Proyecto Faq Vox y Felipe VI: esa incómoda afinidad de la que no queremos hablarle

domingo, 5 de mayo de 2019

Vox y Felipe VI: esa incómoda afinidad de la que no queremos hablarle


Vox y Felipe VI: esa incómoda afinidad de la que no queremos hablarle: Vox obtuo el 37% de los votos (unos 170) en el distrito electoral donde se encuentra radicado el Palacio de la Zarzuela (vía @encovert. Fuente: El País)

Viva el Rey de España o Viva el Rey es uno de los gritos comunes o consignas de los partidarios de Vox. También lo es el color V.E.R.D.E., conocido acrónimo de los monárquicos. De igual modo, la tauromaquiay la cinegética son otros de los rasgos distintivos de esta formación. De hecho, el amor por las armas une a gran parte de sus votantes que, como estamos comprobando al analizar los resultados por distritos electorales, son miembros de las FF.AA o de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Es decir, los 300.000 ciudadanos con licencia para portar armas de este país y sus familiares han votado en una mayoría aplastante a Vox.

Este regusto castrense de la formación, a los historiadores, nos recuerda a la Unión Patriótica, el intento del dictador Primo de Rivera de crear un partido fascista que diese legitimidad al Estado y, principalmente, al monarca Alfonso XIII. Es más, servidor lleva más de 10 años explicando en sus trabajos historiográficos que el llamado R78 no es más que una Restauración Canovista 2.0 y vaticinando desde 2005 que este régimen terminaría con una crisis similar a la de la Restauración que produciría un intento de involución autoritaria que, más tarde, daría paso a una ruptura democrática materializada en la III República. El momento Primo de Rivera ha vuelto y, nuevamente, por culpa de la cuestión catalana. Por lo tanto, es lógico ver reproducido el intento de la Unión Patriótica con los mimbres de Vox.

Vox ha sido un fenómeno que ha pasado desapercibido a todo el mundo y que el establishment intelectual despreciaba y sigue despreciando para negarse a aceptar la realidad de España. Mis seguidores de TW  saben que desde noviembre de 2017 predije su irrupción en el tablero  político y que, como siempre, acerté a diferencia de los académicos profesionales que uno suele ver por la tele.No obstante, ¿cómo era posible predecir su éxito? ¿Todo fue obra y milagro de Bannon?

Obviamente, no. Vox es un proyecto político surgido desde dentro del PP en colaboración con el Estado para defender, precisamente, al mismo Estado de cualquier intento de quiebra o ruptura del R78 de naturaleza democrática. Vox ha venido a defender España de verdad y la progresía todavía no quiere asumir qué significa esto. Para entender el calado de dicha operación, es necesario remontarse a septiembre de 2017, a los preparativos que el gobierno de Rajoy hacía para intentar frenar el referéndum. Como expliqué el 12 de septiembre de 2017, en aquellas fechas se estaba produciendo una quiebra del sistema cuyas consecuencias no se alcanzaban a ver. Si en esos días uno seguía cuentas de TW de analistas de defensa de derechas, que en el futuro se presentarían en las listas de Vox, se podía comprobar el malestar interno que había en sectores del PP vinculados a las FF.AA. con Soraya Sáez de Santamaría. El gobierno del PP estaba partido en dos: Cospedal vs. Soraya. Una disputa que se ramifica en la cuestión de Villarejo y el CNI y ha alcanzado a todas las instituciones políticas. Todas se han implicado o han tomado partido hasta el punto que el PP sigue dividido y se antoja imposible reconstruirlo o refundarlo.

Sin embargo, resulta paradójico que el primero en enterarse de la fisura interna en el gobierno fuese Oriol Junqueras. Según los rumores, el 20S, cuando se produjo el registro de la Conselleria de Economia, Junqueras recibió una llamada de Soraya para preguntarle qué estaba pasando en Barcelona. En ese momento, era obvio que el gobierno no controlaba los acontecimientos y que Vox, el juzgado número 13 y la Guardia Civil se la habían jugado a Soraya. Habían preparado un incidente con la esperanza de poder encausar por rebelión y sedición a los líderes independentistas catalanes, unas medidas represivas que el gobierno de Rajoy jamás quiso ni deseó. Vox le tendió una trampa al PP y no fueron capaces de verlo.

