Proyecto Faq La tragedia de Casas Viejas

martes, 14 de enero de 2020

La tragedia de Casas Viejas

 Los cadáveres de los asesinados junto a la choza de Seisdedos.

La tragedia de Casas Viejas:
La tragedia de Casa Viejas fue uno de los mayores escándalos del periodo republicano, con una gran influencia en las elecciones de 1933. En este artículo descubriremos todas las incógnitas de una matanza incomprensible.

Hechos

En enero de 1932 la Regional de Cádiz de la CNT decide organizar a los anarquistas de Medina Sidonia y Casas Viejas, ante la pasividad que habían mostrado estos en las huelgas campesinas habidas entre septiembre y noviembre de 1931. En marzo de 1932 aparece en Medina Sidonia un grupo de la FAI, por estas mismas fechas se reabre el sindicato anarquista de Casas Viejas. Hay que señalar que tanto en Medina Sidonia como en su pedanía Casas Viejas, había una fuerte influencia faísta.

A esta situación se unían las denuncias que venía haciendo el alcalde pedáneo José Suárez, sobre las pésimas condiciones en que se encontraba el pueblo. Ante el incumplimiento de las promesas el alcalde de Medina Sidonia Ángel Butrón presentó la dimisión, sucediéndole el administrador de arbitrios Juan Bascuñana, que a decir del alcalde dimisionario, hacía y deshacía a su antojo y a espaldas de los concejales. También denunciaba que los patronos se negaban a cumplir la Ley de Laboreo Forzoso.

El fracaso de la insurrección anarquista iniciada el 8 de  enero de 1933 no llegó a Casas Viejas debido a la pésima organización que se hizo de la misma. Al no tener noticias de este fracaso, los habitantes del pueblo creían que había triunfado. Inmersos en el fervor revolucionario algunos campesinos del pueblo cortaron la línea telefónica y abrieron unas zanjas para interrumpir la carretera entre Medina  Sidonia y Casas Viejas. En la madrugada del 11 se personan en casa del alcalde anunciándole su destitución, pidiéndole a su vez que ordene a los cuatro guardias civiles del pueblo que no opongan resistencia.

El alcalde se dirige a la Casa Cuartel, entra en ella y allí se mantiene sin volver a salir. En esos  momentos comienza un tiroteo en el que mueren dos guardias civiles, siendo hechos prisioneros los dos supervivientes[1]. Según Julián Casanova en el enfrentamiento fueron heridos el sargento –comandante de puesto- y un guardia, que murieron días después a causa de las heridas. Esa misma mañana se comienza con el reparto de víveres confiscados a los comerciantes, a los que se paga con vales que haría efectivos la CNT. No se causó daño físico a ningún civil.

A las 5 de la tarde llegan al pueblo doce guardias de Asalto y cuatro guardias civiles a las órdenes del teniente Fernández Abril. Nada más entrar en el pueblo matan a un campesino que estaba desarmado y hieren a otros dos. Ante esto los cabecillas de la insurrección huyen al campo sin oponer resistencia. Poco después detienen a Manuel Queijada, sospechoso de haber sido uno de los atacantes al cuartel de la Guardia Civil. Le conducen detenido a la choza de Seisdedos, donde se habían refugiado ocho personas, entre ellas cuatro niños.


Llegada de la guardias de asalto y guardias civiles a Casas Viejas.

Quijada se mete en la choza siguiéndole dos guardias de asalto que intentan penetrar en la vivienda, siendo uno abatido por los disparos efectuados desde el interior. Mientras tanto Artal pide al gobernador civil que le envíe bombas de mano –no tropas de refuerzo que dice no necesitar- para asaltar la choza; también le comunica que no puede incendiar la casa por temor a que el fuego se propagara. Hay que resaltar que los refugiados en la choza sólo disponían de dos o tres escopetas de caza.

