Proyecto Faq Deportista, escritora y feminista en la Segunda República

viernes, 6 de septiembre de 2019

Deportista, escritora y feminista en la Segunda República


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Fue una poetisa que llegó a ser catalogada como “heredera de Rosalía de Castro” por el crítico literario Cansinos Assens. Una activista en favor de los derechos de la mujer en una época, primeras décadas del siglo XX, donde la igualdad de género parecía una quimera. También fue una periodista aguerrida, que no dudó en ir al frente de la guerra civil española para transmitir su visión de la contienda. Y por si esto fuera poco, tuvo una intensa actividad deportiva: destacó en numerosas disciplinas y se convirtió en pionera al ser la primera mujer en formar parte de la directiva del FC Barcelona. Pese a ello, es una desconocida para el gran público, quizá por el exilio en el que vivió buena parte de su vida. Hablamos de Ana María Martínez Sagi, “poeta, sindicalista y virgen del stadium”, como la llamó el literato César González Ruano.

Sus orígenes estaban lejos de ser humildes. Nacida en Barcelona el 16 de febrero de 1907, su familia pertenecía a la alta burguesía catalana y le dio una educación refinada. Su padre, Josep Martínez i Taxté era un industrial del textil y su madre, Consol Sagi i Barba, era sobrina del barítono Emilio Sagi i Barba. Su vinculación con el deporte se produjo de manera obligada. A causa de un desequilibrio hormonal que le provocaba problemas de obesidad, su progenitor la llevó a la consulta del afamado doctor Gregorio Marañón que, entre otras cosas, le recomendó que realizara deporte. Ella no se centró en una disciplina, practicó remo, esquí, tenis, natación y atletismo, donde brilló en el lanzamiento de jabalina.

La vinculación con el deporte le vino también de otra de sus grandes pasiones: el periodismo. Con 22 años empezó a colaborar con el semanario deportivo La Rambla, fundado por Josep Sunyol i Garriga, diputado de Esquerra Republicana y que llegó a la presidencia del FC Barcelona en 1935. La influencia de la publicación, cuya sede se ubicaba frente a la fuente de Canaletas, fue tal que de ahí viene la tradición de los aficionados blaugranas de celebrar las conquistas deportivas en ese lugar. Sunyol quiso que ella estuviera en el club y la nombró directiva, siendo la primera mujer que ostentaba ese cargo en la historia del club catalán. La revista Crónica escribió sobre ese hecho: “No sólo es una deportista notabilísima, sino una escritora que goza de cierto crédito… aportará al cargo una capacidad evidente, admirable sentido práctico y una visión certera de los asuntos sociales”.

Los genes azulgranas de Martínez Sagi eran indudables. Su padre fue tesorero de la entidad entre 1917 y 1919. Su hermano, Armand, jugó en dos etapas en el club y fue el jugador más joven en debutar en la historia de equipo. No tenía ni 15 años cuando lo hizo. También estuvo unas cuantas temporadas su primo, Emilio Sagi. Ana María se hizo cargo de la Comisión de Cultura y quiso crear una sección femenina pero no le dejaron y apenas llegó a estar un año en la entidad “porque a aquella directiva no le interesaba la cultura, solo los goles”, según confesó. El club ha coproducido este mismo año una docuficción, llamada La Sagi, una pionera del Barça, donde repasa su vida.

Ana María vinculaba el deporte con el activismo social y la lucha feminista. Lo entendía como necesario para llevar a la mujer a la modernidad, compatibilizando cuerpo y mente. Fue miembro del Club Femeni i Sports de Barcelona, fundado en 1928 a iniciativa de Teresa Torrens y Enriqueta Seculi, convirtiéndose en la primera entidad deportiva exclusivamente femenina de todo el Estado.  Sus precios eran populares para facilitar la participación. Su lema, “Feminitat, Esport, Cultura”, generaba desprecio y recelo entre los reaccionarios que veían mal la emancipación femenina, como el periodista Pere Mialet, que publicó un artículo contra las mujeres deportistas. Sagi escribió una carta abierta en la que le contestó: “Es lógico que para ciertos espíritus retrógrados y mezquinos, esta igualdad resulte francamente peligrosa”.  Casi le dolía más la incomprensión de algunas mujeres, que tampoco veían bien ponerse a hacer gimnasia mientras sus maridos campaban a sus anchas. De hecho, Martínez Sagi criticó en algunas publicaciones esa falta de compañerismo de los ambientes femeninos y ofreció conferencias por España en las que defendía la necesidad de que la mujer lograra una cultura tanto física y del deporte como espiritual si de verdad quería comenzar la emancipación. Durante aquellos años ganó fama como periodista, escribiendo varios reportajes en favor del sufragio femenino y entrevistando a todo tipo de personajes, principalmente mujeres.

