Proyecto Faq ¿Qué ocultan tras relatos, memorias e historias?

martes, 10 de julio de 2018

¿Qué ocultan tras relatos, memorias e historias?

Presentación

«Entre la premisa (estruc­tura económi­ca) y la con­se­cuen­cia (con­sti­tu­ción políti­ca) hay rela­ciones nada sim­ples ni direc­tas, y la his­to­ria de un pueblo no se doc­u­men­ta solo con los hechos económi­cos. Los nudos causales son com­ple­jos y enreda­dos, ya que para desa­tar­los hace fal­ta el estu­dio pro­fun­do y amplio de todas las activi­dades espir­i­tuales y prác­ti­cas, y ese estu­dio no es posi­ble sino después de que los acon­tec­imien­tos se hayan sed­i­men­ta­do en una con­tinuidad, es decir, mucho tiem­po después de que ocur­ran los hechos […] La his­to­ria no es un cál­cu­lo matemáti­co […] La can­ti­dad (estruc­tura económi­ca) se con­vierte en ella en cual­i­dad porque se hace instru­men­to de acción en manos de los hom­bres.»1

«Las clases dom­i­nantes no temen la his­to­ria –por el con­trario, procu­ran pro­ducir y difundir el tipo de his­to­ria que les con­viene, y que no suele ser la que se ocu­pa de la lucha por la lib­er­tad y la jus­ti­cia– sino que, en todo caso, temen a los his­to­ri­adores que no pueden uti­lizar.»2

El tán­dem PNV-PSOE, apoy­a­do por otras fuerzas sociopolíti­cas, ha dado un paso más en la ade­cuación de sus respec­tivos nacional­is­mos a las exi­gen­cias del cap­i­tal transna­cional en este perío­do. Se tra­ta, como ver­e­mos, de inten­si­ficar la manip­u­lación ide­ológ­i­ca en el frente educa­ti­vo y procla­mar «el fin de la his­to­ria» al esti­lo de Fukuya­ma en 1992, es decir, declarar defin­i­ti­va­mente super­adas las ter­ri­bles con­se­cuen­cias de la explotación sal­va­je impues­ta des­de 1936 y luego maquil­la­da por ese imposi­ble metafísi­co que es la «monar­quía democráti­ca».

La «batal­la por el rela­to», la pal­abr­ería sobre la «paz», el «perdón»… son nubes que ocul­tan la dureza de las exi­gen­cias impe­ri­al­is­tas para realizar «pro­ce­sos de nego­ciación». Una de las exi­gen­cias es negar la his­to­ria críti­ca e impon­er solo la ofi­cial como se com­prue­ba en el rec­ha­zo sis­temáti­co a una Ley de la Memo­ria que haga jus­ti­cia pop­u­lar.

Los respec­tivos nacional­is­mos bur­gue­ses del tán­dem PNV-PSOE son incom­pat­i­bles con la inves­ti­gación críti­ca de la his­to­ria, que con­tradice frontal­mente los intere­ses del cap­i­tal. La lóg­i­ca de la acu­mu­lación ampli­a­da es una necesi­dad irra­cional­mente obje­ti­va, que lle­va en su inte­ri­or la pul­sión sub­je­ti­va de negar la his­to­ria des­de el momen­to en el que esta demues­tra que la acu­mu­lación irra­cional es fre­na­da y ame­naza­da por la con­scien­cia humana.

Des­de finales del siglo XX la his­to­ria críti­ca es aún más ina­cept­able por la bur­guesía porque nece­si­ta impon­er una úni­ca creen­cia: que la lucha de clases y de lib­eración nacional ha ter­mi­na­do para siem­pre, que a lo sumo que pueden hac­er los «pueb­los mil­i­tantes»3 es acep­tar res­ig­nada­mente los acuer­dos de paz y desarme dirigi­dos por el impe­ri­al­is­mo. J. Petras tras estu­di­ar los casos de Irán, Lib­ia, Colom­bia, Corea del Norte, Palesti­na, Siria e Irak, ha sin­te­ti­za­do así: «En todos los casos, el prin­ci­pio sigue sien­do el mis­mo. No hay un ejem­p­lo históri­co de un poder impe­r­i­al que renun­cie a sus intere­ses en cumplim­ien­to de un acuer­do escrito. Solo cumple con los acuer­dos cuan­do no tiene otras opciones»4.