Ya de madrugada del 12 de enero llegan al pueblo noventa guardias de asalto al mando del capitán Rojas[2]. El gobernador civil envía un telegrama que dice: Es orden terminante Ministro arrasen casa donde se hacen fuertes revoltosos. Tras recibir el telegrama Rojas ordena incendiar la choza, a pesar de las protestas del teniente Fernández Artal. Los seis adultos que estaban en ella murieron abrasados, dos chicos ametrallados cuando intentaban huir. Solamente lograron escapar María Silva Cruz «La Libertaria»[3] y su primo Manuel García Franca.

En primer término la choza de Seisdedos tras ser incendiada.

Dos horas después los guardias de asalto recorren el pueblo, con orden de Rojas de disparar a quién se negara a abrir la puerta o si temían que les pudieran agredir. Un anciano que estaba en el umbral de su puerta es abatido a sangre fría; a otras doce personas se las detiene y se las traslada a la choza de Seisdedos en donde son vilmente asesinados. La mayoría de ellos no habían tenido nada que ver con la insurrección.

No conforme con los ya asesinados, Rojas dio un mechero a Artal y le dijo que rociase de gasolina las casas y chozas de la parte alta del pueblo –donde solo quedaban mujeres y niños-. Artal se negó a cumplir la orden, y se lo comunicó al delegado del gobernador civil, Fernando Arrigunaga –que se había inhibido a la hora de evitar los fusilamientos, aduciendo que él no tenía mando sobre Rojas-. Arrigunaga intercedió ante Rojas para evitar que cometiera la masacre que planeaba. Tanto Artal, como Arrigunaga, como el teniente de la Guardia Civil Castrijón, declararon estos hechos. Sus declaraciones desaparecieron como por ensalmo tras el informe de la Comisión parlamentaria y el informe del juez de instrucción. No interesaba porque desmontaba las acusaciones de que el Gobierno ordenó perpetrar los asesinatos.

Los cadáveres de los asesinados junto a la choza de Seisdedos.

Reacción gubernamental

Tanto el gobierno republicano-socialista, como la DEGS, querían enterrar los hechos. La información exacta de lo ocurrido tardó meses en ver la luz. Ni el pueblo, ni los políticos hubieran debido ocultar la verdad de lo ocurrido. Si no hubiera sido por las crónicas de dos periodistas de tendencia anarquista. Ramón J. Sender[4] (La Libertad) y Eduardo de Guzmán (La Tierra)

Ramon J. Sender

Eduardo de Guzmán

En veinticuatro horas se dieron tres informaciones contradictorias:
  • Los campesinos habían muerto en el asalto al cuartel de la Guardia Civil. Esta información la dio el gobernador civil de Cádiz, Pozo Rodríguez, el día 11 por la mañana.
  • Poco después el gobernador rectifica y dice que los muertos lo fueron el día 12 en un choque entre extremistas y la Guardia de Asalto.
  • Poco después el secretario del ministerio de la Gobernación, dejó caer que todas las víctimas habían sucumbido combatiendo desde el interior de la choza de Seisdedos.
Cuando se conocen las primeras noticias, un grupo de parlamentarios decide crear una Comisión extraoficial para investigar los sucesos. Esta Comisión se traslada a Casas Viejas, ya que el Parlamento se negó a formar una Comisión oficial por 123 votos contra 81. Ante esto los parlamentarios Rodríguez Piñero (PRR), Cordero Bel (PRR), Muñoz Martínez (PRRS), Salvador Sediles (P.R. Federal de Izquierdas), Rodrigo Soriano (P. Federal), los socialistas José Algora y Alonso González, y el general Fanjul (Agrarios). El dictamen de la comisión confirmó la acusación de razzia. Y que se había dado órdenes severísimas pero sin responsabilidad directa de los miembros del Gobierno. Azaña prometió que si se habían cometido irregularidades se castigaría a los culpables. Tras el informe la Comisión lanzó dos proposiciones:
  • Censurar al Gobierno, aunque no acusaba al Régimen. Fue desestimada.
  • Refrendaba su confianza en el Gobierno, pero pedía una Comisión oficial. Esta fue aprobada por 170 votos a favor y 130 en contra.
Se formó la comisión oficial compuesta por diez diputados, presidida por Luis Jiménez de Asúa y como secretario el socialista Gonzalo Uña[5]. El informe de la Comisión determinó que  no había pruebas que permitan la insinuación de que la policía actuó en la represión de acuerdo a órdenes dadas por los miembros del gobierno.