Desafortunadamente, cómo se gestó aquella trampa tardaremos mucho en saberlo, porque como ha dejado de manifiesto el juicio en el Tribunal Supremo, hay mucho interés en que aquellos acontecimientos no se aclaren. Especialmente, porque toda la instrucción del juez Llarena se basa en dichos hechos. El 20S no entró jamás en los cálculos de Soraya ni de los líderes independentistas y abrió la puerta a una represión kafkiana y desmedida que ha comprometido a España ante la UE.

Es más, durante el 1O hubo un enfrentamiento entre Cospedal y Zodio con Soraya respecto del dispositivo policial. Soraya mintió al resto del gabinete y les hizo creer que, si las cargas policiales seguían, el PSOE y la UE condenarían los hechos. Ella recibió esas llamadas y exageró las muestras de preocupación de dichos interlocutores para atemorizar a sus colegas y lograr frenar la escalada del conflicto. El 1O todavía no fue peor porque Soraya lo impidió al precio de traicionar a sus compañeros de gobierno. La purga posterior que ha sufrido en el PP se explica como ajuste de cuentas por traicionar al partido.

Por lo tanto, el 1O implicó una ruptura del gobierno y del PP como jamás se había conocido, a pesar que, desde fuera, todos creyésemos que se trataba de un bloque monolítico. Sin embargo, si hacemos memoria, el 2O no había declaración unilateral de independencia ni había empezado la represión judicial. La política estaba viva y todavía podía intentarse reconducir el choque de trenes.

Esto fue imposible el 3O gracias al discurso de Felipe VI. Ese día, Felipe VI tomó partido por una de las facciones del gobierno en disputa, la de Cospedal, y cerró filas con su actuación. De hecho, Felipe VI se atribuyó las funciones del Tribunal Constitucional en su defensa de la Carta Magna y prejuzgó a representantes políticos electos. Su actuación como Jefe de Estado sería inaudita en el resto de Europa y sólo es posible aquí por las peculiaridades de nuestro sistema político.

La confusión respecto del papel institucional otorgado al Jefe de Estado en nuestra Constitución es mayúsculo gracias a la labor de desinformación ejercida por los académicos vinculados al CEACS de la Fundación Juan March. Nuestra monarquía parlamentaria no es homologable al resto de monarquías europeas, nuestra monarquía parlamentaria es similar a una monarquía parlamentaria decimonónica. Es más, la labor de “mediación” y “moderación” que la CE concede al Rey está inspirada en la Constitución canovista y se mantiene fiel al liberalismo doctrinario, que entiende la figura del monarca como freno a las aspiraciones democráticas, como el resorte autoritario que debe ponerse en marcha en casos de choque de legitimidades entre instituciones. Es decir, el Rey está en nuestra CE como mecanismo de prevención para evitar la inestabilidad política o el caos que producen los excesos democráticos. El rey está ahí para legitimar medidas extraordinarias cuando sea necesario. Esa es su función. Por eso no hay ley que tase o limite en verdad sus poderes simbólicos, permita al Parlamento fiscalizar su figura o su patronazgo sobre las FF.AA.

Precisamente, eso hizo el 3O, cuando marcó una línea política al Gobierno y a la judicatura. Rajoy no pudo salirse del carril y eso le costó el cargo, a pesar de sus intentos reales de rebajar la tensión. Su gesto de perder el gobierno con una corbata V.E.R.D.E. no se nos pasó por alto. Lo dejó claro. No caía su gobierno, caía el gobierno del Rey. Por otra parte, en la campaña electoral, pese sus estridencias, Vox ha dicho muchas verdades. El PP de Rajoy fue una derecha cobarde, fueron ellos con el registro efectuado el 20S quienes hicieron descarrilar los planes de Soraya, fueron ellos quienes lanzaron a los jueces contra los líderes independentistas y son ellos quienes mejor representan la línea marcada por Felipe VI en su discurso del 3O. Vox es el partido que defiende el programa expuesto por el Jefe del Estado para terminar con el independentismo aquel día.

Por lo tanto, no es una exageración decir que Vox es el partido de la Zarzuela. Es más, es el partido más votado en la Zarzuela, casi obtuvieron un 40% de los votos en dicho distrito electoral, donde votan los residentes oficiales del Palacio de la Zarzuela.

Fuente → communia.es

banner distribuidora

Vox y Felipe VI: esa incómoda afinidad de la que no queremos hablarle Rating: 4.5 Diposkan Oleh: La Voz de la República
Publicar un comentario
Gracias por comentar
 
  • BR