La his­to­ria escri­ta por el impe­ri­al­is­mo falseará o jus­ti­fi­cará en su momen­to por qué se engañó a los pueb­los que creyeron en sus prome­sas de paz, y depen­di­en­do de la época y del modo de pro­duc­ción, muy prob­a­ble­mente, la his­to­ria escri­ta por la clase dom­i­nante del pueblo oprim­i­do jus­ti­fi­cará su colab­o­ra­cionis­mo y echará las cul­pas a las clases tra­ba­jado­ras que han resis­ti­do. Aunque esta lucha del poder con­tra la his­to­ria se inten­si­fique en situa­ciones como las vis­tas, en momen­tos de «nego­ciación», en real­i­dad es una con­frontación per­ma­nente en las que la clase propi­etaria del Esta­do tiene todas las ven­ta­jas, como ver­e­mos en un breve capit­u­lo pos­te­ri­or.

Adver­tido esto y al mar­gen de otras con­sid­era­ciones, es con­ve­niente leer la críti­ca que V. Navar­ro hace al mon­ta­je de la obra de teatro In Memo­ri­am: La Quin­ta del Biberón que se está escenif­i­can­do en Catalun­ya: «El human­is­mo paci­fista es tam­bién una posi­ción políti­ca muy rentable de sosten­er en la España de hoy, en la que se vende el men­saje de que todos eran cul­pa­bles»5.

No todos fueron cul­pa­bles: la respon­s­abil­i­dad úni­ca recae sobre los inva­sores fran­quis­tas. A la vez, debe­mos estu­di­ar las pre­siones del nacional­is­mo repub­li­cano español con­tra el nacional­is­mo catalán durante aque­l­los críti­cos años: S. Spender describió la guer­ra béli­ca y cul­tur­al antifascista en su via­je por Europa en 1937 detal­lan­do el impacto que le causó el rec­ha­zo españolista repub­li­cano a la iden­ti­dad cul­tur­al cata­lana, la masacre de mil­i­tantes del POUM por los estal­in­istas y las ame­nazas veladas de Rafael Alber­ti a int­elec­tuales cata­lanes por su «poca coop­eración» en defen­sa de la Repúbli­ca6.

La equiv­a­len­cia entre inva­sor fascista español e inva­di­do comu­nista catalán, puede ser aho­ra defen­di­da de for­ma abstrac­ta por una cul­tura reformista que acep­ta el orden estable­ci­do y silen­cia a la vez la lucha de clases den­tro de la nación ata­ca­da porque un amplio sec­tor de su bur­guesía apoy­a­ba al inva­sor. Pero en el pre­sente con­tex­to de cri­sis estatal, eso es ina­cept­able en su for­ma conc­re­ta: la úni­ca cul­pa­bil­i­dad es la de las naciones tra­ba­jado­ras resistentes.

Aho­ra mis­mo, el Esta­do y su sucur­sal en Vas­con­gadas, el gob­iernil­lo autonómi­co, han exten­di­do e inten­si­fi­ca­do la per­ma­nente estrate­gia para acabar con la his­to­ria pop­u­lar e impon­er la suya, con difer­en­cias de matiz des­de luego porque una es auton­o­mista y la otra españolista, pero unidas en la defen­sa de la civ­i­lización del cap­i­tal. La estrate­gia sis­temáti­ca se desar­rol­la, por aho­ra, en tres frentes que si bien ya se abrieron antes, aho­ra están más coor­di­na­dos.

Uno, el especí­fi­co para el ter­cio vas­con­ga­do de Euskal Her­ria pero que tam­bién infec­tará a la juven­tud de Nafar­roa: el plan Herene­gun7, un plan «pedagógi­co» que bus­ca «edu­car en la paz» e intro­ducir el «ter­ror­is­mo de ETA en la asig­natu­ra de His­to­ria»8. Dos, el gen­er­al impuesto para todo el Esta­do, que se basa en la mis­ma «ped­a­gogía» autori­taria de Herene­gun: «Creare­mos una asig­natu­ra de val­ores cívi­cos y no será opta­ti­va»9. Y tres, tam­bién a escala estatal, prom­e­ter que se va a impul­sar la aper­tu­ra de todas las fos­as con dece­nas de miles de cuer­pos porque así las «heri­das de España se cer­rarán para siem­pre»10.

