Proyecto Faq “Fue Franco quien dio la orden a Hitler de exterminar a los españoles en los campos nazis”

lunes, 9 de septiembre de 2019

“Fue Franco quien dio la orden a Hitler de exterminar a los españoles en los campos nazis”


“Fue Franco quien dio la orden a Hitler de exterminar a los españoles en los campos nazis”: Tal día como hoy hace 70 años tropas estadounidenses liberaron el campo de concentración nazi de Mauthausen, devolviendo a la vida a miles de deportados, entre ellos cientos de españoles. El periodista Carlos Hernández de Miguel (Madrid, 1969), curtido en varias batallas como corresponsal de guerra en Afganistán, Irak y otras zonas de conflicto, ha indagado en la tragedia de estos republicanos españoles que fueron hechos prisioneros en Francia por las tropas alemanas y trasladados a los campos nazis de exterminio. Su labor de reportero le ha llevado a escribir Los últimos españoles de Mauthausen (Ediciones B), que presentó la semana pasada en Molina de Segura, el lugar donde nació su tío abuelo Antonio Hernández, cuya historia es el origen de esta investigación. Se trata de un libro apasionante sobre los más de 9.000 españoles que sufrieron y la mayoría perdieron la vida en aquellos campos de la muerte. Entre ellos había 400 murcianos.

“Nunca se repetirá bastante que fueron deportados y exterminados por orden de Franco”, afirma el periodista, que denuncia el desprecio y el olvido por parte del Estado democrático español. Con su libro, Hernández quiere también “darles voz y señalar con el dedo a los culpables de su sufrimiento”. Durante la presentación, el periodista mostró un vídeo documental con el testimonio del único superviviente murciano, Francisco Griéguez, que vive en el sur de Francia y que según él mismo reconoce, a pesar del paso de los años, todavía no puede dormir bien por las noches: “Sueño con Mathausen y el olor a carne quemada”.

El Ayuntamiento de Molina entregó a Hernández una placa de agradecimiento por su labor y le encargó la redacción de un texto que se colocará en un monolito de homenaje a los molinenses víctimas de los nazis. La iniciativa de periodista no termina en su libro, ya que ha lanzado el portal deportados.es con vídeos, fotos y documentos de los españoles en los campos de la muerte.

¿Qué le ha impulsado a escribir este libro? Mi tío abuelo Antonio Hernández Marín, natural de Molina de Segura. Venía todos los veranos desde Francia a pasar un mes en mi casa de Madrid. Me inculcó una serie de valores que en aquella España eran muy desconocidos todavía. Traía color a una España que era muy gris. Yo no sabía por qué vivía en Francia, pero años después me enteré de que era un exiliado y que había pasado por Mauthausen. Yo era un chaval de poca edad y cuando murió, en 1992, se me quedó clavada la espina de no haberle preguntado lo que vivió y cómo logró sobrevivir en Mauthausen. Hace dos años empecé a investigar su historia; en un principio solo para mí y para mi familia. Esto me llevó a leer y a documentarme sobre esos grandes desconocidos: los españoles que pasaron por los campos de concentración nazis.

En su libro cuenta que más de 9.000 españoles pasaron por campos de concentración nazis ¿Cuántos sobrevivieron? Al menos 9.328 españoles, entre ellos niños y muchos menores de edad, pasaron por los campos de concentración nazis, de los que 400 eran murcianos. Allí murieron unos 5.500 y unos 3.800 lograron sobrevivir. Es decir, de cada tres deportados a esos campos, sólo uno salió con vida. Mauthausen es conocido como el campo de los españoles, pues por allí pasaron 7.532. En realidad, la mayoría estaban en Gusen, que dependía de Mauthausen, donde 3.959 españoles, de los 5.266 que sufrieron aquel infierno, fueron asesinados. También hay que tener en cuenta que los que no murieron en esos campos luego sufrieron las consecuencias de las secuelas físicas y psíquicas. A día de hoy, unos 25 de aquellos españoles quedan con vida para dar fe del horror nazi y del fascismo.

Supongo que ha tenido que ser muy duro para usted escarbar en esa página negra de la Historia. Cuando estaba con la investigación me invadieron sobre todo dos sentimientos: el horror, pues la realidad superaba la ficción, y el cabreo. No sabía la mayoría de las cosas que les habían pasado a estos españoles. En general, la sociedad español no conocía esta página, pues durante muchos años hemos vivido con la Historia que habían escrito los historiadores franquistas. Muchos, sobre todo los jóvenes, se sorprenden, pues no tenían ni idea de que hubo españoles en los campos nazis. Las vidas de estas personas son impactantes. Siguiendo el rastro de un deportado contacté con una familia de Barcelona y los hijos pensaban que su padre les había abandonado a ellos y a su mujer, y había rehecho su vida en Francia. Y entonces se enteraron de que en realidad su padre había muerto en Mauthausen. Eso fue duro, pero sirvió para reconciliarse con él.

