Proyecto Faq La III república y la izquierda

martes, 24 de marzo de 2020

La III república y la izquierda



La III república y la izquierda
Lidia Falcón

La noticia de las comisiones cobradas por Juan Carlos de Borbón a Arabia Saudí por la construcción del AVE, ha pasado a segundo plano, hundida bajo el océano de ruedas de prensa, informaciones, consejos, planes de resistencia y quejas a que da lugar la pandemia del corona virus. El servicio de comunicación de la Casa Real que da instrucciones a los medios rendidos a su poder, lo ha urdido muy astutamente. Teniendo en cuenta que el actual monarca hace un año que realizó la pamema de renunciar a la herencia de su padre, no se entiende cómo tan importante noticia quedó oculta para la opinión pública española cuando varios periódicos europeos ya lo habían difundido. 


Pero lo que menos se entiende es que la izquierda parlamentaria española lo consienta con la sumisión que está mostrando. Aparte de que el grupo de Unidas Podemos fingió molestarse al enterarse de esta nueva fechoría de Juan Carlos, pidiendo una Comisión de investigación en el Congreso que todos sabíamos que era un brindis al sol, puesto que no tenían apoyos suficientes para que se aprobara, ninguna otra declaración, comunicado, manifiesto ni exigencia se ha publicado por parte de los partidos políticos a la izquierda del PSOE, incluyendo a esos bravucones nacionalistas catalanes que sólo reclaman la república catalana.

Izquierda Unida está tan invisible e inoperante que ni el Ministro de Consumo ha salido a decir cuatro obviedades sobre el consumo, siendo el de Transportes el único que nos asegura el suministro de mercancías básicas. Y, por supuesto, no ha sido Alberto Garzón el que ha exigido públicamente la dimisión definitiva de Felipe VI para que de una vez el pueblo español pueda elegir la República. Sobre todo después de haber prometido solemnemente, y sin ninguna condición, fidelidad a la Corona.

Pero es que esta izquierda, que padece “el síndrome de Estocolmo”, como decía tan lúcidamente Carlos París, está chantajeada o hipnotizada por el populismo de Podemos y el derechismo del PSOE. O, peor aún, por los cálculos oportunistas que cada día deben hacer las ministras y ministros de esa coalición, sabiendo que, como decía Alfonso Guerra, “el que se mueve no sale en la foto”. Cualquier crítica que pueda enfrentar a los miembros de ese gobierno significa su fin, y todos tiemblan ante la amenaza de repetir elecciones, que, sobre todo después de la crisis del corona virus, se volcarían contra unos políticos que no han sabido proteger a su población.

Sólo quedamos los partidos de izquierda extraparlamentarios para denunciar esta monarquía corrupta que nos exprime desde hace tres siglos. Como dice el poeta Bernardo López, en su épica oda a la guerra contra Napoleón, refiriéndose a España “a ti, soberbia matrona, que libre de extraño yugo, no has tenido más verdugo, que el peso de tu corona…!”

Dejando aparte la visión embellecida de una España que sufrió las invasiones romana, visigoda y musulmana antes de la francesa, ciertamente el cáncer de nuestra patria sigue siendo esta monarquía que consume nuestros recursos, negocia con dictaduras y satrapías, se beneficia de coimas, comisiones y regalos de los más criminales mandatarios del mundo, siendo en la imagen internacional nuestra vergüenza, que es también el mejor apoyo para el capital internacional que nos esquilma; que asegura la paz social a nuestros invasores estadounidenses, que es el sostén de la OTAN en nuestro país y que se hace bendecir continuamente por la Iglesia Católica, tan beatos ellos siempre porque les conviene atraerse la bobalicona admiración de la ciudadanía que todavía sigue creyendo las fantasías de esa religión.

Para obtener tan lucrativos fines la derecha española, con la inestimable ayuda del PSOE, se ha dedicado a ocultar la verdad de la saga borbónica desde Fernando VII, en una operación de falseamiento de la historia y de adulación a los monarcas actuales, sin precedentes. Porque, en tiempos de alguna decencia mayor de la política española que la actual, cuando al abuelo de este rey de ahora, Alfonso XIII se le descubrió involucrado en el comercio de armas a Ab-del-Krim, el jefe de la insurrección de los Montes del Rif, después del desastre de las matanzas de soldados españoles Annual y Monte Arruitz en julio y agosto de 1921 a manos de los sublevados rifeños, el PSOE de entonces dirigido por Indalecio Prieto exigió, broncamente, explicaciones al rey en la Cámara.

