Proyecto Faq ¿Después de Franco qué? El Valle, patrimonio odioso.

sábado, 23 de noviembre de 2019

¿Después de Franco qué? El Valle, patrimonio odioso.


Verdad Justicia Reparación - ¿Después de Franco qué? El Valle, patrimonio odioso.: Por Adolfo Rodríguez Gil (Fito) miembro del Foro Social de la Sierra de Guadarrama, de La Comuna y querellante contra Billy el Niño.

No alegrarnos por lo que significa la salida de los restos del dictador de su lugar preferente en la basílica del Valle de Cuelgamuros, aunque lo sentimos por los vecinos y vecinas de El Pardo. Nos alegramos sin dudas y también sin contenidos zafios, si bien sigue habiendo muchas razones personales e históricas para sentir rencor hacia el que fue cabeza e imagen de un régimen genocida, explotador y corrupto, y no solo por lo que fue, sino sobre todo por la pervivencia del franquismo en la vida política de nuestro país.

Ese acto ha eliminado un simbolismo anacrónico y, sobre todo, puede abrir un camino hacia lo verdaderamente importante que es extirpar las raíces del franquismo que pervive en los aparatos del Estado (judicatura, policías e institución monárquica, fundamentalmente). Nos alegramos también, porque ese hecho, si seguimos empujando, puede contribuir a que se cierren muchos miedos en la memoria y el subconsciente colectivo, enterrando también los símbolos del terror que nos impuso la dictadura. Algo que no se hizo en la Transición, cuando era más que posible, y que nos aplastó durante otros cuarenta años con un peso muerto y un recuerdo amenazante, recordándonos que vivíamos en una democracia que nació secuestrada por la presencia oscura del franquismo, de los franquistas y de sus símbolos. Una democracia que mientras no se libre de ese lastre, y de alguno más, no podrá empezará a merecer el nombre de gobierno del pueblo.

Con la exhumación se ha abierto un terreno favorable para hablar de temas que se habían mantenido como tabúes en el consenso de la Transición y esto es importante para la construcción de un análisis y un relato sobre la contemporaneidad.

Pero a la vez creemos que se están dejando de lado otros aspectos y que ha prevalecido un tratamiento del tema que no favorecía el ahondar en el significado de esa salida y en la necesidad de salud pública de profundizar en ese camino. La exhumación de los restos del dictador ocupó durante unos días el primer espacio en la mayoría de los medios de comunicación, lo que es importante, pero con un contenido fundamentalmente electoralista y simplificador, ya fuera a favor o en contra, aunque se dieron honrosas excepciones de medios y profesionales que aprovecharon el momento para intentar dar una visión analítica de su significado y de su historia.

Sentimos también que es injusto que el gobierno del PSOE apareciera como el protagonista de la exhumación. También que se rodeaba la misma de una épica de arrojo que no se corresponde en absoluto con el hecho, como hemos podido ver en la normalidad con la que discurrió. También sentimos que no hubo en esa actuación oficial recuerdo ni lugar preferente para los familiares de las personas enterradas junto con su verdugo y sin consentimiento ni conocimiento de las familias. Tampoco se recordó el trabajo esclavo de los luchadores antifranquistas que tuvieron que redimir allí sus injustas penas, impuestas por tribunales ilegítimos y sin garantías. Como no se recordó tampoco el que en la construcción de ese mausoleo se enriquecieron empresas constructoras que hoy siguen siendo grupos de capital predominante que gozan de privilegios y de un gran poder político.

En la Sierra de Guadarrama muchas personas sentimos también que en este proceso no se quiso recordar que hace doce años, en noviembre de 2007, desde el Foro Social de la Sierra empezamos a concentrarnos frente a ese monumento fascista, construido en el Valle de Cuelgamuros, uno de los más bellos de nuestra Sierra, y contra la ocupación de nuestra comarca por grupos fascistas y neonazis todos los 20N. Fuimos primero trece personas y desde entonces venimos repitiendo esas concentraciones, cada año más nutridas, como lo volveremos a hacer este próximo domingo 24 de noviembre. Pero, todavía, a ninguna de estas trece concentraciones ha acudido nunca ningún dirigente ni cargo público del PSOE de la Sierra o de otro lugar.

Tampoco ningún medio recogió, con excepción de uno de la Sierra de Guadarrama, el dossier del Foro Social de la Sierra de octubre de este año, que documenta cada una de las trece concentraciones que hemos hecho frente al Valle. Ninguno se ha hecho eco de nuestra denuncia sobre que la Delegada del Gobierno, Soledad Mestre, del PSOE, nos prohibió en 2007 hacer las concentraciones en el interior del recinto y en el horario de la misa por el dictador, a la que acudía su viuda y resto de la familia, mientras que consentía que en la basílica se concentraran miles de integrantes de grupos fascistas y neonazis del Estado español y de otros países, se hicieran desfiles paramilitares, se cortara un carril de la A-6 para que desfilaran fascistas portando coronas desde Madrid y se lanzaran proclamas y homilías a favor de la dictadura. Ningún medio recogió tampoco que el gobierno del PSOE de Rodríguez Zapatero, concretamente la Delegación de Gobierno en la Comunidad de Madrid, dejó que año tras año que se lanzaran amenazas de muerte contra las personas que allí nos concentramos cada mes de noviembre y dejó que se manifestaran de manera no autorizada grupos fascistas y neonazis sin ser desalojados por la guardia civil y sin ser multados sus asistentes.
En cuanto al futuro, desde los movimientos sociales de la Sierra de Guadarrama seguiremos reivindicando la reconversión del monumento de Cuelgamuros en un Memorial Antifascista. Algo que, una vez tomada la decisión, no es nada difícil. Su propia simbología ridícula, su diseño colosalista de nicho mortuorio y arquitectura nazi-fascista-confesional, permiten perfectamente hacer patente ese lenguaje de muerte y amenaza que se plasmó en piedra y hormigón, con la intención explícita de influenciar en la manera de vivir, ser y actuar.