No habrá sido nada fácil que los supervivientes le contaran sus experiencias en los campos nazis. Salvo un par de casos no sólo han estado dispuestos sino que han estado agradecidos de que les escuchara y ayudara a divulgar su historia. El último superviviente murciano es Francisco Griéguez, de 96 años, que vive en el sur de Francia. Al final de la entrevista me dijo: “Carlos, ¿sabes lo que ocurre? Que yo por las noches no puedo dormir. Me entra una angustia tremenda y me quedo las noches en vela. Sólo cuando amanece me meto en la cama y consigo conciliar el sueño. Y aun así, todos los días sueño con Mathausen”. Fue tan terrible lo que vivieron allí que siguen recordando lo ocurrido como si fuera ayer; las SS siguen resucitando por las noches en sus pesadillas.

¿Cómo acabaron tantos españoles en los campos nazis? Todos eran españoles que se habían exiliado a Francia después de la derrota republicana ante las tropas franquistas. Allí, la democracia francesa los tuvo un tiempo maltratados en campos de concentración, donde encerró como a perros a 500.000 españoles. Les presionaron para volver a España, pero la gran mayoría no regresó por miedo a las represalias y a ser fusilados. Muchos se alistaron voluntariamente en el ejército francés y otros fueron obligados a hacerlo. Cuando Hitler invade Francia, los españoles capturados van primero a campos de prisioneros de guerra, donde reciben un trato razonable. En un momento dado la Gestapo busca a los españoles prisioneros y los manda a campos de concentración para explotarlos y ser exterminados. Por otro lado están los que luchaban en la resistencia francesa y tras ser detenidos fueron llevados a los campos. Y por último están los 927 del convoy de Angulema, que eran civiles y la mayoría tampoco habían combatido en la guerra civil. Aquí había niños, mujeres y ancianos. El 6 de agosto de 1940 llegaron los primeros españoles a Mauthausen y antes de abril de 1941 fueron deportados más de 5.000.

¿Qué distintivo llevaban los españoles en los campos nazis? El distintivo de los españoles eran un triángulo azul, que no significaba español, sino apátrida. Hay que tener en cuenta que Franco y Serrano Suñer tuvieron conversaciones con los nazis para mandar a estas personas a los campos, pues el franquismo no los reconocía como españoles. Luego los alemanes le añadieron una S al triángulo.

¿Qué ocurrió con los supervivientes? ¿Pudieron volver a España? No, la gran mayoría de los que sobrevivieron adoptaron la nacionalidad francesa y se quedaron para siempre en el exilio. Solo en muy contados casos, como el de Neus Català, que regresó a Tarragona, consta que hayan vuelto. Hay un caso como el de Josep Figueras, también de Tarragona. A este hombre le venía bien para su delicada salud el clima mediterráneo, de modo que después de cerciorarse de que no había ninguna causa contra él, decidió regresar, pero tenía que presentarse regularmente en el cuartel de la Guardia Civil. Me decía que toda la vida se había sentido vigilado. La primera orden que recibió del jefe del cuartel de la Guardia Civil fue: “Pórtate bien y ve todos los domingos a misa”. Pasado el tiempo, algunos pudieron regresar de visita con pasaporte francés.

¿Qué testimonios le han impresionado más? Yo creo que el destrozo vital. Date cuenta de que muchos liberados no pudieron resistir las pesadillas y el sentimiento de culpa de haber salido vivos mientras sus amigos, compañeros y familiares murieron de una forma atroz, la mayoría de hambre y enfermedad, y tiempo después de la liberación se acabaron suicidando. El caso del escritor judío sefardita Primo Levi es bien conocido. Hoy parece claro que no pudo resistir las heridas abiertas por los diez meses que pasó en el campo de exterminio de Auschwitz, liberado por el Ejército Rojo. Todos me dicen que todavía, setenta años después, sufren pesadillas. “Carlos, los SS resucitan por la noche y vuelven a torturarme”, me decía un superviviente. El caso de Siegfried Meir me impresionó vivamente. Él era un niño de corta edad, hijo de una familia judía deportada a Auschwitz. A sus padres los mataron, pero como era rubito y muy guapo se lo quedaron y lo dieron a un español para que lo cuidara. Acabó en Mauthausen. Él vive ahora en Ibiza y cuando escucha a alguien hablar alemán se pone malo, pero no porque aborrezca ese idioma ni a los alemanes, sino por una angustia, una secuela psicológica de por vida. Paco Griéguez no puede dormir por la noche: todavía siente pánico a la oscuridad.

¿Qué dicen los supervivientes sobre el trato que les han dado luego en España? Lo que dicen es que en Francia y en otros países europeos son héroes, han sido condecorados y han recibido la Legión de Honor, y en España son olvidados. El Estado español les ha ignorado completamente, y no sé yo si las autoridades tendrán a bien aprovechar la efeméride del 70º aniversario de la liberación de Mauthausen y el 40º de la desaparición del dictador para rendirles homenaje y que su historia y su lucha por la libertad se conozca.