Hay que resaltar que Azaña hasta dos meses después no se enteró de lo que verdaderamente ocurrió –defendió la actuación de las fuerzas del orden. El día 2 de febrero decía en las Cortes: En Casas Viejas no ha ocurrido, que sepamos, sino lo que tenía que ocurrir. Se produce un alzamiento en Casas Viejas con el emblema que han llevado al cerebro de la clase trabajadora española de los pueblos sin instrucción y sin trabajo, con el emblema del comunismo libertario, y se levantan unas decenas de hombres enarbolando esa bandera del comunismo libertario, y se hacen fuertes, y agreden a la Guardia Civil.

Cuando ya era conocedor de los hechos, Azaña, en una intervención en las Cortes el 7 de marzo de 1933, dijo: Si me hubiesen dicho que en Casas Viejas habían matado a un hombre indebidamente, me hubiera inclinado a creerlo o a temerlo; la monstruosidad me pareció tal, que pensé; esto no puede ser verdad.

Mientras, Rojas, el día 1 de marzo, declaró que había recibido severísimas[6] órdenes del director general de Seguridad, Arturo Menéndez, admitiendo que no había recibido órdenes directas del Gobierno. El día 7, Menéndez dimitió tras escuchar al teniente de Asalto Fernández Artal: En Casas Viejas se habían cometido ejecuciones fuera de toda legalidad, por orden del capitán allí presente.

El 26 de febrero de 1933, cinco capitanes de la Guardia de Asalto, amigos de Rojas, redactaron un escrito en el que afirmaban que según órdenes verbales transmitidas desde la DGS se les comunicó que El Gobierno no quiere ni heridos ni prisionero.

El capitán del Estado Mayor, Bartolomé Barba, dijo que esa noche estaba de guardia en la División Orgánica de Madrid, afirmando que escuchó a Azaña decir lo de tiros a la barriga. Este individuo fue uno de los fundadores de la UME y el principal organizador del golpe del 18 de julio en Valencia. Desgraciadamente esta versión la siguen manteniendo dos historiografías bien diferentes: la anarquista y la franquista.

A pesar de que las contradicciones sobre quién ordenó los asesinatos: Azaña, Casares Quiroga, ministro de la Gobernación, o Arturo Menéndez, director general de Seguridad, no hubo pruebas contundentes de que la orden partiera de alguno de ellos. En decir no se sabían quién había dado la orden, si es que la dio alguno y no fue una iniciativa del capitán Rojas, que es lo que creo personalmente. Lerroux presentó una moción de censura que fue derrotada. Según Tano Ramos[7], es más que probable que Menéndez le dijera a Rojas que si tenía que aplicar la «Ley de Fugas» que la aplicara.

Juicios

El primer juicio sobre los hechos ocurridos en Casas Viejas dio comienzo el 22 de mayo de 1934. Rojas al comenzar el juicio dijo a los periodistas: No me saquen muy sonriente, no vayan a pensar que soy un cínico.

En el juicio se encontraba Víctor de la Serna, que hizo una descripción del capitán Rojas: el capitán Rojas no es un hombre mentalmente normal, a la vez que afirmaba que mentía en su declaración.

En este primer juicio Rojas dijo que nadie le dio orden de disparar contra los detenidos que habían llevado a la choza de Seisdedos. Que habían disparado porque creían que Rojas estaba en peligro porque un detenido le amenazó e insultó.


El capitán Rojas durante el juicio.

La declaración de Rojas contradecía el testimonio de dos tenientes al mando de Rojas, y a sus primeras declaraciones en las que mantenía que había recibido órdenes de actuar como lo hizo. El teniente Fernández Artal declaró que Rojas dio la orden de disparar. En este juicio Rojas fue condenado por 14 asesinatos a 98 años de prisión (el límite legal eran 21 años). No fue acusado de los muertos en la choza ni de los que murieron acribillados cuando intentaban escapar de la casa incendiada.

Teniente Fernández Artal.