El expediente Picasso, por el apellido del militar que lo instruyó y que era tío del que fue después famoso pintor, descubrió la implicación del propio rey en la venta de armas al enemigo. La firme oposición del PSOE y de los partidos republicanos que exigían la comparecencia de Alfonso XIII en las Cortes para que diera explicaciones sobre su conducta, provocó el golpe de Estado de Primo de Rivera a quien había llamado el rey para que le defendiera.

Porque nuestros reyes, desde Carlos IV, no han dudado en traicionar a su pueblo para mantener su trono y sus privilegios. Fernando VII y su padre Carlos IV se pusieron al servicio de Napoleón y huyeron a cambio de unos cuantos dineros. Después la inepta y corrupta Isabel II, a quien hubo que echar del trono. Alfonso XIII traicionó al país del que era Jefe de Estado y fue condenado durante la República por felón, ante las indudables pruebas de su traición en la guerra de Marruecos. Y Juan Carlos I, aparte de sus negocios y golferías, no dudó en unirse – o urdir- al golpe de Estado de Armada el 23 de febrero de 1981, para negarlo cuando se estropeó el plan por la grotesca intervención de Tejero.

Si todo esto se explicara en las escuelas, los institutos y las cátedras universitarias habría todavía menos monárquicos entre la ciudadanía española. Aunque ya no hay tantos, pero la conspiración de la derecha con el inestimable auxilio de los medios de comunicación sumisos y aduladores de la Casa Real permite que se oculte y se mienta sistemáticamente sobre la verdad de lo que está sucediendo hoy, y no hace un siglo, en las conspiraciones y negocios entre las grandes empresas internacionales de energía y armamento y la Zarzuela.

No solamente en Palacio se cuecen negocios ilícitos y se cobran comisiones fraudulentas de las monarquías árabes y de los grandes consorcios internacionales de energía y de armamento; no sólo se conciertan relaciones amorosas adúlteras que se hacen públicas con todo descaro; no sólo Juan Carlos había pactado el golpe de Estado con el general Armada y varios de los políticos socialistas, aunque lo hicieran aparecer como si fuera un héroe de la democracia; no sólo el entonces Rey instaló a sus amantes en el palacio anexo a la Zarzuela sin reparo alguno para que las mantengamos todos los contribuyentes, y no sólo es un gran aficionado a la tauromaquia como corresponde a un rey español castizo, cruel y decimonónico, sino que además se dedica a matar elefantes en Botswana. Ciertamente, el único delito por el que pidió perdón públicamente.

Y es la única vez en la historia de España, y creo que en la de las monarquías universales, que el rey apareció en televisión pidiendo perdón por ser un golfo y asegurando que no volvería a pasar. Es también la primera vez que el yerno del rey está condenado y encarcelado por robarnos a la ciudadanía bastantes millones a través de negocios corruptos, y es la primera vez en la historia de España que una hija del Rey es juzgada por cómplice de los robos del marido. Y, sin embargo, no nos hemos quitado de encima el peso insoportable de esta monarquía.

Cuando ya parecía que se sabían todos los enredos, estafas y engaños que había cometido en su glorioso reinado Juan Carlos, nos enteramos de una nueva operación fraudulenta, y que no sólo cobró las comisiones que ya sospechábamos sino que le regaló sesenta millones de euros a su amante Corina, que es la enésima que ha sido beneficiada por la generosidad de nuestro monarca, con nuestro dinero.

Dirán los adulones y los serviles cortesanos de nuestra clase política que el hijo es irreprochable, porque nada importa que sea el heredero no solo de la fortuna acumulada fraudulentamente por el padre –ya que renunciar a ella antes de que haya muerto es una burla- sino de su trono, que le fue entregado por el dictador. Porque este monarca actual sigue siendo el garante del sistema económico que hunde en la miseria a las clases trabajadoras y enriquece más a los ya ricos, el que mejor sostiene nuestra presencia en la OTAN y la bases militares estadounidenses en nuestro territorio, y por supuesto la preeminencia de la Iglesia católica, tan beato como se muestran él y toda su familia.

Si todos estos hechos, y muchos más que la brevedad de este artículo no me deja detallar, no inducen a la indignación a nuestros políticos de izquierda para exigir inmediatamente la dimisión del actual monarca, ni a la sublevación a nuestro pueblo para reclamar la proclamación de la III República, que antes era heroico y que se batió en cuatro guerras para intentar implantar la democracia en España, es que los unos están vendidos a la Monarquía para mantener sus puestos en las instituciones y el otro está anestesiado para únicamente poder sobrevivir.

Madrid 20 de marzo 2020. 
 

Fuente → cronicapopular.es

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