En el homenaje a las víctimas del Holocausto que presidió el rey Felipe VI en el Senado ni siquiera se mencionó a los españoles. Eso me parece un desprecio y una indignidad, una demostración de que somos una anomalía democrática. Es obvio que todos los 27 de enero hay que recordar a los millones de judíos asesinados, pero creo yo que habría que aprovechar estos actos para realizar una discriminación positiva de los españoles, porque mientras toda la sociedad es consciente del Holocausto y conoce lo que ocurrió, el 90% de los españoles todavía desconoce que miles de republicanos fueron deportados y murieron en aquellos campos en lo que los criminales del III Reich llamaban “la solución final”.

Supongo que estos españoles que todavía viven se sentirán más bien traicionados por su patria. Se sienten traicionados muchas veces. Primero no entendían por qué las democracias europeas no les ayudaron contra Franco. Luego vieron cómo Francia, país de la libertad, la fraternidad y la igualdad, les recibió con alambradas en campos de concentración. Al acabar la II Guerra Mundial pensaban que los aliados iban a acabar con Franco. Y la última traición, quizá la que más les duele, es la de la democracia española, pues tras la muerte de Franco creían que había llegado su momento de reconocimiento.

En el libro aporta pruebas concretas de que Franco y su cuñado Serrano Suñer pidieron a Hitler que deportara a los demócratas españoles. La orden clave por la que los prisioneros españoles son enviados a los campos de exterminio fue cursada el 25 de septiembre de 1940 desde Berlín a las SS. Lo que les ocurrió a los prisioneros españoles que combatían a los nazis junto a algunas unidades del Ejército francés no les ocurrió a los franceses ni, mucho menos, a los británicos. ¿Por qué? El mismo día que Berlín dio la orden de deportar a los españoles a los campos de la muerte, Ramón Serrano Suñer estaba en la capital alemana y se había reunido con Hitler y con Himmler, el jefe de la Gestapo. Otra prueba bastante macabra y miserable de la lealtad de los jefes nazis hacia el dictador español, hasta el punto de hacer lo que Franco les pedía, fueron las peticiones de que se sacaran de Mauthausen a determinadas presos cuyos familiares habían conseguido que algún preboste franquista abogara por ellos. Hay telegramas pidiendo la liberación de zutano o de mengano. En algún caso llegaron a tiempo. En otros, las respuestas de Berlín fueron que ya habían muerto. Es decir, que incluso después de ordenar el exterminio, Franco y Serrano Suñer decidían a quién podían librar de la muerte.

Entonces, ¿cree que hay pruebas suficientes de que Hitler exterminó a los españoles por petición de Franco? Sí, por petición de Franco y de Serrano Suñer. En el libro queda meridianamente claro. Hay asesinos, culpables y también cómplices. Franco no fue un cómplice pasivo ni miró para otro lado, como se decía hasta ahora. Algunos historiadores incluso dicen que Franco no sabía nada. Eso es totalmente falso. Franco fue el instigador, el que ordenó el exterminio y Hitler hizo lo que le dijo el dictador. Hitler tenía muchos defectos, pero tenía una gran virtud: la lealtad a sus amigos y aliados como Franco. Hitler le ofreció al dictador salvar a los españoles y a judíos de origen safardí, pero Franco lo rechazó, como lo reflejan los propios jefes nazis en sus informes. Franco y sus jefes no movieron un dedo e incluso sancionaron a diplomáticos españoles que intentaron hacer algo.

En el libro habla de las empresas que se lucraron de los trabajos forzados de los prisioneros españoles. Se lucraron de los deportados en campos nazis, incluidos los españoles. Si alguien se fue de rositas fueron las empresas que colaboraron con los nazis. Empresas alemanas, como Siemens, Audi, Bayer, pero también de EEUU, como Ford, General Motors e IBM, que eran antisemitas. Estas empresas financiaron al partido nazi y explotaron y esclavizaron a los prisioneros a cambio de una ridícula cuota a la SS.

¿Le consta que en estos años de democracia haya habido algún gesto del Estado para reconocer a aquellas víctimas? Ninguno, cero. A los militares republicanos les reconocieron una pensión a mediados de los años ochenta. En 2005, el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, visitó Mauthausen. Eso ha sido todo, pues la ley de Memoria Histórica se quedó a medias. Lo mínimo que cabría solicitar es una petición de perdón y una reparación moral. Nada de eso se ha producido en un país con más de cien mil muertos en las cunetas y nueve mil en los campos nazis. Sólo en algunos pueblos los deportados han tenido algún reconocimiento, pero ninguno a nivel del Estado español. Creo que en España hay una errónea interpretación de lo que es la reconciliación, pues se dejó la Historia como estaba. No hay que olvidar lo que pasó, que es que con la República hubo un golpe de Estado y eso aquí no se dice mucho. En Europa sí, en países como Alemania y Austria han superado esas heridas.

¿Se arrepienten los supervivientes de haberse dejado la piel por la libertad y la democracia para luego caer casi en el olvido en su país? No se arrepienten y creen que lo volverían a hacer, pero a veces piensan si ha servido para algo, sobre todo los que viven en Francia y ven el ascenso del partido de Le Pen. Este mensaje pesimista se repite en muchos deportados. No se arrepienten de nada, pero no saben si lo que han sufrido sirvió para algo.


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