María Silva Cruz
Algunos de los testimonios del juicio merecen ser destacados. El cura de Casas Viejas achacó lo sucedido al hambre que estaba pasando el pueblo, y a la mala distribución de la tierra. Según él, en el pueblo solo había cuatro propietarios y algunos forasteros que nunca iban por allí. También dijo que a Seisdedos le consideraba una buena persona, que siempre había tenido un comportamiento admirable, sin meterse con nadie y al que sólo preocupaba el bienestar de su familia. Igual testimonio sobre Seisdedos presentó el alcalde pedáneo Juan Bascuñana. Es curioso que María Silva Cruz declarara que a ella nunca la habían llamado La Libertaria, que se nombre se lo puso un guardia de Asalto de los que actuaron en Casas Viejas.

La acusación sobre Menéndez fue sobreseída; aunque el juez instructor vio indicios de delito. Se sobreseyó la acusación porque el Tribunal no daba crédito al testimonio de Rojas.

Por orden del Tribunal Supremo el juicio se repitió en 1935[8], finalizando el15 de junio. En esta ocasión Rojas volvió a cambiar su versión de los hechos. Ahora dijo que un detenido se le abalanzó, en la refriega se disparó la pistola y entonces es cuando los guardias comenzaron a disparar. ¿Y el tiro de gracia? El Tribunal lo condenó a 21 años. Esta condena fue cambiada por el Tribunal Supremo, al considerar que Rojas había obedecido órdenes superiores pero se había excedido en su cumplimiento. Lo condenaron a tres años de prisión, ya que le consideró culpable de homicidio y no de asesinato. Llevaba en prisión desde marzo de 1933 por lo que en marzo de 1936 fue puesto en libertad. Esta sentencia tiene todos los visos de que estaba amañada y escrita antes de la celebración del juicio. El escándalo que produjo este triste suceso tuvo mucha importancia en las elecciones de 1933, amén de propiciar la caída de Azaña.

 Para saber más

Brey, Gérald y Maurice, Jacques (1976): Historia y leyenda de Casas Viejas, Madrid.

Casanova, Julián (1997): De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España (1931.1939), Barcelona.

Peirats, José (1971): La CNT en la revolución española¸ París.

Ramos, Tano (2012): El caso Casas Viejas. Crónica de una insidia, Barcelona.

Sender, Ramón J. (2010): Viaje a la aldea del crimen, Madrid.

[1] Otras fuentes omiten este hecho no hablando de enfrentamientos, por ejemplo Gérald Brey y Jacques Maurice en su obra Historia y leyenda de Casas Viejas. Obra que contiene varios errores por lo que hay que leerla con mucho espíritu crítico.

[2] Manuel Rojas Felgenspan era un personaje siniestro. Inmediatamente se unió al golpe de Franco formando parte de las Milicias de Falange. Estuvo directamente relacionado con la terrible represión que se llevó a cabo en Lanjarón (Granada), Venta de las Angustias (Granada), Peñarroya (Córdoba) y Fuenteovejuna (Córdoba). Algunas fuentes señalan que formó parte del grupo que detuvo a Federico García Lorca. En marzo de 1938 es detenido por robar un coche. Se le juzgó en abril de 1939 siendo condenado a 1 año, 8 meses y 21 días de prisión. En 1940 le vemos al frente de un campo de concentración en el Campo de Gibraltar.

[3] Fue detenida y asesinada por los fascistas el 23 de agosto de 1936 en la Laguna de la Janda (Cádiz).

[4] Ramón J. Sender escribió un libro sobre lo que vio en Casas Viejas; Viaje a la aldea del crimen, publicado en 1934.

[5] Aunque Azaña pensaba que el informe lo redactó el maurista García-Bravo Ferrer.

[6] Sin especificar en qué consistían esas órdenes.

[7] Su obra sobre Casas Viejas, El caso de Casas Viejas. Crónica de una insidia, es probablemente la obra más completa y documentada que se haya escrito hasta el momento sobre lo sucedido en el pueblo gaditano.

[8] Recordemos que en esos momentos gobernaba la coalición entre el PRR y la CEDA.


Fuente → asambleadigital.es

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