Las tres tác­ti­cas tienen varias cosas en común: una, negar u olvi­dar las con­tradic­ciones antagóni­cas del cap­i­tal­is­mo que son las que gen­er­an vio­len­cias enfrentadas; dos, negar el papel del Esta­do y sus excre­cen­cias fascis­tas acti­vadas o suavizadas según las coyun­turas; tres, negar las respon­s­abil­i­dades de las bur­guesías y de los reformis­mos, cargán­dola sobre la izquier­da rev­olu­cionar­ia; tres, impedir que se establez­ca una Ley de Memo­ria que cas­tigue las atro­ci­dades cap­i­tal­is­tas; y cua­tro, impon­er la tesis de que se ha cer­ra­do una fase históri­ca y ha empeza­do otra: la de la paz, la democ­ra­cia, la con­cor­dia… en la que no tiene sen­ti­do protes­ta algu­na. En su ver­sión estatal y vas­con­ga­da las tres tác­ti­cas tienen bas­tante simil­i­tud con el famoso «patri­o­tismo con­struc­ti­vo»11 de los fugaces años de eufo­ria inter­cla­sista ante­ri­ores a la cri­sis de 2007, que pre­cip­itó la erup­ción autori­taria y neon­azi que recubre con cenizas aque­l­la dem­a­gogia pero tam­bién los dere­chos sociales.

En Euskal Her­ria, como en todas partes, seme­jante estrate­gia exige acabar con la memo­ria pop­u­lar, con la riqueza teóri­ca desar­rol­la­da por la lucha de lib­eración y con su éti­ca de la resisten­cia: toda la his­to­ria en cuan­to tal ha se ser desnat­u­ral­iza­da y vaci­a­da de con­tenido críti­co. En otros tex­tos hemos dado cuen­ta de todo ello, en espe­cial del mon­ta­je de la Cap­i­tal­i­dad Cul­tur­al euro­pea en Donos­tia durante 2016. Durante el tran­scur­so de 2017 hemos tenido var­ios ejem­p­los más de ter­giver­sación de la his­to­ria como es la inso­portable pelícu­la Gerni­ka de Kol­do Ser­ra.

La lla­ma­da «batal­la por el rela­to» y las dis­cu­siones sobre las «memo­rias», temas a los que volver­e­mos, son parte de la autén­ti­ca guer­ra cul­tur­al que a su vez está inser­ta en la con­train­sur­gen­cia12. La memo­ria pop­u­lar, con­tra­dic­to­ria en su mis­ma riqueza, es un obje­ti­vo espe­cial­mente ata­ca­do por el impe­ri­al­is­mo13. Acos­ta Matos ha sin­te­ti­za­do en cin­co pasos el méto­do de la guer­ra cul­tur­al impe­ri­al­ista: uno, elab­o­rar mitos fun­da­cionales que legit­i­men el poder estable­ci­do; dos, destru­ir los mitos fun­da­cionales del pueblo ata­ca­do; tres, crear una his­to­ria ofi­cial del poder con­traria a la his­to­ria pop­u­lar; cua­tro, crear metá­foras que hagan ambigua e incom­pre­si­ble la memo­ria y la his­to­ria pop­u­lar, pero que respe­ten las del poder; y cin­co, destru­ir la iden­ti­dad del pueblo explota­do y que­brar su autoor­ga­ni­zación14.

La impre­scindible inves­ti­gación de Acos­ta Matos no duda en emplear la expre­sión «mitos fun­da­cionales» porque aunque su estu­dio comien­za sig­ni­fica­ti­va­mente con la falange españo­la de la déca­da de 1930, por eso mis­mo recurre a los «mitos fun­da­cionales»: no solo nos remiten al fas­cis­mo falangista sino tam­bién que el uso de este con­cep­to nos expli­ca cómo el fas­cis­mo (re)construye mitos jus­ti­fi­cadores del impe­ri­al­is­mo español des­de el exter­minio de Al-Ándalus y los emplea en el pre­sente.

Como hemos argu­men­ta­do en otros tex­tos, el mecani­cis­mo antidi­aléc­ti­co cas­tró la capaci­dad de casi todos los marx­is­tas para des­cubrir qué era el fas­cis­mo y sobre todo la impor­tan­cia de los «mitos fun­da­cionales» como cam­po de batal­la. Daniel Guerin anal­izó las «caren­cias del social­is­mo» no solo en la batal­la por los mitos, sino pro­fun­dizan­do en la impor­tan­cia de la mís­ti­ca rev­olu­cionar­ia como una de las más efec­ti­vas armas con­tra la mís­ti­ca fascista15.

La «batal­la por el rela­to», por las «memo­rias», etc., es sur­ca­da por el papel de los mitos y de las mís­ti­cas en el sen­ti­do mate­ri­al­ista, condi­cio­nan­do des­de den­tro cualquier inter­pretación de la his­to­ria como una lin­eal­i­dad mecáni­ca, matemáti­ca al decir de Gram­sci que avisa que la «economía» no lo expli­ca todo, que los «nudos causales» son enreda­dos y com­ple­jos, y que esas con­tradic­ciones expli­can que de lo cuan­ti­ta­ti­vo, la «economía», sur­ja lo cual­i­ta­ti­vo, la acción humana que dirige la economía.

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