo de gobierno que prolonga la situación de dependencia; de otra parte, el posibilismo de las direcciones andalucistas más preocupadas por encontrar hueco en el nuevo régimen que en propiciar dinámicas de desborde desde una perspectiva de clase. Lo que a la larga supuso una ruptura con la base del movimiento empujando, paulatinamente, a la desaparición de la opción andalucista.

La mayor perversión de este proceso fue la utilización de Andalucía, por el PSOE sobre todo, como elemento justificatorio del freno a las reivindicaciones soberanistas de otros pueblos, así como garante y ejemplo del café para todos como la salida en falso del Estado de las Autonomías.

Los acontecimientos combinados por la crisis de 2008, el 15M y la irrupción de un Podemos con acento andaluz, junto a la necesaria reflexión de las fuerzas andalucistas orientadas a abordar el hecho andaluz desde un prisma de izquierda y clase, dan lugar hoy a un repunte de la agenda andalucista dentro del ámbito de lo político. A esto contribuye también la pérdida de liderazgo del PSOE-A, acentuada sobre todo en los últimos gobiernos encabezados por Susana Díaz. Un socialismo orgánico agotado, virado hacia posiciones nacional-españolistas frentistas, austericida en lo económico y social, e incapaz de dar soluciones a un pueblo que vinculó sus aspiraciones a la gestión andaluza y estatal de dichas siglas.

Fueron décadas de apropiación indebida por parte del partido del régimen de la identidad andaluza. Décadas de sumisión de nuestra autonomía a los planes de un PSOE centralista que bien se sirvió de Andalucía pero sin Andalucía, Un partido que manipuló e invisibilizó la historia de nuestro pueblo en las escuelas y que facilitó la asimilación de nuestra identidad como representativa del Estado español. Tópicos, clichés y sobre todo una inmoral metonimia que, además, se ha usado como arma arrojadiza frente a otros pueblos que legítimamente aspiraban a su autogobierno. Contrarresta la sabiduría popular diciendo aquello de “Andalucía no es España pero España sí es Andalucía”.

La fusión de elementos de la izquierda radical y de clase junto a un andalucismo dispuesto a revisar sus postulados desde unas posiciones verdiblancas, pero además rojas y moradas, están en la base del proyecto de Adelante Andalucía. Esto permite que, hoy en día, dentro de lo que se puede considerar el espectro político andalucista, las opciones de izquierdas y de clase sean hegemónicas. Si bien es cierto que para la mayoría de la población el andalucismo es más un sentimiento o una referencia cultural que una opción política, no es menos cierto que los últimos acontecimientos políticos y la prácticamente nula presencia e influencia andaluza en los mismos, generan a diario contradicciones que van estableciendo sinergias en favor de una opción alternativa política, nítidamente andaluza y de clase.

Enfrente, los enemigos de siempre, a los que se une una extrema derecha mucho más reforzada, la inoperancia de los partidos estatales de la izquierda (en sentido amplio) y, cómo no, una corona muy desprestigiada pero que en todos los cruces de caminos se acaba vinculando con las posiciones más conservadoras, españolistas y centralistas. A años luz no solo de las reivindicaciones sino del día a día del pueblo andaluz.

Que el pueblo andaluz necesita de su identidad y de una fuerza que lo represente dentro y fuera de sus fronteras es algo que ya nadie duda. Conscientes del auge de ese sentimiento y de dicha respuesta, hasta la derecha andaluza juega a suplir al PSOE como fuerza andalucista hegemónica. La emancipación del pueblo andaluz, cualquier concreción política de movilización de nuestro pueblo pasa en la nueva fase por un triple carácter: inequívocamente andaluza, claramente de clase y constructora junto a otros pueblos de un diseño territorial federal o confederal, nítidamente, claramente republicano.

Ángela Aguilera es militante de Anticapitalistas y Manuel Ruiz es militante de Izquierda Andalucista

Bibliografía:
ACOSTA SÁNCHEZ, J., La Constitución de Antequera. Estudio teórico crítico. Democracia, federalismo y andalucismo en la España contemporánea, Sevilla, Fundación Blas Infante, 1983

INFANTE, BLAS: La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía, Granada, Aljibe, 1979; y en Sevilla, Fundación Blas Infante, 2006.

INIESTA COULLAUT-VALERA, E., España o las Españas. Debate con Blas Infante, Granada, Comares, 1998.

PÉREZ TRUJILLANO, R., Andalucía y la reforma constitucional, Córdoba, Almuzara, 2017.

RUIZ ROMERO, M., La conquista de la autonomía andaluza (1975-1982). Sevilla, Instituto Andaluz para la Administración Pública, 2005.
 

Fuente →  vientosur.info

banner distribuidora

El andalucismo de ayer y hoy frente al debate monarquía-república Rating: 4.5 Diposkan Oleh: La Voz de la República
Publicar un comentario
Gracias por comentar
 
  • BR