El conjunto edificado del Valle de Cuelgamuros, su irracionalismo y colosalismo, su teatralidad, sus escalinatas artificiales hechas para desfiles, concentraciones y misas de campaña, su arquitectura atroz, inhumana y de pretensiones empequeñecedoras, su mosaico bajo la cúpula en el que aparece la bandera del partido fascista junto con cañones y la bandera requeté, sus esculturas pomposas y de mala factura (las de Sanguino siguiendo el delirio joseantoniano del arquetipo “mitad monje mitad soldado” -como el mismo escultor ha contado- con hieráticas imágenes de los tres ejércitos y las milicias fascistas, estas últimas con el haz fascista como símbolo, y los gigantescos ángeles armados, de pretensión sublime pero ahora más análogas a personajes de cartón piedra de la guerra de las galaxias), la desnudez y la frialdad del túnel, la cruz que se alza amenazante, esa cruz que no es la de un Cristo perturbador y humano, sino la de los tiranos que en ella ejecutaban a los rebeldes, el monasterio y hasta la hospedería y negocio de la congregación benedictina, tan plástica y oportunista, con un prior que fue candidato por un grupo falangista… todo ello es un resumen, una prenda ejemplar que resume y permite ver concentrada una concepción de la vida y del poder. Una concepción que sería fácil desnudar simplemente explicándola con paneles y exposiciones. Así hemos hecho, aunque sin paneles todavía, llevando a grupos de personas a visitarlo. Personas que, estamos seguros, salieron de allí conociendo mejor y detestando más el fascismo después de ver la enseñanza monstruosa que pretende transmitir su arquitectura.

Ese “patrimonio odioso”, más que incómodo, se puede fácilmente resignificar señalando sus intenciones “pedagógicas” y la ideología que hay detrás de él, que los mismos teóricos de la arquitectura simbólica del régimen teorizaron. No es necesario a estas alturas desmentir el falso carácter de reconciliación que algunos dicen que tuvo y tiene el monumento. Para lo primero es suficiente con leer el decreto de 1940 que lo puso en marcha (“para perpetuar la memoria de los caídos de nuestra gloriosa cruzada”), los intentos de resignificarlo del mismo régimen en 1957, el discurso del dictador en su inauguración en 1959, y de manera más perenne la simbología y las inscripciones que lo pueblan, que nos recuerda además que es una obra con la huella personal del dictador en cada rincón y para los “caídos por dios y por España”.

Desde esa capacidad simbolizadora, que es una de las características de las sociedades humanas, la resignificación de ese monumento fascista-confesional, nacional-católico, es lo que desde los movimientos sociales de la Sierra de Guadarrama venimos planteando y volveremos a plantear este 24 de noviembre de 2019, sin olvidar tampoco que a apenas 3 kilómetros del Valle existe una fosa común en la que están enterrados, al menos, 84 luchadores antifranquistas, asesinados por la dictadura, entre ellos la mayoría de los alcaldes y concejales de nuestros pueblos, tras una feroz represión a la que fue sometida una comarca que era para el franquismo un espacio donde reconocer símbolos imperiales pasados, el monasterio de El Escorial, y en construcción, el que sería llamado Valle de los Caídos.

La desacralización de la basílica, la salida del recinto de los benedictinos, la creación de un memorial de las víctimas de la dictadura resignificando el monumento con explicaciones y exposiciones, y también, por ejemplo, creando en él un espacio de estudio de los crímenes de la dictadura, el desmontaje de la cruz como una forma de simbolizar una nueva etapa y de enterrar una alegoría de la muerte y la tortura… pueden ayudar a situar en el pensamiento de un país un hito de cambio que, ochenta años después, todavía no se ha dado y que es una necesidad de salud democrática.

Y, de paso, debemos plantearnos también la resignificación del Patrimonio Nacional, esa institución que nació como Patrimonio de la República, aglutinando palacios, fincas, monasterios, conventos, montes, colegios, iglesias, etc., de la monarquía borbónica, para devolverlos al pueblo, pero que en 1940 la dictadura cambió de nombre y se adscribieron “al uso y servicio del Jefe del Estado”, y que se nutrió con funcionarios nombrados por el dictador, como marca su ley de creación (7 de marzo de 1940). Un Patrimonio Nacional cuyos bienes, en 1982, fueron “afectados al uso y servicio del Rey y de los miembros de la Real Familia para el ejercicio de la alta representación que la Constitución y las leyes les atribuyen” (Ley 23/1982 de 16 de junio; Artículo segundo).

Aprovechamos para recordar que estamos haciendo un crowdfunding en el siguiente enlace para llevar a los torturadores que aquí no hemos podido juzgar a tribunales internacionales:goteo.org

Fuente →   blogs.publico.es

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