En 1929, Sagi había publicado su primer libro de poemas, Caminos, que llamó la atención entre otros de González Ruano, quien la entrevistó para su libro Caras, caretas y carotas. Durante una de sus conferencias conoció a la escritora Elisabeth Mulder, con quién comenzó una relación sentimental que inspiró parte de la poesía posterior de Ana María, que recordará siempre las vacaciones que pasaron ambas en 1932 en Mallorca. Sin embargo, la familia Martínez Sagi no aprobó ese vínculo y la obligó a que se acabara y a que quemara toda la correspondencia entre ambas. Mulder, que había estado casada con el político Ezequiel Dauner, con quién tuvo un hijo, escribió un artículo donde definió a Sagi y a su obra como “la irrupción de una mujer que canta entre tanta mujer que grita”.

Una conferencia en Barcelona del sindicalista y revolucionario español José Buenaventura Durruti la impacta y la liga al anarquismo. Anteriormente ya había apoyado el surgimiento de la República, fundando, junto a otras mujeres de letras catalanas, el Front Únic Femení Esquerrist, agrupación cívica que fomentaba el espíritu de ciudadanía de las mujeres y combatía a los enemigos de los derechos y la libertad. La llegada de la guerra civil hace que abandone su trabajo como mecanógrafa  en el Ayuntamiento de Barcelona y que se vaya al frente de Aragón con la columna Durruti como corresponsal de El Tiempo de Bogotá. Fue herida en Granada pero en 1937 volvió al frente de Aragón, publicando nuevas crónicas en Nuevo Aragón.

Al finalizar la contienda, Sagi se marchó exiliada a Francia donde colaboró con la Resistencia francesa contra los nazis, salvando a muchos judíos y franceses, lo que la puso en el objetivo de la Gestapo. Una noche tuvo que saltar por la ventana de una vivienda para no ser atrapada. En su periplo por el país galo llegó a dormir alguna noche en los bancos de un parque de Chartres y trabajó como dependienta en una pescadería y como traductora para revistas de cine. En 1947, una vez terminada la guerra, se instaló en Cannes y se ganó la vida como dibujante callejera y pintando fulares con polvillo de oro. Una de sus clientas fue la mujer del magnate Aga Khan, que la contrató para decorar su casa, lo que le supuso unas importantes ganancias económicas. El Diccionario bibliográfico del exilio republicano le dedicó página y media, lo que habla de la notoriedad que alcanzó.

En 1959 decidió marcharse a Iberoamérica, aunque se estableció finalmente en Estados Unidos, donde se dedicó a dar clases de español y francés en la Universidad de Illinois. En ese periplo no dejó de escribir. Sagi aprovechó una primera amnistía y en 1966 volvió a Barcelona, pero no le gustó la España que se encontró  y decidió marcharse de nuevo a Estados Unidos, de donde regresó definitivamente en 1977. Se instaló en la localidad barcelonesa de Moiá, en la que pasó inadvertida y llevó una vida solitaria y apartada de la literatura.

El escritor Juan Manuel de Prada tuvo noticias de Martínez Sagi a través del libro de entrevistas de González Ruano. Tras mucho indagar, descubrió su paradero y se puso en contacto con ella a finales de los años 90. Al principio ella se mostró reticente a contarle su vida pero finalmente se ganó su confianza y le entregó su obra inédita, aunque le pidió que no la diera a conocer hasta pasados 15 o 20 años. Un ruego que estaba motivado porque muchas de sus poesías estaban dedicadas al amor que sintió por Mulder y no quería dañar al hijo de ésta.

Ana María falleció en el año 2000 y De Prada, respetando su voluntad, ha esperado hasta este año para publicar La voz sola (Fundación Banco Santander), una antología esencial de su poesía y sus artículos, con la que espera sacar del anonimato a una persona que en la entrevista que concedió a Ruano dijo de sí misma: “Yo hago sport como una chica y poesías como una mujer”.


Fuente →   ctxt.es

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